Dinamarca

COPENHAGUE: LA CIUDAD NÚMERO 1

Por Steve Bloomfield y Michael Booth para Monocle
(através de El País 21.06.2013)
Dos habitantes de Copenhague (Foto: Álvaro Leiva)
El nombre de este blog es un homenaje a la capital danesa, la ciudad en la que tuve la enorme dicha de vivir y que me regaló dos de las cosas más preciadas en la vida: la libertad y la calma. Regresar a Copenhague siempre es volver a “mi hogar”, a mis calles, a mis barrios, Hellerup y Bernstorffsvej, los sitios que pueblan La desesperación silenciosa, mi primera novela. Copenhague es ese Norte que tanto añoro y donde, siempre que me preguntan, recomiendo que conozcan y disfruten.

Conquistar la máxima calidad mundial de vida urbana requiere el más intrincado de los malabarismos entre el progreso y la conservación, entre la estimulación y la seguridad, entre lo global y lo local. La perfección no se puede obtener, por supuesto, pero Copenhague está logrando la mejor nota en este momento.

La capital danesa ha pasado por una transformación radical en los últimos años. Quienes la visitaron hace una década encontraron una ciudad en un estado permanente de semihibernación. Las tiendas cerraban los sábados por la tarde y a lo largo del domingo. La vida nocturna solamente transcurría los viernes y los sábados. ¿Dónde estaban los lugareños? ¿Qué andaban haciendo? (Respuesta: la mayoría, jugando al balonmano o viendo la serie Taggart). Pero no se han revisado solamente los horarios de apertura: se ha producido un cambio de actitud a gran escala entre quienes viven allí. Los habitantes de Copenhague parecen haberse sacudido finalmente su desconfianza luterana hacia los placeres sensoriales y los caprichos; han descubierto la confianza y el entusiasmo hacia lo que su ciudad es capaz de ser.

Royal Smushi Café en Copenhague
(Foto: Álvaro Leiva)
La capital danesa se ha beneficiado de algunos alcaldes proféticos —todos han resultado ser socialdemócratas— que han hecho y siguen haciendo inversiones osadas en infraestructuras (terminales de aeropuertos, metros, superautopistas para bicicletas, parques urbanos y cosas así), desde Jens Kramer Mikkelsen, que lo fue hasta 2004, pasando por Ritt Bjerregaard y el actual Frank Jensen. Pero si hay un hombre que encarna el espíritu de la transformación de Copenhague en una ciudad modélica es el arquitecto Jan Gehl. Fue Gehl quien, ya en los años sesenta, señaló que el funcionalismo era deshumanizador y que, en vez de construir en el cielo, la tarea de los arquitectos era promover la vida en las calles. “Pero no se trata solamente de crear lugares donde la gente se pueda sentar a beber capuchinos”, dice Gehl. “Se trata de algo tan básico como poder encontrarnos los unos con los otros en el espacio público”. Gehl ha sido fundamental en la reducción del tráfico en el centro de la ciudad, una de las claves para crear una ciudad vivible. “Hemos demostrado que al establecer calles peatonales y carriles para bicicletas se puede crear una ciudad agradable en la que permanecer”.

