Novelas

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

LA FLOR PÚRPURA

Koto Bolofo 2

by Koto Bolofo

Me acurrucaría entre los brazos de padre cuando rugieran las tormentas del harmatán que hacían restallar los mangos contra la mosquitera de las ventanas y provocaban chispas anaranjadas al chocar los cables eléctricos entre sí.

El progenitor todopoderoso, un nativo nigeriano educado por misioneros ingleses, fija las reglas de convivencia y comportamiento familiares en base a una concepción fanática del catolicismo. La constante alabanza y el temor-pánico a un dios implacable con los débiles de carácter se entreteje con la admiración sumisa hacia el modo que tienen de hacer las cosas los blancos. Al punto de despreciar y acusar a su propio padre de idolatrar a las deidades tradicionales. Mientras, inmutable, Papa-nnukwu, igual que hacían sus ancentros, comparte la comida con Ani, el dios de la tierra, lanzando trozos de fufú sobre la hierba que se marchita fuera de su casa.

La intimidación física y psicológica traspasa las puertas de las habitaciones de la aséptica casa familiar y machaca en la culpa de la madre y de los hijos hasta que se abre en hemorragia. Un excelente paralelismo con el trasfondo de caos político y de violencia que vive una Nigeria sumida en el golpe de Estado.

Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños… Como el escritor británico Rudyard Kipling en el siglo XIX, un siglo más tarde Eugene combate con la Biblia en la mano a los posibles demonios que intentan apoderarse de sus hijos y, para evitarlo, edifica sobre ellos el andamiaje de la obligación desmedida, la fe inquebrantable, recorta cualquier resquicio natural de alegría y les empuja a la culpa y al miedo a través de una disciplina de hierro.

Todo cambia (y todo cambiará) cuando Jaja y Kambili, sus hijos adolescentes, son invitados por tía Ifeoma, hermana del padre, a pasar unos días en su casa de la ciudad de Nsukka. Allí también se reza antes de la comida, pero de un modo más amable. ¡Y hasta se le pide a Dios por la risa! Los jardines de las casas pobres del barrio están sembrados de girasoles y el cielo perfumado con vincapervincas, melinas y el más intenso y acre rezumo de las hojas de la margosa. Adentro, donde acampan las moscas en verano, el olor del keroseno para guisar se funde con el del curry y la nuez moscada. Los sentidos de ambos hermanos se abren alborotados y les revuelven las entrañas hasta el vómito.

A la estación del harmatán le sucede la de las lluvias y vuelta a empezar, pero los reinicios no siempre van a ser iguales.

La flor púrpura
Chimamanda Ngozi Adichie
Literatura Random House 2016
Traducción de Laura Rins

@DanielDimeco

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015

LA DÉBIL MENTAL

Birte Schnoeink en fotograma de 'Amour fou'

El mundo es una luna cortada a latigazos negros. Una figura tan potente y bella como esta enamora al lector. Y como esa, Ariana Harwicz regala muchas en las cien páginas de La débil mental (Mardulce 2015), una novela breve y de una intensidad escalofriante.

Todo es igual a partir de que él entró en mi cabeza, el infierno salado. Hace poco, leyendo un artículo de Rafael Narbona sobre su experiencia con la depresión, me quedé enganchado al siguiente comentario que, por cierto, ya había escuchado de boca de otras personas: No he olvidado la noche en la que advertí con insoportable nitidez mi desmoronamiento emocional. Desde entonces el largo andar por las arenas, como si el mundo entero fuese un médano gigante de pequeños oasis con tan sólo una palmera.

De las mil maneras de existir que hay, me tocó esta, no reconozco a nadie y cuando me ataca la gran desesperación, vivo en cualquier parte. La escritura de Ariana Harwicz pareciera brotar de un estigma hecho por un dolor muy profundo, de esos que ahuecan el alma hasta doblarla y teñirla de una mancha negra. Una escritura poética que de algún modo se emparenta con la belleza que destilan los versículos de Herta Müller. Un acertado contrapunto al lenguaje procaz, coloquial y lírico que la propia Harwicz ha manifestado que le interesa trabajar.

