El mapa de las viudas

LA OPINIÓN DE ‘DE TINTA EN VENA’ SOBRE "EL MAPA DE LAS VIUDAS"

detintaenvena.blogspot.com
Una de las reseñas más impresionantes que han hecho sobre El mapa de las viudas (Algaida). Aquí dejo algunos pasajes y el enlace de De tinta en vena para quien quiera leerla al completo.
Si tuviera que definir esta novela sin duda lo dejaría en un escueto valiente. Y es que en los tiempos que corren, con un iva por las nubes y nuestros bolsillos cada vez más vilipendiados, tomar la decisión de comprar un libro se convierte casi en una cuestión de Estado, me refiero al familiar claro, porque a tan altas esferas no llegan asuntos tan nimios. Pensaréis que me he vuelto loca, pero no, digo que es una novela valiente, porque no creo que sea nada comercial, no es una historia para leer en la piscina, el autobús o en una salita de espera, es LITERATURA, sí, en mayúsculas, de esa que cada vez nos da más pereza leer porque requiere un esfuerzo extra.
Admiro a Daniel Dimeco, un perfecto desconocido para mí aunque tiene a sus espaldas una más que considerable carrera literaria, porque ha sido fiel a sus principios, ha escrito la historia que tenía en mente sin pensar si sería aceptada por el público. Pero también admiro la valentía del Jurado del XVI Premio de Novela Ciudad de Badajoz, porque creo que es complicado primar la calidad sobre la rentabilidad, a fin de cuentas las editoriales son empresas y buscan ganar dinero.

El mapa de las viudas es una novela arriesgada, valiente, que cuenta la vida de una mujer que murió tras un trágico suceso, pero cuyo cuerpo siguió existiendo dando cobijo a dos personalidades diferentes y completamente antagonistas. Una historia compleja, con una narración que le va a la zaga y unos secundarios de lujo que nos harán viajar desde la perplejidad a la admiración.

Sobre la protagonista, Eleonora Maler, dice: El autor ha dotado a la protagonista de una complejidad límite, de una doble personalidad que convive en un mismo cuerpo, una cuerda y la otra ida, en un momento de la narración la cuerda nos explica porque decidió quedarse cuando lo mejor hubiera sido irse. La lucha de ambas personalidades aunque no es patente para el lector si que nos la relata la cuerda cuando coge las riendas. Sin duda Eleonara es un personaje fascinante que se queda en la mente del lector mucho después de haber terminado la lectura. Se gana un sitio de honor en ese grupo reducido de protagonistas que perduran en la memoria y se hace un hueco en el corazón de quien se acerca a su historia.
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MAESTRO DE LAS ATMÓSFERAS AGOBIANTES

Antonio Paniagua / Madrid
Día 23/06/2013 – 07.21h
El escritor Daniel Dimeco recrea en la novela ‘El mapa de las viudas’ (Algaida) el ambiente opresivo en la RDA (Diario ABC)
En el verano de 1960, una serie de asesinatos en un aparentemente tranquilo vecindario de la ciudad de Stralsund, en la Alemania Oriental, precipita la locura de Eleonora Maler, que sobrevive a duras penas tras un pasado que se intuye trágico. Eleonora vive de coser para las señoras de los gerifaltes de la Stasi, la omnipotente policía secreta de la RDA, cree que un murciélago ha anidado en su cuerpo y se la está comiendo por dentro, y oculta en su casa a su hija, una niña deficiente y muda a la que mantiene con los ojos vendados para que nada le haga daño, una extraña situación que sus vecinos parecen admitir sin preguntas. Los asesinatos, primero de una niña y después de un hombre, desatarán los recuerdos y los fantasmas de Eleonora, en la que sobreviven dos mujeres: la cuerda y la loca, la que existió antes de la guerra y la que nació después. Paradójicamente, esa inmersión en la locura ayudará a desvelar oscuros secretos que llevan mucho tiempo escondidos.

Pero Eleonora no es la única que guarda secretos. Sobre el vecindario se cierne algo oscuro, algo que nadie nombra pero que parece condicionar la vida de todos sus habitantes. En especial del doctor, siempre encorvado, siempre silencioso, siempre aterrado; y su esposa, dura y terrible, que parece dominar la voluntad de su marido con mano de hierro; o los jóvenes del barrio, uno miembro de la Stasi, hijo el otro de un mandamás del partido, crueles y provocadores, demonios reales que despiertan esos otros demonios dormidos en Eleonora.

