Pyongyang

EVASIÓN DEL CAMPO 14

‘Five masks’ by Tselkov Oleg

Incluso en las ratoneras brilla el sol. Pocas son las palabras positivas que se escuchan dentro del perímetro de un gulag norcoreano, pero éstas le insuflaron cierta fuerza a Shin Dong-hyuk durante los siete meses que fue torturado en una prisión subterránea del Campo 14, al norte de Pyongyang, junto al río Taedong.

Shin nació en el campo de concentración de Corea del Norte, hijo de padres represaliados por el régimen de la familia Kim, sus padres fueron escogidos para formar un matrimonio de recompensa. Regla 8 del Campo 14: Si existiera algún contacto sexual sin previa aprobación, quienes lo mantengan serán ejecutados inmediatamente. Así, el matrimonio de los padres de Shin fue un premio otorgado al trabajo forzoso y a las delaciones fiables.

Hace muchos años, a finales de la década de los ochenta, me impactó mucho un libro titulado Vida y muerte en Shanghai, la autobiografía de Nien Cheng, una refinada mujer a la que la penosamente famosa banda de los cuatro, los responsables de la fatídica Revolución Cultural china, despojó hasta de su hija adolescente mediante torturas y cárcel. Durante la lectura de Evasión del Campo 14 (Kailas Editorial, 2014), del periodista norteamericano Blaine Harden, no pude evitar comparar los dos libros, donde ambas experiencias de vida (con similitudes, pero radicalmente distintas) estaban “protegidas” por premisas como: Todo aquel que intente escapar será ejecutado inmediatamente.

El elemento esencial de control en los campos de trabajo norcoreanos es la comida y cazar ratas se convirtió en una pasión para el niño y el adolescente Shin. Hasta los 23 años, cuando cruzó a China, no conoció un balón de fútbol ni una goma de borrar. Pero sí sabía escribir incesantemente las faltas propias y las ajenas para exponerlas en sesiones delatorias después de la cena o informar a los guardias de que su madre y su hermano mayor planeaban evadirse.

Todo empezó a cambiar cuando Shin conoció a Park Yong Chul, un miembro de la mejor clase norcoreana caído en desgracia. Park fue quien le habló de la existencia de un mundo más allá de las lindes del campo. Y Shin mutó cuando el Campo 14 dejó de ser su casa para convertirse en una jaula insoportable y dar pie a la aventura de la fuga el 2 de enero de 2005. A finales de enero de aquel año, Shin Dong-hyuk cruzó el helado río Tumen, la frontera con China, armado de galletas, cigarrillos y caramelos para sobornar a los guardias.

Shin fue reconocido por Human Rights Watch como el principal activista mundial a favor del cierre de los campos de prisioneros políticos y en septiembre le entregaron el premio Alison Des Forges.

El duro relato de Dong-kyuk podría no ser verdad en su totalidad de acuerdo a omisiones considerables en sus testimonios y que se han hecho públicas a posteriori de la publicación del presente post.

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AU PAYS DU GRAND MENSONGE

Philippe Grangereau
Éditions Payot & Rivages
ISBN: 2-228-89742-6

En julio de 2004, en París, encontré este libro de Philippe Grangereau porque un año más tarde, en 2005, pensaba viajar a Corea del Norte desde China.

No pude dar el salto a Pyongyang, lamentablemente, aunque los entresijos de la vida me regalaron un viaje iniciático alternativo de cuatro horas en avión a Urumqi y, desde allí, al desierto uigur de Sinkiang tras las ruinas de las ciudades de Gaochang y Jiaohe: destino el Turfán, antigua Ruta de la Seda.

Hoy, ocho años después, sigue intacto mi interés por viajar al hermético Estado de los Kim y poder ver aquellos rostros tristes y grises que el Régimen colorea con flores artificiales durante los grandes fastos. Corea del Norte me sigue seduciendo. Aunque más bien creo que me seduce el poder descubrir ese aire de secretismo y ocultismo retraolimentado durante décadas al amparo de la doctrina Juche.

Foto: P. Ugarte (AFP)

En Au pays du Grand Mensonge (“El país de la Gran Mentira”), Grangereau resalta que la Corea del año 2000 seguía estando bajo la batuta de un muerto, Kim Jong-il, el fundador del Estado stalinista fallecido en 1994. Hoy, año 2012, viendo las ceremonias por los 100 años del nacimiento del abuelo del actual líder, podemos deducir que la República Popular Democrática de Corea sigue en las mismas manos del muerto a través de su impronta y de su legado, tan útil para que un clan todopoderoso se mantenga aferrado a las riendas del poder en una nación hambreada.