Teatro en escena

DEJA QUE LOS MUERTOS CUIDEN DE LOS MUERTOS

‘The selfish gene’ by Quinn Marc

El silencio. Ese cúmulo de palabras inaudibles, empapadas de alcohol, que se agolpan enloquecidas dentro de quien ha decidido no pronunciarlas.

El abandono. Esa huida desesperada hacia alguna parte sin volver la mirada atrás cuando la vergüenza azota al alma.

El dolor. Esa sensación de gradual sequedad que se inicia con un descubrimiento helador, con la mirada incrédula fundiéndose en la imagen que proyecta una fotografía que ha estado escondida en una bolsa ajada. Y que se va colando por las arterias y huesos, nervios y piel hasta trasformar lo que alguna vez existió en un asfixiante montón de restos.

El amor. Esa energía furiosa que grita y que gime, que arrebata cuerpos y mentes de las sombras y atropella las penas, que empuja desbocadamente hacia adelante y de repente, al girar en un recodo, cesa como la misma lluvia. Donde fue carne y sensaciones ahora son cenizas.

El dramaturgo australiano Andrew Bovell es el responsable de haber creado Cuando deje de llover, una saga familiar articulada en saltos en el tiempo que abarca desde 1959 a 2039 entre Inglaterra y Australia. Un trabajo de cirujía mayor de las relaciones paterno filiales que el director Julián Fuentes Reta ha montado con ritmo y buen gusto en las Naves del Matadero de Madrid.

Fuentes Reta sustenta su puesta en escena sobre las espaldas de nueve actores excepcionales, Consuelo Trujillo, Susi Sánchez, Pepe Ocio o Ángela Villar entre otros, y totalmente entregados a que los espectadores vivan en sus propias carnes la traición, el abandono, la frustración, el perdón, el amor, la muerte…

Disfrutando de Cuando deje de llover, vinieron a mi memoria una serie de sagas familiares inolvidables de la literatura universal: Sueño en el pabellón rojo (un clásico en la literatura china), Los Buddenbrook de Thomas Mann, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez o las versiones sangrientas de Mario Puzo en El padrino y William Shakespeare en Macbeth.

Imprescindible ver esta obra que permanecerá en cartel hasta el 21 de diciembre de 2014.

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ESE RECUERDO YA NADIE TE LO PUEDE QUITAR

Foto de Time Out México

Foto de Time Out México

Ese recuerdo ya nadie te lo puede quitar, la obra que el grupo mexicano Vaca 35 acaba de estrenar en al Fringe Madrid 2014, es una obra que gana con el reposo, como las tartas con levaduras.

Transcurrido el tiempo una vez finalizada la función es cuando empiezan a aflorar a la consciencia las cientos de brevísimas y tremendas situaciones que se han ido produciendo a lo largo de los cincuenta y cinco minutos de trabajo actoral. Pequeñeces que brotan en llamaradas no siempre perceptibles y que se apagan (¿o se reavivan?) con un chiste, un gesto, una mirada, un comentario para nada banal. Y es, también pasado el tiempo, cuando el título de la obra se eleva y adquiere un sentido absoluto.

Como en Tres hermanas de Anton Chéjov, texto que vale de basamento al grupo teatral para llegar a esta construcción escénica, el presente tedioso y rutinario que linda el aburrimiento sin escapatoria visible, despierta al espectador con una bofetada cargada de aparente irracionalidad, un instante gore que trastoca la tela que se muestra y que, como de la nada, hace que quien está presente empiece a tirar de la punta de un hilo y a redescubrir esos instantes, esas finas puntadas que, poco a poco, reubican e un escenario horrendo en su realidad y bello en su composición dramática.

Damián Cervantes, director de Vaca 35 Teatro en Grupo, y los actores que edifican esta movilizadora potencia teatral realizan un trabajo de relojería en el que hay ocasiones en las que el propio cuerpo (como es el caso de Mari Carmen Ruiz) es el elemento central de la obra y objeto de escarnio.

Un trabajo durísimo en el que se muestra la total falta de energías para llevar adelante una sesión de ensayos por parte de un grupo de actores imbuidos en el tedio más absoluto y el alcohol, incapaces de la crítica constructiva sin apelar al insulto o de la aún más imprescindible autocrítica. Un fresco de la soledad (porque nadie se va, todos viven en un encierro voluntario) que emerge gracias a los leves, pero suficientes, datos cargados de putrefacción que nos dan cuenta de las vidas de los personajes.

El propio grupo Vaca 35 dice de su producción: “Planteamiento extremo en base a la honestidad actoral y la brutalidad del tedio”. Ambos objetivos, y la escisión en el (mayoritariamente) estereotipado teatro español, muy conseguidos.

