Novelas

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

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CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

LA FLOR PÚRPURA

Koto Bolofo 2

by Koto Bolofo

Me acurrucaría entre los brazos de padre cuando rugieran las tormentas del harmatán que hacían restallar los mangos contra la mosquitera de las ventanas y provocaban chispas anaranjadas al chocar los cables eléctricos entre sí.

El progenitor todopoderoso, un nativo nigeriano educado por misioneros ingleses, fija las reglas de convivencia y comportamiento familiares en base a una concepción fanática del catolicismo. La constante alabanza y el temor-pánico a un dios implacable con los débiles de carácter se entreteje con la admiración sumisa hacia el modo que tienen de hacer las cosas los blancos. Al punto de despreciar y acusar a su propio padre de idolatrar a las deidades tradicionales. Mientras, inmutable, Papa-nnukwu, igual que hacían sus ancentros, comparte la comida con Ani, el dios de la tierra, lanzando trozos de fufú sobre la hierba que se marchita fuera de su casa.

La intimidación física y psicológica traspasa las puertas de las habitaciones de la aséptica casa familiar y machaca en la culpa de la madre y de los hijos hasta que se abre en hemorragia. Un excelente paralelismo con el trasfondo de caos político y de violencia que vive una Nigeria sumida en el golpe de Estado.

Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños… Como el escritor británico Rudyard Kipling en el siglo XIX, un siglo más tarde Eugene combate con la Biblia en la mano a los posibles demonios que intentan apoderarse de sus hijos y, para evitarlo, edifica sobre ellos el andamiaje de la obligación desmedida, la fe inquebrantable, recorta cualquier resquicio natural de alegría y les empuja a la culpa y al miedo a través de una disciplina de hierro.

Todo cambia (y todo cambiará) cuando Jaja y Kambili, sus hijos adolescentes, son invitados por tía Ifeoma, hermana del padre, a pasar unos días en su casa de la ciudad de Nsukka. Allí también se reza antes de la comida, pero de un modo más amable. ¡Y hasta se le pide a Dios por la risa! Los jardines de las casas pobres del barrio están sembrados de girasoles y el cielo perfumado con vincapervincas, melinas y el más intenso y acre rezumo de las hojas de la margosa. Adentro, donde acampan las moscas en verano, el olor del keroseno para guisar se funde con el del curry y la nuez moscada. Los sentidos de ambos hermanos se abren alborotados y les revuelven las entrañas hasta el vómito.

A la estación del harmatán le sucede la de las lluvias y vuelta a empezar, pero los reinicios no siempre van a ser iguales.

La flor púrpura
Chimamanda Ngozi Adichie
Literatura Random House 2016
Traducción de Laura Rins

@DanielDimeco

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015

LA DÉBIL MENTAL

Birte Schnoeink en fotograma de 'Amour fou'

El mundo es una luna cortada a latigazos negros. Una figura tan potente y bella como esta enamora al lector. Y como esa, Ariana Harwicz regala muchas en las cien páginas de La débil mental (Mardulce 2015), una novela breve y de una intensidad escalofriante.

Todo es igual a partir de que él entró en mi cabeza, el infierno salado. Hace poco, leyendo un artículo de Rafael Narbona sobre su experiencia con la depresión, me quedé enganchado al siguiente comentario que, por cierto, ya había escuchado de boca de otras personas: No he olvidado la noche en la que advertí con insoportable nitidez mi desmoronamiento emocional. Desde entonces el largo andar por las arenas, como si el mundo entero fuese un médano gigante de pequeños oasis con tan sólo una palmera.

De las mil maneras de existir que hay, me tocó esta, no reconozco a nadie y cuando me ataca la gran desesperación, vivo en cualquier parte. La escritura de Ariana Harwicz pareciera brotar de un estigma hecho por un dolor muy profundo, de esos que ahuecan el alma hasta doblarla y teñirla de una mancha negra. Una escritura poética que de algún modo se emparenta con la belleza que destilan los versículos de Herta Müller. Un acertado contrapunto al lenguaje procaz, coloquial y lírico que la propia Harwicz ha manifestado que le interesa trabajar.

