LAS ENTRAÑAS DEL JAGUAR

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El limbo moja la noche. La noche abraza una casa en una calle desangelada en las arrugas de Detroit. El edificio contiene un sótano bajo su vientre. La lluvia y los sonidos esporádicos del exterior se cuelan en el zulo a través de un ventanuco, un respiradero infecto, que hay en lo alto de la pared del fondo, llena de pintadas e inscripciones. Las palomas zurean del otro lado del cristal manchado y defienden a picotazos cada milímetro del espacio conquistado entre los barrotes de las rejas.

En la oscuridad, un hombre de mediana edad, suave y refinado, permanece atrapado por las amenazas de un amante que disfruta con los juegos perversos de la humillación. Él observa con desconcierto a un joven cuerpo que tirita, el de un ser marginal, prisionero del chantaje de tres policías mafiosos a los que les ha robado un botín.

El amor entre dos hombres puede surgir en cualquier grieta, en las cicatrices de las heridas, incluso en los intestinos de una ciudad derrumbada que ambos convierten en fotogramas para poder sobrevivir.

Mi obra, Las entrañas del jaguar, acaba de ser galardonada con el segundo premio del certamen de Textos Teatrales Raúl Moreno, convocado por FATEX (Federación de Asociaciones de Teatro de Extremadura).

@DanielDimeco

FINAL DE CAPÍTULO

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‘Santería’ by José García Poveda

La Habana es uno de los epicentros del sincretismo. Una buena dosis de adoraciones a deidades, movimientos de caderas bien conseguidos hasta por los santos de madera, salitre a gusto salpicado desde su golfo a las fachadas coloniales, el ardor de las carnes multiétnicas siempre expuestas al sol y al deseo…

Cuando era adolescente, sentado en el borde de mi cama, leí El diario del Che en Bolivia, una edición antigua a la que le faltaba la portada y que había comprado mi madre a finales de los 60s. En ese diario descubrí el ideario pasional del Che Guevara y la razón de Estado de Fidel Castro que los llevó al enfrentamiento personal. Años más tarde, ya siendo profesor en la universidad, recuerdo con especial cariño cuando tocaba hablar de la caída de Fulgencio Batista, de Bahía de Cochinos o de los conciliábulos entre Washington y Moscú sobre la isla de azúcar.

No entraré en juicios ideológicos acerca de la figura de Castro, no me interesa ahora mismo, sólo digo que en esta mañana de lluvia y frío en Madrid (tan alejada de la cálida Habana) simbólicamente se cierra un capítulo de la Historia. Un capítulo infinitamente más interesante, en lo bueno y en lo malo, que el anodino que vivimos hoy.

Y tengo una enorme curiosidad: saber cómo va a ser el encuentro entre Fidel Castro y Reinaldo Arenas ahora que ambos son libres.

MORTAL COMANECI

Eikoh Hosoe

by Eikoh Hosoe

En 1978, dos años después de los siete dieces en los Juegos Olímpicos de Montreal y de haber parido, por error, el mortal Comaneci, la niña rural de Oneşti comenzó a derrumbarse y se perdió entre los escombros de una ciudad que acababa de temblar por un terremoto que le trastocó la fisonomía para siempre, como una metáfora de la propia gimnasta.

Me AVERGÜENZO, me avergüenzo horriblemente de haberme convertido en un monstruo. Nadia Comaneci se autocastigaba con la fiereza rígida y brutal de una perfeccionista extrema después de permanecer ocho meses en Bucarest al “cuidado” de un entrenador impuesto por el Estado. Para entonces, Nadia ya era Comaneci, la joya olímpica del Régimen de los Ceaucescu, y el no haber seguido la disciplina de entrenamientos al pie de la letra le había pasado factura.

La adolescente se sentía acosada por “la Enfermedad”, como ella la denominaba, esa extendida “afección mensual” que consiste en abandonar la piel de una niña. Los tiempos habían cambiado y los ojos de los hombres portaban en sus brillos una intención ajena al deporte. Las formas curvas de su cuerpo atlético ya no era posible contenerlas con facilidad dentro de las fronteras del maillot. Y frenar los caprichos de baby Ceaucescu, el hijo alcohólico del matrimonio supremo de Rumania, era una tarea que no se planteaba siendo él quién era y estando bajo vigilancia permanente de la Securitate.

Nadia Comaneci, el símbolo de una Rumania socialista que la pareja gobernante exhibía en las competiciones internacionales, era un arma de propaganda que corría el riesgo de implosionar. Una noche fría de finales de noviembre de 1989 se adentró en un bosque nevado buscando la puerta de salida que la llevara a Austria a través de la frontera húngara. Un largo paseo hasta la libertad.