Copenhague es una ciudad de bicicletas. Más de la mitad de la gente que ha de transportarse para ir al trabajo elige las dos ruedas antes que las cuatro, lo cual genera una fantástica nivelación en términos sociales: así es como se mueven desde los ejecutivos hasta las señoras que van de cena. La tendencia es que los ciclistas tengan preferencia, pero los conductores rara vez se sienten parias. La mayoría del tiempo el tráfico fluye; milagrosamente, hay sitio para aparcar.
“Copenhague solía ser una ciudad para pobres”, explica el gurú del diseño Jens Martin Skibsted, de la marca Kibisi. “Esto cambió a base de mejorar sistemáticamente las condiciones para familias con niños. Solían mudarse al extrarradio, pero gracias a la nueva atmósfera amigable hacia los niños se han quedado y han compartido sus riquezas al ir cumpliendo años. Al haber más dinero, se da una mayor cultura y un entorno más atractivo”.
La ciudad disfruta de un nivel sin precedentes de atención internacional. En televisión ponen The Killing y Borgen; arquitectos y artistas como Bjarke Ingels y Olafur Eliasson, y los revolucionarios chefs de la ciudad, han capturado la imaginación de sus colegas de todo el mundo. “Yo antes pensaba que Copenhague era una ciudad pequeña”, dice el chef Christian Puglisi, propietario del restaurante Relæ, galardonado con una estrella Michelin, y del café Manfreds & Vin, ambos en Jægersborggade. “Pero en lo que se refiere a la gastronomía, por ejemplo, nos hemos dado cuenta de que se puede hacer algo importante y de alta calidad que le interese al mundo”.
Ciclistas en el barrio de Vesterbro (Foto: Álvaro Leiva)
Jægersborggade, un lugar a evitar en su día, está atestado ahora de pequeños negocios independientes, cafés y bares, todo gracias a su arrojo inicial, y existen numerosos ejemplos de otras calles así en la ciudad.
Nørrebro, un antiguo barrio obrero, sigue teniendo sus retos, con sus viviendas densamente pobladas —algunas, aunque parezca sorprendente, todavía con baños colectivos en el sótano— y la lucha continua por integrar a su población de diversa procedencia étnica, pero es el lugar al que ir cuando te cansas de la conformidad y pulcritud escandinavas.
En los últimos años, Copenhague ha tenido que lidiar con una mayor cantidad de inmigración interna: ahora es el hogar de aproximadamente un tercio de la población del país. Con sentido común, los urbanistas han ido escalonando el desarrollo que requieren estas nuevas llegadas. Hemos visto que en Sydhavn (el puerto sur) y en la nueva localidad de Ørestad florecen interesantes hoteles, oficinas, viviendas junto al agua y la magnífica sede de la radio nacional, Danmarks Radio. Nordhavn (el puerto norte) está en marcha, con la nueva Ciudad de las Naciones Unidas al fin terminada. Las próximas de la lista en acicalarse son las inspiradoras dársenas militares de Refshaleøen, que ya son sede de una multitud creativa y artística en aumento, y la Fábrica de Carlsberg en Valby. Mientras tanto, en la isla contigua de Amager están construyendo una planta de tratamiento de residuos difícilmente carismática, diseñada por el estudio BIG de Bjarke Ingels. Tiene una pista artificial de esquí en el tejado y, aparentemente, va a echar humo.
Entonces ¿por qué Copenhague no es el número uno de esta lista cada año? Bueno, algunos podrían argumentar que debería serlo, pero algo en particular ha cambiado durante los últimos 12 meses, y no es solamente el nuevo y suntuoso mercado de comida, Torvhallerne. Quizá estemos haciendo una especulación, pero nos parece como si Copenhague hubiese sufrido un cambio de humor. En las últimas elecciones generales los daneses echaron a patadas a los xenófobos de derechas que tanto habían agriado las relaciones internacionales del país y que habían dejado a la capital convertida en un oasis aislado de diversidad y amplitud de miras.
Los lugareños siguen quejándose, por supuesto. Se quejan acerca de las obras de la nueva ampliación del metro que temporalmente se ha hecho con numerosos espacios públicos. Se quejan del tráfico y de las leyes draconianas en relación con las bicicletas (la policía tiene mano dura con los ciclistas), pero, a decir verdad, no tienen mucho sobre lo que refunfuñar.

“Los habitantes de Copenhague son gente muy maja”, afirma el chef Puglisi. “Y la verdad es que aquí hay muy buenas vibraciones actualmente”.

Vistas desde el Diamante Negro, la Biblioteca Real de Copenhague
Foto: Álvaro Leiva
Datos de Copenhague: Población: 560.000 en la ciudad; 1,7 millones en la zona metropolitana. » Vuelos internacionales: 140; 24 son intercontinentales. » Delitos: asesinatos, 9; robos en hogares, 3.748. » Horas de luz: promedio anual, 1.539 horas. » Temperaturas: máxima de media, 22º; mínima, -2º. » Tolerancia: una de las ciudades del mundo más amigables hacia los gays. El matrimonio gay ya es legal en la iglesia danesa. » Puntos de recarga eléctrica para coches: 332. » Tasa de desempleo: 6,6%. » Cultura: 14 cines; entre 70 y 80 galerías de arte; 28 teatros; 58 salas de conciertos. » Librerías: 83. » Zonas verdes: 22,6 kilómetros cuadrados o 42 metros cuadrados por persona. » Principales proyectos: actualmente está en marcha una importante ampliación del metro de la ciudad: se construirá una línea circular alrededor del centro. » Vida en las calles: en los últimos años, Copenhague ha desarrollado realmente sus espacios abiertos, sobre todo a lo largo de los muelles, con la estupenda terraza del teatro Skuespilhus, las praderas de Islandbrygge y la playa de Amager. » Cenar un domingo: a las tiendas se les permite abrir, lo cual ha dado mucha vida al centro. Las reservas de última hora no suponen un problema, salvo que se trate de Noma.
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NIÑA BUSCA VÍCTIMA (LA CAZA)

