Destino

DESEO

‘The King’ by Erwin Olaf

De inmediato el padre se apea de la madre… El niño aparenta no haber comprendido nada, aunque él mismo es un consumidor, que ya elige y goza cada vez que consigue liberarse del yugo del violín.

Los sectores más conservadores de Austria no han tenido ningún empacho en calificar con vistosos rombos ardiendo un poético y maravilloso canto como es Deseo (Destino 2006), en el que la voz la emiten los sexos.

La bellísima pluma de la escritora y dramaturga Elfriede Jelinek (Premio Nobel de Literatura 2004) no sólo pone en pie, en una coral de metáforas e imágenes, la apetencia sexual desmedida de un hombre por su mujer y la relación de ésta con su joven amante, sino que dibuja un retrato turbio acerca del poder, algunas veces sutil y otras despiadado, que se entabla en una relación por medio de la carne y a través de la hipocresía que le permite a la oronda sociedad burguesa esconder sus negruras.

En Deseo está presente la furia incontenible del sexo joven encargado de despertar las entrañas adormiladas de la esposa y madre. Gerti se abre, se humilla y se deja arrastrar sobre su propia mancha húmeda, mientras recibe una invitación a golpear su frente sobre el abdomen fresco y terso del estudiante.

Y la furia dominante del sexo viejo que manda en Gerti con la misma contundencia que lo hace sobre las vidas de los obreros de su fábrica y de sus familias. Él empuña sus genitales con determinación y vigor obligando a su mujer a que lo acompañe en el desahogo y así evitar la muerte en soledad. Mientras tanto, el pequeño abandona el violín sobre la cama y apoya un ojo en la raja de la cerradura.

¿Dónde está la cama a la que entren sedientos y de la que salgan consolados?

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MOUAWAD O LA EYACULACIÓN DE LA SANGRE



Primero fue el rojo. Mirase adonde mirase, no veía más que rojo. Rojo era el mundo de los humanos. Siempre rojo. Para siempre rojo. Después una explosión de colores y de selva… Un coro de “voces” de felinos, perros, pájaros, insectos, peces… se alzan con la narración de esta particular novela del autor libanés afincado en Canadá, Wajdi Mouawad. Visiones diferentes desde ángulos variados: un ratón en su escondrijo, un gato aterrado por un asesinato salvaje, perros feroces como el propio nombre árabe del protagonista…

En Ánima (Destino 2014), Wahhch Debch busca a Welson Wolf Rooney, al asesino de su mujer. Le dio cinco cuchilladas, una de ellas en el vientre. En el abdomen. Una raja. Una raja en el abdomen. Una vagina. La violó por la raja. Eyaculó en la raja. Luego se fue. Dejó el cuchillo en el vientre, clavado en el feto. Y empieza la persecución que lo lleva a adentrarse más y más en la espesura del dolor que lo conducirá a su atroz origen en la masacre de Sabra y Chatila, Guerra del Líbano, año 1982. Un regreso inesperado de almas que penan en el purgatorio, una vuelta a las ánimas, donde todo arde, donde las pieles y las entrañas son devoradas hasta que queda, sólo, la osamenta. El calor y la muerte. El dolor del pasado que resurge como una catarata a partir de la rudeza del presente.
El canis lupus familiaris, uno de los personajes-narradores de la historia, ve en los ojos del protagonista el fatídico quiebre vital: supe que ese hombre había unido hacía tiempo, de un modo que sólo él conoce, su destino al de las bestias. Debch convertido en ánima errante en pos de la gloria indispensable que todo lo limpia.



Ánima de Wajdi Mouawad



Mouawad, dramaturgo consagrado con la tetralogía La sangre de las promesas (Littoral, Incendies, Forêts y Ciels) clava el puñal con gran maestría y mete a los personajes en el fango y en la brutalidad en un Via Crucis cuyas estaciones (pequeños pueblos desérticos de Estados Unidos) llevan nombres como Cairo, Lebanon, Carthage, Jerusalem Road, Thebes… sitios que nacieron de la palabra de Dios sin saber que éste les daría la espalda en cuanto que nacieran.

El riquísimo vocabulario de Mouawad y el carrusel de imágenes crecen a medida que la historia original de la novela va dejando paso a la máxima obsesión del escritor: la Guerra del Líbano, por la que él y su familia tuvieron que huir a Francia en 1977.

Como siempre, leer a Wajdi Mouawad o ver sus puestas en escena es una experiencia única, un golpe directo al estómago y una sacudida de cabeza.