Muchos se preguntarán al comenzar a leer esta novela por qué su autor, Daniel Dimeco, que no vivió ni por edad ni por origen los tiempos de la Alemania Oriental, ha situado su historia en los años sesenta de aquel país desaparecido. Pero al adentrarse en sus páginas, el lector descubrirá que no podría haber elegido un escenario mejor como metáfora de lo más oscuro que puede anidar en el ser humano. La dictadura de la RDA era el paradigma del control, un sistema en el que nadie se atrevía a hablar, ni en lo más íntimo de su domicilio, porque había miles de ojos y oídos que lo controlaban todo. En la novela de Dimeco, como lo fue en la Alemania Oriental, lo importante es lo que no se ve, lo que se esconde, un entorno único para analizar la soledad y el miedo que tanto influyen en los personajes de El mapa de las viudas.

Daniel Dimeco que, aunque de origen argentino, ha vivido varios años en el norte de Europa, se ha empapado de la historia de la RDA y ha sabido crear una atmósfera opresiva, oscura, estremecedora, que mantiene al lector en un constante escalofrío. Este es uno de sus indudables méritos. Otro es la habilidad para dosificar una información que cae como lluvia corrosiva en un lector entregado sin reservas al terror de la narración.

Imágenes de una gran potencia, personajes oscuros, situaciones límites, secretos antiguos y, en la sombra, como un pájaro de mal agüero, una policía secreta que lo sabe todo y lo controla todo. Esos son los elementos que maneja el autor para crear una historia que asombra y estremece a partes iguales, una historia llena de simbolismo que indaga en la locura, el sufrimiento y la barbarie.

El autor ha obtenido con El mapa de las viudas el Premio Ciudad de Badajoz. Novelista y dramaturgo argentino, afincado en España, ha ganado ya diversos premios en ambos géneros, como el Premio Fray Luis de León por su novela La desesperaciónsilenciosa, o el Premio Antonio Buero Vallejo con la obra teatral La mano deJános.

LA STASI Y SUS VÍCTIMAS SUBEN A ESCENA

Artículo publicado en El País (30 abril 2013) por Sergio Delgado Salmador y Juan Gómez


Jürgen Gottschalk en Mi acta y yo (Meine Akte und ich)

Este artículo llegó a mi conocimiento gracias a la gentileza de Mercedes Camps a sabiendas de mi interés por esta etapa histórica de Alemania y que reflejo en mi novela El mapa de las viudas (Premio Ciudad de Badajoz 2012 y finalista Premio Clarín-Alfaguara 2012) editada por Algaida.

Una vez más Alemania se cita con una de esas oscuras etapas de su historia a la que no tiene miedo a enfrentarse. Y no, no se trata de los nazis, esta vez le toca el turno a la República Democrática de Alemania (RDA). En Mi acta y yo (Meine Akte und ich), ocho víctimas y un funcionario del Ministerio para la Seguridad del Estado (Ministerium für die Staatssicherheit) toman el escenario de la Staatsschauspiel de Dresde para recordar sus experiencias con la Stasi.

La función se enmarca dentro del proyecto Vidas paralelas: El siglo XX a través de la policía secreta impulsado por el Festival Internacional de Teatro Divadelná Nitra de Eslovaquia, en el que participan ocho países del antiguo bloque soviético. “Vendrán de Hungría, Polonia, Rumanía y Chequia, entre otros. Yo me encargo de la parte alemana y soy el único que ha sugerido trabajar con testigos de la época”, explica desde el otro lado de la línea telefónica en alemán Clemens Bechtel (Heidelberg, Baden Würtemmberg, 1964), director de la obra, estrenada el domingo en Dresde.

La iniciativa pretende rescatar el papel del servicio secreto antes de 1989 dentro del ambicioso marco del festival que busca poner el foco sobre fenómenos sociales y la recuperación de la memoria histórica. “Uno de los puntos clave del proyecto es que se abra un diálogo entre víctimas y funcionarios o autores de crímenes. Deseamos que 20 años después empiecen a sentarse juntos y promover el dialogo”.