La caza (Jagten)
Director: Thomas Vinterberg
Guión: Thomas Vinterberg y Tobias Lindholm
Música: Nikolaj Egelund
País: Dinamarca 2012

Una vez más, el cine escandinavo demuestra el vigor que adquiere en la gran pantalla una historia bien escrita (Premio al Mejor Guión de Cine Europeo), con buenos actores y dirigida con la maestría  con la que Thomas Vinterberg ha cogido las riendas de La caza (2012), como ya hizo en su momento con La celebración (1998).
Si en la bucólica Dinamarca, donde sus ciudades y pueblos son exponentes del buen vivir y del civismo, a una niña pequeña se le ocurre decir en voz alta que le ha visto “la colita” a un hombre adulto que trabaja en su colegio, inmediatamente se pone en marcha el protocolo correspondiente tal y como marca la normativa del ayuntamiento (Kommune) en cuestión.
La friendly comunidad donde se desarrolla la trama de la película, un sitio donde todos se respetan (y vigilan), se transforma por completo a partir del comentario de la niña, dejando manar una brutalidad propia de los ancestros vikingos que la Escandinavia contemporánea ha sabido apaciguar a través de la educación, la represión con estilo y por la mutua comprensión absorbida mediante las reglas y los castigos nacidos, más o menos, en paralelo con el crecimiento del mejor Estado de Bienestar del mundo.
La interpretación de Mads Mikkelsen (Premio a Mejor Actor en el Festival de Cine de Cannes) en el papel de adulto (Lucas) señalado por el dedo acusador de una niña crecida en un hogar bastante disfuncional y que padece del mismo trastorno que Jack Nicholson en Mejor… imposible (1997) es, francamente, soberbio.
Una vez más, me rindo sin cortapisa a la manera de trabajar, de hacer cine y teatro, de escribir novelas y poesía, que tienen los nórdicos, siempre fieles a sus antepasados August Strindberg, Ingmar Bergman, Knut Hamsun, Aki Kaurismäki… sin concesiones oportunistas con la intención de agradar a los burgueses de medio pelo que puedan salir espantados si tienen que enfrentarse a una historia que no sea un mero entretenimiento veraniego para seres no-pensantes.

PASEO POR COPENHAGUE

Nyhavn
©Carmen Garrido
He tenido el enorme placer de vivir en Copenhague y nunca, hasta leer la columna de Francisco Javier Irazoki, había descubierto una descripción breve y tan acertada de esa ciudad que ha entrado para siempre en mi vida.
Texto de Francisco Javier Irazoki, en Radio París, para El Cultural (21-09-2012)
Paseo por Copenhague. Según los datos de cultura, paz social, economía y arquitectura, es la urbe del mundo donde mejor viven las personas. Su historia no fue tan idílica. Los siglos XVIII, XIX y XX, con epidemias de peste, guerras y ocupación nazi, la sumieron en caos, pobreza, dictadura. Las dificultades han desembocado en una democracia ciclista para cuerpos fibrosos. Hoy la amabilidad y los gestos civilizados son los deportes nacionales. Esta perfección y el orden limpio podrían resultar insulsos, pero han sido realzados por un espíritu de creatividad. Algunos notorios músicos norteamericanos de jazz se instalaron aquí. El saxofonista Ben Webster, el pianista Kenny Drew o el trompetista Thad Jones contribuyeron a las variedades estéticas. La reapertura del Jazzhus Montmartre, la construcción de una Ópera de acústica afamada y las formas futuristas del distrito Orestad consolidan los entusiasmos artísticos. Desde hace más de cuarenta años, la ciudad tiene también su alternativa libertaria, el barrio Christiania, donde aproximadamente mil habitantes viven sus creencias hippies (aunque descreídos de las drogas duras). Acaso gracias a la influencia de los primeros inconformistas, el paseante disfruta con la proporción justa de automóviles en el reino de las bicicletas. Contra el clima áspero se ha pensado un urbanismo a favor del placer y, con tiempo soleado, los lectores ocupan las sombras de árboles y terrazas. Su afición la limita un ligero aislamiento, porque en las librerías se exhibe insuficiente litera- tura extranjera. En verano, Hamlet, príncipe de Dinamarca, consuma su otra venganza en los grandes parques de Copenhague: el arte de vivir.