La pequeña comunista que no sonreía nunca
Lola Lafon
Anagrama 2015
Traducción de Francesc Rovira

BAILANDO EN LA OSCURIDAD

Miklos Gaál, Swimming Lesson

Swimming lesson by Miklos Gaál

Adentrarse en la adultez, casi siempre, es navegar sin brújula por la oscuridad. Es internarse en las sombras sin la protección cálida y solar de aquellos que ya lo hicieron un tiempo antes. De repente, se asumen responsabilidades y nadie pareciera darse cuenta que, hasta ayer nada más, éramos unos niños a los que había que proteger. La adultez es la libertad y la prisión, es la puerta abierta para hacer y deshacer sin dar explicaciones a los padres y explicando cada paso que se da a los demás porque ya nadie nos deja pasar una.

La narración de Karl Ove Knausgård se centra en sus dieciocho años. Los cuales coinciden con el divorcio de sus padres, la mudanza de su madre a otra ciudad, la lejanía física del hermano mayor que se ha ido a estudiar, el nacimiento de una hermana menor a la que desconoce, la caída del mito de sus abuelos como un refugio afectivo y su propio viaje-huída hacia el norte de Noruega, a un pueblecito pintoresco y opresivo llamado Håfjord donde consiguió un puesto de maestro durante un año. De la luz de la adolescencia en el sur a la larga noche en el norte a través de una sensibilidad extrema que el autor ya ha manifestado en los tres volúmenes anteriores de la saga autobiográfica Mi lucha.

El propósito que expresa Karl Ove para trasladarse a Håfjord es tener el tiempo libre y la calma suficientes para convertirse en escritor. Un hecho futuro que siente como una verdad absoluta. Y el rincón escogido tiene, en apariencia, todo lo que se necesita para acometer los primeros pasos de esa labor. Pero Håfjord también es la oscuridad, la literal del largo invierno boreal y la interior del propio autor que, siguiendo los recientes pasos de su padre, se adentra en el alcoholismo, se envuelve en la soledad y empuña obsesivamente el deseo de una consumación carnal que no llega a experimentar a pesar de los intentos infructuosos.

El silencio es una losa fría que se templa con las jaranas en los recreos en el patio del colegio; con las pisadas que quiebran las capas de nieve; el ronrroneo de la cafetera en la sala de profesores; el rumor brioso del mar embistiendo el fiordo o los acordes de los grupos musicales de vanguardia de la década de los ochenta que KOK conoce al dedillo. Las caras sonámbulas y legañosas de los hijos de pescadores y amas de casa atienden por obligación las lecciones de literatura y consuelan el trágico aburrimiento de sus existencias presentes y de sus expectativas futuras humedeciendo los hígados con litros de cerveza.

Bailando en la oscuridad
Karl Ove Knausgård
Anagrama 2016
Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

LA FLOR PÚRPURA

Koto Bolofo 2

by Koto Bolofo

Me acurrucaría entre los brazos de padre cuando rugieran las tormentas del harmatán que hacían restallar los mangos contra la mosquitera de las ventanas y provocaban chispas anaranjadas al chocar los cables eléctricos entre sí.

El progenitor todopoderoso, un nativo nigeriano educado por misioneros ingleses, fija las reglas de convivencia y comportamiento familiares en base a una concepción fanática del catolicismo. La constante alabanza y el temor-pánico a un dios implacable con los débiles de carácter se entreteje con la admiración sumisa hacia el modo que tienen de hacer las cosas los blancos. Al punto de despreciar y acusar a su propio padre de idolatrar a las deidades tradicionales. Mientras, inmutable, Papa-nnukwu, igual que hacían sus ancentros, comparte la comida con Ani, el dios de la tierra, lanzando trozos de fufú sobre la hierba que se marchita fuera de su casa.

La intimidación física y psicológica traspasa las puertas de las habitaciones de la aséptica casa familiar y machaca en la culpa de la madre y de los hijos hasta que se abre en hemorragia. Un excelente paralelismo con el trasfondo de caos político y de violencia que vive una Nigeria sumida en el golpe de Estado.

Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños… Como el escritor británico Rudyard Kipling en el siglo XIX, un siglo más tarde Eugene combate con la Biblia en la mano a los posibles demonios que intentan apoderarse de sus hijos y, para evitarlo, edifica sobre ellos el andamiaje de la obligación desmedida, la fe inquebrantable, recorta cualquier resquicio natural de alegría y les empuja a la culpa y al miedo a través de una disciplina de hierro.

Todo cambia (y todo cambiará) cuando Jaja y Kambili, sus hijos adolescentes, son invitados por tía Ifeoma, hermana del padre, a pasar unos días en su casa de la ciudad de Nsukka. Allí también se reza antes de la comida, pero de un modo más amable. ¡Y hasta se le pide a Dios por la risa! Los jardines de las casas pobres del barrio están sembrados de girasoles y el cielo perfumado con vincapervincas, melinas y el más intenso y acre rezumo de las hojas de la margosa. Adentro, donde acampan las moscas en verano, el olor del keroseno para guisar se funde con el del curry y la nuez moscada. Los sentidos de ambos hermanos se abren alborotados y les revuelven las entrañas hasta el vómito.

A la estación del harmatán le sucede la de las lluvias y vuelta a empezar, pero los reinicios no siempre van a ser iguales.

La flor púrpura
Chimamanda Ngozi Adichie
Literatura Random House 2016
Traducción de Laura Rins

@DanielDimeco