Culturamas Cine

ANDREA JAURRIETA BARIAIN: ”Soy hija de la burbuja inmobiliaria”

Fotos  gentileza de Andrea Jaurrieta
 Para Culturamas




Andrea Jaurrieta Bariain dirigiendo
El Café del Príncipe es un sitio clásico de Madrid, como las películas que prefiere ver Andrea Jaurrieta Bariain, lucha con tesón por conseguir abrirse un merecido hueco entre quienes conforman la nueva generación de cineastas españoles, entre quienes ambicionan proyectar historias a través de la lente, repitiendo planos y contra planos en una sucesión infinita de tomas, buscando la perfección y haciendo de la pasión su profesión.

Andrea Jaurrieta nació en Pamplona en 1986, además de directora de cine, es actriz, guionista y fotógrafa. En 2010 obtuvo una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores para vivir un año, el que ella considera como la mejor experiencia de su vida, en la Real Academia de España en Roma. Allí, Jaurrieta ha desarrollado su proyecto de largometraje titulado Ana de día, película en la que la Ciudad Eterna es la ambientación de la obra y la viva inspiración de la artista. Admiradora de los grandes creadores del cine italiano (Roberto Rosselini, Vittorio De Sica, Federico Fellini…) que parieron tantas joyas en la via Tuscolana, en los estudios de Cinecittà, a la directora navarra se le escapa un gesto de amargura al recordar el lamentable declive de aquella histórica cinematografía que hoy ha sucumbido a la berlusconización de la cultura en Italia.

Andrea Jaurrieta tiene una manera de hablar directa, es sincera en sus expresiones que salpica con una risa contagiosa. Todavía no sabe por donde va a seguir desarrollando su carrera. No descarta ningún lugar, puede llegar a ser Madrid, una ciudad que califica de acogedora e interesante, con una oferta cultural buena y variada, o puede que regrese a Roma o a Barcelona o, incluso, en ton de broma iría a Sebastopol si allí pudiera hacer sus películas.

 

Se habla mucho del buen momento que atraviesa el teatro en España. ¿Cuál es el diagnóstico que haría para el cine?

Soy muy pesimista, es muy triste pero va muy poca gente al cine. Creo que con el tiempo van a ir cambiando los medios de exhibición. Poco a poco, hay que concienciar a la gente de que el hecho de descargar películas afecta a la industria, porque el cine da trabajo a mucha gente, a verdaderos profesionales apasionados de lo que hacen. En cambio, el teatro, al ser en vivo, tiene ese plus que le proporciona ventajas por sobre el cine. Eso no quita que se hagan y que se sigan haciendo cosas interesantes.
Tiempos de crisis, fin de las subvenciones (aunque en Navarra la realidad sea algo diferente). ¿Drama griego u oportunidad para desarrollar la creatividad en absoluta libertad?

Las quitas de las subvenciones son perjudiciales en la medida en que el sistema estaba muy hecho para recibirlas. Ahora toca cambiar la mentalidad. Mientras tanto, va a ser muy difícil que se apueste por nuevas gentes, por gente desconocida, porque las subvenciones que en otros momentos podían ir para ellos ya no existen más. Tendremos que imaginarnos nuevas formas de sacar adelante los proyectos, porque antes, hace muchos años, no había subvenciones y se hacía cine. Elías Querejeta, por ejemplo, apostó a muerte por directores alternativos y por gente que arriesgaba. Ahora bien, si alguien crea con la finalidad de conseguir subvenciones está jodido, pero si lo hace porque quiere contar una historia seguramente le va a ir bien.
¿Para que un proyecto cinematográfico funcione tiene que contar en el reparto con actores y actrices consagrados por la televisión?

No. (Ríe). Y en mis películas no va a haber nadie consagrado de la tele.

Muchas veces se ha dicho que es una exigencia de las productoras porque les asegura espectadores.

No lo sé, probablemente. Puede que sea como en el teatro, donde hay mucha gente de la televisión. No tengo nada en contra de la gente que viene de la televisión, porque hay de todo, pero sí tengo claro que el perfil de cachitas hipermusculado y depilado no le aporta nada a mis películas. Lo mismo pasa con una actriz muy guapa y que no sabe hablar, si no sabe hablar no me interesa, porque cuando busco una actriz o un actor necesito a alguien que exprese. Uno de los condicionantes con los que me topé cuando estaba haciendo teatro e iba a los castings era siempre el mismo: chico guapo, chica guapa. Y es muy duro cuando te das cuenta de que no cumples los cánones que buscan y que te tienes que conformar con la prostitutita o la graciosilla de relleno. Lo que creo es que el trabajo del actor se acaba banalizando un poco.

