Relatos

UMA THURMAN EN EL CAFÉ VICTOR

café victor

Cafe Victor – Ny Østergade 8 – 1101 København K

Año 2006. Ahora escuche mi voz, mi voz le guiará hasta Copenhague… Ahora voy a contar de uno a diez, cuando llegue a diez estará en Copenhague…

No se trata de una película de Lars von Trier. No es su Europa, yo no soy el narrador Max von Sydow y usted no es ni Kessler ni Hartmann. Si eso es lo que cree, debo decirle que se trata de una mera coincidencia.

Diez. He dicho diez y usted está en Copenhague. Cierre los ojos y cuando los vuelva a abrir los colores se habrán refugiado en el blanco, el negro y el sepia. Usted entrará en un estado de película antigua.

Deténgase en esa esquina del barrio de Nørrebro. La lluvia cae sin cesar y usted está a punto de vivir una escena de espionaje de posguerra. Abra la puerta, entre al restaurante y adéntrese en una estancia de los años 50 (en Escandinavia, no lo olvide), luz de velas en la noche fría y murmullos por conversación: Café Victor. Allí, sentada a una mesa redonda, se encuentra Uma Thurman. No la mire aún, sólo se lo he dicho para que esté prevenido. Quítese la gabardina y con el paraguas entréguesela al hombre alto y rubio de sonrisa glacial que aguarda de pie a su derecha.

¿Huela el aroma a carne asada y a arenques? Ahora puede mirar hacia su mesa, a la de Uma Thurman. Ella está sola. De repente, se levanta y pasa a cincuenta centímetros de usted. Alta y rubia, lleva un vestido hasta la rodilla, un escote generoso, botas y el cabello recogido en un moño.

Cuatro años sin poner sus pies en la ciudad y la casualidad le ha llevado nuevamente al norte, a la lluvia eterna y al cielo plomizo, al frescor noctámbulo y al agua báltica azul topacio de los canales… A usted le ha sido asignada una misión. Todo ha cambiado. Usted ha viajado a Dinamarca para cometer un asesinato, para matar a alguien que está en el Café Victor ahora mismo. Pero relájese y oiga lo que le voy a pedir: no lo haga, no apriete el gatillo. Ahora contaré hasta tres y le pondrán delante un plato de cerdo caramelizado. Uno… Dos… Tres. ¿Qué le parece?

No mire hacia la puerta. No lo haga. Cene… Por observar hacia la puerta acaba de perderse el regreso de Uma Thurman.

Toque la culata del revólver con naturalidad. Eso es, bien hecho. Ahora continúe degustando el cerdo. ¡Ah! Skål y que disfrute del vino alsaciano. La persona por la que usted está en el restaurante se ha sentado a la mesa de la actriz, de espaldas al espejo grande que hay en la pared del fondo. Mire si quiere, sé que no puede contenerse.

¿Qué piensa hacer? Las instrucciones que le han dado son que lo invite a ir hasta el coche negro que aguarda aparcado en la calle, en la acera de enfrente. Una vez dentro, golpéelo en la cabeza y después lo arroja al Havnebussen con un peso atado al cuello.

Ahora levántese y vuelva a tocar el revólver para asegurarse de que sigue allí. Camine lentamente hacia la mesa de Uma y del hombre importante y no se preocupe por interrumpirles. ¿Qué le ocurre? ¿Por qué no avanza como le he dicho? ¿No piensa llevar a cabo las instrucciones que le han dado? Entonces saque el arma y dispare a quemarropa. Usted es un sicario y le pagan para que haga su trabajo.

Uma Thurman le está mirando a usted y le sonríe. Haga usted lo mismo… Así está mejor. El hombre que la acompaña lo observa entornando la mirada. ¿Adónde va? ¡Espere! No se olvide de pagar y recoja la gabardina y el paraguas.

Ya ha salido del Café Victor. Ahora relájese. Sienta el agua empapándole el rostro y el frío calándole el cuerpo. Cierre los ojos y cuando vuelva a abrirlos se enfrentará a la realidad. A otra realidad.

@DanielDimeco

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CRÍMENES

Foto: ZDF und Gordon Mühle



El comisario principal Dalger, de la policía criminal de Berlín, tenía su propia teoría después de muchos años interrogando a criminales y sospechosos: Sigan el dinero o el esperma. Todos los asesinatos se explican por una cosa o la otra.
Crímenes (Salamandra 2011) no es una novela negra, sino que se trata de historias criminales que el abogado Ferdinand von Schirach (el autor) ha ido recopilando en su trayectoria profesional.
Las historias más absurdas podían ser ciertas, y las más creíbles, inventadas… Una máxima entre quienes se encargan de la defensa o acusación en un juicio por un crimen…
Vas a cuidar de mí. No puedes abandonarme nunca. Todo comienza con un juramento. Una pareja joven se casa y viaja de luna de miel a El Cairo. Todo acaba en el sótano de la casa familiar… 


Foto: ZDF und Gordon Mühle

¿Qué puede ocurrir si se decide acudir a una fiesta de estudiantes abierta al público y se juega con chicos de barrios como Kreuzberg o Neukölln?

Dos hermanos y una manzana brillando bajo el sol de Sicilia…
Una chica nombre Irina abandona su país escapando de una guerra y aprende los precios de la felación y el coito en la Kurfürstenstrasse…
Citarse reiteradas veces en un hotel de lujo con un hombre rico para pagar las deudas que el marido tiene con un mafioso…
Dos skinheads pretenden divertirse con un key client en el andén de los trenes que van a Hamburgo…
Un libro para fanáticos de las series policiacas, los asesinatos violentos y las resoluciones judiciales.
 