Los textos de la obra de 90 minutos de duración se escribieron a partir de una serie de entrevistas con los protagonistas: cinco víctimas de la policía secreta y tres que narran su historia desde la perspectiva de la Stasi. Entre ellos, se encuentra Gottfried Dutschke (Hainsberg, Turingia, 1945). Licenciado en Ciencias del Deporte y Biología, el alemán fue arrestado por ayudar a un grupo de amigos a huir de la RDA para reencontrase con familiares al otro lado. “A mis hijos, mi mujer y conocidos ya lo han escuchado, pero se lo quería contar a los jóvenes. Hay gente que quiere acabar con estas vivencias pero debe haber memoria histórica. Esta gente aún existe y podría ser peligrosa”, apunta sin tapujos. Tras arrestar a uno de sus compañeros de universidad en Praga, la Stasi encerró a Dutschke dos años y medio en la cárcel de Gera, una localidad a 133 kilómetros al oeste de Dresde. “Fue terrible. Mi mujer le dijo a mi hijo de 10 años que estaba en el hospital. No les hicieron nada pero estuvieron bajo vigilancia”. Junto a él, opositores, ciudadanos de otros países del bloque e, incluso, algún ex-funcionario formaban parte de una prisión en la que Dutschke fue también castigado en una celda de aislamiento. “Me metieron ahí durante tres días por negarme a salir a andar y contestar a un guardia. Fue horrible: sin luz, contacto humano y sin saber hasta cuando”.
El histórico encuentro no ha resultado, sin embargo, sencillo de organizar. “Dar con víctimas que estuvieron en la cárcel o tuvieron malas experiencias es relativamente fácil pero, lógicamente, es más si uno ha tenido algo que ver con la Stasi. Está estigmatizado, es una marca diferenciadora. Normalmente esa gente esconde su biografía”, considera Bechtel. Entre las escasas personas presentes relacionadas con los funcionarios Evelin Ledig-Adam (Vogtland, Sajonia, 1955), evoca la experiencia de su primer marido. Bajista y violinista de profesión, él confesó a su mujer haberse unido a la Stasi en 1984, dos semanas después de haber firmado el contrato. “Se unió para poder viajar y su trabajo consistía en informar sobre otros músicos. Por aquel entonces pensé que era una traición a los ideales. Tenía miedo de hablar de compañeros y de si querían ir a la República Federal. Lo que nunca sabré es si escribió informes también de mí”, sospecha la antiguamente relaciones públicas de un teatro.
Mi acta y yo se suma así a la ya extensa memoria histórica de un país que, a pesar de saldar sus cuentas con la etapa comunista, ha ido aún más lejos en lo relativo a la época nazi. “Sobre ese periodo hay un verdadero diálogo. De niños nos llevaron con el colegio al campo de concentración de Buchenwald y a mí me impactó profundamente. Es algo que no se olvida”, comenta Ledig-Adam. “Después de la Segunda Guerra Mundial hubo más juicios y castigos. Ahora, la gente ha viajado mucho, ha visto mundo, están bien educados y a lo mejor ha llegado la fase de pensar”, argumenta Dutschke. “Espero que la juventud conozca esto y no piensen solo en coches y cosas banales. Sería triste y peligroso”.


Peter Wachs


El régimen de la RDA como protagonista en la cultura alemana

Entre los escritores quizá fue Ronald M. Schernikau el que mantuvo una relación más estrafalaria con la República Democrática Alemana (RDA): nacido en el Este en 1960, de niño pasó con su madre a la República Federal escondido en un maletero. En Hannover se afiliaría al Partido Comunista y, todavía un escolar, escribiría una novela corta sobre un joven homosexual de provincias. Lo convirtió en una de las jóvenes promesas literarias en alemán. Cuando todo el mundo daba por muerta (con razón) a la RDA, el escritor solicitó la nacionalidad de su país natal. Se instaló en Berlín Oriental en 1989, apenas unas semanas antes de la caída del Muro. Su libro de aquellos días Die tage in l. (Los días en L.) lleva el subtitulo “De cómo la RDA y la RFA no se entenderán nunca y menos a través de su literatura”. Nunca se publicó en el Este.