EN EL ANDÉN DE VALBY

Estación de Valby, Copenhague
Publicado en Letralia Nº 178
Lo que escribo a continuación me lo contó un amigo, Henrik Clausen.
Cuando lo conocí, sus ojos chiquitos y acuosos me transmitieron curiosidad. Detrás de aquella mirada tenía que haber o bien un hombre sin nada que mostrar o uno con mucho que ocultar.
Un día de comienzos de febrero, cuando cayó la noche temprana, fuimos juntos hasta el barrio libre de Christiania.  Después de muchas cervezas y un par de porros me narró una historia que, según afirmó, le había ocurrido a un amigo de él treinta años antes. Se trataba, como en el caso del mismo Henrik, de un chico llegado a Copenhague procedente de un pueblo perdido en los confines de la península de Jutlandia.
Una tarde gris de domingo de 1972, el muchacho en cuestión se montó al tren en la estación de København H. Se sentó y mantuvo la mirada fija en el cristal, viéndose a sí mismo reflejado en el vidrio, con el flequillo hacia un lado y los ojos claros y diminutos.
Dicen que ha muerto el rey, oyó que alguien le susurraba cerca del oído, pero no prestó atención.
Un gran dolor lo apenaba tanto que no ha podido seguir viviendo, volvió a insistir la misma vocecita aguda y susurrante.
Miró hacia la izquierda y una mujer pequeña y totalmente calva, vestida de negro, lo observaba.
¿De qué me habla, señora?, le preguntó el amigo de Henrik.
Ella abrió los ojos, como si le estuviese preguntando una obviedad, algo conocido por todos. Sacudió reiteradas veces la cabeza, sin comprender la estúpida pregunta del otro y se volteó hacia el pasillo, evidentemente molesta.
El tren se detuvo en la estación de Enghave. Descendieron dos chicas con sus bicicletas. En la siguiente parada debía bajarse el amigo de Henrik.
Se puso de pie y se aferró al travesaño de hierro.
Tenga cuidado, los secretos de la Corte danesa son muchos y no faltan los peligrosos. La mujer se había puesto de pie a su lado y le hablaba de puntillas, acercándose tanto como podía a su oreja.
Las puertas se abrieron. El joven sintió el aire helado que corría por la estación desnuda y se dejó envolver con su abrazo. Respiró hondo y continuó la marcha hasta el final del andén. No había nadie allí, las taquillas ya habían cerrado y el estanco también. Volteó la cabeza hacia atrás. Sentía que el corazón le palpitaba a mucha velocidad y las piernas le temblaban de miedo. Quitó el hielo acumulado en un banco y esperó sentado, contemplando las vías que se perdían en la niebla y el portal de su piso, que se hallaba cruzando la calle. Trató de serenarse, de calmar la taquicardia.
Sintió las manos agarrotadas y se las llevó a los bolsillos.
La imagen en sombra de la misma cabeza calva se fue acercando con lentitud y le heló el cuerpo. Se dio vuelta y allí estaba, mirándole directamente a los ojos celestes y pequeños.
No tema, pero cuídese.
¿Usted quién es?
La mujer se limitó a sonreír. Una sonrisa que se fue apagando hasta desaparecer.
La noche de Valby olía agridulce.
El amigo de Henrik cruzó la calle y entró en su casa. Subió las escaleras y se asomó a la ventana. Miró hacia el andén de la estación. La mujer del tren estaba tendida en el suelo junto al banco del andén y debajo del reflector de luz, con el cuerpo yaciendo sobre una mancha oscura.
El muchacho se llevó una mano al pecho con el puño cerrado y se miró la otra mano, la que empuñaba una navaja. Tenía los dedos moteados y el abrigo salpicado de puntos rojos.
Henrik Clausen pidió otra cerveza y enmudeció. Tenía alrededor de cincuenta años, con más papada blanda, menos cabello y los mismos ojos celestes, pequeños y acuosos que durante mucho tiempo me habían intrigado.

ANOCHECER EN EL BÓSFORO

Bósforo
Foto: Carmen Garrido

Henrik Nordbrandt (Copenhague 1945)
Del poemario: Nuestro amor es como Bizancio
DeBolsillo 2010
ISBN 978-84-9908-187-8
Premio del Consejo Nórdico de Literatura 2010

La tarde entra en su autoencendimiento

y de repente todos los rostros surgen
a un tiempo oscuros y opacamente relucientes
como profundos cortes en un feldespato
que una vez le regaló el amante
a su novia ahora quemada o ahogada
en cuyos sueños nos vemos como muertos
remeros enjaulados en negras cuadernas
en una galera hundida, desmantelada.
A Estambul eternamente, por lo que ella sabe