UNA REINA EN EL ESTRADO




Una reina en el estrado
Hilary Mantel
Editorial Destino
ISBN: 9788423345861
Año: 2013

Como en casi todas las historias inglesas en las que hay castillos y nobles, los fantasmas cohabitan con los vivos. Thomas Cromwell, un símil de Primer Ministro de hace quinientos años, era consciente de ello, por ser inglés y por conocer cada una de las decisiones que se tomaban en el gobierno del octavo Enrique, el Tudor más famoso de la Historia.

Al caer la noche en Austin Friars, Cromwell oye los golpes de cerrojos, los tintineos de llaves en las cerraduras, el resonar de cadenas de los postigos y la tranca baja que cierra la pierta principal y cuando la casa está tranquila (cuando todas sus casas están tranquilas) entonces andan los muertos por las escaleras.

Una reina en el estrado, best-seller de la británica Hilary Mantel (dos veces Premio Man Booker), es una historia de muertos, como bien lo sabemos quienes, alguna vez, nos hemos asomado a la sangrienta Historia del siglo XVI, período de las guerras religiosas en Europa, centuria de lealtades y traiciones, de encarnizadas luchas de fe, de alianzas matrimoniales paridas en estratégicos juegos de equilibrio por las Cortes católicas y protestantes del continentes.


Enrique VIII y Ana Bolena
Arthur Hopkins

Mantel, a través de este libro y de los ojos y pensamientos de Cromwell, personaje protagonista de la novela, conduce con agilidad la historia que narra la vida de Ana Bolena desde su ascenso a lo más alto, cuando se casa con el rey Enrique VIII una vez desplazada Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos y sobrina del Emperador Carlos V), hasta su caída poco tiempo más tarde.

La narrativa de Mantel me ha hecho recordar a la del historiador francés Michel Duchein quien, desde mi punto de vista, ha escrito dos biografías interesantísimas sobre Isabel I (la hija anglicana de Enrique VIII y Ana Bolena) y sobre María Estuardo, prima escocesa de la soberana inglesa y madre del primer Estuardo en el Trono de Londres.

Conocemos el final de esta historia que aborda Una reina en el estrado, pero, así y todo, no deja de ser angustioso para el lector que “acompaña” a Ana Bolena desde la Torre (donde estaba encarcelada) hasta el patíbulo. Por primera en Inglaterra se presenciaba la ejecución de una reina consorte y el pueblo (que seguía siendo leal a la reina española, Catalina de Aragón) vive el momento como un espectáculo. Thomas Cromwell, el hábil tripulante de los hechos desde el mismísimo momento en que Enrique VIII le ordena que ponga en marcha la maquinaria del Estado para acabar con su segundo matrimonio, en vistas del tercero con Jane Seymour, también observa la solemne procesión que se acerca por Coldharbour Gate al tiempo que alecciona a su joven hijo, remiso a ver cómo decapitan a una mujer: Yo estaré a tu lado para demostrarte que puedes. No necesitas mirar. Cuando el alma pase, nos arrodillamos y bajamos los ojos y rezamos.

El protocolo funciona con suma precisión. Al cortejo lo encabeza la ciudad de Londres, representada por sus funcionarios y concejales, y le sigue la guardia. En medio va la reina Ana con sus mujeres veladas, para que en el futuro ni sus maridos ni sus pretendientes las asocien con el trabajo de aquella mañana de verano de 1536, para no quedar asociadas de por vida a la Muerte. Caminan lentamente hasta la última estación, donde aguardan el verdugo, que ha venido de Calais por orden del rey, y la espada que descansa sobre la paja.

Ana Bolena en la Torre
Edouard Cibet
Thomas Cromwell sobrevuela toda la novela como un fantasma inglés, sutil, siempre presente, diplomáticamente esquivo, servil si hace falta, un personaje increíble como tal, un plebeyo entre duques que se balancea entre su presente de lealtad al rey y su pasado de ascenso a las alturas de la mano de la propia Ana Bolena. Lealtad y traición se confunden en la Corte de Enrique VIII, porque lo más urgente siempre es sobrevivir. Cambia de mano el Poder en Inglaterra, de los Bolena a los Seymour, y Cromwell manipula para no caer en el vacío.
Cuando los criados echan los cerrojos en Austin Friars (y en todas sus propiedades), cuando Cromwell está a solas en espacios privados es donde él piensa en su esposa Elizabeth (muerta). Es una mancha desdibujada ya en su mente, un movimiento brusco de faldas doblando una esquina, tal vez la esquina de una de las escaleras de alguna de sus casas.

Jesús Ruiz Mantilla entrevista a Hilary Mantel: “Me da vergüenza el Gobierno de Cameron”