La relación cuasi-salvaje que une a madre e hija construye un nrelato que transita por las pulsiones del deseo sexual irrefrenable. La madre se alegra cuando a la niña le crecen los pechos, cuando un hombre la desea en una escalera. La madre se siente satisfecha al ver que su hija se está convirtiendo en mujer.

Me invento una vida en las nubes sentada en mi clítoris. Tal vez sean las palabras de la propia protagonista las que expongan la mejor síntesis de la obra.

@DanielDimeco

A LA CAZA DE LA MUJER

by Ren Xinyu

El único amor que conocí fue pornografía de creación propia. Los únicos amantes que deseé irradiaban una desconfianza hacia los hombres que me excluiría siempre. Sucumbí a las fantasías sobre Jean Hilliker y la poseí durante unos breves segundos depravados de droga. En marzo de 1958, James Ellroy invocó una Maldición y tres meses más tarde asesinaron a su madre, Jean Hilliker. Desde entonces, su historia cogió un rumbo marcado por el fantasma de Hilliker.

La Maldición es el eje estructural de A la caza de la mujer (Mondadori 2011). Además de ser una radiografía maravillosa de la psicología obsesionada por cazar, cazarlas a Ellas, a las mujeres que conoce o se imagina, a las que espera en la oscuridad a las que lo llamen por teléfono, a las que espía. A las que, incluso, llegan a maridar con él. Ellroy quiere cazarla, a Ella, a esa madre asesinada en un callejón de El Monte, una barriada deprimida a las afueras de Los Angeles, cuando él tenía diez años.

En 1978, James Ellroy volvía al Sunset Strip, donde se congregaban las prostitutas, con la persistencia del calenturiento hijo de un reverendo. Ellroy quería que Una Mujer o Todas Las Mujeres fueran Ella y por eso se embarcó en esa búsqueda desesperada de mujeres a las que no siempre les reclamaba sexo, muchas veces sólo quería hablar.

Invierno de 2005 y Ellroy ha pasado por las drogas, la depresión y conoce el extenuante éxito del escritor comercial. Hasta ahora la vida ha sido: Hijo único / huérfano / perseguidor de faldas / marido a tiempo parcial. Ese es el retrato que el propio Ellroy hace de sí mismo desde que nació hasta la cincuentena. Frente a lo que ha sido se presenta lo que puede ser y con ellos la probable calma.

@DanielDimeco

LA PEQUEÑA JONNA

by Joakim Eskildsen

Katrine, una de las amigas de Jonna Olsen, vivía en un hogar umbrío. Katrine guardaba una montaña de compresas usadas debajo de los muelles del colchón de la cama. Son mis hijos, decía, y se dejaba caer al suelo entre sollozos.

Kirsten Thorup, Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura 2000, encadena un relato llano, salpicado de esos instantes oscuros que nos coloca en la permanente espera del hecho que nos puede hacer sobresaltar. El tiempo transcurre aunque pareciera que se ha detenido desde hace mucho y que todo continúa igual. Una sucesión de acontecimientos cotidianos aderezados por los sinsabores de quienes no tienen nada material y viven en un fino equilibrio entre la caída y el descenso.

La cocina de la casa de la infancia y el hogar estrecho del ahora. Los hermanos que una vez, hace ya muchos años, decidieron irse tan lejos como se lo permitió el planisferio. El padre al que ven poco y la madre que le espera asándole el pollo con patatas nuevas. El alcoholismo y la soledad de la que pareciera que es imposible zafar. Las estaciones van una tras otra sin parar, pero manda el invierno escandinavo y su mano firme sobre aquella Jutlandia paupérrima de posguerra. Personajes que el destino ha entrelazado para que compartan un mismo sitio perdido en el mundo.

