Mondadori

EL DESAPEGO ES UNA MANERA DE QUERERNOS

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by Josef Koudelka

A Andrea la mataron de una puñalada en el corazón, mientras dormía en su propia cama en San José, un pueblo perfumado de visceras y plumas de pollo cerca de Colón, provincia de Entre Ríos.

Selva Almada irrumpe en el lector con la viril decisión del metal en punta, remueve las entrañas y después se va dejando un regusto dulzón en la herida. Su narrativa huele a sangre, a glóbulos reventados que humedecen la tierra reseca por ese sol de verano que se ancla entre la mística bonaerense al sur y la guaraní al norte.

El desapego es una manera de querernos, así se titula uno de los relatos que, además, bautiza la colección de historias de esta edición de Mondadori. Todos y cada uno de ellos se alimentan del universo seductor y brutal de unas relaciones sociales que pivotan entre los márgenes y el centro descascarillado, familias que viven el dolor y la sexualidad de un modo voraz, consumiendo cada segundo de sus vidas como si fuera el último. Los acontecimientos siguen sus ceremonias muchas veces risibles en mitad de la tragedia. O eróticas ante el devaneo con la muerte: Se endurecían los traseros como botones de rosas. Goteaban mieles de camoatí los muslos. Al tiempo que el runrún de las avemarías salía por la puertas y las ventanas abiertas ganando la calle como una manga de langostas.

Almada tiene un don especial para describir silencios tensos, sufrimientos que sólo se entrevén en gestos mínimos, pueblos desolados, velatorios y recuerdos de niños muertos que ya no son otra cosa más que unas fotos y una cicatriz blanca que le divide el vientre (a la madre) a la mitad.

El desapego es una manera de querernos
Selva Almada
Literatura Random House 2015 (Argentina)

@DanielDimeco

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A LA CAZA DE LA MUJER

by Ren Xinyu

El único amor que conocí fue pornografía de creación propia. Los únicos amantes que deseé irradiaban una desconfianza hacia los hombres que me excluiría siempre. Sucumbí a las fantasías sobre Jean Hilliker y la poseí durante unos breves segundos depravados de droga. En marzo de 1958, James Ellroy invocó una Maldición y tres meses más tarde asesinaron a su madre, Jean Hilliker. Desde entonces, su historia cogió un rumbo marcado por el fantasma de Hilliker.

La Maldición es el eje estructural de A la caza de la mujer (Mondadori 2011). Además de ser una radiografía maravillosa de la psicología obsesionada por cazar, cazarlas a Ellas, a las mujeres que conoce o se imagina, a las que espera en la oscuridad a las que lo llamen por teléfono, a las que espía. A las que, incluso, llegan a maridar con él. Ellroy quiere cazarla, a Ella, a esa madre asesinada en un callejón de El Monte, una barriada deprimida a las afueras de Los Angeles, cuando él tenía diez años.

En 1978, James Ellroy volvía al Sunset Strip, donde se congregaban las prostitutas, con la persistencia del calenturiento hijo de un reverendo. Ellroy quería que Una Mujer o Todas Las Mujeres fueran Ella y por eso se embarcó en esa búsqueda desesperada de mujeres a las que no siempre les reclamaba sexo, muchas veces sólo quería hablar.

Invierno de 2005 y Ellroy ha pasado por las drogas, la depresión y conoce el extenuante éxito del escritor comercial. Hasta ahora la vida ha sido: Hijo único / huérfano / perseguidor de faldas / marido a tiempo parcial. Ese es el retrato que el propio Ellroy hace de sí mismo desde que nació hasta la cincuentena. Frente a lo que ha sido se presenta lo que puede ser y con ellos la probable calma.

@DanielDimeco

EN MEDIO DE NINGUNA PARTE

'Devotees' by Ayana V. Jackson

‘Devotees’ by Ayana V. Jackson

Magda es como un náufrago varado en el centro de un secarral próximo a Armoede, Limpopo, al norte de Sudáfrica, donde el sol del verano derrite los ojos y reseca el pecho y el corazón hasta que caen en trozos al suelo, entre el polvo y las piedras.

Magda es una solterona colérica enclavada en medio de ninguna parte, una mujer que observa el paso de la vida prácticamente sin formar parte de ella. Hija de un padre autoritario e ignorante en cuanto a afectos y sexo, se convierte en una persona relegada a las sombras en un sistema en el que blancos y negros se sitúan a ambos lados de una infranqueable línea divisoria.

En En medio de ninguna parte (Mondadori, 2003) John M. Coetzee escribe con admirable (y envidiable) belleza, una novela llena de alma, plagada de dolor y en la que la soledad empuja a la protagonista a la aridez del averno y la humillación.

Nunca deseé escapar con los dioses del cielo. Siempre tuve, en cambio, la esperanza de que descendieran a la tierra y vivieran aquí conmigo en el paraíso, sustituyendo con su aliento de ambrosía todo lo que perdí cuando las fantasmagóricas figuras de las últimas personas conque tuve trato se escabulleron de mí en plena noche.

