Literatura en español

LAS SIETE VIDAS DEL CANGREJO

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Me he pasado la tarde mirando impaciente el reloj, calculando la hora en función de las sombras en el suelo, dice uno de los personajes creado por Rebeca García Nieto en Las siete vidas del cangrejo.

Creo firmemente en que el acto de escribir requiere de pulso. Se trata de una urgencia vital del autor, una necesidad imperiosa de darle salida a las voces interiores. En esa desesperación, porque es una desesperación camuflada, buscamos la puerta más apropiada que nos ayude a salvar las apariencias y a purificarnos espiritualmente. Al fin y al cabo, como dice la propia autora, la escritura es un modo de vivir, de ser…

Una de las características más admirables de Rebeca García Nieto, de la escritora, es el coraje de adentrarse en temáticas poco transitadas en las letras españolas contemporáneas. Y digo que tiene coraje porque se atreve a salir de la zona de confort que asegura el aplauso fácil y la narrativa pobre.

Rebeca cose los remiendos de vidas desgajadas, de historias que duelen y supuran. Crea mundos basados en relaciones humanas complejas, como lo son todas en la realidad, pero centrándose en esos detalles que sólo ve el ojo clínico de quien asume el control de la escritura desde las tripas y sin miedo.

Una de las características más destacadas de los cangrejos es que vagan sobre el fondo de las profundidades. En Las siete vidas del cangrejo Rebeca nos invita a bucear en ese fondo de aguas habitadas por seres encerrados en sus problemáticas que intentan comunicarse pero no lo consiguen del todo.

En este libro Rebeca habla de temáticas grandes y no lo hace al pasar, habla de la extremaunción, del aborto, de la enfermedad… Son siete historias en las que priman las bromas de la mente, sus arrebatos. Las bromas de las células, sus arrebatos. Este libro habla de la enfermedad como un estadio de distanciamiento entre los seres humanos. Historias de una enorme intimidad en las que el lector se asoma a través de una ventana indiscreta y observa las miserias y alegrías ajenas.

Una característica estructural muy interesante de Las siete vidas del cangrejo es los escenarios, espacios pequeños y cerrados que obligan a los personajes a repetir acciones poco gratas, casi a modo de giro de la rueda de las cobayas. Esos escenarios son: una rayuela, un retrete, una cárcel (prisión u hospital), un sitio donde se desarrolla una relación madre-hija, la red o el chat (algo aparentemente abierto y tan cerrado al mismo tiempo), el vientre de una madre… Microcosmos cargados de intimidad. Y en esa intimidad anida el dolor. De esos escenarios surgen frases tan literariamente maravillosas como potentes por su crudeza como los monstruos de los que nos pasamos la vida intentando protegerlos somos también los padres.

Las siete vidas del cangrejo es un libro de secuelas, psicológicas y físicas, de personajes que padecen y que García Nieto, mediante diferentes juegos de estilo y tipografías, los presenta en sus mundos y los abraza a todos juntos al final del libro en un apartado que ha titulado Acta de Sesión.

No soy capaz de definir el género del libro y tampoco estoy seguro que haga falta hacerlo. Son siete relatos entrelazados en esas profundidades de las que hablaba más arriba. Es una novela coral. E, incluso, son siete breves historias teatrales. Que el lector decida.

Una rayuela al estilo Cortázar con múltiples finales, tantos como personajes que la habitan. Un juego que es una repetición mecánica de la lucha hasta el agotamiento y sin dibujar jamás el último peldaño (el Cielo), el del descanso.

Como lector y como colega admiro la escritura de Rebeca por su profesionalidad, su audacia temática, su inquietante conocimiento del alma cerebral de los humanos (vicio de su otra vida profesional) y por invitar al lector a rozar las cicatrices.