LA CHIQUITA PICONERA

La chiquita piconera de Julio Romero de Torres
Un buitre sobrevoló el cielo límpido de la Sultana y se posó sobre el tejado del Hospital de San Sebastián, la residencia de las monjas salesianas de Córdoba. La piconera lo vio de reojo, poco antes de entrar en solsticio hiemal, mientras buscaba, a través de los critales, los ojos negros del río Guadalquivir, eternamente serpenteante a sus espaldas en el cuadro de Julio Romero de Torres.
La niña-mujer de embriagadora belleza andalusí una tarde fue conducida, casi a rastras, hasta el taller de Romero de Torres.
-Mire don Julio. No me va a decí usté que no é guapa la María.
-¿Cómo te llamas? –le preguntó el pintor.
María Teresa López –respondió con un, aún, perceptible deje porteño.
Romero se pasó una mano por el bigote, entrecerró los ojos y se recostó sobre el espaldar de la silla de anea. La chiquita piconera lo miró sin pestañear. La osadía y la hermosura enamoraron a don Julio quien, por entonces, había superado la cincuentena, mientras que ella todavía no había llegado a los quince.
La chiquita piconera, la mujer morena, la de las piernas cinceladas, la belleza estampada en los billetes de cien pesetas de la posguerra, la joven delgada, morena y de grandes ojos negros, posó para el artista. Las correderas, paseándose cogidas del brazo por la ribera, dijeron que la hija de los López se había desnudado para el hombre. Y la ciudad entera les creyó. De María Teresa dijeron en público que había sido amante del artista; detrás de las rejas comentaban que era una puta. Fue desplazada, aislada y señalada… Marcada para siempre.
María Teresa López
Un día, de la iglesia de San Pedro, partió un cortejo pequeño, con paso lento. La última parada: el cementerio de El Carpio. Unos pocos iban acompañando a un cuerpo de miel; a unas manos finas azuladas por las venas; a un rostro de rasgos delicados con un imperceptible rictus de pena arrastrado desde la adolescencia. Sobre el ataúd, un bordado mantón y un clavel rojo español. Los soportales de la Mezquita-Catedral se cerraron y, a medianoche, doce campanas fueron tañidas con furia.
Córdoba dormía. La brisa suave acercó el aroma a azahar y canela. El llanto del Guadalquivir compuso notas contra los pies del Puente Romano y unas cortinas blancas se agitaron suavemente.

ANOCHE REGRESAMOS A LA CASA DEL FONTANKA

Museo Anna Ajmátova, San Petersburgo
Anoche volvimos a la Casa del Fontanka, a una mágica fiesta, como las de Fin de Año. Anoche tuvimos la necesidad de revisitar un cuento de Petersburgo, de leer un poema sin héroe, de refugiarnos, ¡oh contradicción!, en la asediada Leningrado de 1941.
Sin que la inquilina del Fontanka, Anna Ajmátova, nos invitara nos presentamos como los parientes insufribles que llaman a la puerta sin haber sido invitados. Aprovechamos que la casa estaba iluminada, a sabiendas de que Ajmátova daba una fiesta, la mejor celebración posible: rememorar que el dolor se combate con la belleza y que, de ese modo, se sobrelleva mejor el sitio de la ciudad del zar Pedro, la ciudad con el sudor del pueblo construida.

Anoche volvimos a la sala blanca de espejos en la Casa del Fontanka y nos colamos en el baile de máscaras, inadvertidos entre los espectros… Comimos caviar y brindamos con vino sin importar que nos quemara como el veneno. Estuvimos con Fausto, Don Juan, Dappertutto, Iokanaan y hasta con el discreto nórdico que llamaban Glahn. ¿O era Dorian, el asesino? ¡Qué más da!

Sí, anoche regresamos a la Casa del Fontanka y volvimos a sentir la paz que siempre nos ha dado, paladeamos el sabor del té con mermelada de fresa recién extraído del samovar y, finalmente, sobrevino el merecido descanso del guerrero junto al calor de la estufa, escuchando la música exquisitamente medida del viento furioso de Leningrado, mientras que, allá abajo, casi en la desembocadura del Leteo-Neva, donde los cristales polares, donde se ven los resplandores ambarinos, donde Pushkin bebía el agua por recomendación de su médico para evitar la desesperación, allí, los negritos de Meyerhold jugaban a tirarse bolas de nieve.

ANTOLOGÍA "RELATOS 2012"

Presentación de la antología Relatos 2012
XXVIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza
Presentado por Fernando Aínsa y Antonio Mostalac
Feria del Libro de Zaragoza
2 de junio de 2012 a las 20.00 horas



José Luis Enciso, Daniel Dimeco
 y Miguel Ángel González



Los perros ladran de noche
(comienzo)

LOS PERROS LADRAN DE NOCHE

Imagen de Egon Schiele
Hoy, martes 27 de marzo, a las 12.43 horas, recibí una llamada de esas que a uno le hacen sonreír, que te lo crees pero no del todo, que piensas que se pueden estar equivocando, que quizás querían llamar a otra persona.
Una voz me anuncia que me llaman en nombre del Consejero de Cultura, Educación y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza para comunicarme que mi relato Los perros ladran de noche había ganado uno de los dos accésit del XXVIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza 2012.


Los perros ladran de noche construye un escenario castellano del silencio, un escenario donde siempre es mejor callar, ocultar y vengar para nunca más volver a hablar del tema. Donde el erotismo de la pubertad se entremezcla con el de la madurez y lo que puede ser hermoso se convierte en dramático.

Durante la Feria del Libro de Zaragoza, del 1 al 10 de junio, verá la luz la antología que recogerá el relato ganador: Milagroso regreso, de José Luis Enciso Martínez, y ambos accésit: Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas, de Miguel Ángel González González, y Los perros ladran de noche, de Daniel Dimeco.