¿Está de acuerdo en que una de las carencias del cine español sean los guionistas profesionales?

Manuel Lombardero, director de cine y uno de los mejores profesores que he tenido este año en el Máster de Dirección Cinematográfica de la ESCAC, en Barcelona, me decía que en España nos fijamos demasiado en los guiones, que buscamos historias muy cerradas y dejamos poco espacio a la experimentación. Sí creo que los directores tendemos a escribir nuestros propios guiones, aunque yo estaría dispuesta a dirigir un texto ajeno. Además, cuando termine de escribir el guión del largometraje Ana de día, necesitaré un guionista que lo vea, lo corrija y me diga cosas para mejorarlo. Me parece que el problema en España no es tanto de los guionistas, sino de que en el cine español no se arriesga.

¿Se refiere a los productores?

Sí. En televisión, en cine…

¿Apuestan por lo conocido?

En realidad, van siempre tarde. Se ve mucho en televisión. Cuando en Estados Unidos triunfan series que están muy bien, que todo el mundo las está viendo por internet, aquí se siguen haciendo las mismas temáticas repetidas de siempre: de familias o de adolescentes. Si uno va con una película más o menos acabada, empiezan a preguntar para qué público va dirigida y una serie de cuestiones que acaban coartando. Ojalá que con el surgimiento de nuevas productoras, estas prácticas cambien.
Usted obtuvo una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores para una estancia de casi un año en la Real Academia de Artes de España en Roma. ¿Cómo resultó la experiencia?

De lo mejor que me ha pasado en la vida. La posibilidad de compartir una experiencia como esa, en una ciudad como Roma, con artistas de diferentes disciplinas es un aprendizaje increíble. En Roma estuve escribiendo el guión de mi primer largometraje Ana de día.

Y de Roma a Barcelona, concretamente a la ESCAC, la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya.

La perspectiva al volver a España era regresar a Madrid y continuar con las compañías pequeñas de teatro, como había estado haciendo hasta que me marché a Italia, o intentar sacar adelante un proyecto de un año, algo más ambicioso. El sitio que más me interesaba era la ESCAC por el nivel que tiene y por las películas que se hacen allí. Además, el estar asociada a una productora como Escándalo Films resulta muy interesante. Así fue como me decidí por el Máster de Dirección Cinematográfica y me fui a Barcelona con una ayuda del Gobierno de Navarra.

¿En qué consistían las prácticas del Máster de la ESCAC?

En hacer dos cortometrajes y si todo iba bien lo elegían para que fuera producido por Escándalo Films. Aunque el trabajo que presenté como final quedó en cuarto lugar, una de las personas importantes de la productora se interesó por lo que hago y, aunque me dijo que no volviera a rodar el corto, yo sí quiero hacerlo.

Alguna vez ha expresado en voz alta que le gustaría dirigir su película e, incluso, interpretarla. ¿Sigue pensando lo mismo?

Me encantaría dirigir e interpretar una película mía, claro que sí, hay mucha gente que lo ha hecho. El objetivo en un principio era ese y como no me salían cosas interesantes me puse a escribir el guión. La madurez te hace ser más prudente en estas cosas y, ahora mismo, sé que es imposible. Una de las cosas que me suceden como actriz, es que me veo en la pantalla y no me gusto. Si a eso le añado la dirección, con lo que soy de perfeccionista, acabaría haciendo infinitas tomas hasta conseguir el resultado óptimo.
Aunque no tenemos mucha cultura del cortometraje, ¿cree que es más fácil exhibir los cortos?

Es más fácil hacerlos, porque es más sencillo y cuesta menos dinero, empezando por el hecho de que nadie cobra, ni siquiera los actores muy reconocidos. En todo caso los que cobran son los “eléctricos”.
Entiendo que los técnicos son un tema aparte.

(Ríe) Con ellos he tenido buenas y malas experiencias.
Los años dirán es un cortometraje por momentos desesperante por la tesitura en la que sitúa a la protagonista: el futuro que ve hacia delante no le convence del todo y tiene que decidir si sigue o si huye en otra dirección.