Las siete vidas del cangrejo
Rebeca García Nieto
Editorial Alegoría 2016

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

LA SANGRE QUE TEME A LA SANGRE

'Headless' by Roger Ballen

‘Headless’ by Roger Ballen

Ellos la mataron, yo lo sé y sólo yo lo sé. No fue su culpa, fue un accidente, no sabían lo que hacían. Son casi unos niños. Son inocentes… son mis hijos... Así arranca Lilly, el primero de los relatos, y así es el pulso que conservan los siguientes hasta la última página.

En la calle Retorno de Ciudad de México pasan cosas. Allí, la vida y la muerte, la enfermedad, los deseos, los descuidos, los amores y desamores se entrecruzan, se rozan, se chocan, se devoran. Retorno 201 es un libro de relatos, historias que transitan las violencias personales, los dolores más íntimos, el amargor de unos seres muchas veces astillados, descreídos o con convicciones tan inamovibles que acaban hundidos en un pantano fétido a expensas de los odios y las decisiones irracionales.

Las imágenes y sensaciones que crea la escritura de Guillermo Arriaga hacen tajos en la piel, quiebran huesos, solidifican la sangre, amarran los tendones, erizan los nervios, contraen los músculos con una violencia soterrada y visceral hasta que, al final de cada uno de los relatos que componen Retorno 201, la calle se acaba, despierta el silencio y la noche se impregna del aroma ácido de la putrefacción y la hiel.

Ya sea en 21 gramos, Babel, Amores perros o Los tres entierros de Melquiades Estrada, los guiones de Arriaga aspiran el alma del desierto, tanto del que echa raíces en las entrañas de personajes regados por las amarguras como el más literal y polvoriento de Chihuahua.

Retorno 201
Guillermo Arriaga
Verticales de Bolsillo 2008

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015

EL DESAPEGO ES UNA MANERA DE QUERERNOS

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by Josef Koudelka

A Andrea la mataron de una puñalada en el corazón, mientras dormía en su propia cama en San José, un pueblo perfumado de visceras y plumas de pollo cerca de Colón, provincia de Entre Ríos.

Selva Almada irrumpe en el lector con la viril decisión del metal en punta, remueve las entrañas y después se va dejando un regusto dulzón en la herida. Su narrativa huele a sangre, a glóbulos reventados que humedecen la tierra reseca por ese sol de verano que se ancla entre la mística bonaerense al sur y la guaraní al norte.

El desapego es una manera de querernos, así se titula uno de los relatos que, además, bautiza la colección de historias de esta edición de Mondadori. Todos y cada uno de ellos se alimentan del universo seductor y brutal de unas relaciones sociales que pivotan entre los márgenes y el centro descascarillado, familias que viven el dolor y la sexualidad de un modo voraz, consumiendo cada segundo de sus vidas como si fuera el último. Los acontecimientos siguen sus ceremonias muchas veces risibles en mitad de la tragedia. O eróticas ante el devaneo con la muerte: Se endurecían los traseros como botones de rosas. Goteaban mieles de camoatí los muslos. Al tiempo que el runrún de las avemarías salía por la puertas y las ventanas abiertas ganando la calle como una manga de langostas.

Almada tiene un don especial para describir silencios tensos, sufrimientos que sólo se entrevén en gestos mínimos, pueblos desolados, velatorios y recuerdos de niños muertos que ya no son otra cosa más que unas fotos y una cicatriz blanca que le divide el vientre (a la madre) a la mitad.

El desapego es una manera de querernos
Selva Almada
Literatura Random House 2015 (Argentina)

@DanielDimeco

LA DÉBIL MENTAL

Birte Schnoeink en fotograma de 'Amour fou'

El mundo es una luna cortada a latigazos negros. Una figura tan potente y bella como esta enamora al lector. Y como esa, Ariana Harwicz regala muchas en las cien páginas de La débil mental (Mardulce 2015), una novela breve y de una intensidad escalofriante.

