Random House

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

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LA FLOR PÚRPURA

Koto Bolofo 2

by Koto Bolofo

Me acurrucaría entre los brazos de padre cuando rugieran las tormentas del harmatán que hacían restallar los mangos contra la mosquitera de las ventanas y provocaban chispas anaranjadas al chocar los cables eléctricos entre sí.

El progenitor todopoderoso, un nativo nigeriano educado por misioneros ingleses, fija las reglas de convivencia y comportamiento familiares en base a una concepción fanática del catolicismo. La constante alabanza y el temor-pánico a un dios implacable con los débiles de carácter se entreteje con la admiración sumisa hacia el modo que tienen de hacer las cosas los blancos. Al punto de despreciar y acusar a su propio padre de idolatrar a las deidades tradicionales. Mientras, inmutable, Papa-nnukwu, igual que hacían sus ancentros, comparte la comida con Ani, el dios de la tierra, lanzando trozos de fufú sobre la hierba que se marchita fuera de su casa.

La intimidación física y psicológica traspasa las puertas de las habitaciones de la aséptica casa familiar y machaca en la culpa de la madre y de los hijos hasta que se abre en hemorragia. Un excelente paralelismo con el trasfondo de caos político y de violencia que vive una Nigeria sumida en el golpe de Estado.

Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños… Como el escritor británico Rudyard Kipling en el siglo XIX, un siglo más tarde Eugene combate con la Biblia en la mano a los posibles demonios que intentan apoderarse de sus hijos y, para evitarlo, edifica sobre ellos el andamiaje de la obligación desmedida, la fe inquebrantable, recorta cualquier resquicio natural de alegría y les empuja a la culpa y al miedo a través de una disciplina de hierro.

Todo cambia (y todo cambiará) cuando Jaja y Kambili, sus hijos adolescentes, son invitados por tía Ifeoma, hermana del padre, a pasar unos días en su casa de la ciudad de Nsukka. Allí también se reza antes de la comida, pero de un modo más amable. ¡Y hasta se le pide a Dios por la risa! Los jardines de las casas pobres del barrio están sembrados de girasoles y el cielo perfumado con vincapervincas, melinas y el más intenso y acre rezumo de las hojas de la margosa. Adentro, donde acampan las moscas en verano, el olor del keroseno para guisar se funde con el del curry y la nuez moscada. Los sentidos de ambos hermanos se abren alborotados y les revuelven las entrañas hasta el vómito.

A la estación del harmatán le sucede la de las lluvias y vuelta a empezar, pero los reinicios no siempre van a ser iguales.

La flor púrpura
Chimamanda Ngozi Adichie
Literatura Random House 2016
Traducción de Laura Rins

@DanielDimeco

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015