Sí, es eso lo que quería contar. Y si bien estoy contenta con el resultado, quiero volverlo a rodar con la misma actriz, Carla de Otero, y que quede tal como pretendo, soy consciente de que los personajes necesitan una mayor profundidad.

 

¿En 2011 también escribió el guión y dirigió el cortometraje A pleno sol?

Es una historia muy cerrada y con buenos actores como Cristina Gámiz, Jorge-Yamam Serrano y Blas Caballero. Por cierto, en septiembre, A pleno sol se podrá ver en Brooklyn, Nueva York, porque ha sido seleccionado por Cinema Club. Me hace muy feliz que el cortometraje empiece a andar. Lo estoy moviendo, porque hasta ahora no me atrevía mucho.

¿Por qué? ¿Pudor de artista o excesivo perfeccionismo?

Ambas cosas. Me pasé mucho tiempo sin poder enseñar mis trabajos. Cuando llegué a la Academia en Roma vi que todo el mundo enseñaba lo que hacía, pero a mí me daba vergüenza y pensaba “pero si soy una principiante”… En ese sentido, Roma también me ayudó, porque terminé siendo consciente de que vivir de este trabajo es mostrarlo y confiar mucho en uno mismo. Me quité muchos pudores de encima…
¿Usted es de las que se castiga mucho cuando no consigue exactamente lo que se había propuesto?

Soy de darme muchísimo con el látigo. Hay veces en las que me vuelvo un poco loca, creo que como le sucede a todos los que estamos en esto. En la sala de edición de las películas puedo poner muy nerviosos a los que me rodean buscando la perfección. Quizás es por eso que antes no me atrevía a enseñar lo que hacía.

 

En su web de fotografías deja entrever una cierta obsesión por el hormigón, escenario que también usa en Los años dirán. ¿Qué es lo que ve en los espacios en construcción?

Me gusta mucho la arquitectura y si algún día triunfo como directora haré un documental sólo de edificios. Me gusta el hormigón y las periferias, en realidad me gustan todos los espacios cutres, lo kitsch. Nací en una ciudad dormitorio y con el hormigón como paisaje y todo eso me seduce. Soy hija de la burbuja inmobiliaria.
¿Hay algo metafórico en las fotos que hace de las periferias urbanas?

La verdad es que no lo pienso, hago las fotos porque me apetece hacerlas, veo algo y lo quiero mostrar, de la misma manera que cuando poso porque no tengo en ese momento a un modelo que lo haga. Es una necesidad, no tiene una razón y me pasa mucho cuando voy andando por las calles y veo edificios que me llaman la atención, es algo inconsciente. Ahora, por ejemplo, me han seleccionado unas fotografías dentro de la bienal Pamplona Jóvenes Artistasque se van a exponer en la Sala de Armas de la Ciudadela, en Pamplona, del 19 de julio al 26 de agosto.

¿En qué está trabajando actualmente?

En mil cosas a la vez. He retomado la estructura de Ana de díay estoy analizando lo que he hecho hasta ahora. Luego estoy con un proyecto de videoarte y, lamentablemente, al teatro lo tengo un poco aparcado, proyectos iniciados pero sin punto y final. Me suele ocurrir que, de repente, revolviendo en mis cosas, encuentro un esbozo que hice en 2004 y me doy cuenta de que está relacionado con algo que he hecho tiempo después, pero sin haber sido consciente. Tiene que ver con la creación o la gestación en silencio y hasta inconsciente.

¿Cuáles son sus referentes de la nueva generación de directores de cine en España?

Me quedo con los que tienen un lenguaje personal y un riesgo en cada película que hacen. Le doy cuatro ejemplos: Carlos Saura, ¡Ay, Carmela! (1990) me marcó la infancia. Agustí Villaronga me cautivó en Pa Negre (2010) y eso que las películas de guerra me han llegado a cansar un poco. De la generación anterior, Félix Viscarret y su Bajo las estrellas (2007). También las dos primeras películas de Cesc Gay. Y me gustó mucho una película independiente llamada Yo (2007), de Rafa Cortés… Y de los más jóvenes, me encantó por su sencillez la película de Jonás Trueba Todas las canciones hablan de mí (2010). Por último, mis grandes maestros: Pedro Almodóvar es Dios, aunque las dos últimas películas no me hayan gustado mucho, y me encantaría retroceder en el tiempo para conocer a Rafael Azcona, sin duda se trata del mejor guionista del mundo, junto a I.A.L. Diamond.
En cuanto a actores y actrices, ¿a quién le gustaría dirigir?