Todo es igual a partir de que él entró en mi cabeza, el infierno salado. Hace poco, leyendo un artículo de Rafael Narbona sobre su experiencia con la depresión, me quedé enganchado al siguiente comentario que, por cierto, ya había escuchado de boca de otras personas: No he olvidado la noche en la que advertí con insoportable nitidez mi desmoronamiento emocional. Desde entonces el largo andar por las arenas, como si el mundo entero fuese un médano gigante de pequeños oasis con tan sólo una palmera.

De las mil maneras de existir que hay, me tocó esta, no reconozco a nadie y cuando me ataca la gran desesperación, vivo en cualquier parte. La escritura de Ariana Harwicz pareciera brotar de un estigma hecho por un dolor muy profundo, de esos que ahuecan el alma hasta doblarla y teñirla de una mancha negra. Una escritura poética que de algún modo se emparenta con la belleza que destilan los versículos de Herta Müller. Un acertado contrapunto al lenguaje procaz, coloquial y lírico que la propia Harwicz ha manifestado que le interesa trabajar.

La relación cuasi-salvaje que une a madre e hija construye un nrelato que transita por las pulsiones del deseo sexual irrefrenable. La madre se alegra cuando a la niña le crecen los pechos, cuando un hombre la desea en una escalera. La madre se siente satisfecha al ver que su hija se está convirtiendo en mujer.

Me invento una vida en las nubes sentada en mi clítoris. Tal vez sean las palabras de la propia protagonista las que expongan la mejor síntesis de la obra.

@DanielDimeco

EL VIENTO QUE ARRASA

Auto abandonado

Entre los ojos del Reverendo Pearson y su ejército de conversos entregados no debe interponerse nada. Por ese motivo él se quita las gafas y las deposita en las manos de su hija adolescente antes de salir a escena a proclamar la palabra de Dios. Y, entonces, algo grandioso acontece. Algo que Leni, su hija, no puede explicar con palabras.

A Leni le gustaría que alguna vez su padre, el Reverendo, le quitase de un bocado esa cosa negra que tiene aferrada al pecho. La siente por las noches o cuando viaja con él por los caminos polvorientos de ese Noreste argentino sufrido y “abandonado” a los brazos del Diablo.

El viento que arrasa (Mardulce 2013) es otra obra punzante de Selva Almada, autora finalista del Premio Tigre Juan con Ladrilleros (Mardulce 2013 / Lumen 2014). Es de una narración salvaje, de una calma chicha que preanuncia la herida honda, el dolor ácido de esas almas solitarias que la vida coloca al margen de las carreteras. Gentes de paso con pasados duros, durísimos, que recuerdan a los personajes brutales de Cormac McCarthy.

Pearson siente una necesidad irrefrenable de salvar las almas, una tarea mesiánica que lo lleva a romper sin piedad los vínculos humanos porque, siempre, por encima está Dios o, mejor dicho, la iglesia evangélica de la que vive.

@DanielDimeco

CELESTINO ANTES DEL ALBA

‘La grande illusion’ by Laurent Chéhère

Celestino escribe y escribe como un loco hasta en los gajitos más finos de las matas de tribulillos. Celestino no es otro más que el alma gemela del propio autor, Reinaldo Arenas.

El abuelo de Celestino destripa a hachazos las matas escritas por su nieto y reeduca a fustazos a su mujer (cobarde, tramposa y malencarada), a sus hijas (todas putas) y a los hijos de éstas. Celestino antes del alba (Tusquets, 2002) es una novela de espíritus fantasmagóricos, hechos extraordinarios y, además, un homenaje a la libertad de imaginar y al derecho a expresarse, carente en aquella durísima Cuba en la que le tocó transitar al escritor.

La madre de Celestino, puta ella, se suicidó colgándose de una viga y pegándose candela, todo a la vez y entonces sobrevino un nuevo problema a enturbiar la no-paz de la casa: Celestino, el niño al que el narrador ve cada vez que se asoma al pozo del agua.

Pájaros, árboles, sonidos, aromas y vidas variopintas que rozan lo silvestre (o asilvestrado) del ser humano. Arenas abre una puerta a la inmensidad estimulante que es el universo ardiente del Caribe, a una verdadera selva con puerta trasera en un secarral.

