Seix Barral

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

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INTEMPERIE

Foto: Alfredo Martínez
Una noche sin luna, un niño escapa de su casa con un morral a cuestas y se interna en el páramo. Eso es, en principio, Intemperie, la excelente novela de Jesús Carrasco editada por Seix Barral. El autor nos propone que nos traslademos, a través de las 221 páginas que conforman la obra, a un universo literario diferente al habitual, alejado de las urbes y la gente con estilo de diseño.
 
Carrasco escribe con la pericia de quien pareciera que tiene varias novelas en su haber (Intemperie es la primera y única que ha publicado el autor nacido en Extremadura y afincado en Sevilla), porque describe las situaciones, muchas de ellas son escenas de priciosa quietud, con el tono firme de Cormac McCarthyDavid Vann o Miguel Delibes. De hecho, es imposible resistirse a compararlo con los dos grandes escritores norteamericanos, literatura de la que el propio Carrasco ha mamado como lector.
 
Carrasco escribe de lo rural, de ese ambiente que tanto admiramos en grandes novelas como Los santos inocentes, de Delibes, y tan poco frecuentes en la literatura española actual, aferrada, de un modo casi obsesivo, a los empedrados de Barcelona y Madrid sin que esto, válgame Dios, constituya un pecado.

Intemperie ocupa un sitio que, de momento, está casi vacío, un espacio por el que el lector transita disfrutando de un lenguaje por demás exquisito y que hasta obliga a tener a mano el diccionario. Se trata de una incursión sin tamices al ámbito rural, a lo más crudo de un mundo mucho más próximo de lo que tendemos a creer. Carrasco imprime vocablos, habilidades propias del medio y conocimientos astrológicos básicos para que el personaje pueda guiarse en medio de la noche sin más brújula que la Estrella Polar. E imágenes de tanta fuerza como: Los sarmientos bravíos cruzándose unos sobre otros tejían sobre la viña una red de curvas fósiles.

 
Recreación de la sequedad (y de la sensación de sed) y violencia latente y manifiesta en la vida de un niño que escapa de su casa para evitar el avasallamiento miserable por parte de un alguacil que marca las reglas de la región a punta de escopeta. Frente a la desesperación y desprotección que nos regala Jesús Carrasco con el personaje del “niño” (así lo denomina durante toda la novela) está el “viejo”, el pastor de cabras con el que se cruza un día por casualidad y al que quedará unido (mutuamente unidos) hasta el final de la novela, modificando indefectiblemente la vida de ambos.



Intemperie
Jesús Carrasco
Editorial Seix Barral
ISBN: 978-84-322-1472-1
Año 2013

 

EL SABOR DE VENECIA



Donna Leon (New Jersey)

Roberta Pianaro (Venecia)

Ed. Seix Barral

Risotto con flores de calabacín y jengibre

Risotto di fiori di zucca e zenzero

Ingredientes para 4 personas:

320 gr. de arroz Vialone Nano (variedad italiana de arroz muy apreciada para el risotto)

350 gr. de flores de calabacín

2 cebollas escalonias picadas

3 cucharadas de aceite de oliva

Una cucharadita de sal

Un cubito de caldo de carne

Un litro de agua hirviendo

30 gr. de jengibre, pelado y rallado

30 gr. de mantequilla

30 gr. de parmesano rallado

Limpiamos las flores de calabacín, conservamos los pistilos y desmenuzamos los pétalos.

En una cazuela ponemos sal, aceite y dos cucharadas de agua, y rehogamos las cebollas escalonias. Cuando se ponga transparente añadimos los pétalos de las flores de calabacín y sus pistilos. Lo guisamos durante 15 minutos con un cucharón de agua.

A continuación añadimos el cubito y la cucharadita de jengibre.

Vertemos el arroz y lo cocemos agregando agua hirviendo poco a poco.

Cuando esté hecho, incorporamos el jengibre restante, removemos. Finalmente añadimos la mantequilla y el parmesano y lo servimos.

¡Ah! Jamás olvidar el Prosecco bien frío para acompañar y un capuccino para terminar. Seguro que el inspector Brunetti se aparece por su mesa.