Schernikau murió de algo relacionado con el SIDA en 1991, en la Alemania ya unificada. Había terminado su tremendo mamotreto satírico y trágico legende (Leyenda. Contiene episodios como “Una canción para Rostock”, donde imagina una imposible victoria de la RDA en Eurovisión y la consiguiente organización del Festival en la ciudad norteña de Rostock. No se publicó hasta 1999.
En el teatro, que disfruta de gran popularidad en Alemania, ha llamado mucho la atención la pieza de 2003 Zeit zu lieben, Zeit zu sterben (Tiempo de amar, tiempo de morir), escrita por Fritz Kater. Pone en las tablas escenas de la vida de varios jóvenes de la RDA, entre nostálgicas y deprimentes.
La autopsia de sus regímenes históricos fracasados es uno de los temas principales en la cultura popular alemana. Hace décadas que interpretar a un nazi en una gran producción sirve de trampolín internacional para actores de lengua alemana. Como segunda opción queda la RDA, cuyo abanico de personajes abarca desde el espía noble de La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) hasta la enternecedora comunista enferma de Good Bye, Lenin (2003), de Wolfgang Becker. El thriller sobre la policía política de la RDA y la comedia sobre la caída del Muro fueron enormes éxitos internacionales. Menos conocida fuera, pero también un éxito en Alemania, fue la comedia de Leander Haussmann Sonnenallee (1999). Desde que desapareció en 1990, la RDA ha inspirado una larguísima lista de películas de cine y televisión.

‘EL MAPA DE LAS VIUDAS’ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

EL MAPA DE LAS VIUDAS (Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2012)
Día: sábado 15
Hora: 12 a 14 horas
Caseta: Nº 316 (Algaida Editores – Grupo Anaya)



El mapa de las viudas de Daniel Dimeco

 
Bajando por la Heilgeistrasse hacia la laguna Knieper, ella distingue a dos miembros de la Volkspolizei que custodian una sábana blanca junto a una alambrada, entre los matorrales y los brezos blancos de un descampado. También hay varios mirones, gente que vive en las inmediaciones, lo deduce porque un par de mujeres aún no se han despojado de las batas y los hombres mayores están con las manos en los bolsillos, ajenos al tiempo, dispuestos a permanecer allí hasta la hora que haga falta…

Leer primer capítulo de El mapa de las viudas

LA RECOMENDACIÓN DE LA BECARIA DE ALGAIDA

De locura va el día. El mapa de las viudas, de Daniel Dimeco, relata la bipolaridad (¿bipolaridad? Puede que lo tengáis que descubrir) de Eleonora Maler.
En Eleonora conviven dos mujeres que a su vez estánacompañadas por una niña. Niña, por cierto, que arrastra sus propios fantasmas. Los fantasmas de Eleonora (diferentes a los de la niña… o no) tendrán que convivir con el control de la Stasi por las calles de Stralsund.

Estamos a finales del verano de 1960, por cierto, al norte de la República Democrática Alemana y no saldremos de nuestro estado de inquietud hasta que lleguemos a la página 310. Puede que aún ni así.