Ese recuedo ya nadie te lo puede quitar
Vaca 35 Teatro en Grupo
Dirección: Damián Cervantes
Elenco: Diana Magallón, Gabriela Ambriz, Mari Carmen Ruiz, José Rafael Flores y Héctor Hugo de la Peña
Del 18 al 24 de julio
Sala Taller de El Matadero de Madrid
Fringe Madrid 2014

ESTRENO EN DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN

© Fotografía y Proyectos

© Fotografía y Proyectos

Déjame ser la sombra de tu perro
Premio Mejor Equipo Artístico en el Festival de Teatro Joven de San Sebastián 2014

Autor / Director: Daniel Dimeco
Elenco: Raquel Domenech, Clara Santafé, Belén Méndez, Antonio Martín, Isabel Arenal, Beatriz Ortega y Shandra Sánchez
Responsable de Prensa: Carmen Garrido

Estreno: domingo 15 de junio en el Teatro Principal de Donostia-San Sebastián

Sinopsis de la obra: es un grito que mana de la soledad de sus protagonistas; una llamada de atención nacida del dolor, de la rabia, de la necesidad de roce, de una palabra de cariño. Es la historia de siete personajes rotos, devorados por un bagaje existencial cruento. Seres humanos que batallan, torpemente o con malas artes, por obtener, mantener o recuperar los afectos perdidos. Un hombre y seis mujeres dispuestos a lo que haga falta con tal de lograr sus objetivos, aunque tengan que anteponer egoísmos y rencores para lograrlos. En Déjame ser la sombra de tu perro se entrelazan el drama y el humor, el dolor más lacerante con la acidez de la risa cruel. Todo lo que se presenta como ingenuidad esconde siempre un as en la manga que los personajes se cuidarán.

Próxima función: 5 de julio, 18.00 horas, en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao

42 ESTE CON MADISON



Joaquín Navamuel, Carlota Romero y Mario Retamar

En Nueva York la libertad parece como que tiene demasiadas opciones… se cuela la voz de Bono por el altavoz de una radio, mientras una mujer rubia con falda corta masca chicle y acuerda un precio en la esquina de la 42 East con Madison Avenue. El aire baja gélido y traidor cortando las carnes, los rostros surgen de las entrañas de Central Station entre espantados y sorprendidos, los locos se fugan en charlas imaginarias, voces negras en rítmico góspel, solitarios que comparten piso con una cacatúa imitando al detective Tony Baretta, reminiscencias blues de los setenta, ancianas con gorros de lana hasta las orejas empujando un carro al que le chirría una rueda… En Nueva York me encontré a un amigo… continúa la voz del líder de U2.
Recrear la capital del mundo en el flamante escenario de El Umbral de Primavera, como ha hecho Antonio de Cos, autor y director del montaje Dos en la ciudad, puede parecer sencillo, pero esa misma sencillez resulta engañosa por tratarse de la ciudad más vista del orbe gracias al cine, gentes de todos los rincones del planeta pueden decir algo sobre Nueva York, pero ahí está la magia del teatro para convertir una esquina mítica, 42 East St y Madison Ave., en el punto de partida de una comedia que resalta momentos urbanos protagonizados por personajes variopintos, perdidos en la inmensidad de cemento, a cargo de tres brillantes actores que conducen a los espectadores a la risa y a la ternura: Joaquín Navamuel, Carlota Romero (puntualmente sustituida por la cada vez más enorme Irene Ruiz) y Mario Retamar.
A Dos en la ciudad no le faltan los diálogos picados al mejor estilo de Cos y en ella se suceden los encuentros y desencuentros, las esperas de seres que nunca llegan, el teléfono que no deja de sonar en las cabinas públicas y las mujeres que cogen yellow cabs con destinos inciertos. Una serie de historias breves que se cruzan en los pasos de peatones y recrean las ilusiones, el amor, los desengaños, la soledad, el dolor pasajero y el que es capaz de empujar hasta la azotea del Empire State desafiando al vértigo y al impulso de caída gracias a un dueto de gran comicidad entre Navamuel y Retamar. Las luces y las miserias de los habitantes de la gran colmena, en fin… el alma de Manhattan, desde donde, los días claros, puede verse la bahía de Cádiz.
Dos en la ciudad
Autor: Antonio de Cos
Dirección: Antonio de Cos
Intérpretes: Joaquín Navamuel, Carlota Romero (sustitución Irene Ruiz) y Mario Retamar
Lugar: El Umbral de Primavera. (c/ Primavera, 1, Madrid)
Días: sábados de mayo a las 20.00h.

