Sudáfrica

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

Colección Tsukanov

¿Qué se hace mientras se espera a los bárbaros en los confines del desierto? Siento que llega el orgasmo, remoto, débil, como un temblor de tierra en otra parte del mundo, dice el protagonista, un hombre cansado, viejo, intentando renacer brevemente entre los muslos gordos de una mujer para volver a caer en la semi-muerte. Cuando notamos que morimos un poco, sea donde sea, el sexo nos salva, nos conecta con la vida.

Esperando a los bárbaros (DeBolsillo 2003) es una novela desoladora, llena de violencia, sutil y directa, hacia afuera y hacia el interior. John M. Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) recrea una sucesión de imágenes bestiales del ser humano en el límite del Imperio, donde se halla la frontera entre la civilización y la barbarie y el límite de la propia fortaleza psíquica y física. El protagonista de la novela acaba enamorándose de una joven negra, herida por los funcionarios blancos, y de ahí nace una historia de amor entrañable y repelente a partes iguales. La sexualidad como descarga física y emocional y como necesidad de calor humano, aunque se rechace al cuerpo del otro y ese otro se sepa rechazado.

El viento caliente arrastra el polvo por el patio del puesto de frontera. Un lugar a merced de los bárbaros a los que el Imperio los ha calificado de peligrosos y les ha declarado la guerra. Ya nadie atiende a la razón, ya nadie escucha que los bárbaros son nómadas inofensivos con los que llevan mucho tiempo conviviendo. El calor convierte a la barraca en un lugar maloliente y sofocante, donde los prisioneros aguardan sentencia: ceguera o muerte.

Las sesiones de tortura son la antesala de la muerte y los intereses del Estado la ruina de todos los habitantes a ambos lados de la frontera. ¿Cómo le resulta posible comer después, después de haber estado… trabajando con seres humanos? Es algo que siempre me pregunto acerca de los verdugos y otros hombres semejantes. El coronel Joll, jefe de la expedición, calla.

Esperando a los bárbaros es, sin duda alguna, una estampa poética de aquella Sudáfrica sumergida en la virulencia del Apartheid.

UN ARMA EN CASA

by Elliott Erwitt

Dos padres blancos se asoman por el ojo astillado del cristal, por el agujerillo por donde se ha escapado el oxígeno que alimentaba sus vidas, por donde se vierte, gota a gota o atropelladamente, la sangre de uno de los amigos de Duncan Lingard, el hijo arquitecto de 27 años y con un futuro prometedor.

Sudáfrica, 1996. El país intenta dejar de ser blanco vs negro para ir reconociéndose en sus vetas. Un arma en casa (Ediciones B, 2006), de la Premio Nobel de Literatura sudafricana Nadine Gordimer, es una novela que indaga en ese cambio de realidad que vive toda una nación.

A la hora del café, después de la cena, un mensajero se presenta en casa de los Lingard en uno de los barrios con sistemas de seguridad especiales para que ningún intruso traspase los muros y se asome a la intimidad de los habitantes del lugar. Claudia y Harald reciben la noticia de que su hijo está en la cárcel, es sospechoso de haber matado a un compañero de piso.

Las preguntas se agolpan en la cabeza de seres acostumbrados a que la violencia existe más allá de esos puestos de vigilancia que controlan su morada, seres que no han hecho de los reclamos de derechos ajenos un modo de vida, pero que aceptan que es mejor compartir el espacio común a ignorarse mutuamente por el color de la piel. Hay preguntas que no tienen fácil respuesta, preguntas que no consiguen atravesar la lógica aplastante de la moral de los profesionales de clase media. ¿Es lo mismo estar sentado delante de un preso que de un asesino? ¿Y qué ocurre cuando el convicto (porque ha confesado el crimen aunque no el motivo) es el propio hijo? Prometieron a un niño de doce años que, hiciera lo que hiciera, cualquier cosa, fuera lo que fuere, siempre estarían con él. Y allí están sentados delante de él en la sala de visitas de la cárcel.

¿Cómo es para una familia blanca sudafricana dejar el destino de su único vástago en manos de un reputado y hábil abogado negro educado en Fort Hare? Y ¿cómo es para cualquiera familia enterarse de los detalles de la vida del hijo sentada en una sala de un tribunal de Justicia?

Harald y Claudia no pueden estar allí para él, donde está él, solo con el hombre que ha muerto de un tiro en la cabeza. Es absurdo que el asesino sobreviva al asesinado. Los dos, juntos y solos, comparten un secreto que los une para siempre. Se pertenecen.

EN MEDIO DE NINGUNA PARTE

'Devotees' by Ayana V. Jackson

‘Devotees’ by Ayana V. Jackson

Magda es como un náufrago varado en el centro de un secarral próximo a Armoede, Limpopo, al norte de Sudáfrica, donde el sol del verano derrite los ojos y reseca el pecho y el corazón hasta que caen en trozos al suelo, entre el polvo y las piedras.

Magda es una solterona colérica enclavada en medio de ninguna parte, una mujer que observa el paso de la vida prácticamente sin formar parte de ella. Hija de un padre autoritario e ignorante en cuanto a afectos y sexo, se convierte en una persona relegada a las sombras en un sistema en el que blancos y negros se sitúan a ambos lados de una infranqueable línea divisoria.

En En medio de ninguna parte (Mondadori, 2003) John M. Coetzee escribe con admirable (y envidiable) belleza, una novela llena de alma, plagada de dolor y en la que la soledad empuja a la protagonista a la aridez del averno y la humillación.

Nunca deseé escapar con los dioses del cielo. Siempre tuve, en cambio, la esperanza de que descendieran a la tierra y vivieran aquí conmigo en el paraíso, sustituyendo con su aliento de ambrosía todo lo que perdí cuando las fantasmagóricas figuras de las últimas personas conque tuve trato se escabulleron de mí en plena noche.

Las partículas de polvo se adhieren a la epidermis consumiéndola hasta que sólo quedan los huesos apilados en una mecedora, oteando la inmensidad de la llanura.