EL MAPA DE LAS VIUDAS. PRESENTACIÓN EN MADRID

Presentación de EL MAPA DE LAS VIUDAS
Lugar: librería Tipos Infames
Dirección: c/ San Joaquín, 3 – Metro Tribunal (Madrid)
Hora: 19.30 horas
Me acompañarán: Jesús Ferrero (escritor) y Roksana Niewadzisz (actriz)
Sinopsis de El mapa de las viudas: A finales del verano de 1960, una serie de asesinatos en la ciudad de Stralsund, al norte de la República Democrática Alemana, agudizan la locura de Eleonora Maler. En ella conviven dos existencias paralelas: la mujer que fue hasta …terminar la guerra y la personalidad que se originó una trágica noche de 1945. Pero ambas, la cuerda y la enajenada, son una, comparten el mismo cuerpo y viven una vida común, acompañadas de una niña que arrastra su propia desdicha. En el asfixiante ambiente de una pequeña ciudad donde la Stasi se afana en controlar a todos sus habitantes, Eleonora tendrá que enfrentarse a sus propios miedos y a sus propios fantasmas: algunos sólo están dentro de ella, pero otros aún recorren las calles de Stralsund.
Quienes estén interesados en adquirir LA DESESPERACIÓN SILENCIOSA (Premio de Novela Fray Luis de León 2010) podrán hacerse con un ejemplar en la librería Tipos Infames.
Sinopsis de La desesperación silenciosa: En la misma semana en que el abogado danés Olov Mathiessen tiene planeado jubilarse y empezar una etapa más tranquila, un desmayo cambia sus propósitos. Inesperadamente, la vida y la muerte se tocan. La culpa y el dolor no dan tregua: los sufrimientos callados, esos lobos que acechan en las noches blancas de hospital, avanzan lentamente, desde lejos, desde su propia niñez en Gilleleje, un pueblo al norte de Copenhague. La desesperación silenciosa es la narración irónica y en primera persona del suplicio de un enfermo solitario y terminal en una de las mejores sociedades del bienestar del mundo. La sexualidad, por momentos sutil y otras veces violenta, es el refugio en el que recala el protagonista. Junto a Olov, aparecen toda una galería de personajes: una ex-esposa, una pianista de la que se enamora, una vecina entrometida, un insólito universitario islandés y una oncóloga que brega por su curación. En esta novela, la malicia, el egoísmo, la enfermedad, las pasiones, las pequeñas miserias convergen en un universo reducido donde todos luchan por sobrevivir, o lo que es lo mismo por ser tenidos en cuenta.

EL MAPA DE LAS VIUDAS: PALABRAS DE ENRIQUE GARCÍA FUENTES

Jaime Álvarez Buiza, David Benedicte, Paloma Morcillo,
Daniel Dimeco y Enrique García Fuentes

Quiero agradecer a toda la ciudad de Badajoz por el inolvidable martes 23 de abril de 2013, Día del Libro y en cuya tarde tuve la enorme felicidad de presentar en sociedad mi novela El mapa de las viudas en las Casas Consistoriales de la Plaza Alta. Además, quiero expresar mi especial gratitud al profesor Enrique García Fuentes, colaborador habitual en el diario Hoy de Extremadura, responsable de presentarnos (a la novela y a mí) y cuyas palabras de enorme cariño, respeto y conocimiento acerca de la obra y de su personaje protagonista, reproduzco a continuación:

Si no me he documentado mal, es evidente que, pese a no gozar todavía del favor de gran público, no estamos ante un recién llegado al mundo de las letras en el caso de Daniel Dimeco, flamante ganador del XVI Premio de NovelaCiudad de Badajoz que hoy presentamos. Argentino de nacionalidad, italiano de ancestros, Dimeco lleva residiendo en Madrid desde 2002. Según leemos en su jugosa página web, posee un Master en Gestión Cultural por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, de Madrid; es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Buenos Aires y ha trabajado en las embajadas de Argentina en Copenhague, ante la Unesco y en Madrid.

Pero como lo que nos interesa aquí es su filiación literaria, detengámonos brevemente en hacernos eco de su actividad teatral antes de centrarnos en su novelística, porque nuestro autor posee un sólido bagaje en este cada vez más olvidado ámbito. Como autor, parte de su producción ha podido verse en teatros como el “María Guerrero”, de Madrid, participando en las obras colectivas Los otros niños y Ojos de sal y a su nombre figuran títulos como El ángel azul (Editorial Círculo Rojo), ganador del Premio de Teatro Mínimo Rafael Guerrero, de 2008; Mirando pasar los trenes, Premio de Autores Nacionales Teatro “El Búho” el año 2009 allá en su país natal y La mano de János (editada por el Patronato de Cultura del Ayto. de Guadalajara el año 2011, tras obtener el año anterior el prestigioso Premio de Teatro Antonio Buero Vallejo. Como director, ha llevado a escena la obra ¿Son los días felices?, que se estrenó en la capital el año 2005. Su actividad le ha llevado también a compilar obras de teatro breve para la Escuela de Interpretación “Jorge Eines”. 