LADRILLEROS

Ladrilleros

Ladrilleros (Mardulce 2013 para Argentina – Lumen 2014 para España) es una novela que muestra sin tapujos la pulsión feroz de lo primigenio, de lo más animal: sexo y fuerza. Las carreras clandestinas de galgos. Discusiones y peleas en los bares, como ocurría en el Martín Fierro o en los arrabaleros relatos de Borges.

Selva Almada (Argentina / 1973) describe magistralmente ese ambiente marginal que, para quienes hemos nacido en Argentina, de alguna u otra manera hemos sido testigos de historias similares.

Desde la primera página de Ladrilleros, los lectores tienen la posibilidad de arder en la caldera del Litoral argentino, en las brisas que llegan cálidas del norte y se cuecen en los humedales del imponente río Paraná. Imágenes de una fuerza silenciosa que describe con naturalidad acciones cotidianas.

Féminas, un poco víctimas, un poco pasionales, un poco conciliadoras, llevan las riendas del carro familiar, son las que trabajan y ahorran, pagan las deudas y alimentan a los hijos y se entregan con devoción al sexo con sus hombres, sus maridos, cuando estos regresan de los bares con muchas dificultades para tenerse en pie, pero con energías suficientes para follar-coger. Incluso las noches en que volvía borracho, ella se las arreglaba para que se le pusiera lo suficientemente dura como para sentarse encima.

La crítica feroz que Patricio Pron hizo de este libro destacando el modo “torpe en la presentación del habla de los personajes” o de las contradicciones de lenguaje me animaron a empezarlo y a devorarlo hasta el último punto. Celebro la posibilidad de estas narrativas que vibran, que cuentan, que dibujan universos para los lectores.

Selva Almada acaba de quedar finalista en el Premio Tigre Juan y a su paso por Madrid fue entrevistada por Carmen Garrido para Viaje a Ítaca.

MARATÓN LITERARIO: ‘EL MAPA DE LAS VIUDAS’

El miércoles 23 de abril, a las 14.00 horas, están invitados a la Casa del Libro de la calle Fuencarral 119 (Metro Bilbao, Madrid) a un maratón literario en el que tendré el honor de participar con El mapa de las viudas.
Esta vez me acompañarán dos excelentes actrices que leerán algunos pasajes de la novela y le pondrán voz a Eleonora Maler, la protagonista.
Ellas son:

Inma Cuevas, Premio Unión de Actores a Mejor Actriz Secundaria de Teatro 2014 por Cerda, obra escrita y dirigida por Juan Mairena.
Algunos de sus trabajos en teatro han sido: MBIG (Macbeth International Group), dirigida por José Martret en La Pensión de las Pulgas; True West de Sam Shepard, dirigida por José Carlos Plaza; La nieta del dictador de David Desola y dirigida por Roberto Cerdá, entre otras. El 8 de mayo estrena Constelaciones, una obra de Nick Payne, en sala Kubik Fabrik junto a Fran Calvo dirigidos por Fernando Soto.
En cine y televisión ha participado en: Lo contrario al amor de Vicente Villanueva; Al final del camino de Roberto Santiago o en programas como Galerías Velvet o La señora.
y

Ana Bettschen, integrante de la compañía Impromptus Investigación Teatral y profesora de técnicas de improvisación e interpretación en Laboratorio de Teatro William Layton.
En teatro ha trabajado en Romeo y Julieta de William Shakespeare dirigida por Francisco Vidal; Impromptus Op. 90 y Opus 91 ambas bajo la dirección de José Juan Rodríguez. Asimismo, ha participado en ha participado en Delirio, El príncipe y la corista, Heridas, Mujeres en la cornisa y Levante y ha estado dirigida por Antonio Llopis, Adolfo Simón y Carmen Losa.
En cine ha trabajado a las órdenes de Jordi Costa en Piccolo Grande Amore y La lava en los labios.

