Lumen

ALABANZA DE LOS SUEÑOS

‘The young girl’s dream’ by Duane Michals

En sueños
pinto como Vermeer van Delft.

Hablo griego con fluidez
y no sólo con los vivos.

Conduzco un coche
que me obedece.

Poseo talento
y escribo grandes poemas.

Oigo voces
no peor que los venerables santos.

Mis dotes pianísticas
os dejarían boquiabiertos.

Revoloteo como es debido,
es decir, por propio impulso.

Me precipito desde el tejado
y sé caer, suave, en el verdor.

No tengo problemas
para respirar bajo el agua.

No puedo quejarme:
he descubierto la Atlántida.

Por suerte sé despertar siempre
antes de morir.

En cuanto una guerra estalla
me vuelvo del otro lado.

Soy hija de mi época
pero no por obligación.

Hace un par de años
vi dos soles.

Y, anteayer, un pingüino.
Con meridiana claridad.

Wislawa Szymborska
Paisaje con grano de arena (Lumen 2005)

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LADRILLEROS

Ladrilleros

Ladrilleros (Mardulce 2013 para Argentina – Lumen 2014 para España) es una novela que muestra sin tapujos la pulsión feroz de lo primigenio, de lo más animal: sexo y fuerza. Las carreras clandestinas de galgos. Discusiones y peleas en los bares, como ocurría en el Martín Fierro o en los arrabaleros relatos de Borges.

Selva Almada (Argentina / 1973) describe magistralmente ese ambiente marginal que, para quienes hemos nacido en Argentina, de alguna u otra manera hemos sido testigos de historias similares.

Desde la primera página de Ladrilleros, los lectores tienen la posibilidad de arder en la caldera del Litoral argentino, en las brisas que llegan cálidas del norte y se cuecen en los humedales del imponente río Paraná. Imágenes de una fuerza silenciosa que describe con naturalidad acciones cotidianas.

Féminas, un poco víctimas, un poco pasionales, un poco conciliadoras, llevan las riendas del carro familiar, son las que trabajan y ahorran, pagan las deudas y alimentan a los hijos y se entregan con devoción al sexo con sus hombres, sus maridos, cuando estos regresan de los bares con muchas dificultades para tenerse en pie, pero con energías suficientes para follar-coger. Incluso las noches en que volvía borracho, ella se las arreglaba para que se le pusiera lo suficientemente dura como para sentarse encima.

La crítica feroz que Patricio Pron hizo de este libro destacando el modo “torpe en la presentación del habla de los personajes” o de las contradicciones de lenguaje me animaron a empezarlo y a devorarlo hasta el último punto. Celebro la posibilidad de estas narrativas que vibran, que cuentan, que dibujan universos para los lectores.

Selva Almada acaba de quedar finalista en el Premio Tigre Juan y a su paso por Madrid fue entrevistada por Carmen Garrido para Viaje a Ítaca.