El padre de Jonna, la protagonista-narradora de La pequeña Jonna (Errata Naturae 2015), no deja de pensar en el momento de volver a marcharse en sus trenes y sus coches de línea a recorrer el país y alojarse en tristes cuartuchos de pensión. Mejor eso que quedarse allí sentado como en una cárcel.

Aspiraciones truncadas por el corsé de lo correcto y lo incorrecto, seres esclavos de esa línea social, rígida y tiránica, trazada para regular el bien y el mal a través de la vigilancia de los ojos tuertos de los demás.

@DanielDimeco

TODO LO QUE ES SÓLIDO SE DISUELVE EN EL AIRE

‘Spring is coming’ by Faibisovich Semyon

Esta mañana la luz es diferente, mezcla de malvas y amarillos. Las vacas sangran por las orejas y los urogallos aletean y giran en una danza sin ritmo hasta que se desploman inconcientes. La nube radiactiva se ha fugado del útero que la cobijaba y se derrama en lluvia de oro ácido sobre Ucrania.

Entre las dos y las tres de la madrugada, mientras la gente duerme, el fuego extiende el fuego que extiende el fuego, arrasa el asfalto y el hormigón, se cuela por los recovecos, a través de los techos, se arroja por el hueco de las escaleras, se traga el aire. Abril de 1986. Acaba de empezar la pesadilla de Chernóbil.

Artiom es sólo un niño campesino que ha nacido a pocos kilómetros de la central nuclear y que sueña con usar la escopeta y ser un hombre como su padre. Yevgueni es un niño de Moscú, un prodigio ante el piano al que le astillan una mano. Grigori y Maria viven su amor desde el dolor de la ruptura en tiempos de Perestroika y Glasnost. El telón de fondo no es de acero, sino una cortina de humo en un régimen que empieza a implosionar, un burocrático elefante anquilosado incapaz de reaccionar ante las tragedias.

Todo lo que es sólido se disuelve en el aire (Alba Editorial 2015) es una novela del irlandés Darragh McKeon, otro verdadero descubrimiento de la escritora María Tena, responsable de la Colección Contemporánea de Alba. Una narración con cierta preciosidad lingüística sobre el inmovilismo soviético ante la creencia de que todo seguiría igual eternamente si se amordazaba a sus ciudadanos.

Un título que, con leves variaciones, utilizó Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire (Siglo XXI 2002), para interpretar el papel del pensamiento de Karl Marx y su anclaje en la modernidad. Años más tarde, e inspirado en la misma frase de El Manifiesto Comunista, Antonio Muñoz Molina publicó Todo lo que era sólido (Seix Barral 2013) acerca de lo que, durante mucho tiempo, se consideró inmutable, pero cambió.

@DanielDimeco

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

Colección Tsukanov

¿Qué se hace mientras se espera a los bárbaros en los confines del desierto? Siento que llega el orgasmo, remoto, débil, como un temblor de tierra en otra parte del mundo, dice el protagonista, un hombre cansado, viejo, intentando renacer brevemente entre los muslos gordos de una mujer para volver a caer en la semi-muerte. Cuando notamos que morimos un poco, sea donde sea, el sexo nos salva, nos conecta con la vida.

Esperando a los bárbaros (DeBolsillo 2003) es una novela desoladora, llena de violencia, sutil y directa, hacia afuera y hacia el interior. John M. Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) recrea una sucesión de imágenes bestiales del ser humano en el límite del Imperio, donde se halla la frontera entre la civilización y la barbarie y el límite de la propia fortaleza psíquica y física. El protagonista de la novela acaba enamorándose de una joven negra, herida por los funcionarios blancos, y de ahí nace una historia de amor entrañable y repelente a partes iguales. La sexualidad como descarga física y emocional y como necesidad de calor humano, aunque se rechace al cuerpo del otro y ese otro se sepa rechazado.