Las partículas de polvo se adhieren a la epidermis consumiéndola hasta que sólo quedan los huesos apilados en una mecedora, oteando la inmensidad de la llanura.

LA HORA VIOLETA

La hora violeta
Sergio del Molino (Madrid 1979)
Literatura Mondadori
ISBN: 978-84-397-2713-2
Año 2013
Hijo mío, ¿me perdonarás alguna vez? ¿Sabrás disculpar que no pueda salvarte? No sé ni siquiera si soy digno de reclamar tu perdón. No sé si merezco tus besos. Sólo puedo quererte de esta forma tan inútil y desquiciada. Sólo puedo acompañarte, aguantar tu mano en el dolor. Estás solo ante los monstruos, cariño mío. No sé ahuyentarlos, no sé evitar que te hagan daño. Incluso se me niega el último gesto heroico de sacrificarme por ti, de gritarte que salgas corriendo mientras soy devorado por los bichos.
‘La hora violeta’ a la que hace referencia el título de este libro hunde sus raíces en la poesía de Thomas S. Eliot. Es ese momento en la vida de una persona que puede enmarcarse entre paréntesis, un interregno, un estar de paso en un estadío incómodo y, por ende, de donde se espera huir con ansias para volver a instalarse en la realidad (en otra realidad), aunque ésta no siempre se presente fácil de reconquistar, máxime si se ha producido una rotura como la que experimentaron Sergio del Molino, el autor de este libro, y su mujer, Cristina Delgado, los padres de PabloLa hora violeta (Mondadori) es una autobiografía del dolor máximo, un dietario de una experiencia oncológica arrasadora.
Con pulso firme y maneras de seda, quizás inspirado en el Vaquero Gay, el muñeco que siempre estuvo junto a Pablo y que hasta el final del libro seguía vigilando su habitación, del Molino canta a la esperanza que alimentó desde el mismo comienzo de una travesía brutal que se inicia delante de una puerta con el rótulo de ‘Oncopediatría’, un viaje que se caracteriza, entre otras muchas cosas, por a partir de aquí, monstruos, como el propio padre de Pablo titula al primer capítulo del libro.
Sergio del Molino hace referencia a Mortal y rosa, el libro lírico y dolorido que Francisco Umbral cantó durante su propia hora violeta después de la muerte de ‘Pincho’, su hijo de seis años. Y a mí me ha recordado a otro libro de similares estocadas: Cuando muere el hijo (Emecé-Planeta), de Abel Posse. Los tres hombres y escritores comparten el conocimiento más íntimo de un dolor inenarrable y llegan a conocer la faceta más feroz del ensañamiento de la Muerte que, con ironía y sadismo, les ha sonreído a un palmo de sus caras.
Sergio del Molino
Foto: Un par de dos
Del Molino se acerca y se instala en la peor de las pesadillas y la pesadilla, incluso, se manifiesta metafóricamente durante una noche de hospital: Me acerco a la puerta, la abro y contemplo la fuente del chirrido que me pone tan nervioso. Un tren de camillas de muertos. Un celador tira de él como si fuese una locomotora, y arrastra unos vagones encadenados sobre los que alguien ha arrojado un montón de cadáveres. El despertar de ese sueño goyesco es, obviamente, suave comparado con el que antecede a la hora violeta.
Cierto, muy cierto es, el párrafo que el autor dedica al dolor y a la enfermedad: La gente se aleja, no te entiende, esperan que lo superes, que vuelvas a ser el de antes (…) No saben qué decirte, no saben qué hacer para que te sientas mejor, y acaban alejándose de ti. Terminamos solos en nuestro laberinto. En el laberinto del dolor.
La gran fuerza literaria de La hora violeta, descontando las dotes naturales del escritor madrileño, radica en el amor, en el amor más alto y hondo que se pueda experimentar, en ese amor que, de repente, se besa con el dolor más lacerante. La vida nos obliga a enfrentarnos a hechos con consecuencias difíciles de explicar racionalmente, pruebas de fe, que dirían los creyentes, putadas en toda regla, que dirían los agnósticos. Como en la película Amor, de Michael Haneke, Sergio del Molino nos acerca al estado más absoluto de pureza, de sentimientos, nos hace traspasar los límites y ver que es posible extraer fuerzas que se alojan en los resquicios más ocultos de nosostros mismos.
Sergio del Molino, periodista y escritor, nació en Madrid en 1977. El autor también ha publicado: Malas influencias (relatos 2009), Soldados en el jardín de la paz (ensayo literario – 2009), El restaurante favorito de Nina Hagen (dietario periodístico – 2011), No habrá más enemigo (novela – 2012).