Descubrí a Cristina Gámiz que, como ya he mencionado, es con quien grabé A pleno sol. Aluciné con ella, es una gran profesional, una excelente actriz tanto de cine como de teatro. De los consagrados, tengo pasión por Bárbara Lennie que la vi en teatro en La función por hacer, y Raúl Arévalo que es otro de los actores que me gustan mucho. Pero ambas menciones son a modo de ejemplo, porque la verdad es que cada papel tiene un perfil diferente y un actor perfecto para encarnarlo y que hay muchos por descubrir, como he descubierto a mis actores de los dos últimos cortos, que son maravillosos y no los conocía antes.

Muchos directores han llegado a tener una muy mala fama por ser tiránicos. ¿Cómo actriz ha sentido el miedo al director?

Existe la inseguridad respecto al director. La inseguridad propia de pensar “no sé si estoy dando lo que él quiere”. Un actor se juzga continuamente y cuando se es director se está a expensas de los actores. Lo importante es que haya buena comunicación entre las partes y dejarse llevar. Los directores en realidad estamos acojonados… En los rodajes intento que exista algo de gran familia entre quienes conformamos el proyecto, sencillamente porque pasamos muchas horas juntos y no nos podemos permitir trabajar con mal rollo.

Para terminar, aunque me hubiera gustado que fuese de otro modo, tengo que preguntarle su opinión acerca de las medidas que acaba de anunciar el Gobierno. Entre muchas otras, todas de un verdadero estrangulamiento del consumo y del crecimiento, se destaca la subida del IVA al 21%, incluso para la actividad cultural que era de un 8%.

Me entran ganas de llorar. Creo que estamos gobernados por un grupo deshumanizado al que la cultura no le importa. Corremos el riesgo de que a toda una generación le quede un solo camino y muy a nuestro pesar: el exilio. Hay más de un cincuenta por ciento de desempleo juvenil, en el que me incluyo, y tan sólo nos ofrecen la posibilidad de ser becariossin remuneración. O, por no podernos sustentar, nos vemos obligados a seguir viviendo de unos padres a los que, de pronto, les bajan salarios y les quitan pagas extras al tiempo que suben los precio de casi todos los bienes y servicios… Estamos cayendo en un pozo del que nos será muy difícil salir y nadie se hace responsable de que hayamos llegado a esta situación. Alguien nos dice “que les jodan” y no tiene consecuencias. Roban en nuestra cara y nadie les pide cuentas. Siento que en ellos hay una sensación belicista, de venganza, de odio a su propio pueblo que no puedo entender. Y me duele. El cine estaba herido de muerte, pero con esto nos han dado un nicho en el cementerio. Peor aún, nos abandonan en la fosa común. Como a los perros. Y no sólo al cine, sino a la cultura en general. Yo no voy a poder pagar por una entrada de cine y el cine es mi pasión y mi profesión. ¿Cómo voy a pretender que se hagan películas? Nadie va a llenar las salas. Sacan leyes antipiratería y después nos meten en un callejón sin salida… Quiero ver algo positivo y sólo veo crueldad y saña y mucha tristeza. Como dijo Miguel de Unamuno: me duele España.

 

Malos tiempos para las buenas artes y malas artes políticas en tiempos de dolor. Malos tiempos para que la nueva generación de artistas puedan abrirse camino a través de su pasión, mediante los trabajos que alimentan las ilusiones, que hacen la vida más llevadera, que crean magia y, por si eso no bastara, intentan mantener en pie a una de las industrias españolas que ha entrando en el último tercio de la corrida. Los hombres de negro no van a venir, dijo alguien con voz nasal, ocultando que los enterradores de Hamlet ya estaban en España.

No todo está perdido. Como en el propio Hamlet, de William Shakespeare, los politicastros se envenenan entre ellos mientras que los cómicos sobreviven y continúan con su arte. Andrea Jaurriera es una artista llena de proyectos, con mucha energía y muchas ganas de enseñarnos las historias que nacen de esa necesidad imparable de comunicar, de decir lo que siente, de transmitir y de que ningún administrador de la cosa pública le arrebate los sueños, porque los sueños, sueños son.