OFICIO DE TINIEBLAS

Man and city by Wu Junlin



Reflexiones después de sentir Oficio de tinieblas:
Pareja de ancianos en el túnel hacia la Muerte.
Las voces se van acallando, las palabras se van distanciando entre sí y una sensación cada vez más claustrofóbica se va apoderando del espectador.
Se oyen voces de niños allá, en lo alto. Niños que juegan y que hacen disparar las alertas de quienes están abajo, en las tinieblas. Risas que potencian la imperiosa necesidad de estar fuera del encierro, de poder respirar.
Tránsito placentero hacia el final, hacia la Muerte.
Espacios geográficos que se suceden en la imaginación: una cama, dos ancianos acostados y cogidos de las manos, un vagón de metro descarrilado, el salón de una casa, un hospital, en la estrechez de una tumba, cualquier sitio que signifique soledad.
Y los recuerdos malignos y perversos que no dejan de pinchar en la conciencia durante los últimos minutos de vida y que llevan a que uno mismo piense en los propios, en los que quizás nos atormentasen viviendo una situación similar. La desesperación del personaje traducida en gritos repentinos.
La imaginación del espectador aguijoneada en medio de la oscuridad de la Sala de la Princesa del Centro Dramático Nacional. Formas sin contornos definidos proyectadas ante nuestros ojos, el texto de José Ricardo Morales destilando poética y del que es recomendable aferrarse a palabras sueltas y dejarse transportar, sentir, aproximarse al estadío final. Las voces de Manuel de Blas y Amparo Pamplona parecen salidas de la garganta del narrador de Europa, la mítica película de Lars von Trier.
Oficio de tinieblas es una puesta en escena arriesgada a cargo de Salva Bolta, es un modo diferente de ver y hacer teatro, un teatro que invita a pensar y a sumergirse (nunca mejor dicho) en las sombras propias, en los miedos, en un túnel oscuro y vivir cincuenta minutos al filo, en la frontera, buceando en un mar de miasma.
Se agradece enormemente que el CDN apueste por estas obras y que directores como Bolta sean capaces de mirar más allá de la punta de su nariz.

Oficio de tinieblas
Autor: José Ricardo Morales
Director: Salva Bolta
Reparto: Manuel de Blas y Amparo Pamplona
Lugar: Sala de la Princesa – Teatro María Guerrero
Días: hasta el 25 de mayo

GENES PERFECTOS QUE RÍEN Y RABIAN

Borja Maestre, Alejandro Casaseca, Diego Ercolini,
Marta Gómez, Rubén Ochandiano y Silma López



Por Daniel Dimeco para Culturamas (22 abril 2014)
¿Y si un día todo cambia? ¿Y si existen otras familias tan felices como las nuestras? No es fácil comprobarlo si no se está dentro de ese círculo sacrosanto, si no se late al ritmo (sístole y diástole) del propio corazón donde se gestan todos los traumas, taras y afectos humanos, en el seno de las dichas y desdichas más atroces. Las familias evolucionan para quedarse donde siempre han estado: cada miembro adquiere un puesto de control y desde allí observa a los otros miembros con tanto celo como el que ponían los guardias de frontera de la antigua Alemania del Este.
Rubén Ochandiano se perfila con cada nuevo montaje en un perfecto hurgador de entrañas, ya sea removiendo las tripas del Poder con Antígona, descubriendo los más sórdidos secretos familiares en Animal o volando con la deliciosa versión de La gaviota de Chejov. Esta vez, Ochandiano vuelve a sentarse en su puesto de control teatral y escribe La evolución, una obra que nos invita a pensar (entre risas) sobre lo avanzados que somos los seres humanos y acerca de las alternativas de las que gozamos (o podemos llegar a gozar en el futuro) dentro de ordenamientos familiares que nos aseguran la supervivencia o la destrucción.
Esta obra es un retrato irónico de nuestra especie en el entorno más íntimo, es una radiografía de la maternidad abrasadora, una Bernarda obsesionada por la herencia biológica perfecta. Un enredo humorístico con sorpresas tanto para los espectadores como para los propios personajes implicados en la historia. Tres hermanos nacidos de la misma madre y de padres diferentes elegidos por sus excelentes genes nos meten de lleno en un laberinto de deseos, necesidades, afectos y antipatías del que cuesta salirse así sin más, sin siquiera replantearse posibilidades no contempladas o sin dejar una vía libre al runrún del pensamiento en medio de esta ciénaga adormilada.

