Anagrama

INCENDIOS

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by Daniel Dimeco

En el camino de vuelta, el aire se iba haciendo más frío a medida que avanzábamos hacia el este y nos alejábamos del fuego, y el cielo estaba claro y estrellado salvo donde el resplandor de la ciudad se alzaba en el horizonte. Mi madre paró en Augusta…

Una historia feroz en Great Falls, Montana. Una mirada adolescente sobre las relaciones humanas, sobre la relación madre-padre y el deseo.

Incendios
Richard Ford
Anagrama 2015 (Colección Compactos)
Traducción de Jesús Zulaika

MORTAL COMANECI

Eikoh Hosoe

by Eikoh Hosoe

En 1978, dos años después de los siete dieces en los Juegos Olímpicos de Montreal y de haber parido, por error, el mortal Comaneci, la niña rural de Oneşti comenzó a derrumbarse y se perdió entre los escombros de una ciudad que acababa de temblar por un terremoto que le trastocó la fisonomía para siempre, como una metáfora de la propia gimnasta.

Me AVERGÜENZO, me avergüenzo horriblemente de haberme convertido en un monstruo. Nadia Comaneci se autocastigaba con la fiereza rígida y brutal de una perfeccionista extrema después de permanecer ocho meses en Bucarest al “cuidado” de un entrenador impuesto por el Estado. Para entonces, Nadia ya era Comaneci, la joya olímpica del Régimen de los Ceaucescu, y el no haber seguido la disciplina de entrenamientos al pie de la letra le había pasado factura.

La adolescente se sentía acosada por “la Enfermedad”, como ella la denominaba, esa extendida “afección mensual” que consiste en abandonar la piel de una niña. Los tiempos habían cambiado y los ojos de los hombres portaban en sus brillos una intención ajena al deporte. Las formas curvas de su cuerpo atlético ya no era posible contenerlas con facilidad dentro de las fronteras del maillot. Y frenar los caprichos de baby Ceaucescu, el hijo alcohólico del matrimonio supremo de Rumania, era una tarea que no se planteaba siendo él quién era y estando bajo vigilancia permanente de la Securitate.

Nadia Comaneci, el símbolo de una Rumania socialista que la pareja gobernante exhibía en las competiciones internacionales, era un arma de propaganda que corría el riesgo de implosionar. Una noche fría de finales de noviembre de 1989 se adentró en un bosque nevado buscando la puerta de salida que la llevara a Austria a través de la frontera húngara. Un largo paseo hasta la libertad.

La pequeña comunista que no sonreía nunca
Lola Lafon
Anagrama 2015
Traducción de Francesc Rovira

BAILANDO EN LA OSCURIDAD

Miklos Gaál, Swimming Lesson

Swimming lesson by Miklos Gaál

Adentrarse en la adultez, casi siempre, es navegar sin brújula por la oscuridad. Es internarse en las sombras sin la protección cálida y solar de aquellos que ya lo hicieron un tiempo antes. De repente, se asumen responsabilidades y nadie pareciera darse cuenta que, hasta ayer nada más, éramos unos niños a los que había que proteger. La adultez es la libertad y la prisión, es la puerta abierta para hacer y deshacer sin dar explicaciones a los padres y explicando cada paso que se da a los demás porque ya nadie nos deja pasar una.

La narración de Karl Ove Knausgård se centra en sus dieciocho años. Los cuales coinciden con el divorcio de sus padres, la mudanza de su madre a otra ciudad, la lejanía física del hermano mayor que se ha ido a estudiar, el nacimiento de una hermana menor a la que desconoce, la caída del mito de sus abuelos como un refugio afectivo y su propio viaje-huída hacia el norte de Noruega, a un pueblecito pintoresco y opresivo llamado Håfjord donde consiguió un puesto de maestro durante un año. De la luz de la adolescencia en el sur a la larga noche en el norte a través de una sensibilidad extrema que el autor ya ha manifestado en los tres volúmenes anteriores de la saga autobiográfica Mi lucha.

