Alfaguara

LA COMADRONA

Lauri Tilkanen como Johannes Angelhurst

Se decía que lo único que volvía del frente de Kannas, en Carelia, eran los sacos repletos de cadáveres y corrían rumores sobre una gran ofensiva de las tropas rusas y de que las líneas del frente no estaban aguantando… Petsamo, Finlandia, junio 1944. Los boches se batían en retirada…

La conocían como la bastarda del rojo, la de Iso-Lamperi, la apodaban la Ojo Chungo u Ojo Salvaje y había sido engendrada en el pecado. En 1918, cuando ella era una niña, a su padre lo represaliaron por comunista en Rovaniemi y después brindaron con sahti y rieron con sus dientes amarillos, como lobos árticos.

Fue una noche de junio cuando te vi por primera vez. Cuando conoció a Johannes Angelhurst, un oficial alemán, y se quedó prendada de su dolorosamente buen olor: A piel de reno macho ungida con ambrosía. A verga pura… Un día de junio de 1944, a las cuatro de la madrugada, la comadrona abandonó la casa en Laponia, acompañada por un contrabandista rumbo al campo de Titovka, al otro lado de la frontera, en la Unión Soviética.

La comadrona infértil que soñaba con casarse con el SS y que éste la fotografiara con la niña de ambos sobre el regazo y un niño sabio, de los de gafas culo de botella, a su lado. Esa era la sinopsis de la felicidad en estado más limpio. Pero se dio de frente con la realidad, siempre más cruel que el sueño, y descubrió que en Titovka la esperaba esa enigmática Operación Establo de la que ella jamás había oído hablar, un lugar al que Ojo Chungo tenía prohibido acercarse.

Katja Kettu, como su compatriota Sofi Oksanen, no sólo escriben. Ambas autoras finlandesas hacen cirugías literarias que impactan y deleitan, exprimiendo los jugos de la Historia e inyectándolos en las venas de personajes vivos, realistas a los que dan ganas de abrazar y proteger o de rechazar y castigar. El director finlandés, Antti Jokinen, ha llevado La comadrona (Alfaguara 2014) al cine bajo el título The Wildeye como también hizo con Purga, una de las novelas de Oksanen.

Katja Kettu, además de autora de La comadrona, Premio Runeberg 2012, es cantante del grupo punk Confusa.

 

INTRUSO EN EL POLVO

Si en el sureño condado de Yoknapatawpha, dos minutos después de oírse el disparo de un revólver, se encuentra a un negro junto al cadáver de un blanco y lleva el arma recién disparada en el bolsillo, no cabe duda alguna acerca de quién ha sido el que apretó el gatillo. Probablemente, en otro sitio, ante la misma escena, tampoco.
Aquella noche de fin de semana, los negros no dormían, ni siquiera estaban en la cama sino sentados en silencio a oscuras con las puertas y las contraventanas cerradas esperando el rumor el murmullo de furor y de muerte que pudiese alentar la oscuridad primaveral, esperando a que los Gowrie, los parientes del blanco muerto, ejecutaran su venganza con gasolina y fuego contra Lucas Beauchamp, el anciano negro sospechoso y que no ha negado ni ha afirmado haberlo matado, tan sólo le ha confesado a un chico que su revólver no ha disparado contra un hombre blanco. El adolescente, corriendo contra el tiempo, se dirigirá al cementerio a desenterrar el cadáver.
Intruso en el polvo
William Faulkner
Alfaguara 2012
ISBN: 978-84-204-7504-2

William Faulkner exprime con la maestría de un gigante la atmósfera de quietud previa al vendaval que se vive en un condado del estado de Mississippi en el que la paz entre blancos y negros se ve quebrada de repente por un asesinato y la consiguiente posibilidad de venganza.

Intruso en el polvo (Alfaguara 2012), como Mientras agonizo, son grandísimas novelas, retos de lujo para quienes disfrutan navegando en las exquisiteces literarias.

EL RÍO DEL EDÉN

El río del Edén
José María Merino
Editorial Alfaguara
Año 2012
ISBN: 978-84-204-0384-7
Apagas la luz y descubres que la oscuridad ya no es tan densa, que hay un sutil reverbero blanquecino infiltrándose en ella, y que se vierte desde uno de los extremos del cielo, que empieza a decolorar su negrura. Empieza a amanecer junto a la laguna y Daniel ve recortada en la orilla la figura de un perro, con esa dualidad canina entre la más pura fidelidad al hombre y el halo escalofriante que destilan por la noche, quizás por el parentesco con el lobo.
En El río del Edén, José María Merino describe magistralmente la naturaleza del Alto Tajo, invitándonos a los lectores a que vayamos de la mano de los personajes: Daniel, el padre viudo, y Silvio, su hijo down (chicodáun, como él mismo se autodefine), llevando en su mochila la urna con las cenizas de Tere, su madre, para esparcirlas en ese oasis que tanto tiene que ver con los primeros tiempos de enamoramiento de Tere y Daniel. Por momentos, sin la devastación pero sí con la fuerza de la naturaleza como escenario, El río del Edén se roza con La carretera de Cormac McCarthy.
José María Merino
Cada capítulo de esta última novela de Merino, elegida una de las mejores cosechas literarias del año 2012, inicia su andadura con un mandala, esas representaciones simbólicas a las que Tere era tan aficionada. La narración en segunda persona es como la palabra de la consciencia de Daniel, o de ambos Danieles, el paciente y “malvado”.
A partir del capítulo 24, la narración de José María Merino adquiere un ritmo más rápido y comienzan a desencadenarse una serie de acontecimientos que dan sustento a las primeras páginas, hechos relacionados con el amor y el desamor, con la incomunicación, con suponer sin preguntar, con desconfiar por inseguridades propias. Las traiciones y las deslealtades se confunden entre sí y generan una espiral que, inevitablemente, desemboca en el río de la culpa, un sitio muy alejado del Edén.