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BENITO ZAMBRANO: "Entiendo el cine como una manera de reflexionar, como algo que va más allá del puro entretenimiento"


Por Daniel Dimeco
Para Culturamas Cine

En La voz dormida (2011), película basada en la novela homónima de Dulce Chacón, el director y guionista lebrijano, Benito Zambrano, desgrana las entrañas de las franquistas cárceles de mujeres con su ya clásica particularidad: una mezcla de emoción y dureza, dando forma mediante imágenes en clarooscuro a una particular historia del final de la Guerra Civil española. Los rencores y secuelas de esa guerra fratricida en un país anclado en la pobreza y la venganza, donde muchas mujeres peregrinaron por la cárcel de Ventas con la daga de la ejecución sobre sus cabezas son el epicentro de esta producción que nos ha revelado la forma de vida y el carácter de toda una generación femenina.

La idea de convertir la novela en un guión cinematográfico, según declaraciones del propio Zambrano, se remonta a hace ocho años, cuando estaba rodando Habana blues (2005). A partir de entonces, empieza el trabajo de documentación que ha terminado en esta obra, preseleccionada para representar a España en los Oscars de la Academia de Hollywood y que el próximo 19 de febrero competirá en nueve nominaciones a los Premios Goya 2012 (Mejor Película y Mejor Dirección entre otras). Además, la actriz sevillana María León se alzó en septiembre pasado con la Concha de Plata a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de San Sebastián 2011.

Benito Zambrano, eterno sufridor del Club Betis, me recibe en su luminoso piso madrileño, el pied-à-terre que posee cuando no está en su Lebrija natal, origen que comparte con Fray Antonio de Nebrija. El cartel que el año pasado anunciaba el estreno de La voz dormida descansa apoyado contra una pared, los ojos de los protagonistas me miran y siento que inicio la entrevista con todo elenco.

Cada retorno de Benito Zambrano a las pantallas cinematográficas suelen ser celebrados por los espectadores, quienes acuden al cine sabiendo que van a emocionarse. ¿Está conforme con los resultados que ha obtenido hasta ahora La voz dormida?

Con la película en sí estoy feliz, aunque uno no está satisfecho del todo si no ve que los resultados, en todos los órdenes, son los que esperaba. No me puedo sentir bien si la cantidad de espectadores es menor de la que teníamos prevista porque ello supone que todos, incluidos los productores, ganen lo suyo o al menos recuperen lo invertido. Nosotros contábamos con acercarnos a la cantidad de espectadores que en su momento vieron Solas (1999), pero eso no ha sido posible.

Desde algunos medios se ha criticado mucho la temática de la película… Volver a tocar el tema de la Guerra Civil parece ser que no ha caído del todo bien.


Es verdad, ha habido muchas críticas al respecto. Antes del estreno, sabíamos que no era un tema fácil el que tocábamos pero pensamos que había suficiente gente interesada como para que fuera a verla y que si tantas personas habían leído la novela de Dulce Chacón ya teníamos una base importante sobre la cual trabajar. También es verdad que el momento por el que estamos atravesando, económicamente hablando, no es el más idóneo. Si el número de personas que van al cine baja en general, es obvio que eso va a afectar a nuestra película.

¿Usted cree que cuesta mucho que los espectadores vayan al cine a ver un drama español? Máxime si tenemos en cuenta que sí lo hacen si se trata de dramas anglosajones.

No. Yo creo que hay que diferenciar lo que es el drama de lo que es el melodrama del cine americano. Cuando hablamos del drama hablamos de nuestra realidad, de los problemas que nos afectan. Es muy probable, por tanto, que cuando la gente va al cine opte por películas que le hagan olvidar lo que pasa a su alrededor. El cine americano siempre se ha vivido como un componente más de un gran engranaje que es el entretenimiento, de ahí que esté integrado a la estructura de un gran mall, de un centro comercial, e íntimamente asociado al consumo dentro de un circuito en el que uno se compra zapatos, se toma un café y ve una película. Yo entiendo el cine como una manera de reflexionar, como algo que va más allá del puro entretenimiento. El cine actual intenta captar a una masa de espectadores mucho más jóvenes que el cine de antaño. Si se fija, por ejemplo, antes se hacía una película como Casablanca (1942) protagonizada por actores mayores, mientras que ahora se hace Titanic (1997) y la protagonizan chavalitos. O hacen la saga de Amanecer (2011) o realizan películas policíacas en las que el que interpreta al comisario da la impresión de tener veinticinco años, una edad en la que resulta algo difícil haber llegado a ese puesto.