El propósito que expresa Karl Ove para trasladarse a Håfjord es tener el tiempo libre y la calma suficientes para convertirse en escritor. Un hecho futuro que siente como una verdad absoluta. Y el rincón escogido tiene, en apariencia, todo lo que se necesita para acometer los primeros pasos de esa labor. Pero Håfjord también es la oscuridad, la literal del largo invierno boreal y la interior del propio autor que, siguiendo los recientes pasos de su padre, se adentra en el alcoholismo, se envuelve en la soledad y empuña obsesivamente el deseo de una consumación carnal que no llega a experimentar a pesar de los intentos infructuosos.

El silencio es una losa fría que se templa con las jaranas en los recreos en el patio del colegio; con las pisadas que quiebran las capas de nieve; el ronrroneo de la cafetera en la sala de profesores; el rumor brioso del mar embistiendo el fiordo o los acordes de los grupos musicales de vanguardia de la década de los ochenta que KOK conoce al dedillo. Las caras sonámbulas y legañosas de los hijos de pescadores y amas de casa atienden por obligación las lecciones de literatura y consuelan el trágico aburrimiento de sus existencias presentes y de sus expectativas futuras humedeciendo los hígados con litros de cerveza.

Bailando en la oscuridad
Karl Ove Knausgård
Anagrama 2016
Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

EL SOBRINO DE WITTGENSTEIN

Teatr

by Eustachy Kossakowski

Paul Wittgenstein, según su amigo Thomas Bernhard, aguantaba de pie durante horas en la Ópera de Viena o cantaba La Valquiria de Richard Wagner, quizás en un intento desesperado por invocar la protección de las guerreras frente a los enanos oscuros que acechaban su cabeza.

Osamentas que cuelgan de cráneos casi muertos y apoyadas sobre pies que se arrastran por los pasillos de los pabellones del Steinhof. En 1967, Bernhard y Wittgenstein (sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein) acabaron allí por motivos diferentes. El primero en el pabellón Hermann, para afectados del pulmón; el segundo en el pabellón Ludwig, donde los trastornados psíquicos. Ambos habían corrido casi hasta la muerte, uno por la tuberculosis y el otro por la locura. Bernhard había cambiado su escritura filosa por los sudores nocturnos y la tos con sangre. Wittgenstein había cambiado el frac blanco de la sastrería Knize por la camisa de fuerza.

Wittgenstein, ya casi al final, soñaba con ir a Venecia y dormir a gusto en el Gritti. La vida es pérfida y, a cambio, Wittgenstein fue muchas veces al Steinhof donde los enfermeros lo encerraban en una de las jaulas, camas con barrotes por los lados y por arriba, hasta que estaba quebrantado y, por consiguiente, listo. Bernhard, con un maravilloso toque de pedantería intelectual, relata la pasión de su amigo por la Sinfonía de Haffner y por la música de los motores de Fórmula I en el circuito de Monza. Su narración discurre por lo nimio y lo vital, por lo abstracto y lo real.

El sobrino de Wittgenstein es una historia de amistad entre dos hombres cultos acosados por las enfermedades. Es la historia de una relación que, en palabras de Bernhard, tanto bien me hicieron y, en cualquier caso, mejoraron mi existencia de la forma más útil, lo que quiere decir de la que convenía a mis aptitudes y capacidades y necesidades.

La amistad con Paul llegó a su final en el propio piso de éste en el centro de Viena. Thomas Bernhard se vio ya no con una persona viva sino muerta hacía tiempo, y entonces se apartó. Antes de irse del piso de Wittgenstein, Bernhard lo vio sentado en el sofá verde oscuro, llorando con las manos apretadas entre las rodillas. Nunca se perdonaría el haberse alejado de su amigo por ese bajo instinto de conservación que consiste en evitar a los marcados por la muerte.

Bernhard, cual doncella guerrera de La Valquiria, recoge el alma del héroe muerto en la batalla y la deposita en el Walhalla del mundo.

