LA SANGRE QUE TEME A LA SANGRE

'Headless' by Roger Ballen

‘Headless’ by Roger Ballen

Ellos la mataron, yo lo sé y sólo yo lo sé. No fue su culpa, fue un accidente, no sabían lo que hacían. Son casi unos niños. Son inocentes… son mis hijos... Así arranca Lilly, el primero de los relatos, y así es el pulso que conservan los siguientes hasta la última página.

En la calle Retorno de Ciudad de México pasan cosas. Allí, la vida y la muerte, la enfermedad, los deseos, los descuidos, los amores y desamores se entrecruzan, se rozan, se chocan, se devoran. Retorno 201 es un libro de relatos, historias que transitan las violencias personales, los dolores más íntimos, el amargor de unos seres muchas veces astillados, descreídos o con convicciones tan inamovibles que acaban hundidos en un pantano fétido a expensas de los odios y las decisiones irracionales.

Las imágenes y sensaciones que crea la escritura de Guillermo Arriaga hacen tajos en la piel, quiebran huesos, solidifican la sangre, amarran los tendones, erizan los nervios, contraen los músculos con una violencia soterrada y visceral hasta que, al final de cada uno de los relatos que componen Retorno 201, la calle se acaba, despierta el silencio y la noche se impregna del aroma ácido de la putrefacción y la hiel.

Ya sea en 21 gramos, Babel, Amores perros o Los tres entierros de Melquiades Estrada, los guiones de Arriaga aspiran el alma del desierto, tanto del que echa raíces en las entrañas de personajes regados por las amarguras como el más literal y polvoriento de Chihuahua.

Retorno 201
Guillermo Arriaga
Verticales de Bolsillo 2008

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015

CLANDESTINA

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La Bernalina

Noche fría de abril. La niebla de humo y dióxido tiñe el aire de las habitaciones de una casa de la calle Huertas. Nadie llega hasta allí porque sí, todos han sido escrupulosamente invitados y para entrar han requerido de una contraseña a la vieja usanza, nada de digital. Es imprescindible burlar a la Guardia Civil. Gobierna Primo de Rivera y corren tiempos difíciles en esta España donde las fiestas libertinas se han convertido en clandestinas.

El aroma es cada vez más espeso, dulce amalgama del Varón Dandy de ellos, el Cocaína en Flor de ellas, el tabaco y el alcohol que resuman los alientos. Agapito, servicial mayordomo de la dueña de casa, Consuelo Portella, “La Chelito“, seduce a los tabiques nasales más arriesgados con polvos blancos dispuestos en esmeradas líneas sobre bandeja de plata. La conversación, amenizada por las teclas del piano que ejecuta el retraído Genaro, torna en bullicio filosófico y el corrillo se ciñe para beber de la sapiencia de María Zambrano, una de las invitadas de excepción.

Los versos sicalípticos salpican picardía de entre los labios de La Bernalina, cupletista y mujer enamoradiza, y hacen las delicias de un Madrid acallado por la mordaza oficial y la moral cincelada con salmos, rosarios y novenas. Los contoneos y cancioneros indiscretos se suceden agazapados intramuros, un regalo de libertad para los exclusivos invitados que se reúnen cada vez en un sitio diferente evitando levantar sospechas entre los vecinos, oídos avizores, siempre dispuestos a denunciar rarezas ante los estrictos funcionarios de la Ley.

Clandestina es un espectáculo de cabaret y humor, un gran trabajo de Cristina Bernal, en el papel de la cupletista, y de Ángel Burgos como mayordomo en una Pensión de las Pulgas entregada al encanto de unos personajes que hacen que el espectador salga de allí con ganas de sonreír y de pecar.

Lo primero que se quita la rosa es el corpiño, atinó a decirle Ramón Gómez de la Serna a La Bernalina antes de que la noche se volviera aún más peligrosa.

Clandestina
Texto: Cristina Bernal y Nacho Sevilla
Dirección: Nacho Sevilla
Reparto: Cristina Bernal y Ángel Burgos
Piano: Nacho Ojeda
Coreografía: Luis Santamaría
Producción: La Bernalina
La Pensión de las Pulgas, c/ Huertas, 48 – Madrid
Viernes de abril a las 22.00 horas

@DanielDimeco

EL SOBRINO DE WITTGENSTEIN

Teatr

by Eustachy Kossakowski

Paul Wittgenstein, según su amigo Thomas Bernhard, aguantaba de pie durante horas en la Ópera de Viena o cantaba La Valquiria de Richard Wagner, quizás en un intento desesperado por invocar la protección de las guerreras frente a los enanos oscuros que acechaban su cabeza.