DULCE TRAGO DE LOCURA POÉTICA: LUCÍA CAMÓN

Foto de Lucía Camón


Lucía Camón es actriz, poeta y artista visual.
Su primer libro de poemas se titula Siete veces sí (Ediciones Libre Albedrío 2011).

El sonido de las palabras de Lucía Camón y la música de Borja Barrueta

Vancuber tiene edificios enormes
como carcajadas afiladas
y al fondo
una pradera verde
con nubes de tormenta.
Tiene un coche rojo
de los años 70
Y un río que a veces
lleva agua.
Vancuber tiene apartamentos
muy chiquitos
y también una casa en las afueras
con su solar y
su historia de terror.
Vancuber tiene pasos de cebra
y puertas diminutas
comida sin sal
y pepinillos en vinagre,
vasos de vodzca.

Foto de Lucía Camón

Vancuber es como
una gruta en plano,
como una nave nodriza
pendiente de despegue.
 
Vancuber es comida china
y alcantarillas de hierro,
pieles detrás de los cristales,
pis y perfumes.
 
Vancuber es una madre salvaje
con los pies metidos en el fango,
una cría de rata
que ama a los ratones de campo.
 
Una huella en la nieve,
y una pisada de vaca
en un campo de centeno.

INTEMPERIE

Foto: Alfredo Martínez
Una noche sin luna, un niño escapa de su casa con un morral a cuestas y se interna en el páramo. Eso es, en principio, Intemperie, la excelente novela de Jesús Carrasco editada por Seix Barral. El autor nos propone que nos traslademos, a través de las 221 páginas que conforman la obra, a un universo literario diferente al habitual, alejado de las urbes y la gente con estilo de diseño.
 
Carrasco escribe con la pericia de quien pareciera que tiene varias novelas en su haber (Intemperie es la primera y única que ha publicado el autor nacido en Extremadura y afincado en Sevilla), porque describe las situaciones, muchas de ellas son escenas de priciosa quietud, con el tono firme de Cormac McCarthyDavid Vann o Miguel Delibes. De hecho, es imposible resistirse a compararlo con los dos grandes escritores norteamericanos, literatura de la que el propio Carrasco ha mamado como lector.
 
Carrasco escribe de lo rural, de ese ambiente que tanto admiramos en grandes novelas como Los santos inocentes, de Delibes, y tan poco frecuentes en la literatura española actual, aferrada, de un modo casi obsesivo, a los empedrados de Barcelona y Madrid sin que esto, válgame Dios, constituya un pecado.

Intemperie ocupa un sitio que, de momento, está casi vacío, un espacio por el que el lector transita disfrutando de un lenguaje por demás exquisito y que hasta obliga a tener a mano el diccionario. Se trata de una incursión sin tamices al ámbito rural, a lo más crudo de un mundo mucho más próximo de lo que tendemos a creer. Carrasco imprime vocablos, habilidades propias del medio y conocimientos astrológicos básicos para que el personaje pueda guiarse en medio de la noche sin más brújula que la Estrella Polar. E imágenes de tanta fuerza como: Los sarmientos bravíos cruzándose unos sobre otros tejían sobre la viña una red de curvas fósiles.

 
Recreación de la sequedad (y de la sensación de sed) y violencia latente y manifiesta en la vida de un niño que escapa de su casa para evitar el avasallamiento miserable por parte de un alguacil que marca las reglas de la región a punta de escopeta. Frente a la desesperación y desprotección que nos regala Jesús Carrasco con el personaje del “niño” (así lo denomina durante toda la novela) está el “viejo”, el pastor de cabras con el que se cruza un día por casualidad y al que quedará unido (mutuamente unidos) hasta el final de la novela, modificando indefectiblemente la vida de ambos.



Intemperie
Jesús Carrasco
Editorial Seix Barral
ISBN: 978-84-322-1472-1
Año 2013