El sobrino de Wittgenstein
Thomas Bernhard
Anagrama (2015)
Traducción de Miguel Sáenz

@DanielDimeco

MI MADRE

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Little Rock, Arkansas. 1960. By Inge Morath

Estación de la Grand Trunk Western de Lansing. El aire se arrastra por el lomo del lago Erie hasta la cara del adolescente Richard Ford. El brazo en alto, saludando, en un intento filial por conservar el calor con la mano de su madre apoyada en el cristal empañado del vagón del tren. Estaba llorando. Adiós decía. La infancia ha tocado a su fin y el camino madre-hijo se abrirá en un ángulo cada vez más obtuso.

Después de eso comenzó la vida que llevaríamos hasta el final. Una vida fragmentada, truncada, de visitas largas y cortas. Cartas. Llamadas telefónicas. Telegramas. Encuentros en ciudades lejos de casa…

Década de 1960. La esperanza de Estados Unidos se centra en un líder joven y atractivo, John Kennedy. La Guerra Fría entra en un túnel cada vez más gélido: Berlín, Bahía de Cochinos, misiles en Cuba, Praga, Vietnam… Mientras tanto, la esperanza de Richard Ford se centra en convertirse en un hombre, en ser sí mismo, en encontrarse a través de la búsqueda hasta hallar un camino, un sitio, un trozo de espacio que dé refugio al adulto. Que lo cobije para que ser capaz de seguir adelante con la sensación de controlar cada milímetro del camino, cada costura del traje…

Así y todo, habiendo pasado muchos años, a pesar de haber recorrido kilómetros, cuando el teléfono suena de madrugada para comunicar que han ingresado a un ser querido, se marca una línea divisoria, un antes y un después. Se puede oír, incluso, el trazo que hace la línea rasgando la piel. El antes es asesinado de inmediato y hay que recolocarse en el nuevo ordenamiento, en el después ya convertido en el ahora.

Richard Ford hace un verdadero ejercicio de comprensión, intenta acercarse (desmedida ambición) a las insatisfacciones y placeres de su madre aligerando el daño que producen los mordiscos de los recuerdos. Una lectura breve en la que se palpa cómo la madre y el hijo a pesar del dordón umbilical son y serán seres desconocidos.

Mi madre
Richard Ford
Anagrama (2010)
Traducción de Marco Aurelio Galmarini

@DanielDimeco

FRANCAMENTE, FRANK

The remnants of a roller coaster sits in the surf three days after Hurricane Sandy came ashore in Seaside Heights

Montaña rusa, Nueva Jersey

Después de un huracán, la gente se mueve como las hormigas coloradas a las que un desalmado les ha pateado el hormiguero. Los humanos pierden el ancla, van y vienen como las gallinas sin cabezas y acaban refugiándose en los recuerdos que sobrevuelan las viejas casas, las arrasadas y las que han tenido la fortuna de permanecer en pie.

Frank Bascombe, el legendario personaje de Richard Ford, narra con autocrítica racial y muchas copas de acidez las cuatro historias que surfean sobre el ojo del Sandy, el huracán que asoló parte de la Costa Este de Estados Unidos en 2012.

Los cuervos están encaramados sobre la capa de nieve aguada y a través del cristal observan a los humanos hablando sobre temas totalmente norteamericanos: matrimonios (preferentemente fallidos), racismo, consumo, mercado inmobiliario… Un telón de fondo de a ratos sombrío y de a ratos humorístico asentado sobre una catástrofe natural de gravísimas consecuencias humanas.

Y una ex-mujer, la del propio Frank Bascombe, que ha sido de las afortunadas, de las que no perdieron la casa, aunque el Parkinson se le ha metido para siempre bajo la epidermis.