El viento caliente arrastra el polvo por el patio del puesto de frontera. Un lugar a merced de los bárbaros a los que el Imperio los ha calificado de peligrosos y les ha declarado la guerra. Ya nadie atiende a la razón, ya nadie escucha que los bárbaros son nómadas inofensivos con los que llevan mucho tiempo conviviendo. El calor convierte a la barraca en un lugar maloliente y sofocante, donde los prisioneros aguardan sentencia: ceguera o muerte.

Las sesiones de tortura son la antesala de la muerte y los intereses del Estado la ruina de todos los habitantes a ambos lados de la frontera. ¿Cómo le resulta posible comer después, después de haber estado… trabajando con seres humanos? Es algo que siempre me pregunto acerca de los verdugos y otros hombres semejantes. El coronel Joll, jefe de la expedición, calla.

Esperando a los bárbaros es, sin duda alguna, una estampa poética de aquella Sudáfrica sumergida en la virulencia del Apartheid.

UNA NOVELA RUSA

‘Over the Kremlin’ by Lebedev Rostislav

De pequeño, a Emmanuel Carrère le entonaban una antigua nana rusa cuya letra exaltaba el espíritu guerrero de los niños varones. Era una nana que cantaban las madres rusas a sabiendas de que cuando el bebé creciera partiría rumbo al campo de batalla. En resumen, el hijo tiene que ser valiente como lo es o fue el padre. Una pesada herencia de sangre.

El autor de Una novela rusa (Anagrama 2015) hace gala de una increíble autocrítica: Muy pronto tuve conciencia de que mi padre no era un guerrero y mi madre prefería que me quedase a su lado antes que ir al combate. Toda una muestra de su carácter.

A Emmanuel Carrère le obsesiona, y le atrae enormemente como escritor, la desaparición de su abuelo materno (el padre ruso de la historiadora Hélène Carrère d’Encausse). Él coquetea con esa historia familiar por la que su madre sufre en silencio. Viaja hasta Kotelnich, un pueblo siberiano con poco que ofrecer, sin saber muy bien el motivo. Posiblemente escapando de sí mismo o sus circunstancias. Hasta que un asesinato le regala una historia. La monotonía de la estepa rusa es atractiva y rechazable a partes iguales. Pueblos en los que aparentemente no ocurre nada y subterráneamente suceden muchas cosas, como en Jarkov, la cloaca donde nació Limónov, el escritor-rebelde sobre el que Carrère escribió un libro magnífico.

Mientras tanto, en un interminable tira y afloja con su pareja, Carrère llega al punto de decirle lo siguiente en un avión que los lleva de vacaciones a Córcega: ¿Sabes lo que va a pasar? Vamos a hacer lo que hemos dicho. Nadar, vaguear al sol, fumar canutos. Estará bien. Yo estaré encantador, tierno, atento, te haré el amor, te diré que te quiero, pero te lo advierto: será mentira. Él observa los espasmos en el vientre de ella y a la media hora le pide perdón.

De manera totalmente descarnada, Carrère se abre en su faceta de hombre celoso, inseguro, clasista, edípico (un rasgo que deja claro en casi todas sus novelas). Un ser que apuñala para evitar ser lastimado. Poseído por ráfagas de odio que intercala con otras de pánico y adereza con fina e hiriente ironía. Llega a presentarse monstruoso a la vez que teme serlo. Llama la atención que su pareja le siga el juego. Se mienten, se perdonan, follan y él siempre se escapa a Rusia, como si en el árido Kotelnich fuera a reencontrarse con el guerrero que sus padres decidieron que no fuera.

De aquella experiencia nace este libro y en 2003 una película-documental: Retour à Kotelnitch.

OSCURA MONÓTONA SANGRE

by Alejandro Kirchuk

Se la escucha teniendo sexo en la madrugada. Los vecinos permanecen agazapados en la oscuridad de sus habitaciones a la espera de que los sonidos del goce se extiendan en el tiempo. Ellos cronometran los gemidos y por el día contrastan a escondidas los resultados de la observación. Y también se reúnen para que la mujer adulta que ha decidido alquilar su cuerpo a hombres adultos sea expulsada de un edificio del Barrio Norte porteño.