La puesta en escena es un aparente caos que por momentos roza el estilo de teatro que en España se ha conocido a través de Daniel Veronese y de Claudio Tolcachir, pero que en Buenos Aires goza de una larga tradición. Una manera de mostrar historias creando atmósferas perfectas para que el espectador que se acerque a la sala del Teatro del Arte no sea un mero testigo de la trama sino un personaje más sentado en el salón de Luisa, Lorenzo y Paula y hasta sienta la tentación de levantarse y participar en las charlas y preocupaciones de la familia.

Un reparto de actores muy bien escogido en el que se puede disfrutar con el trabajo de Silma López y las muy buenas interpretaciones masculinas a cargo de Borja Maestre, Alejandro Casaseca y Diego Ercolini. Y un grato descubrimiento: Marta Gómez.
Un cóctel teatral apetecible en la cuesta de San Cosme y San Damián con una guinda muy ochandiana: chanson française.

GÜNTER BRUS EN ROJO SANGRE



De la puesta en escena en Sala Cuarta Pared

El cuerpo humano, el propio cuerpo, usado a modo de lienzo de pintor, de muestra pública de la repulsión por lo burgués, la contra cultura, el arte contrario a las normas. Un grito en el vacío, poniendo a continuación la oreja para oír contra qué ha chocado. La dramaturga María Velasco se adentra en las disquisiciones de Günter Brus, el chico rebelde de la aristocrática Viena, quizás la ciudad más elegante de Europa, a través de una obra inquietante: Günter, un destripador en Viena.
Personalmente, todos carecemos de ciertas sensibilidades o de muchas, nunca he entendido a quienes creen que lo establecido se puede modificar llevando a cabo acciones factibles de escandalizar a una parte de la sociedad, por mucho que esa parte incluya a la mayoría. El establishment tiene la capacidad de abroquelarse, de blindarse y rechazar brutalmente aquello que lo amenaza y “el rebelde” termina convertido en un personaje mediático, máxime hoy que cabalgamos en una sociedad (cada vez más virtual) donde la existencia, el ser-en-la-realidad, es si transciende públicamente. O eso parece ser.
En el Günter de Velasco se contraponen opciones vitales como son el arte y la vida. El arte como forma de vida o la vida como arte. El artista que nos interesa aquí (y que reniega de su condición) es un hombre empeñado en alterar una sociedad que no está decidida a cambiar, al fin y al cabo para alterar hay que matar (a muchos) y lo que hace Günter Brus es autodestruirse, desarrollar voluntariamente una acción individual y personal, que lo alista en las filas del malditismo poético del siglo XX o de ciertos flagelantes.
La puesta en escena de María Velasco y Diego Domínguez nos conduce por los pasillos sinuosos del dolor físico a través de un personaje, interpretado por Aarón Lobato, que hoy en día sería, sin duda alguna, trending topic y contaría con cientos de miles de seguidores en Twitter. Un personaje nacido en un pueblo de Estiria, Austria, en 1938 (año del Anschluss) y cofundador del Accionismo Vienés, catalogado como uno de los miembros más sadomasoquistas del grupo, alguien que cantaba el Himno austriaco masturbándose o beberse su propia orina. Junto al protagonista, Irene Serrano corre a cargo del papel de una desconsolada Ana, admiradora, compañera y modelo de Brus, una persona que intenta comprender los quiebres tortuosos del artista y cuya necesidad de ser choca frontalmente con la pasividad a la que el movimiento artístico de Brus la conmina por su condición de mujer.
Esta obra es la primera obra en subirse al escenario del 5 al 8 de febrero dentro del ciclo Impulso ETC. Las siguientes obras programadas son: Horizonte artificial, de Andrea Revilla-Fleury bajo la dirección de Arturo Bernal, Aquí hay una mano, dramaturgia de Juanma Romero Gárriz y dirección de Víctor Velasco, y En defensa, escrita por Lola Blasco y la puesta a cargo de Julián Fuentes Reta. Cuatro dramaturgos contemporáneos que han parido sus respectivas obras en el marco de los laboratorios En blanco-ETC de la sala madrileña, un verdadero espacio de creación teatral y una gran oportunidad para jóvenes dramaturgos en interacción directa con directores y actores.

Günter, el destripador de Viena
Autora: María Velasco
Dirección: Diego Domínguez y María Velasco
Intérpretes: Aarón Lobato, Irene Serrano y Miquel Insúa
Artista plástico: Juan Zamora
Espacio sonoro: Sergio T. Rodicio
Compañía: Pecado de Hybris Teatro
Lugar: Sala Cuarta Pared – c/ Ercilla, 20 (Madrid)

Fecha: del 5 al 28 de febrero a las 21.00 horas (En defensa continuará en programación hasta el 15 de marzo)

Publicado por Daniel Dimeco en Culturamas el 8 febrero 2014