Francamente, Frank (Anagrama 2015)

@DanielDimeco

LA ISLA DE LA INFANCIA

by Werner Bischof

Fotos, objetos, imágenes y sonidos que acompañan a los recuerdos de los primeros trece años de vida, gracias a todos esos fragmentos y piezas me he construido un Karl Ove y también un Yngve, una madre, un padre, una casa en Hove y otra en Tybakken, unos abuelos paternos y unos abuelos maternos, un vecindario, y un montón de niños. La isla de la infancia (Anagrama 2015) es el tercer volumen de Mi lucha, del escritor noruego Karl Ove Knausgård. Las dos obras precedentes son La muerte del padre y Un hombre enamorado.

El autor reconstruye su pasado minuciosamente. De ahí que la vida de Karl Ove Knausgård acabe pareciendo una novela, sencillamente porque él no hace otra cosa que crear personajes, incluido el suyo propio, recreándose a sí mismo y a su entorno desde la subjetividad distante de los recuerdos.

Mucho se ha escrito ya de lo adictivo que puede llegar a ser este autor escandinavo para algunos y del rechazo que produce en otros lectores. No me interesa ni lo uno ni lo otro. La primera vez que leí algo suyo tuve la sensación de revivir mis años en Escandinavia y eso me produjo una inmediata empatía. A renglón seguido, me sedujo algo de su escritura, tal vez el estilo nada rimbombante, nada pretencioso, lleno de instantes comunes, pero muy nórdicos. Y, de repente: ¡zas! Un dato, un comentario, una imagen hace que todo cambie y de un modo chejoviano emerja a la superficie algo que hasta entonces había estado susurrando con fuerza por debajo, como una cloaca. Aromas y sonidos casi imperceptibles que revientan con una potencia inusitada.

De ahí que me resulten llamativas algunas entrevistas bastante tristes que le hacen al autor acerca de, por ejemplo, las diferencias entre las lenguas noruega, sueca y danesa, como si eso fuese relevante, pasando por alto los temas de verdad interesantes: traumas de infancia, alcoholismo, la muerte como revulsivo, como purgante vital, los trastornos psicológicos, las frustraciones profesionales, las amistades, la sexualidad primera y la de la adultez, el dolor soterrado, el pánico infantil ante un padre autoritario y un largo etcétera que jalonan la narración de Knausgård. Nada sucede si se leen estos tres volúmenes traducidos al castellano sin rebuscar más allá de la mera sucesión de palabras y sin hacer el ejercicio de trasladarse a un universo alejado del propio.

Cerrar los ojos y dar la espalda para nunca jamás regresar tal vez sea un buen corolario para esta infancia en la isla de Tromøya.

@DanielDimeco

LA MUERTE DEL PADRE

Foto by Don McCullin

Foto by Don McCullin

Yo tenía casi treinta años cuando vi un cuerpo muerto… se confiesa el protagonista, que no es otro que Karl Ove Knausgård, el propio autor de La muerte del padre (Anagrama, 2012).

La muerte es siempre la misma, pero cada hombre muere a su manera empieza diciendo Carson McCullers en Reloj sin manecillas. Asumir la muerte del padre por autodestrucción etílica. ¿Qué se experimenta cuando al padre al que odias acaba de morir? ¿Hasta qué punto los padres se convierten en seres desconocidos para los hijos y éstos para aquellos? ¿Hasta dónde es factible ignorar el día a día de la otra parte, sus miedos y angustias, sus dolores y alegrías?

Knausgård describe (acción por acción) la primera semana después de la muerte, la de su padre, con una narración limpia en la que mezcla recuerdos, dudas, hechos domésticos, intrascendencias cotidianas y trascendencias espirituales. Y la sombra alargada de la Parca que todo lo inunda, lo infecta, lo ensombrece está en todas las páginas del libro, mitad autobiografía y mitad novela. Karl Ove Knausgård nos ofrece la muerte de su progenitor desnudándose por dentro. Escribe sobre la muerte de un hombre que le ha marcado hondamente (y no del todo bien) y que un día decide emborracharse hasta morir.

