Teatro / Performance

MINETTI

 
Bernhard Minetti
Kiel 1905 – Berlín 1998
 
En Minetti, un viejo actor llega a Ostende. El director del teatro de Flensburgo le ha enviado un telegrama invitándolo a interpretar al Rey Lear, de William Shakespeare, papel que él representa desde hace treinta años delante del espejo en la soledad en una buhardilla en el pueblo de Dinkelsbühl, donde se ha refugiado ignorado por todos.
En esta obra de Thomas Bernhard, homenaje al actor Bernhard Minetti, el director de Flensburgo nunca llega y Minetti, parlanchín, espera en el hotel entretejiendo verdades y mentiras que se confunden entre sí.
 
 
Durante treinta años
todos los días al amanecer
me he puesto la máscara de Lear
ante el espejo hija
durante treinta años todos los días al amanecer unos
instantes el Lear
en Dinkelsbühl
He actuado en Berlín
en Moscú
en Minsk
en Constantinopla
Una cabeza dramática sin igual
Hipocresía
nada más que hipocresía
de pronto en un solo instante
me negué a la literatura clásica
odiaba el clasicismo
todo lo clásico
y en ese instante tuve al mundo entero contra mí
Los artistas dependen toda la vida
quieran reconocerlo o no
de las llamadas gentes cultivadas
y si un artista se niega al arte clásico
las llamadas gentes cultivadas lo abandonan
es hombre muero.

Minetti. Con Juan Carlos Gené y Maia Francia. Dirección de Carlos Ianni (CECIT)

EL TEATRO DE DAVID LESCOT

Texto de Ana Bettschen
Actriz, directora y traductora


Ana Bettschen
Théâtre du Galpon de Ginebra
Este fin de semana he estado en el Théatre du Galpon de Ginebra, viendo Théâtre à la campagne, de David Lescot.
El Théâtre du Galpon es de realismo mágico, no en vano su director artístico es un colombiano, Gabriel Álvarez. Es un local con pasado medio okupa, pues era el teatro del Site Artamis, que fue algo así como La Tabacalera de Madrid. Cuando Site Artamis finalizó su andadura, Gabriel cogió pieza por pieza, viga por viga, las numeró y volvió a reconstruir su teatro en medio de un pequeño bosque ginebrino, apuntalando con metal donde hizo falta para que el tinglado no se viniera abajo. El resultado es un teatro sólido con una programación de resistencia.
Théâtre à la campagne (Teatro en el campo, o en la campiña) es una obra inteligente y atemporal. Inteligente porque presenta un mito -entendido en su acepción de “persona o cosa rodeada de extraordinaria estima”- desde el único punto de vista honesto: el de su cotidianidad, su día a día. Un punto de vista valiente y peligroso, pues cabe el riesgo de desmitificación. Atemporal, por su temática: un grupo de jóvenes actores impulsados por un líder que quiere regenerar el teatro abandona París por la campiña burguiñona, donde deben y confrontarse a la materialización práctica de su sueño (léase, organización de tareas domésticas y limpieza, horarios de formación y entrenamiento, normas de convivencia… y, claro, búsqueda de financiación, el mardito parné). ¿Os suena?
David, que toma como punto de partida la experiencia de Jacques Copeau en los años 20 del siglo pasado, no apologiza; no acusa; es sutil: chejoviano.
Y los miembros de la joven Compagnie du Hasard Objectif, dirigidos por Sara Llorca, le han entendido muy bien. Son sencillos, eficaces, divertidos, cantan bien y se lo han hecho con muy pocos medios. Son el feliz encuentro entre ideal y real que en la pieza, ay, no puede ser.
Así que he vuelto a Madrid con el cerebro esponjado, que es una cosa muy buena.