CARIBOU ISLAND

David Vann
Foto: Peter Lyons para Esquire
 
El temporal venía de un lugar más frío, un otoño prematuro que anticipaba un invierno prematuro. El mar de Bering una presencia agobiante, el Ártico invisible pero cercano. Las hojas estaban mudando de color y todavía era septiembre. Los álamos temblones ahora amarillos y dorados.
 
La transición había comenzado sin que los implicados fueran conscientes de ello. O sí, en algunos casos. Los cambios empiezan a gestarse bastante antes de lo que los afectados creen que comienza. En Caribou Island (Literatura Mondadori) los personajes que crea David Vann están inmersos en un torbellino de transformaciones vitales, envueltos por la seducción o el agobio un entorno capaz de adormecer y aplastar por su majestuosidad natural: Alaska.
Una cabaña en la isla Caribou, Alaska
Gary se obceca en la construcción de una cabaña rústica en la isla de Caribou, un sitio donde no vive ningún otro ser humano, conectado al resto de la “civilización” a través de un lago encrespado algunas veces o helado las siguientes. Un lugar que no fue concebido para ser el hogar de ellos dos, sino el final del viaje. Allí ha decidido que debe seguir con su vida y allí le tiene que acompañar su mujer, Irene, temerosa de que una negativa ahonde aún más la soledad que siente desde pequeña.
 
En medio de ambos se encuentra Rhoda, la hija afligida por la relación de unos padres que, probablemente, jamás se han querido, una mujer adaptada al sitio y que prefiere no ver nada de lo que se cuece a su alrededor con tal de casarse en una playa tibia de Hawaii.
 
Carobou Island, como la anterior Sukkwan Island, es David Vann, son tragedias que empujan a la destrucción. David Vann escribe literatura de altos vuelos, de esa que nos hemos desacostumbrado a tener delnte de los ojos “porque bastante dura ya es la vida”, las novelas de este autor, nacido en la isla de Adak e iluminado por una reseña en el New York Times, no se leen en chanclas y se caracterizan por una narración exquisita, por momentos lenta, que alimenta al lector para ofrecerle los manjares de las sorpresas que tendrá que afrontar y, entonces, vivirá los efectos de la sobredosis. El universo Vann no es amable, ni conformista, no se desarrolla en sitios fáciles y, seguramente, la temática nos afecta y molesta porque, independientemente del lugar donde se asientan sus historias, todos podemos mirarnos en un espejo agrietado. Al fin y al cabo, como en esta novela de Vann: Al día siguiente tratarían de que todo encajara mejor.
 
Caribou Island
David Vann (Alak, Alaska)
Literatura Mondadori
ISBN: 978-84-397-2422-3
Año: 2011

 

And he’s off. But not for long, por David Vann para Esquire

LA MALETA DE MI PADRE



La maleta de mi padre
Editorial Mondadori
Año 2007
ISBN: 978-84-397-2095-9



La maleta de mi padre recoge las palabras que el escritor turco, Orhan Pamuk, pronunció en la entrega del Premio Nobel de Literatura 2006 y comienza así: Dos años antes de morir, mi padre me entregó una pequeña maleta llena con sus notas, manuscritos y cuadernos. Asumiendo su habitual aire bromista y escéptico, me dijo de repente que le gustaría que los leyera después de que se hubiera ido, o sea, después de su muerte.
La maleta, esa maleta con papeles, era un legado que el señor Pamuk, el padre de Orhan, le dejaba a su hijo, un objeto que, con el tiempo, cobró una dimensión enorme para el único Nobel otomano.
En La maleta de mi padre, Pamuk habla de la escritura, del propósito de la literatura y del amor por los libros.
…la vida está llena de castigos que pueden alejarte del consuelo de la literatura…
Y de la escritura, del oficio de escritor, como un trabajo que nos permite estar en contacto con el niño interior, con juegos similares a los que hacíamos cuando pequeños.



Orhan Pamuk
Estambul 1952
@Jørgen Christensen-Ernst



Lo mejor de escribir, de la escritura creativa, es poder olvidar el mundo como un niño,
sentirse sin responsabilidades al tiempo que nos divertimos como más nos apetece,
jugar con las reglas y leyes del mundo conocido como si fueran juguetes y,
mientras hacemos todo eso, notar con un rincón de la mente la existencia de una profunda responsabilidad que yase tras todas esas diversiones infantiles y libres
y que luego vinculará por completo a los lectores…
Orhan Pamuk reivindica el estar al margen de la vida para poder escribir, aunque previamente necesita de un chapuzón vital que lo lleve al hartazgo y de nuevo a sentarse en la mesa de trabajo de su habitación.
En esta maleta, Pamuk metió otros dos discursos: El autor implícito, leído en 2006 al recibir el Premio Puterbaugh que le entregó la revista norteamericana World Literature, y En Kars y en Frankfurt escrito para recibir el Premio de la Paz de la Unión de Libreros Alemanes en 2005.