El autor recorre su infancia y adolescencia, los despertares: sexuales, aficiones, la literatura… La pubertad se cubre de una pátina inhóspita, un tanto ruda como el viento, las lluvias y la nieve constantes que le rodean en su Noruega natal. Knausgård desvela su psicología melancólica y atormentada en contraposición a la de su hermano Yngve, un ser práctico, más feliz.

La muerte del padre es el primero de los seis libros de Knausgård que conforman Mi lucha, su historia de vida. Del segundo volumen, Un hombre enamorado, ya hemos dado cuenta en Café Copenhague.

@DanielDimeco

UN HOMBRE ENAMORADO

Karl Ove Knausgård

Tardes y noches enteras habían desaparecido de mi memoria, quedando dentro de mí una especie de túneles, llenos de oscuridad y viento, y mis propios sentimientos turbulentos. Caos y desasosiego en el interior de Karl Ove Knausgård, el autor-protagonista de esta magnífica Un hombre enamorado (Anagrama 2014), segundo volumen de los seis que conforman el provocativo título de Mi lucha.

Knausgård se decide a narrar su vida. Durante tres años escribirá unas veinte páginas diarias hasta conseguir los seis volúmenes autobiográficos de prosa dura, áspera y poética a la vez con la que desglosa, por momentos al detalle, la rutina de un hombre al que la creatividad le ha abandonado y cuyo vacío no es capaz de llenar más que con la rutina de la paternidad en una sociedad que, a simple vista, parece perfecta pero que encierra enormes dosis de dolor y cantidades ingentes de paranoias.

¿Y qué quería yo? No lo sabía. Se pregunta y se responde Karl Ove. Acostado en el sofá del salón de unos desconocidos en una ciudad satélite de Estocolmo. Mirando el cristal por donde las luces tenues de las farolas hurgan en mitad de la noche los interiores de las casas. El autor, en el instante que acaba de llegar a la capital sueca desde su Noruega natal, tiene una duda existencial que le atormenta: si es participante o espectador de su propia vida. Si la conduce o si se deja llevar por los acontecimientos.

Estocolmo es una ciudad moderna y abierta, un sitio en el que se respira respeto y bienestar. Mientras tanto, en sus entrañas, Estocolmo (y toda Suecia) continúa alimentando la imagen del pietismo protestante que Carl Wilhelmson plasmó tan bien en su pintura Creyentes que regresan de la iglesia en bote: domingo atroz de ceremonia luterana y bostezo junto a la salamandra viendo caer la lluvia o la nieve a través de la ventana. Un hombre enamorado me ha hecho revivir Escandinavia página tras páginas y una de las destrezas de Knausgård ha sido que le siguiera en todo momento, como una sombra, por las calles, bares y recovecos de una ciudad que lo empujó y lo metió de lleno en la soporífera realidad conyugal.

Karl Ove es un hombre enamorado de una mujer con brotes maníaco-depresivos, una mujer que desea ser madre y que todos sus proyectos mueren en eso, en proyectos. Karl Ove es un fumador empedernido, un hombre desesperado por encontrarse a sí mismo y, casi como un grito del que pide que le ayuden, Knausgård nos sienta en el sofá de su casa, nos mete en su cama con él y con Linda, su mujer, nos emborrachamos juntos y nos desdibujamos como él en las sombras nevadas de Estocolmo.

@DanielDimeco

EL ADVERSARIO

Daniel Auteuil en el papel de Jean-Claude Romand

 

