Argentina

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

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EL DESAPEGO ES UNA MANERA DE QUERERNOS

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by Josef Koudelka

A Andrea la mataron de una puñalada en el corazón, mientras dormía en su propia cama en San José, un pueblo perfumado de visceras y plumas de pollo cerca de Colón, provincia de Entre Ríos.

Selva Almada irrumpe en el lector con la viril decisión del metal en punta, remueve las entrañas y después se va dejando un regusto dulzón en la herida. Su narrativa huele a sangre, a glóbulos reventados que humedecen la tierra reseca por ese sol de verano que se ancla entre la mística bonaerense al sur y la guaraní al norte.

El desapego es una manera de querernos, así se titula uno de los relatos que, además, bautiza la colección de historias de esta edición de Mondadori. Todos y cada uno de ellos se alimentan del universo seductor y brutal de unas relaciones sociales que pivotan entre los márgenes y el centro descascarillado, familias que viven el dolor y la sexualidad de un modo voraz, consumiendo cada segundo de sus vidas como si fuera el último. Los acontecimientos siguen sus ceremonias muchas veces risibles en mitad de la tragedia. O eróticas ante el devaneo con la muerte: Se endurecían los traseros como botones de rosas. Goteaban mieles de camoatí los muslos. Al tiempo que el runrún de las avemarías salía por la puertas y las ventanas abiertas ganando la calle como una manga de langostas.

Almada tiene un don especial para describir silencios tensos, sufrimientos que sólo se entrevén en gestos mínimos, pueblos desolados, velatorios y recuerdos de niños muertos que ya no son otra cosa más que unas fotos y una cicatriz blanca que le divide el vientre (a la madre) a la mitad.

El desapego es una manera de querernos
Selva Almada
Literatura Random House 2015 (Argentina)

@DanielDimeco

THE “PERFECT” TEA TIME

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Un segundo es el tiempo que hace falta para liberar una emoción. El instante en el que el nervio espolea al estómago y éste se manifiesta en gritos cortos y repetitivos impulsados por el aliento. Las manos se restriegan entre sí compulsivamente hasta lograr esa rojez de dermatosis. Las piernas no paran quietas, como si evitaran pisar los hormigueros imaginarios. Todo parece fingido. ¿O es real?

Brenda tiene los hombros cargados, la exacta inclinación corporal que imprime el carácter retraído y la bilis revuelta. La primera impresión no escapa a la inevitable comparación con la también argentina Soledad Dolores Solari, el mítico personaje televisivo de Antonio Gasalla. Seres temerosos capaces de brutales psicopatías. Brenda vive horas felices. A las 5 o’clock, para ser bien british, ha invitado a su antigua pandilla de la adolescencia a un té de cinamon con trufas de coco en uno de los salones de La Pensión de las Pulgas. Una merienda al estilo de la mismísima Yiya Aponte de Murano, la envenenadora del porteño barrio de Montserrat. La celebración es especial ya que llevan mucho tiempo sin verse y todas ellas han sufrido transformaciones vitales que serán acicates perfectos para que la protagonista exponga sus artes de manipulación.

La vida de Brenda es un viaje entre la realidad y la fantasía, entre lo que puede ser y su monólogo interior, un complejo desequilibrio psíquico disfrazado de armonía de papel de seda. En cada paso que da hacia el pasado, la realidad y la ficción se mezclan y se enturbian más y más. Un comentario lleva al otro y emerge el pantano de los recuerdos que conecta con las vísceras, con los celos, con la envidia. Con el dolor de la soledad que punza las carnes y fabrica pus.

Mis cosas preferidas es una excelente idea de la directora argentina Macarena García Lenzi. Una dramaturgia que traza a la perfección el trastorno que se ha adueñado de una mujer presa de obsesiones, refugiada en el pasado y a la que cualquier alteración disparatada empuja al borde del abismo. Una interpretación magistral de Valeria Giorcelli, a quien los espectadores acompañan gustosos en un brutal descenso al lugar donde habitan las sombras frías y húmedas de la enfermedad mental.

Mis cosas preferidas (pieza para cuatro personajes con uno solo en escena)
Texto y dirección: Macarena García Lenzi
Interpretación: Valeria Giorcelli
Sala: La Pensión de la Pulgas – c/ Huertas, 48 – Madrid
Viernes 30 de octubre 20.30 horas
Sábado 31 de octubre 13.00 horas
Domingo 1 de noviembre 18.00 horas

@DanielDimeco

LA DÉBIL MENTAL

Birte Schnoeink en fotograma de 'Amour fou'

El mundo es una luna cortada a latigazos negros. Una figura tan potente y bella como esta enamora al lector. Y como esa, Ariana Harwicz regala muchas en las cien páginas de La débil mental (Mardulce 2015), una novela breve y de una intensidad escalofriante.

Todo es igual a partir de que él entró en mi cabeza, el infierno salado. Hace poco, leyendo un artículo de Rafael Narbona sobre su experiencia con la depresión, me quedé enganchado al siguiente comentario que, por cierto, ya había escuchado de boca de otras personas: No he olvidado la noche en la que advertí con insoportable nitidez mi desmoronamiento emocional. Desde entonces el largo andar por las arenas, como si el mundo entero fuese un médano gigante de pequeños oasis con tan sólo una palmera.

De las mil maneras de existir que hay, me tocó esta, no reconozco a nadie y cuando me ataca la gran desesperación, vivo en cualquier parte. La escritura de Ariana Harwicz pareciera brotar de un estigma hecho por un dolor muy profundo, de esos que ahuecan el alma hasta doblarla y teñirla de una mancha negra. Una escritura poética que de algún modo se emparenta con la belleza que destilan los versículos de Herta Müller. Un acertado contrapunto al lenguaje procaz, coloquial y lírico que la propia Harwicz ha manifestado que le interesa trabajar.