Además de que la imagen cinematográfica tiene que ir asociada a una cara bonita.

Claro, porque lo que se busca es atraer a ese público joven. Eso lleva a querer infantilizarnos, en el sentido peyorativo de la palabra, haciendo películas de un nivel intelectual y ético-moral cada vez más bajo. Aunque existen unos códigos éticos muy claros, basta tener en cuenta que en Estados Unidos el cine es una de las industrias más potentes desde el punto de vista económico, además de una enorme fuente de transmisión ideológico-cultural. Por lo tanto, ellos saben que no lo pueden perder. Es la razón por la que siempre habrá una tendencia hacia la comedia, hacia lo divertido, porque se prefiere a alguien que haga reír y que, de paso, deje caer una lagrimita.


María León e Inma Cuesta están extraordinarias en el papel de esas dos hermanas cordobesas a las que las circunstancias, el odio y la venganza obligan a recorrer un camino no elegido. ¿En qué consiste el proceso de trabajo que usted marca a los actores para que consigan los personajes?

El primero que tiene que actuar es el guionista. El actor para poder empezar a trabajar tiene que tener un buen material al que agarrarse. Si previamente no se ha creado un buen guión, no hay de donde sacar, por más que haya actores que con poquito sean capaces de hacer mucho. Ese es el primer paso. A partir de entonces, todo se facilita porque en cuanto el actor lee su personaje ahí mismo le empieza a sumar atributos y a enriquecerlo.

¿Qué tipos de actores y actrices busca para sus películas?

No busco a los mejores actores para mis películas, porque ¿quiénes son los mejores actores que hay en cada momento? Yo le doy muchas vueltas hasta que elijo. Si hacemos el símil con un sastre, mi trabajo es encontrar al actor que mejor vista mi traje, el más adecuado para ese personaje, y ése es un trabajo que me lleva mucho tiempo. Cuando uno encuentra a ese actor o a esa actriz para el personaje en cuestión tiene hecho el sesenta por ciento de la tarea. Una vez que el actor se ha puesto el traje, lo que hago es adecuárselo, le subo un poquito la bastilla y cosas así, pero ya sé que le va casi perfecto; lo demás son retoques. También sé, a partir de ese momento, que el actor o la actriz van a bordar ese papel. El siguiente paso es que el actor se prepare bien, que investigue, que estudie al personaje. En el caso de La voz dormida, les acerqué documentación y material que había utilizado el guionista, con la finalidad de que se empapasen bien a fin, además, de que se sintieran partícipes del proceso de creación, notando que su trabajo también es valorado. Y después viene todo el proceso de entrenamiento: los ensayos, las charlas, las discusiones… Poco el personaje va penetrando en lo más profundo del actor hasta que él llega a vivirlo de verdad. Yo me siento muy tranquilo cuando veo que el actor se mueve, habla, piensa y respira como el personaje. A partir de ahí, mi trabajo en el rodaje es estar cerca del actor y confiar en que venga con los deberes y el trabajo hechos. Si es profesional no debe haber dudas al respecto, sencillamente porque a medida que nos acercamos al día del estreno ya no hay tiempo para cambios. El cine no es como el teatro en donde, incluso después de estrenar, se pueden seguir haciendo ciertas modificaciones… Cierro los ojos y escucho si todo suena armoniosamente, como el director de una orquesta.

¿De ese proceso, entonces, es de donde surgen esas mujeres de Zambrano, calladas, sufridas y que nos conmueven tanto?

(Ríe) De ahí surgen las buenas interpretaciones y los personajes coherentes que, en definitiva, es lo que va a hacer que la película interese. Yo no hago cine para lucirme, para que me vean a mí, sino para que vean mi película: no tiene sentido tanto tiempo y tanto trabajo para alimentar el ego, trabajar sólo para esa tontería.

Le pregunto lo de las mujeres Zambrano porque al igual en su película Solas, interpretada por María Galiana, el espectador se encuentra ante unas mujeres muy andaluzas.

Es evidente que mi origen andaluz es mi manera de sentir las cosas, de ver el drama, es el modo que tengo de aderezar lo que hago, ése es el gusto de mi paladar. Está en todo lo que yo llevo a cabo, porque soy así inevitablemente.