Al cabo de cinco horas de deliberación, Jean-Claude Romand fue condenado a cadena perpetua, acompañada de una pena de prisión firme de veinte años. Si todo va bien, saldrá de la cárcel en 2015, a la edad de sesenta y un años. Así narra Emmanuel Carrère la sentencia del tribunal francés que condenó a Romand en 1993, después de haber asesinado a su mujer con un rodillo de amasar, a sus dos hijos con un rifle calibre 22 y a sus padres.
¿Cómo pudo vivir durante casi veinte años mintiendo a todos los que le rodeaban, incluída su mujer? ¿Cómo es posible que se hiciera pasar por un investigador de la OMS sin correr serios riesgos mientras gastaba los días en cafeterías y bosques del Jura hasta la hora en la que una persona normal regresa a su casa después de varias horas de trabajo? Así vivía Jean-Claude Romand y así lo retrata el escritor francés, Emmanuel Carrère, en El adversario (Anagrama 2000), libro que Nicole Garcia llevó al cine en Francia con Daniel Auteuil en el papel protagónico.
Todo en su vida se inicia con un engaño: no se gradúa en Medicina y por lo tanto tampoco es investigador en la OMS, no es el respetado hombre de éxito que todos creían conocer… Hasta que el cerco empieza a angostarse a su alrededor y él es conciente de que no podrá continuar simulando mucho tiempo más. Cuando la situación se vuelve muy difícil se saca de la manga un nuevo as: tiene cáncer. Un nuevo embuste que le permite gozar de la piedad de su familia y amigos durante un tiempo extra.

Los Romand vivían a escasos metros de la frontera francesa con Ginebra, en un barrio de funcionarios de las instituciones internacionales con sede en la ciudad suiza. El tren de vida de familia burguesa acomodada era posible, en teoría, por su puesto en la OMS (sitio al que jamás dejó que su familia accediera a visitar) cuando en realidad salía de los ahorros que sus padres, tío y amante depositaban en él con la confianza de que se los ingresaría en una cuenta suiza que les daría ganancias del 18%. Cuando los ahorros se agotan y Romand se ve acorralado, decide saltar hacia adelante y asesinar para no dar explicaciones, para evitar la realidad.

Carrère escribe un libro en el que merece la pena zambullirse para nadar en la psicología de un criminal y observar la consternación que generó en una sociedad pequeña donde todos se conocían y en la que no cabían las sospechas. Hasta que el vecino, el amigo, el hijo, el padre o el marido deja de ser quien se pensaba que era.

LIMÓNOV O LA ETERNA EMBRIAGUEZ (ZÁPOI)

Eduard Limónov y versión rusa del libro de Emmanuel Carrère
El Hotel Ukraina, o Ucrania, es uno de los edificios emblemáticos de Moscú, una de las joyas de la más pura arquitectura stalinista. Entrar en el Ukraina, antiguamente prohibido a soviéticos de a pie, es iniciar un viaje a las fantasías que cualquier lector pueda tener con respecto al KGB y a los años duros de la URSS de Brezhnev.
La perestroika y la glasnost, denostadas por Eduard Limónov, el personaje sobre el que Emmanuel Carrère escribe este libro, han pulido las tripas del hotel y lo empezaron a alimentar con vocingleros turistas llegados de medio mundo, los mismos que cuando pisan el Cathay de Shanghái se pierden la intrahistoria de crimen y mafia que lo habita y lo convierte en una leyenda.
Después de catorce años de exilio, Limónov llega a Moscú en diciembre de 1989 y nieva como el día que se marchó en 1974. Lo conducen al Hotel Ukraina. La Unión Soviética vive los primeros meses de desconcierto y desgarro, su gente intenta salir de los setenta años de férreo comunismo, pero no saben cómo lograrlo de la manera menos traumática. Está todo por hacer y los más avispados, los que tienen mejores contactos, los menos románticos y moralistas se harán dueños del inmenso botín de un Imperio al que Mikhail Gorbachov, por inoperante, dejó sucumbir embelesado por los brindis en Occidente y por una futura gloria que se le escapó de las manos mientras veraneaba en Sochi.

La vida de Eduard Limónov, escritor, político y aventurero ucraniano nacido como Eduard Veniamínovich Savienko, comienza en 1942 en Dzerzhinsk, nombre que esta ciudad del Volga recibe en honor del bolchevique y fundador de la policía política soviética (la Checa y posterior KGB) Félix Dzerzhinski (de quien Vladimir Putin tiene una foto en su despacho del Kremlin). En 1947, la familia Savienko es traslada al infierno: a la ciudad industrial y ferroviaria de Jarkov, un sitio gris y plano donde el joven Eduard hará sus primeras aproximaciones al universo de la violencia y de donde muy pronto saldrá corriendo, buscando la vida, a Moscú.

