Fidel Castro

FINAL DE CAPÍTULO

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‘Santería’ by José García Poveda

La Habana es uno de los epicentros del sincretismo. Una buena dosis de adoraciones a deidades, movimientos de caderas bien conseguidos hasta por los santos de madera, salitre a gusto salpicado desde su golfo a las fachadas coloniales, el ardor de las carnes multiétnicas siempre expuestas al sol y al deseo…

Cuando era adolescente, sentado en el borde de mi cama, leí El diario del Che en Bolivia, una edición antigua a la que le faltaba la portada y que había comprado mi madre a finales de los 60s. En ese diario descubrí el ideario pasional del Che Guevara y la razón de Estado de Fidel Castro que los llevó al enfrentamiento personal. Años más tarde, ya siendo profesor en la universidad, recuerdo con especial cariño cuando tocaba hablar de la caída de Fulgencio Batista, de Bahía de Cochinos o de los conciliábulos entre Washington y Moscú sobre la isla de azúcar.

No entraré en juicios ideológicos acerca de la figura de Castro, no me interesa ahora mismo, sólo digo que en esta mañana de lluvia y frío en Madrid (tan alejada de la cálida Habana) simbólicamente se cierra un capítulo de la Historia. Un capítulo infinitamente más interesante, en lo bueno y en lo malo, que el anodino que vivimos hoy.

Y tengo una enorme curiosidad: saber cómo va a ser el encuentro entre Fidel Castro y Reinaldo Arenas ahora que ambos son libres.

ANTES QUE ANOCHEZCA

Reinaldo Arenas (Holguín 1943 – Nueva York 1990)

Queridos amigos, debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. Me siento satisfecho con haber podido contribuir aunque modestamente al triunfo de esa libertad. Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean están comprometidas en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país.

Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla los exhorto a que sigan luchando por la libertad.

Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza.

Cuba será libre. Yo ya lo soy.

Carta de Reinaldo Arenas antes de suicidarse.