Viaje a Ítaca

RITOS FUNERARIOS

© Vner Shaw

Al mediodía siguiente el viento empezó a azotar la casa del pegujalero (…) Era un sonido siniestro, el viento arrojando hielo contra nuestra casa (…) supe que se acercaba una tormenta a gran velocidad (…) Era un espectáculo cruel. Islandia es un país de leyendas, un lugar donde las creencias ancestrales se funden en la modernidad tecnológica, conviven y se solapan. Un sitio en el que la naturaleza y el hombre se abrazan porque no existe más opción. Siempre pendientes del sonido y del humor del mar que todo lo acapara, como el hielo, imponente en esta isla-barca casi a la deriva en el Atlántico norte.

La escritora australiana Hannah Kent (Adelaida, 1985) revive en las páginas de Ritos funerarios (Alba, 2014) a Agnes Magnúsdóttir, la última mujer ejecutada en el país nórdico, y nos lleva de la mano a través de una vivencia experimental: el tiempo que transcurre hasta la muerte de la rea. Agnes se sabe privada del perdón ya que la condena ha sido dictada en las almas y consciencias de la gente de Kornsá sin posibilidades reales de defensa o expiación, sin ni siquiera la esperanza de que un dictamen salvatorio llegue de Copenhague y la libre del hacha.

Primera mitad del siglo XIX. La desolación septentrional de Islandia, entonces colonia del rey de Dinamarca. La dureza de unas gentes que habitan los avernos aferradas al Evangelio luterano. El pecado, la superstición, el miedo a Dios y la firme creencia de que cada uno es un buen hombre/mujer que actúa correcta y justamente sin por ello tener que reparar en el sufrimiento ajeno. Paradojas de la fe fundamentalista.

Hannah Kent, entrevistada en Madrid por Carmen Garrido, recrea la historia de quien se convirtiera en un mito islandés, una leyenda negra del siglo XIX: la sirvienta acusada de asesinato a sangre fría y ejecutada en 1830, en Vatnsdalshólar, junto a uno de sus supuestos cómplices, Friðrik Sigurðsson.

Agnes le daba de comer a los cuervos, pájaros crueles pero sabios y de niña solía contemplarlos congregarse en el tejado de la iglesia de Undirfell con la esperanza de observar quién iba a morir. A la espera de que el pico del animal apuntara en alguna dirección y un día lo hizo hacia la granja de Bakki y un niño se ahogó.

Ritos funerarios forma parte de la Colección Contemporánea que dirige la escritora María Tena en la editorial Alba.

LADRILLEROS

Ladrilleros

Ladrilleros (Mardulce 2013 para Argentina – Lumen 2014 para España) es una novela que muestra sin tapujos la pulsión feroz de lo primigenio, de lo más animal: sexo y fuerza. Las carreras clandestinas de galgos. Discusiones y peleas en los bares, como ocurría en el Martín Fierro o en los arrabaleros relatos de Borges.

Selva Almada (Argentina / 1973) describe magistralmente ese ambiente marginal que, para quienes hemos nacido en Argentina, de alguna u otra manera hemos sido testigos de historias similares.

Desde la primera página de Ladrilleros, los lectores tienen la posibilidad de arder en la caldera del Litoral argentino, en las brisas que llegan cálidas del norte y se cuecen en los humedales del imponente río Paraná. Imágenes de una fuerza silenciosa que describe con naturalidad acciones cotidianas.

Féminas, un poco víctimas, un poco pasionales, un poco conciliadoras, llevan las riendas del carro familiar, son las que trabajan y ahorran, pagan las deudas y alimentan a los hijos y se entregan con devoción al sexo con sus hombres, sus maridos, cuando estos regresan de los bares con muchas dificultades para tenerse en pie, pero con energías suficientes para follar-coger. Incluso las noches en que volvía borracho, ella se las arreglaba para que se le pusiera lo suficientemente dura como para sentarse encima.

La crítica feroz que Patricio Pron hizo de este libro destacando el modo “torpe en la presentación del habla de los personajes” o de las contradicciones de lenguaje me animaron a empezarlo y a devorarlo hasta el último punto. Celebro la posibilidad de estas narrativas que vibran, que cuentan, que dibujan universos para los lectores.

Selva Almada acaba de quedar finalista en el Premio Tigre Juan y a su paso por Madrid fue entrevistada por Carmen Garrido para Viaje a Ítaca.