Un capítulo especial en la vida de Limónov son las mujeres: Anna (con la que escapa de Jarkov a Moscú), Elena (con la que escapa de la URSS a Nueva York y se convertirá en condesa italiana), Natasha (bipolar y ninfómana), la bella Liza, la adolescente Nastia que lo espera a que salga de las prisiones de Lefortovo, Sarátov y Engels y él la abandona para irse con una actriz. Eduard Limónov sólo se mantiene incorruptible a las mujeres, aunque sea durante períodos bastante largos, y a sus pensamientos. Algunas mujeres lo abandonan, a otras él las deja. Elena y Natasha acaban suicidándose.
Limónov es la historia de una ambición, un ser con la necesaria flexibilidad como para pasar por la pobreza y la riqueza, por lechos femeninos o desnudar su culo para negros en el Central Park; Limónov desprecia a los autores rusos que consiguen lo que él anhela y es alguien que nunca se aparta del amor que siente por su patria, que juega a ser soldado en la Serbia de Milosevoc, mayordomo en Nueva York, bohemio en París, aventurero en Altai, aprovecha el tiempo en la cárcel haciendo yoga, meditación y escribiendo libros y declara que su lugar en el mundo es Asia Central, allí donde las desgajadas ex repúblicas musulmanas de la URSS se debaten resecas y envueltas en polvo.

Autor de libros como: El poeta ruso prefiere a los negros (1979), Historia de un servidor (1981), Diario de un fracasado (1982), El adolescente Savienko (1983), El libro de los muertos (2001), Los hijos del paraíso glamouroso (2008), entre muchos más.

Esta obra de Emmanuel Carrère, publicada en español por Anagrama, ha ganado el Prix des Prix 2011, el Premio Renaudot y el Premio de la Lengua Francesa y nos ofrece un recorrido por parte de la historia rusa y del mundo a través de un personaje que, estoy seguro, tête-à-têtê tiene mucho más que dar que en las páginas de un libro.

DELICIOSO SUICIDIO EN GRUPO

Arto Paasilinna
Kittilä 1942
Editorial Anagrama 2007
ISBN: 978-84-339-7120-3

¿Qué es lo que lleva a que un par de finlandeses convenzan a muchos más compatriotas a suicidarse en grupo? La respuesta puede resumirse en una: soledad.

Las primeras líneas de Delicioso suicidio en grupo son las siguientes: El enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin. La melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza, que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave. Tal es el peso de la congoja, que muchos finlandeses ven la muerte como única salida a su angustia.

Dos personajes, el empresario Rellonen y el coronel Kemppainen, al amanecer del día de san Juan a orillas del lago Humalajärvi (lago de la borrachera), se conocen por casualidad cuando ambos tienen planeado quitarse la vida. Después de largas charlas y de mucho coñac, ambos deciden ayudar a otros suicidas y para ello publican un anuncio en un diario de tirada nacional:

¿Estás pensando en suicidarte?
No te precipites: no estás solo
Somos muchos los que pensamos igual que tú e, incluso, lo hemos intentado…

Con humor característico de Arto Paasilinna, Delicioso suicidio en grupo llega a ser una deliciosa narración de cómo ponerle fin a la vida de una manera que no sea la habitual. El trasfondo de esta novela es una realidad aterradora que las estadísticas de los países nórdicos ponen de manifiesto de manera fría. El propio Paasilinna a través de sus personajes mencionan una lacra en Finlandia: la tasa de suicidios es mayor que la de homicidios y asesinatos en una proporción de 1.500 a 100. La falta de luz natural y unas relaciones humanas que, en muchos casos, pueden llegar a ser excesivamente distantes y corteses empujan a estas sociedades altamente civilizadas a desenlaces trágicos.