¿Cómo se plasma un ambiente tan agobiante como tuvo que haber sido la cárcel de mujeres de Ventas? ¿Cómo se salta de la documentación sobre el sitio y se lo convierte en algo tan verosímil, tan real?

En realidad, no me interesaba tanto saber cómo era físicamente la cárcel de Ventas, sino cómo se vivía adentro. Me interesé por lo que habían sentido mujeres que estuvieron allí. Algunas aún viven y tuve la suerte de que accedieran a hablar conmigo. Leí documentos, leí historias noveladas y de todo ello intenté captar las emociones de un tiempo que no es el que a mí me toca vivir… Lo que sí sé es que me he quedado corto, que la realidad superó ampliamente lo que pueda haber reflejado en la película, que fue mucho más dura y que yo sólo he podido llegar hasta aquí. Es evidente que todo está condicionado por la realidad de un rodaje y un presupuesto con el que se cuenta para hacer la película.


¿Considera que hoy en día sabemos lo que ocurrió durante aquellos años?

No. En España sucedió lo contrario que en la Alemania nazi. Los alemanes pensaron que se iban a eternizar en el poder y filmaron mucho material, pero el final de la guerra se les vino encima más pronto de lo que ellos creían impidiéndoles destruir toda esa cantidad de documentación que habían generado. Aquí no fue igual. Nosotros no tenemos ese material, ni lo tuvimos, no tenemos imágenes de nada y las fotos con las que contamos, por ejemplo del interior de las cárceles, son instantáneas preparadas por los fotógrafos del régimen. Y es con eso con lo que contamos para comenzar a trabajar… Además, los cuarenta años de franquismo dieron el tiempo suficiente como para que todo se diluyera… La gente tuvo que aprender a sobrevivir bajo unas circunstancias especiales y una de las maneras de hacerlo fue mediante el silencio. Aquí no se habla de quién provocó el golpe de Estado, de quién lo apoyó, de que había una República democrática y de que había gente interesada en sacar a este país del deterioro en el que estaba metido. El comportamiento de los que ganaron la guerra no fue el de perdón, ni el de reconciliación. No hubo nada parecido a intentar cerrar las heridas de verdad sino que se pasó el rasero con la idea de acabar con todo lo que no fuera el pensamiento de quienes triunfaron. Habría que preguntar quiénes los apoyaron, quiénes se beneficiaron, qué papel tuvo la Iglesia… Franco solo no hizo todo, está claro que lo ayudaron. Asimismo, se cortó de raíz lo que pudieron ser avances sociales como la ley del divorcio, beneficios para las mujeres, equidad en el reparto de la riqueza…

¿Cree que hemos aprendido a vivir en democracia después de lo pasado?

Para no ser un país con tradición democrática, no estamos mal. Sólo me duele que la democracia se haya convertido en un acto en el que los ciudadanos deciden cada cuatro y el que triunfa hace lo que le viene en gana. Prácticamente, se convierte en una dictadura del que ha ganado durante los cuatro años siguientes. Lo que más me molesta de la clase política es que están todo el tiempo intentando convencer a la gente de que ellos son los únicos que entienden del tema y que los demás no tienen por qué meterse. Eso es algo muy dañino ya que afecta a la participación real de la ciudadanía. Además, mientras que a un país le va bien económicamente, el sistema, tal y como lo conocemos, se convierte en aceptable; ahora bien, los problemas se presentan cuando, como ahora, nos empieza a ir mal.

Se acerca la gala de los Premios Goya y se vislumbra como una noche con mucha adrenalina. La voz dormida posee 9 nominaciones. ¿Ya tiene diseñador para una noche de infarto?

(Ríe) No, ahora mismo no. Seguramente usaré el traje que ya tengo o… no sé, lo tengo que pensar un poco. Porque, de verdad, ésta es una de las cosas que más me fastidian en relación a estos eventos, aunque sé que los hombres lo tenemos más fácil. No conozco a ninguna chica que no disfrute poniéndose un traje. Normalmente, las mujeres que están en esta profesión se lo pasan muy bien poniéndose guapas y me parece algo maravilloso que sea así. Yo, de momento, me estoy apañando con mi ropa… Me da mucho coraje gastarme un dineral en algo que después, en mi día a día, no me lo voy a poner.

