Cabaret

CLANDESTINA

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La Bernalina

Noche fría de abril. La niebla de humo y dióxido tiñe el aire de las habitaciones de una casa de la calle Huertas. Nadie llega hasta allí porque sí, todos han sido escrupulosamente invitados y para entrar han requerido de una contraseña a la vieja usanza, nada de digital. Es imprescindible burlar a la Guardia Civil. Gobierna Primo de Rivera y corren tiempos difíciles en esta España donde las fiestas libertinas se han convertido en clandestinas.

El aroma es cada vez más espeso, dulce amalgama del Varón Dandy de ellos, el Cocaína en Flor de ellas, el tabaco y el alcohol que resuman los alientos. Agapito, servicial mayordomo de la dueña de casa, Consuelo Portella, “La Chelito“, seduce a los tabiques nasales más arriesgados con polvos blancos dispuestos en esmeradas líneas sobre bandeja de plata. La conversación, amenizada por las teclas del piano que ejecuta el retraído Genaro, torna en bullicio filosófico y el corrillo se ciñe para beber de la sapiencia de María Zambrano, una de las invitadas de excepción.

Los versos sicalípticos salpican picardía de entre los labios de La Bernalina, cupletista y mujer enamoradiza, y hacen las delicias de un Madrid acallado por la mordaza oficial y la moral cincelada con salmos, rosarios y novenas. Los contoneos y cancioneros indiscretos se suceden agazapados intramuros, un regalo de libertad para los exclusivos invitados que se reúnen cada vez en un sitio diferente evitando levantar sospechas entre los vecinos, oídos avizores, siempre dispuestos a denunciar rarezas ante los estrictos funcionarios de la Ley.

Clandestina es un espectáculo de cabaret y humor, un gran trabajo de Cristina Bernal, en el papel de la cupletista, y de Ángel Burgos como mayordomo en una Pensión de las Pulgas entregada al encanto de unos personajes que hacen que el espectador salga de allí con ganas de sonreír y de pecar.

Lo primero que se quita la rosa es el corpiño, atinó a decirle Ramón Gómez de la Serna a La Bernalina antes de que la noche se volviera aún más peligrosa.

Clandestina
Texto: Cristina Bernal y Nacho Sevilla
Dirección: Nacho Sevilla
Reparto: Cristina Bernal y Ángel Burgos
Piano: Nacho Ojeda
Coreografía: Luis Santamaría
Producción: La Bernalina
La Pensión de las Pulgas, c/ Huertas, 48 – Madrid
Viernes de abril a las 22.00 horas

@DanielDimeco

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ESTRENO EN DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN

© Fotografía y Proyectos

© Fotografía y Proyectos

Déjame ser la sombra de tu perro
Premio Mejor Equipo Artístico en el Festival de Teatro Joven de San Sebastián 2014

Autor / Director: Daniel Dimeco
Elenco: Raquel Domenech, Clara Santafé, Belén Méndez, Antonio Martín, Isabel Arenal, Beatriz Ortega y Shandra Sánchez
Responsable de Prensa: Carmen Garrido

Estreno: domingo 15 de junio en el Teatro Principal de Donostia-San Sebastián

Sinopsis de la obra: es un grito que mana de la soledad de sus protagonistas; una llamada de atención nacida del dolor, de la rabia, de la necesidad de roce, de una palabra de cariño. Es la historia de siete personajes rotos, devorados por un bagaje existencial cruento. Seres humanos que batallan, torpemente o con malas artes, por obtener, mantener o recuperar los afectos perdidos. Un hombre y seis mujeres dispuestos a lo que haga falta con tal de lograr sus objetivos, aunque tengan que anteponer egoísmos y rencores para lograrlos. En Déjame ser la sombra de tu perro se entrelazan el drama y el humor, el dolor más lacerante con la acidez de la risa cruel. Todo lo que se presenta como ingenuidad esconde siempre un as en la manga que los personajes se cuidarán.

Próxima función: 5 de julio, 18.00 horas, en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao

LIANE DE POUGY

Soy Liane de Pougy y me caso mañana por la Iglesia.

Padre, esta es mi confesión:
he vivido libremente, menos robar y matar, he hecho de todo.



Anne Marie Chassaigne – Liane de Pougy – Princesa Ghika – Anne Marie Madeleine de la Pénitence: bailarina de la Belle Époque, cortesana del Segundo Imperio, escritora, amante bisexual, princesa Ghika y monja. Todo en una sola vida.


Liane de Pougy aux Folies Bergères, par Paul Berthon