Pilar González España

SOLO QUIERO QUE ME SALVEN LAS PALABRAS

 


Pilar González España
en el Auditorio Conde Duque
Recitadora Pilar González España
Piano Carlos Morera
Guitarra Alberto Cuéllar
Espacioescénico Daniel Reinares Fisac
Colaboración especial para la canción “El Mundo que yo no viva”: Graciela Baquero
Estos son algunos de los poemas más importantes que han conformado mi universo poético desde siempre. Los aprendí con el cuerpo y el corazón. Me han servido en muchas ocasiones para salvarme del silencio, de la injusticia, de la indiferencia, de la impotencia, de la tristeza y de la abulia.
Recitándolos, evoco de nuevo el poder ilimitado de sus palabras. La música poética y exacta les ayuda a convertirse en nuevos poemas que dicen otras cosas distintas, con diferentes matices y tonalidades. Así, los poemas son las múltiples caras de un prisma donde la luz incide. (Pilar González España)

 

Pilar González España nació en Madrid, en 1960. Es poeta, traductora y sinóloga. Como poeta ha publicado El cielo y el poder (Hiperión, 1997), Una mano escondida en un cajón (Valencia, Germania, 2002), Transmutaciones (Torremozas, 2004), Retráctiles(Torremozas, 2011). Sus poemas han sido traducidos al francés, al árabe y al chino. Desde 1998, es profesora titular de pensamiento chino en la UAM. Ha traducido a los grandes clásicos chinos. Desde 1980 trabaja la voz y la declamación poética, participando en numerosos recitales y festivales de poesía nacionales e internacionales (México, Francia, China, entre otros). A menudo, colabora estrechamente con músicos, interesándose especialmente en la conjunción música y  poesía.
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RETRÁCTILES


Pilar González España
Madrid 1960
Poeta, filóloga, traductora y sinóloga
Ediciones Torremozas

Es como cuando el aire aulla en las orejas, un sonido que inquieta y que paraliza de gozo, todo a la vez. Difícil trabajo el del poeta que sale de la soledad conventual de la escritura a la luz del espectáculo a través del recital.

La muestra, el mostrar la poesía a los demás, puede hacerse de dos maneras, básicamente: como profesional o como amateur. Pilar González España está en el primer grupo. Sin señales ostentosas de un ceremonial intelectual que puede rozar peligrosamente el aburrimiento entre un público que no es académico, la autora de Retráctiles despliega su maestría: dos gotas de Poême de Lancôme por si algún despistado aún duda qué está haciendo en la madrileña librería Enclave de Libros; uñas pintadas de oscuro y abrigo negro con los bordes de las mangas en rojo, como su poema La destrucción de Sodoma, preanuncio, quizás, de lo que nos aguarda: un exquisito descendimiento a las honduras, acunados por la delicadeza de la voz de Pilar González España, que nos invita a un viaje en los que están presentes las materias (aire, agua, tierra, fuego) y la China que tanto conoce y adora.

Pilar ha incluido en Retráctiles algunos poemas editados en sus libros anteriores: El cielo y el poder (Hiperión 1997), Una mano escondida en un cajón (Germania 2002) y Transmutaciones (Torremozas 2004, Premio Carmen Conde). Traductora de clásicos de la poesía china como Poemas del río Wang de Wang Wei (Trotta 2004).

Hacia el fondo del mar

Hacia el fondo. Hacia el fondo del fondo
del mar. Allí donde el lenguaje es coral y
alga enmarañada. Allí donde cada pala-
bra es una perla atrapada en su concha.

Me sumerjo en toneladas de silencio. Me
sumerjo en lo oscuro transparente. Me
sumerjo en la sangre purificada de la tie-
rra, en el llanto antiguo de unos dioses
tristes. Me sumerjo… Mi cabello de algas
negras… (Arriba el resplandor de la exis-
tencia: un sol confuso)

Aquí los ecos del pasado. Aquí los ecos
del futuro. Aquí un vientre enorme, gi-
gantesco. Aquí el centro ardiente de la
negrura cósmica. La soledad es plena,
extensa, alta, ancha, profunda. Puedo to-
car sus cuatro paredes infinitas.

Silencio, muerte, silencio, muerte, silen-
cio, ecos dormidos, silencio, ojos, millo-
nes de ojos mudos, silencio, cue-
vas, bocas negras abiertas para siempre,
silencio, óxido, musgo dormido para
siempre, silencio, un zapato podrido para
siempre, una moneda brillando para
siempre, un barco muerto acunado para
siempre, silencio, desierto otra vez, luz
ausente, el fulgor de un pez que me sor-
prende, me mira y me desconoce.

Pesa sobre mí todo el océano. Me toca lo
profundo, me presiona con sus manos gi-
gantescas, rodea mi cuerpo, aprieta mis
ojos, mis sienes, mi cabeza, mis pulmo-
nes… Solo mi pelo es libre, planta negra
que baila en esta falsa noche.