El mapa de las viudas
Premio de Novela Ciudad de Badajoz 2012
Algaida Editores 2013
En el ámbito de la narración, cuentos suyos han conseguido también importantes galardones, y en el campo de la novela larga, Dimeco publicó en Barrio de Maravillas, en colaboración con la Junta de Castilla y León el año 2011, y tras haber sido premiada con el Fray Luis de León de Narrativa el año anterior, La desesperación silenciosa. Hoy, de la mano de la editorial sevillana Algaida nos llega esta de El mapa de las viudas, de la que sabemos que también, en su momento, fue finalista del prestigioso PremioClarín de Novela allá en Argentina. El mismo autor, en una entrevista reciente, ha declarado:

“Los premios siempre me han servido de incentivo para continuar en una lucha solitaria”

desde estas palabras, he de decir que, con El mapa de las viudas, se nos ha presentado una ocasión perfecta para que lo vayamos acompañando en una andadura que ansiamos fructífera y definimos ya como esperanzadora.

Me permito asirme a esa entrevista a la que aludía, más que nada porque en ella se revelan algunas claves que van a servirme para presentar esta novela ante ustedes, sintiéndome más seguro del terreno sobre el que piso. En primer lugar porque descubre algunas preferencias literarias que hay que tener muy en cuenta a la hora de dilucidar los parámetros de su escritura: 

“me fascina el universo sombrío de William Faulkner, el despiadado de Cormac McCarthy, las descripciones únicas de John Banville, la hondura psicológica de Fiodor Dostoyevski, la dureza contemporánea de Sofi Oksanen, que escribe como a golpe de cincel, el Coetzee de La edad de hierro u Hombre lento…”
y remata diciendo:

“son autores de páginas duras, de desaliento, escritores capaces de ahogar a los lectores con sus palabras”.

Ya les anuncio que El mapa de las viudas no es una novela de digestión fácil; es más, me permito felicitar efusivamente al jurado de este premio por su valentía a la hora de galardonar un texto rudo y exigente, en absoluto complaciente con modas al uso ni con modos consagrados. Se trata, además, de un reconocimiento que sanciona afirmativamente otra preclara declaración de nuestro autor:

“me interesa mucho el lado perverso y oscuro que todos tenemos y escondemos, felizmente, junto a las buenas maneras y a la corrección política”.
David Benedicte (Poemarx), Paloma Morcillo
y Daniel Dimeco (El mapa de las viudas)
Cuando hace ya algunos años el mismo Dimeco daba noticia de un trabajo futuro: 

“he acabado de escribir una novela que, siendo fiel a mi escritura, trata de la locura y de cómo la sociedad, o sea todos, tapamos y encubrimos verdaderos horrores”

nos cabe perfectamente pensar que se refería a la novela que hoy tenemos entre manos, porque mucho de lo aquí dicho sostiene esta trama tan trabajada y, por encima de todo, la experiencia de un personaje llamado a ser inolvidable.

Como está muy bien redactado y, sobre todo, no levanta excesivamente el argumento de la novela, me remito al texto de la contraportada de su envoltura para revelar un poco el trasunto de la misma:

“A finales del verano de 1960, una serie de asesinatos en la ciudad de Stralsund, al norte de la República Democrática Alemana, agudizan la locura de Eleonora Maler. En ella conviven dos existencias paralelas: la mujer que fue hasta terminar la guerra y la personalidad que se originó una trágica noche de 1945. Pero ambas, la cuerda y la enajenada, son una, comparten el mismo cuerpo y viven una vida común, acompañadas de una niña que arrastra su propia desdicha. En el asfixiante ambiente de una pequeña ciudad donde la Stasi se afana en controlar a todos sus habitantes, Eleonora tendrá que enfrentarse a sus propios miedos y a sus propios fantasmas: algunos sólo están dentro de ella, pero otros aún recorren las calles de Stralsund.”

No es la fría ciudad pomerana un espacio usual para la ubicación de un relato; hay una explicación, sin embargo, perfectamente concluyente al respecto y la da nuestro propio autor:

“me atrae muchísimo el universo nocturno y frío del Norte de Europa y siempre me he sentido muy bien en esos países, ya sea viviendo en ellos o “viajándolos”.