Treinta y tres aspirantes a suicidas inician un viaje por Europa en un autobús con las máximas comodidades que los llevará a protagonizar una roadstory que, por momentos, pierde el ritmo y el interés que tiene durante la primera mitad de la obra.

Así y todo, Delicioso suicidio en grupo es una buena novela para acercarse al universo de Arto Paasilinna, el autor de El año de la liebre o de La dulce envenenadora entre otras.

VIAJE DE INVIERNO

Amélie Nothomb
Kobe (Japón) 1967
Editorial Anagrama
Después de aquellos primeros libros que leí de la belga Amélie Nothomb, Higiene del asesino, Estupor y temblores, Antichrista y Cosmética del enemigo, tengo la sensación de que las siguientes novelas suyas son variaciones de las otras pero en escenarios más o menos diferentes. Lo cual no significa que no tenga mérito ya que hay que saber hacerlo, pero me empieza a resultar aburrido leerla, aunque quiero destacar especialmente el estilo Nothomb, no sólo por la brevedad de lo que escribe, sino por el modo particular como lo hace.
Viaje de invierno tiene un buen comienzo y una excelente caracterización de los personajes, algo que la Nothomb sabe hacer muy bien. El invernal frío parisino junta en un piso de alquiler del barrio de Montorgueil a un funcionario de la compañía de electricidad, a una escritora y a la cuidadora de esta y, en ese ambiente viciado, surge el amor.
Zoilo siente algo muy especial por Astrolabio pero, aunque ella le corresponde, el centro de todas sus atenciones es la salud y obra de Aliénor, un extraño ser que le dicta sus obras y come sin cesar todo lo que le ponen.
Independientemente de lo que a mí me parezca, Viaje de invierno tiene la magia especial que Amélie Nothomb plasma en cada una de sus obras, donde los personajes tienen nombres tan alegóricos y plagados de ironía como su propia vida.
Nothomb siempre recomendable.
 

TREN NOCTURNO

CCCP… by Boji

Tren nocturno (Anagrama), de Martin Amis, es una novela de finales de los noventa, una excelente novela con un magnífico trabajo del personaje protagónico, Mike Hoolihan, mujer y heterosexual a pesar del nombre, que reconoce haber elegido como compañeros de vida a los hombres que menos le han convenido.

Meterse en la piel de una mujer policía a la que le encargan un caso: investigar la muerte de una amiga, mujer de vida perfecta y felicidad absoluta. ¿Qué le ha sucedido? ¿Quién la ha asesinado? ¿Y si se ha suicidado por exceso de felicidad?

Amis aborda el suicidio como forma de salvación a la vez que de condena para quienes viven la partida intempestiva del ser querido. ¿Y después qué? Quizás culpa, tal vez odio, posiblemente mucho dolor.

Esta es la novela que más he disfrutado de este inglés enfant terrible.

YONQUI

William S. Burroghs
Saint Louis 1914 – Lawrence 1997
Editorial Anagrama
Ordre des Arts et des Lettres en 1984 (Francia)
Lou Reed, Susan Sontag, Allen Ginsberg, Andy Warhol… Los nombres son numerosos en aquella Nueva York mítica de Studio 54, droga, sexo y gran creatividad.

Buscando el colocón definitivo, William S. Burroghs narra detalladamente el declive de un hombre desesperanzado, incómodo con el status quo, descontento y un tanto triste. Es la viva descirpción de un calvario, de un cuerpo que va detrás de un picotazo, de un poco de morfina, de lo que sea con tal de no estar donde está.

Miembro destacado de la Generación Beat, Burroghs jugó con el lenguaje y la forma de narrar, quizás por ser yonqui, o tan sólo buen escritor, se propuso sobrepasar la línea e innovó, en la literatura y en su vida.

La droga como forma de vida. Y la vida debía vivirla al límite. Burroghs es de esos genios inalcanzables, siempre me ha recordado a Jean Genet y a Bernard-Marie Koltès.

Burroghs fue un explorador de oscuridades profundas.

En su epitafio se lee: American Writer.