Al otro lado del Riachuelo, en la parte más baja de la tantas veces agreste y salvaje Buenos Aires, la vida se vende a un céntimo por día. Las niñas, nada más nacer, huelen el sexo de los hombres. Al llegar a la adolescencia son expertas amantes que copulan por unos pesos en acelerada devaluación en los asientos reclinados de coches aparcados en callejones oscuros. Pequeñas mujeres que también acercan sus naricitas a las drogas baratas con la vaga ilusión de sobrellevar unas condiciones de vida miserables y afrontar futuros muertos.

De repente, aparecen esos hombres hechos a sí mismos cansados de sus mujeres edulcoradas, capaces de lo que sea con tal de que no le rocen ni un pelo a sus hijas y deciden bombear la adrenalina entre las piernas de las adolescentes de las villas miserias. Y surge la sangre. Porque alguien empuña un arma y ese mismo alguien u otro cualquiera aprieta el gatillo.

¿Cuánto vale realmente una de esas vidas? Poco, casi nada, es una baratija, tan sólo un capricho al alcance de cualquiera.

Oscura monótona sangre (Tusquets Editores Argentina 2010) es una novela de Sergio Olguín y por la que obtuvo el Premio Tusquets Editores de Novela en 2009. Una narración áspera de “amores” desiguales en una Argentina degradada al extremo.

LA ISLA DE LA INFANCIA

by Werner Bischof

Fotos, objetos, imágenes y sonidos que acompañan a los recuerdos de los primeros trece años de vida, gracias a todos esos fragmentos y piezas me he construido un Karl Ove y también un Yngve, una madre, un padre, una casa en Hove y otra en Tybakken, unos abuelos paternos y unos abuelos maternos, un vecindario, y un montón de niños. La isla de la infancia (Anagrama 2015) es el tercer volumen de Mi lucha, del escritor noruego Karl Ove Knausgård. Las dos obras precedentes son La muerte del padre y Un hombre enamorado.

El autor reconstruye su pasado minuciosamente. De ahí que la vida de Karl Ove Knausgård acabe pareciendo una novela, sencillamente porque él no hace otra cosa que crear personajes, incluido el suyo propio, recreándose a sí mismo y a su entorno desde la subjetividad distante de los recuerdos.

Mucho se ha escrito ya de lo adictivo que puede llegar a ser este autor escandinavo para algunos y del rechazo que produce en otros lectores. No me interesa ni lo uno ni lo otro. La primera vez que leí algo suyo tuve la sensación de revivir mis años en Escandinavia y eso me produjo una inmediata empatía. A renglón seguido, me sedujo algo de su escritura, tal vez el estilo nada rimbombante, nada pretencioso, lleno de instantes comunes, pero muy nórdicos. Y, de repente: ¡zas! Un dato, un comentario, una imagen hace que todo cambie y de un modo chejoviano emerja a la superficie algo que hasta entonces había estado susurrando con fuerza por debajo, como una cloaca. Aromas y sonidos casi imperceptibles que revientan con una potencia inusitada.

De ahí que me resulten llamativas algunas entrevistas bastante tristes que le hacen al autor acerca de, por ejemplo, las diferencias entre las lenguas noruega, sueca y danesa, como si eso fuese relevante, pasando por alto los temas de verdad interesantes: traumas de infancia, alcoholismo, la muerte como revulsivo, como purgante vital, los trastornos psicológicos, las frustraciones profesionales, las amistades, la sexualidad primera y la de la adultez, el dolor soterrado, el pánico infantil ante un padre autoritario y un largo etcétera que jalonan la narración de Knausgård. Nada sucede si se leen estos tres volúmenes traducidos al castellano sin rebuscar más allá de la mera sucesión de palabras y sin hacer el ejercicio de trasladarse a un universo alejado del propio.