Ni sé (ni me importa) si Daniel Dimeco ha estado realmente en Stralsund; sí les puedo garantizar que buena parte de la onomástica empleada (sobre todo la que se refiere a los monumentos, la iglesia de San Nicolás, por ejemplo) es absolutamente fiel a la realidad y en más de una ocasión ese frío del Norte de Europa que, desde Escandinavia, atraviesa el Báltico y convive con los habitantes de la ciudad portuaria, adquiere un relevante protagonismo dentro de la novela. Lo verdaderamente relevante es el hecho de que la acción aquí narrada casa perfectamente en los límites del escenario elegido: una ciudad pequeña, casi aislada, que para algunos es el eslabón necesario para más altos cometidos y puestos y para otros el perfecto lugar donde pasar desapercibidos y purgar por sus culpas.

Prof. Enrique García Fuentes

Del mismo modo, para situarnos perfectamente en una realidad del todo contrastable, son ciertas y documentadas las referencias a personajes históricos que pueblan el texto, desde las incidencias de la toma de la ciudad por parte de los soviéticos al final de la Segunda Guerra Mundial, con lo que queda bajo sus auspicios, hasta las menciones expresas a los presidentes de la RDA como Pieck, Ulbricht y los diferentes avatares de cada uno.

Era perentorio referirnos a la veracidad del entorno real, social, político, económico, etc. donde se desarrolla la acción porque ésta en buena parte se sostiene en la confrontación entre esa realidad “real” que todos conocen y en la que viven y la realidad particular, deformada y propia en que se ubica la protagonista. 

Ponderaba yo hace unos instantes la valentía del jurado al premiar una novela de escritura no tan convencional como es ésta. Al modo de cómo hemos de proceder con su admirado Faulkner, conviene estar atento desde el principio, pues en los primeros capítulos de nuestro relato ya se describen las claves que lo van a ir explicando. Con todo, no será hasta que comprendamos su transcurso cuando se nos hagan manifiestas todas esas claves que ahora sí podemos ir interpretando correctamente. El mapa de las viudas es una novela cuyo narrador (que no escritor) es anormal; la narración en tercera persona, de manera pretendidamente fría y casi testimonial, se rompe abiertamente en su capítulo 13, cuando se da explícita noticia de la muerte de Hitler, y será cuando Eleonora toma activamente la voz y la narración pasa de la tercera a la primera persona. En este crucial capítulo descubrimos qué fue lo que realmente ocurrió y nos explicamos el desdoble al que hemos sido sometidos lectores y protagonista principal. Desde ese momento es como si Eleonora viera a otra Eleonora. Tras lo sucedido, ha perdido el control de sí misma, ha dejado de ser ella, y sufre, sin asumirlas, las consecuencias del tremendo trauma que ha padecido y de sus monstruosas secuelas posteriores.
Irremediablemente enganchados al alucinante comienzo de la novela, con ese irresistible episodio del murciélago (símbolo, quizá, de la culpa y de la infamia) metiéndosele por las venas camino del corazón a la protagonista, no podemos más que dejarnos llevar por esta angustiosa peripecia de una mujer terriblemente desgraciada que recrea a su modo y desde sus peculiares circunstancias la confusa realidad en la que vive. Sólo a medida que vamos avanzando logramos componer este puzzle de piezas sueltas y así asumir la magnitud de la tragedia que el personaje se sitúa.

Obsesionada por ella, la vida y las personas pasan por Eleonora sin dejarle repercusión ninguna. Aunque actúe en muchos casos como testigo directa de los sucesos que ante nuestros ojos aparecen, como conversadora activa y hasta lúcida en determinados pasajes dialogados de la novela, Eleonora todo lo olvida acto seguido; sólo vive para su hija, Annette, a la que, contra viento y marea, busca proteger de los murciélagos y del terrible mundo exterior que se empeña en conseguir que la niña no vea. La realidad orbita por su vida y ella vive ajena a ella; no es consciente de las circunstancias sociopolíticas que la rodean, ni siquiera de los sucesos que a su lado mismo acontecen. En muchos momentos del relato se nos hace explícita esta situación:

“Ella se pregunta por el presidente Pieck. ¿Quién es el presidente Pieck? Escudriña en su memoria. ¿Qué es lo que preside el Presidente Pieck? Casi nunca sabe de qué le habla esta señora; todo el tiempo, la mujer de Groß le menciona personas, apellidos de familias, parentescos… pero ella no atina a descubrir sus caras. ¿Pero quién es el presidente Pieck que tanto altera a la señora Groß? ¿Presidente de qué? No conoce a ningún Pieck.”

o, más adelante:

“Los de la Stasi vigilan a todo el barrio, Eleonora, conocen todos nuestros movimientos. Nos tienen controlados.