¿Cuáles son las expectativas que tiene para la noche del 19 de febrero?

Yo confío en la posibilidad de que nos llevemos un par de premio ya que sería bonito para recompensar todo el trabajo realizado. Aunque tengo la impresión de que las películas que compiten están bastante parejas.

Después de unos años lejos del “circo mediático”, ¿ve la promoción de la película como algo que forma parte del “nacimiento de esta nueva hija” o como algo que no le apetece hacer pero que es obligatorio?

Si se hace cine se lleva a cabo con todas sus consecuencias. Nunca va a haber el suficiente dinero como para hacer una película ni como para promocionarla del modo que se merece. Entonces hay que trabajar para que llegue a un gran número de espectadores. Competir con nuestro cine es muy difícil y esa realidad obliga a estar en la mayor cantidad de festivales y sitios posibles. También está la gente que te quiere hacer reconocimientos. Todo eso es inevitable. Es cierto que a partir de un determinado momento, fundamentalmente desde que pasa la gala de los Goya, la película empieza a perder su interés periodístico. Ahí comienzo a centrarme en otros proyectos. Mientras tanto, se presenta la obra, se trata de que llegue a mucha gente y se alimenta la “leyenda” Benito Zambrano, ya que mientras más se conoce la obra y más se sabe del director, más se ayuda a la siguiente película.

Usted graba películas con una periodicidad que no es ni la de Pedro Almodóvar ni la de Woody Allen. ¿Es posible hacer una película al año?

En el cine americano, sí. El cine español, para mí, no lo permite. O bien eres un director con un gran talento, o bien tienes una productora propia, como es el caso de El Deseo. Hay productoras donde, a la vez que se promociona una película, el staff va preparando la siguiente. En los casos de directores que han estrenado cada año, en mi opinión, se tendrían que haber parado un poquito y haber pensado en la calidad de la obra… Uno de los grandes problemas que tenemos en el cine español es el tema de los guiones. En este país, se necesitan más recursos para formar a buenos guionistas porque una película puede basarse en una gran idea, pero después si el guión no la sostiene se nota. Por ejemplo, todos sabemos que el cine americano es una gran industria que arrastra a otras industrias paralelas sin las cuales el producto principal no saldría. Allí son conscientes de que sin buenos guionistas que hagan guiones de calidad y que estén bien pagados, no se obtienen resultados aceptables. Nuestro problema parte de que no hemos tenido escuelas de cine en España, verdaderas escuelas de cine, en muchísimos años. Las cuatro o cinco escuelas que tenemos actualmente se formaron hace no más de quince. En este tema han ayudado mucho algunas de las primeras teleseries, como Farmacia de guardia. Cuando se vio que al público le gustaba, comenzaron a necesitarse guionistas para preparar los capítulos siguientes. Pero las maneras de la televisión son distintas de las del cine y si se las quiere juntar surge un inconveniente: la profundidad filosófico-ético-política-ideológica-moral que tiene que crear un artista en relación a un proyecto desaparece cuando está acostumbrado a trabajar en la superficie y si lleva ese método de trabajo al cine, lo que produce no cala. La televisión tiene otros tiempos y otros ritmos.

¿Qué opinión tiene sobre el las descargas ilegales de Internet? ¿Cree que ha afectado a su película?

No sé concretamente si ha afectado a mi película, supongo que sí. Beneficiar, no me beneficia. Se me ocurre un símil agrícola: por un lado, el terrateniente y, por otro, el pequeño campesino. Si cada persona que pasa por sus lindes le coge una bolsita de naranjas al primero, no es tan grave, pero, en cambio, una bolsita de naranjas para el pequeño campesino tiene otro significado. También hay que tener en cuenta que mucha de la gente que descarga largometrajes de internet, no sólo no va a ver las películas a las salas, sino que ni siquiera suele ver lo que descarga: sencillamente lo hace porque es gratis. Y esto será así si acostumbramos a la gente a que no pague por nada.

Benito Zambrano ofrece al entrevistador la oportunidad de conocer a una persona llena de inquietudes, con unas ideas muy claras acerca de lo que quiere para su cinematografía. Un hombre comprometido con su tiempo y a la vez con el pasado, esa época de tinieblas que refleja certeramente en la película La voz dormida, estrenada en España el 21 de octubre de 2011 y que compite en los próximos Premios Goya con nueve nominaciones.