David Vann

CARIBOU ISLAND

David Vann
Foto: Peter Lyons para Esquire
 
El temporal venía de un lugar más frío, un otoño prematuro que anticipaba un invierno prematuro. El mar de Bering una presencia agobiante, el Ártico invisible pero cercano. Las hojas estaban mudando de color y todavía era septiembre. Los álamos temblones ahora amarillos y dorados.
 
La transición había comenzado sin que los implicados fueran conscientes de ello. O sí, en algunos casos. Los cambios empiezan a gestarse bastante antes de lo que los afectados creen que comienza. En Caribou Island (Literatura Mondadori) los personajes que crea David Vann están inmersos en un torbellino de transformaciones vitales, envueltos por la seducción o el agobio un entorno capaz de adormecer y aplastar por su majestuosidad natural: Alaska.
Una cabaña en la isla Caribou, Alaska
Gary se obceca en la construcción de una cabaña rústica en la isla de Caribou, un sitio donde no vive ningún otro ser humano, conectado al resto de la “civilización” a través de un lago encrespado algunas veces o helado las siguientes. Un lugar que no fue concebido para ser el hogar de ellos dos, sino el final del viaje. Allí ha decidido que debe seguir con su vida y allí le tiene que acompañar su mujer, Irene, temerosa de que una negativa ahonde aún más la soledad que siente desde pequeña.
 
En medio de ambos se encuentra Rhoda, la hija afligida por la relación de unos padres que, probablemente, jamás se han querido, una mujer adaptada al sitio y que prefiere no ver nada de lo que se cuece a su alrededor con tal de casarse en una playa tibia de Hawaii.
 
Carobou Island, como la anterior Sukkwan Island, es David Vann, son tragedias que empujan a la destrucción. David Vann escribe literatura de altos vuelos, de esa que nos hemos desacostumbrado a tener delnte de los ojos “porque bastante dura ya es la vida”, las novelas de este autor, nacido en la isla de Adak e iluminado por una reseña en el New York Times, no se leen en chanclas y se caracterizan por una narración exquisita, por momentos lenta, que alimenta al lector para ofrecerle los manjares de las sorpresas que tendrá que afrontar y, entonces, vivirá los efectos de la sobredosis. El universo Vann no es amable, ni conformista, no se desarrolla en sitios fáciles y, seguramente, la temática nos afecta y molesta porque, independientemente del lugar donde se asientan sus historias, todos podemos mirarnos en un espejo agrietado. Al fin y al cabo, como en esta novela de Vann: Al día siguiente tratarían de que todo encajara mejor.
 
Caribou Island
David Vann (Alak, Alaska)
Literatura Mondadori
ISBN: 978-84-397-2422-3
Año: 2011

 

And he’s off. But not for long, por David Vann para Esquire

SUKKWAN ISLAND

David Vann (Alaska, 1966)
© David Delaporte
Lo había leído en alguna parte: las novelas de David Vann son muy buenas, duras, pero excelentes.
Hace un par de semanas, comiendo con la escritora María Tena, escuché lo mismo de su boca y entonces fue cuando pensé que ya era el momento de “lanzarme a los brazos” del universo literario Vann. Ahora estoy segudo de que haber leído Sukkwan Island (Ediciones Alfabia) ha sido de las mejores y más placenteras decisiones de la semana.
Ediciones Alfabia
ISBN 978-84-937943-2-3
Pags. 210

La fuerza arrolladora de la naturaleza de Alaska me condujeron al encierro, al aislamiento en la isla de Sukkwan con dos personajes peculiares: Jim Fenn, el padre, y Roy Fenn, el hijo de trece años que ha cedido a la solicitud del primero y ha dejado a su madre, hermana y amigos en California y se ha trasladado a pasar una temporada con Jim (James Edwin, como el padre del autor) en una isla en medio de la nada en el estado de Alaska donde todo está por construirse, incluso o, sobre todo, la relación paterno-filial que ha sido desmigajada desde que sus padres se divorciaron cuando Roy era un niño. 


Roy observaba a su padre todo el tiempo y no veía ninguna grieta en la cáscara de su desesperación. Su padre se había vuelto insensible. Y luego Roy llegó un día después de una excursión que había hecho solo y encontró a su padre sentado ante el aparato de radio con la pistola en la mano.

Las primeras 125 páginas de Sukkwan Island son de inmersión en ese mundo extramadamente duro que construye David Vann: la propia naturaleza agreste e indómita, la preocupación por sobrevivir en un medio hostil al que hay que sumarle la propia y compleja psicología de unos personajes enjaulados en sus pensamientos e incapaces de relacionarse entre sí. No veían nada por la ventana, salvo la lluvia y el granizo y a veces la nieve que caían en ángulos que cambiaban constantemente.
Todo plan para salvar una relación, la que sea, puede ser bueno, pero es difícil que resulte si no se abandonan las propias aspiraciones en pro de las aspiraciones conjuntas, sin ser capaces de escuchar las necesidades de la otra parte. Algo de esto ocurre en esta gran obra de Vann quien, a su vez, atrapa al lector con los giros inesperados y desconcertantes propios de alguien que continúa el legado de compatriotas tan grandes como William Faulkner y Cormac McCarthy.