-¿Stasi? ¿Qué es eso?

-¿Tampoco sabes lo que es la Stasi? No existe un solo alemán que desconozca qué es la Stasi…

-No sé qué es la Stasi.

-Es el Ministerio para la Seguridad del Estado.

– ¿¡La Gestapo!?

-No exactamente, pero se parecen.”

y, por cierto, de qué manera tan implacable hacen los aludidos buena la comparación. Es un terrible episodio donde se muestra con toda crudeza la despiadada crueldad de la Stasi; tras asesinar impunemente y a sangre fría a uno de los personajes de la novela, uno de los criminales se fija en unas plantas que Eleonora tiene en su ventana y con toda candidez le espeta:


“Por cierto, los brezales están que revientan de flores, ¿cada cuánto tiempo los riega?”

Pero a lo que vamos, Eleonora todavía cree vivir en la Segunda Guerra Mundial; para ella es como si el mundo se hubiera detenido aquella terrible noche:

“Los vecinos se quejan de que por la radio no informan qué es lo que está sucediendo en el país. Nadie sabe si la guerra ha terminado o no, o, más bien ella no lo sabe. La gente murmura que Alemania se enfrenta a una catástrofe y que las potencias aliadas se van a tirar en picado sobre el país como los buitres encima de la carroña (…) todas las cosas van a escasear en cuanto Alemania firme la capitulación” 

se dice en otro momento de la novela. Y es que Eleonora es una mujer escindida; literalmente partida en dos, superviviente a medias y a su pesar de un trauma demoledor. Eleonora vive en 1960, pero lleva muerta desde la noche del suicidio de Hitler. Si no estuviera tan degradada últimamente la expresión, diría que Eleonora es una muerta en vida que suplanta su resignada existencia actual por medio de empeñarse en unir sus actuales miedos y sinsabores con su existencia anterior, pero tratando por todos los medios de superar, inútilmente, la desdicha que la dejó en la situación en que la encontramos. Sólo esa extraña relación con su más que extraña hija colma la depauperada vida de nuestra protagonista; y no es una relación fácil, en absoluto, como no lo son, por regla general, las que se establecen entre madres e hijas. El propio autor lo recuerda en otro sitio: 

“Las relaciones humanas son difíciles, lo sabemos todos. Y las relaciones entre madres e hijas mucho más. Además, cada relación madre-hija se asienta en códigos completamente desconocidos para los demás, lo mismo ocurre en una pareja. Pero entre una madre y una hija existe un acercamiento o un alejamiento con rasgos de dulzura y crueldad en partes iguales. Dulzura en cuanto al amor y crueldad en cuanto al dominio y al intento filial por zafarse de ese dominio y de alejarse del modelo materno. La lucha puede ser cruenta.”
Y aquí, por las especiales circunstancias que la condicionan y la hacen tan especialmente traumática, el lector descubrirá la certeza implacable de este aserto. 

Termino lamentando, sin embargo, la poca confianza del autor, que pese a estar perfectamente avalado por la tradición decimonónica y de comienzos del XX, no se ha atrevido a titular la obra con el nombre de su inolvidable protagonista. Ha optado, sí, por un título enigmático y llamativo (lo que es del todo encomiable), pero hubiera deseado la valentía de llevar a Eleonora hasta el nombre mismo de la novela, porque es bien cierto que Daniel Dimeco ha creado un personaje destinado ya a quedar no sólo como referencia inmediata de esta obra, sino entre los inolvidables de la gran literatura.

Y, por cierto, quiero dejar patente también mi sana envidia por los lectores y el jurado del mencionado premio Clarín por haber sido capaces de encontrar novelas superiores a esta de El mapa de las viudas con la que nosotros tanto hemos disfrutado.