La relación cuasi-salvaje que une a madre e hija construye un nrelato que transita por las pulsiones del deseo sexual irrefrenable. La madre se alegra cuando a la niña le crecen los pechos, cuando un hombre la desea en una escalera. La madre se siente satisfecha al ver que su hija se está convirtiendo en mujer.

Me invento una vida en las nubes sentada en mi clítoris. Tal vez sean las palabras de la propia protagonista las que expongan la mejor síntesis de la obra.

@DanielDimeco

A LA CAZA DE LA MUJER

by Ren Xinyu

El único amor que conocí fue pornografía de creación propia. Los únicos amantes que deseé irradiaban una desconfianza hacia los hombres que me excluiría siempre. Sucumbí a las fantasías sobre Jean Hilliker y la poseí durante unos breves segundos depravados de droga. En marzo de 1958, James Ellroy invocó una Maldición y tres meses más tarde asesinaron a su madre, Jean Hilliker. Desde entonces, su historia cogió un rumbo marcado por el fantasma de Hilliker.

La Maldición es el eje estructural de A la caza de la mujer (Mondadori 2011). Además de ser una radiografía maravillosa de la psicología obsesionada por cazar, cazarlas a Ellas, a las mujeres que conoce o se imagina, a las que espera en la oscuridad a las que lo llamen por teléfono, a las que espía. A las que, incluso, llegan a maridar con él. Ellroy quiere cazarla, a Ella, a esa madre asesinada en un callejón de El Monte, una barriada deprimida a las afueras de Los Angeles, cuando él tenía diez años.

En 1978, James Ellroy volvía al Sunset Strip, donde se congregaban las prostitutas, con la persistencia del calenturiento hijo de un reverendo. Ellroy quería que Una Mujer o Todas Las Mujeres fueran Ella y por eso se embarcó en esa búsqueda desesperada de mujeres a las que no siempre les reclamaba sexo, muchas veces sólo quería hablar.

Invierno de 2005 y Ellroy ha pasado por las drogas, la depresión y conoce el extenuante éxito del escritor comercial. Hasta ahora la vida ha sido: Hijo único / huérfano / perseguidor de faldas / marido a tiempo parcial. Ese es el retrato que el propio Ellroy hace de sí mismo desde que nació hasta la cincuentena. Frente a lo que ha sido se presenta lo que puede ser y con ellos la probable calma.

@DanielDimeco

LA PEQUEÑA JONNA

by Joakim Eskildsen

Katrine, una de las amigas de Jonna Olsen, vivía en un hogar umbrío. Katrine guardaba una montaña de compresas usadas debajo de los muelles del colchón de la cama. Son mis hijos, decía, y se dejaba caer al suelo entre sollozos.

Kirsten Thorup, Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura 2000, encadena un relato llano, salpicado de esos instantes oscuros que nos coloca en la permanente espera del hecho que nos puede hacer sobresaltar. El tiempo transcurre aunque pareciera que se ha detenido desde hace mucho y que todo continúa igual. Una sucesión de acontecimientos cotidianos aderezados por los sinsabores de quienes no tienen nada material y viven en un fino equilibrio entre la caída y el descenso.

La cocina de la casa de la infancia y el hogar estrecho del ahora. Los hermanos que una vez, hace ya muchos años, decidieron irse tan lejos como se lo permitió el planisferio. El padre al que ven poco y la madre que le espera asándole el pollo con patatas nuevas. El alcoholismo y la soledad de la que pareciera que es imposible zafar. Las estaciones van una tras otra sin parar, pero manda el invierno escandinavo y su mano firme sobre aquella Jutlandia paupérrima de posguerra. Personajes que el destino ha entrelazado para que compartan un mismo sitio perdido en el mundo.

El padre de Jonna, la protagonista-narradora de La pequeña Jonna (Errata Naturae 2015), no deja de pensar en el momento de volver a marcharse en sus trenes y sus coches de línea a recorrer el país y alojarse en tristes cuartuchos de pensión. Mejor eso que quedarse allí sentado como en una cárcel.

Aspiraciones truncadas por el corsé de lo correcto y lo incorrecto, seres esclavos de esa línea social, rígida y tiránica, trazada para regular el bien y el mal a través de la vigilancia de los ojos tuertos de los demás.

@DanielDimeco