La relación cuasi-salvaje que une a madre e hija construye un nrelato que transita por las pulsiones del deseo sexual irrefrenable. La madre se alegra cuando a la niña le crecen los pechos, cuando un hombre la desea en una escalera. La madre se siente satisfecha al ver que su hija se está convirtiendo en mujer.

Me invento una vida en las nubes sentada en mi clítoris. Tal vez sean las palabras de la propia protagonista las que expongan la mejor síntesis de la obra.

@DanielDimeco

EL VIENTO QUE ARRASA

Auto abandonado

Entre los ojos del Reverendo Pearson y su ejército de conversos entregados no debe interponerse nada. Por ese motivo él se quita las gafas y las deposita en las manos de su hija adolescente antes de salir a escena a proclamar la palabra de Dios. Y, entonces, algo grandioso acontece. Algo que Leni, su hija, no puede explicar con palabras.

A Leni le gustaría que alguna vez su padre, el Reverendo, le quitase de un bocado esa cosa negra que tiene aferrada al pecho. La siente por las noches o cuando viaja con él por los caminos polvorientos de ese Noreste argentino sufrido y “abandonado” a los brazos del Diablo.

El viento que arrasa (Mardulce 2013) es otra obra punzante de Selva Almada, autora finalista del Premio Tigre Juan con Ladrilleros (Mardulce 2013 / Lumen 2014). Es de una narración salvaje, de una calma chicha que preanuncia la herida honda, el dolor ácido de esas almas solitarias que la vida coloca al margen de las carreteras. Gentes de paso con pasados duros, durísimos, que recuerdan a los personajes brutales de Cormac McCarthy.

Pearson siente una necesidad irrefrenable de salvar las almas, una tarea mesiánica que lo lleva a romper sin piedad los vínculos humanos porque, siempre, por encima está Dios o, mejor dicho, la iglesia evangélica de la que vive.

@DanielDimeco

OSCURA MONÓTONA SANGRE

by Alejandro Kirchuk

Se la escucha teniendo sexo en la madrugada. Los vecinos permanecen agazapados en la oscuridad de sus habitaciones a la espera de que los sonidos del goce se extiendan en el tiempo. Ellos cronometran los gemidos y por el día contrastan a escondidas los resultados de la observación. Y también se reúnen para que la mujer adulta que ha decidido alquilar su cuerpo a hombres adultos sea expulsada de un edificio del Barrio Norte porteño.

Al otro lado del Riachuelo, en la parte más baja de la tantas veces agreste y salvaje Buenos Aires, la vida se vende a un céntimo por día. Las niñas, nada más nacer, huelen el sexo de los hombres. Al llegar a la adolescencia son expertas amantes que copulan por unos pesos en acelerada devaluación en los asientos reclinados de coches aparcados en callejones oscuros. Pequeñas mujeres que también acercan sus naricitas a las drogas baratas con la vaga ilusión de sobrellevar unas condiciones de vida miserables y afrontar futuros muertos.

De repente, aparecen esos hombres hechos a sí mismos cansados de sus mujeres edulcoradas, capaces de lo que sea con tal de que no le rocen ni un pelo a sus hijas y deciden bombear la adrenalina entre las piernas de las adolescentes de las villas miserias. Y surge la sangre. Porque alguien empuña un arma y ese mismo alguien u otro cualquiera aprieta el gatillo.

¿Cuánto vale realmente una de esas vidas? Poco, casi nada, es una baratija, tan sólo un capricho al alcance de cualquiera.

Oscura monótona sangre (Tusquets Editores Argentina 2010) es una novela de Sergio Olguín y por la que obtuvo el Premio Tusquets Editores de Novela en 2009. Una narración áspera de “amores” desiguales en una Argentina degradada al extremo.

LADRILLEROS

Ladrilleros

Ladrilleros (Mardulce 2013 para Argentina – Lumen 2014 para España) es una novela que muestra sin tapujos la pulsión feroz de lo primigenio, de lo más animal: sexo y fuerza. Las carreras clandestinas de galgos. Discusiones y peleas en los bares, como ocurría en el Martín Fierro o en los arrabaleros relatos de Borges.

Selva Almada (Argentina / 1973) describe magistralmente ese ambiente marginal que, para quienes hemos nacido en Argentina, de alguna u otra manera hemos sido testigos de historias similares.

Desde la primera página de Ladrilleros, los lectores tienen la posibilidad de arder en la caldera del Litoral argentino, en las brisas que llegan cálidas del norte y se cuecen en los humedales del imponente río Paraná. Imágenes de una fuerza silenciosa que describe con naturalidad acciones cotidianas.

Féminas, un poco víctimas, un poco pasionales, un poco conciliadoras, llevan las riendas del carro familiar, son las que trabajan y ahorran, pagan las deudas y alimentan a los hijos y se entregan con devoción al sexo con sus hombres, sus maridos, cuando estos regresan de los bares con muchas dificultades para tenerse en pie, pero con energías suficientes para follar-coger. Incluso las noches en que volvía borracho, ella se las arreglaba para que se le pusiera lo suficientemente dura como para sentarse encima.

La crítica feroz que Patricio Pron hizo de este libro destacando el modo “torpe en la presentación del habla de los personajes” o de las contradicciones de lenguaje me animaron a empezarlo y a devorarlo hasta el último punto. Celebro la posibilidad de estas narrativas que vibran, que cuentan, que dibujan universos para los lectores.

Selva Almada acaba de quedar finalista en el Premio Tigre Juan y a su paso por Madrid fue entrevistada por Carmen Garrido para Viaje a Ítaca.