María Tena

TODO LO QUE ES SÓLIDO SE DISUELVE EN EL AIRE

‘Spring is coming’ by Faibisovich Semyon

Esta mañana la luz es diferente, mezcla de malvas y amarillos. Las vacas sangran por las orejas y los urogallos aletean y giran en una danza sin ritmo hasta que se desploman inconcientes. La nube radiactiva se ha fugado del útero que la cobijaba y se derrama en lluvia de oro ácido sobre Ucrania.

Entre las dos y las tres de la madrugada, mientras la gente duerme, el fuego extiende el fuego que extiende el fuego, arrasa el asfalto y el hormigón, se cuela por los recovecos, a través de los techos, se arroja por el hueco de las escaleras, se traga el aire. Abril de 1986. Acaba de empezar la pesadilla de Chernóbil.

Artiom es sólo un niño campesino que ha nacido a pocos kilómetros de la central nuclear y que sueña con usar la escopeta y ser un hombre como su padre. Yevgueni es un niño de Moscú, un prodigio ante el piano al que le astillan una mano. Grigori y Maria viven su amor desde el dolor de la ruptura en tiempos de Perestroika y Glasnost. El telón de fondo no es de acero, sino una cortina de humo en un régimen que empieza a implosionar, un burocrático elefante anquilosado incapaz de reaccionar ante las tragedias.

Todo lo que es sólido se disuelve en el aire (Alba Editorial 2015) es una novela del irlandés Darragh McKeon, otro verdadero descubrimiento de la escritora María Tena, responsable de la Colección Contemporánea de Alba. Una narración con cierta preciosidad lingüística sobre el inmovilismo soviético ante la creencia de que todo seguiría igual eternamente si se amordazaba a sus ciudadanos.

Un título que, con leves variaciones, utilizó Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire (Siglo XXI 2002), para interpretar el papel del pensamiento de Karl Marx y su anclaje en la modernidad. Años más tarde, e inspirado en la misma frase de El Manifiesto Comunista, Antonio Muñoz Molina publicó Todo lo que era sólido (Seix Barral 2013) acerca de lo que, durante mucho tiempo, se consideró inmutable, pero cambió.

@DanielDimeco

RITOS FUNERARIOS

© Vner Shaw

Al mediodía siguiente el viento empezó a azotar la casa del pegujalero (…) Era un sonido siniestro, el viento arrojando hielo contra nuestra casa (…) supe que se acercaba una tormenta a gran velocidad (…) Era un espectáculo cruel. Islandia es un país de leyendas, un lugar donde las creencias ancestrales se funden en la modernidad tecnológica, conviven y se solapan. Un sitio en el que la naturaleza y el hombre se abrazan porque no existe más opción. Siempre pendientes del sonido y del humor del mar que todo lo acapara, como el hielo, imponente en esta isla-barca casi a la deriva en el Atlántico norte.

La escritora australiana Hannah Kent (Adelaida, 1985) revive en las páginas de Ritos funerarios (Alba, 2014) a Agnes Magnúsdóttir, la última mujer ejecutada en el país nórdico, y nos lleva de la mano a través de una vivencia experimental: el tiempo que transcurre hasta la muerte de la rea. Agnes se sabe privada del perdón ya que la condena ha sido dictada en las almas y consciencias de la gente de Kornsá sin posibilidades reales de defensa o expiación, sin ni siquiera la esperanza de que un dictamen salvatorio llegue de Copenhague y la libre del hacha.

Primera mitad del siglo XIX. La desolación septentrional de Islandia, entonces colonia del rey de Dinamarca. La dureza de unas gentes que habitan los avernos aferradas al Evangelio luterano. El pecado, la superstición, el miedo a Dios y la firme creencia de que cada uno es un buen hombre/mujer que actúa correcta y justamente sin por ello tener que reparar en el sufrimiento ajeno. Paradojas de la fe fundamentalista.

Hannah Kent, entrevistada en Madrid por Carmen Garrido, recrea la historia de quien se convirtiera en un mito islandés, una leyenda negra del siglo XIX: la sirvienta acusada de asesinato a sangre fría y ejecutada en 1830, en Vatnsdalshólar, junto a uno de sus supuestos cómplices, Friðrik Sigurðsson.

Agnes le daba de comer a los cuervos, pájaros crueles pero sabios y de niña solía contemplarlos congregarse en el tejado de la iglesia de Undirfell con la esperanza de observar quién iba a morir. A la espera de que el pico del animal apuntara en alguna dirección y un día lo hizo hacia la granja de Bakki y un niño se ahogó.

Ritos funerarios forma parte de la Colección Contemporánea que dirige la escritora María Tena en la editorial Alba.

MARÍA TENA RECOMIENDA…


La lluvia antes de caer, del británico Jonathan Coe (Anagrama)

Half blood blues, de la canadiense Esi Edugyan. Finalista del Man Booker Prize 2010. En febrero próximo será publicada en España por Alba Editorial con el título de Un blues mestizo

The Sisters Brothers, del canadiense Patrick deWitt. Próximamente, Anagrama la publicará en España

Sukkwan Island, del estadounidense David Vann (Alfabia). Premio Médicis Étranger 2010

Olive Kitteridge, de la estadounidense Elizabeth Strout (El Aleph). Premio Pulitzer 2009

María Tena es escritora, profesora de Escritura Creativa y colabora en “Contemporánea”, nueva colección de ficción de Alba Editorial. Es autora de:

Tenemos que vernos (Anagrama), semifinalista del Premio Herralde 2002

Todavía tú (Anagrama), semifinalista del Premio Herralde 2007

La fragilidad de las panteras (Espasa), finalista del Premio Primavera de Novela 2010

Página de la autora: http://www.mariatena.com