Cerrar los ojos y dar la espalda para nunca jamás regresar tal vez sea un buen corolario para esta infancia en la isla de Tromøya.

@DanielDimeco

CELESTINO ANTES DEL ALBA

‘La grande illusion’ by Laurent Chéhère

Celestino escribe y escribe como un loco hasta en los gajitos más finos de las matas de tribulillos. Celestino no es otro más que el alma gemela del propio autor, Reinaldo Arenas.

El abuelo de Celestino destripa a hachazos las matas escritas por su nieto y reeduca a fustazos a su mujer (cobarde, tramposa y malencarada), a sus hijas (todas putas) y a los hijos de éstas. Celestino antes del alba (Tusquets, 2002) es una novela de espíritus fantasmagóricos, hechos extraordinarios y, además, un homenaje a la libertad de imaginar y al derecho a expresarse, carente en aquella durísima Cuba en la que le tocó transitar al escritor.

La madre de Celestino, puta ella, se suicidó colgándose de una viga y pegándose candela, todo a la vez y entonces sobrevino un nuevo problema a enturbiar la no-paz de la casa: Celestino, el niño al que el narrador ve cada vez que se asoma al pozo del agua.

Pájaros, árboles, sonidos, aromas y vidas variopintas que rozan lo silvestre (o asilvestrado) del ser humano. Arenas abre una puerta a la inmensidad estimulante que es el universo ardiente del Caribe, a una verdadera selva con puerta trasera en un secarral.

UN ARMA EN CASA

by Elliott Erwitt

Dos padres blancos se asoman por el ojo astillado del cristal, por el agujerillo por donde se ha escapado el oxígeno que alimentaba sus vidas, por donde se vierte, gota a gota o atropelladamente, la sangre de uno de los amigos de Duncan Lingard, el hijo arquitecto de 27 años y con un futuro prometedor.

Sudáfrica, 1996. El país intenta dejar de ser blanco vs negro para ir reconociéndose en sus vetas. Un arma en casa (Ediciones B, 2006), de la Premio Nobel de Literatura sudafricana Nadine Gordimer, es una novela que indaga en ese cambio de realidad que vive toda una nación.

A la hora del café, después de la cena, un mensajero se presenta en casa de los Lingard en uno de los barrios con sistemas de seguridad especiales para que ningún intruso traspase los muros y se asome a la intimidad de los habitantes del lugar. Claudia y Harald reciben la noticia de que su hijo está en la cárcel, es sospechoso de haber matado a un compañero de piso.

Las preguntas se agolpan en la cabeza de seres acostumbrados a que la violencia existe más allá de esos puestos de vigilancia que controlan su morada, seres que no han hecho de los reclamos de derechos ajenos un modo de vida, pero que aceptan que es mejor compartir el espacio común a ignorarse mutuamente por el color de la piel. Hay preguntas que no tienen fácil respuesta, preguntas que no consiguen atravesar la lógica aplastante de la moral de los profesionales de clase media. ¿Es lo mismo estar sentado delante de un preso que de un asesino? ¿Y qué ocurre cuando el convicto (porque ha confesado el crimen aunque no el motivo) es el propio hijo? Prometieron a un niño de doce años que, hiciera lo que hiciera, cualquier cosa, fuera lo que fuere, siempre estarían con él. Y allí están sentados delante de él en la sala de visitas de la cárcel.

¿Cómo es para una familia blanca sudafricana dejar el destino de su único vástago en manos de un reputado y hábil abogado negro educado en Fort Hare? Y ¿cómo es para cualquiera familia enterarse de los detalles de la vida del hijo sentada en una sala de un tribunal de Justicia?

Harald y Claudia no pueden estar allí para él, donde está él, solo con el hombre que ha muerto de un tiro en la cabeza. Es absurdo que el asesino sobreviva al asesinado. Los dos, juntos y solos, comparten un secreto que los une para siempre. Se pertenecen.