Osamentas que cuelgan de cráneos casi muertos y apoyadas sobre pies que se arrastran por los pasillos de los pabellones del Steinhof. En 1967, Bernhard y Wittgenstein (sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein) acabaron allí por motivos diferentes. El primero en el pabellón Hermann, para afectados del pulmón; el segundo en el pabellón Ludwig, donde los trastornados psíquicos. Ambos habían corrido casi hasta la muerte, uno por la tuberculosis y el otro por la locura. Bernhard había cambiado su escritura filosa por los sudores nocturnos y la tos con sangre. Wittgenstein había cambiado el frac blanco de la sastrería Knize por la camisa de fuerza.

Wittgenstein, ya casi al final, soñaba con ir a Venecia y dormir a gusto en el Gritti. La vida es pérfida y, a cambio, Wittgenstein fue muchas veces al Steinhof donde los enfermeros lo encerraban en una de las jaulas, camas con barrotes por los lados y por arriba, hasta que estaba quebrantado y, por consiguiente, listo. Bernhard, con un maravilloso toque de pedantería intelectual, relata la pasión de su amigo por la Sinfonía de Haffner y por la música de los motores de Fórmula I en el circuito de Monza. Su narración discurre por lo nimio y lo vital, por lo abstracto y lo real.

El sobrino de Wittgenstein es una historia de amistad entre dos hombres cultos acosados por las enfermedades. Es la historia de una relación que, en palabras de Bernhard, tanto bien me hicieron y, en cualquier caso, mejoraron mi existencia de la forma más útil, lo que quiere decir de la que convenía a mis aptitudes y capacidades y necesidades.

La amistad con Paul llegó a su final en el propio piso de éste en el centro de Viena. Thomas Bernhard se vio ya no con una persona viva sino muerta hacía tiempo, y entonces se apartó. Antes de irse del piso de Wittgenstein, Bernhard lo vio sentado en el sofá verde oscuro, llorando con las manos apretadas entre las rodillas. Nunca se perdonaría el haberse alejado de su amigo por ese bajo instinto de conservación que consiste en evitar a los marcados por la muerte.

Bernhard, cual doncella guerrera de La Valquiria, recoge el alma del héroe muerto en la batalla y la deposita en el Walhalla del mundo.

El sobrino de Wittgenstein
Thomas Bernhard
Anagrama (2015)
Traducción de Miguel Sáenz

@DanielDimeco

MI MADRE

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Little Rock, Arkansas. 1960. By Inge Morath

Estación de la Grand Trunk Western de Lansing. El aire se arrastra por el lomo del lago Erie hasta la cara del adolescente Richard Ford. El brazo en alto, saludando, en un intento filial por conservar el calor con la mano de su madre apoyada en el cristal empañado del vagón del tren. Estaba llorando. Adiós decía. La infancia ha tocado a su fin y el camino madre-hijo se abrirá en un ángulo cada vez más obtuso.

Después de eso comenzó la vida que llevaríamos hasta el final. Una vida fragmentada, truncada, de visitas largas y cortas. Cartas. Llamadas telefónicas. Telegramas. Encuentros en ciudades lejos de casa…

Década de 1960. La esperanza de Estados Unidos se centra en un líder joven y atractivo, John Kennedy. La Guerra Fría entra en un túnel cada vez más gélido: Berlín, Bahía de Cochinos, misiles en Cuba, Praga, Vietnam… Mientras tanto, la esperanza de Richard Ford se centra en convertirse en un hombre, en ser sí mismo, en encontrarse a través de la búsqueda hasta hallar un camino, un sitio, un trozo de espacio que dé refugio al adulto. Que lo cobije para que ser capaz de seguir adelante con la sensación de controlar cada milímetro del camino, cada costura del traje…

Así y todo, habiendo pasado muchos años, a pesar de haber recorrido kilómetros, cuando el teléfono suena de madrugada para comunicar que han ingresado a un ser querido, se marca una línea divisoria, un antes y un después. Se puede oír, incluso, el trazo que hace la línea rasgando la piel. El antes es asesinado de inmediato y hay que recolocarse en el nuevo ordenamiento, en el después ya convertido en el ahora.

Richard Ford hace un verdadero ejercicio de comprensión, intenta acercarse (desmedida ambición) a las insatisfacciones y placeres de su madre aligerando el daño que producen los mordiscos de los recuerdos. Una lectura breve en la que se palpa cómo la madre y el hijo a pesar del dordón umbilical son y serán seres desconocidos.

Mi madre
Richard Ford
Anagrama (2010)
Traducción de Marco Aurelio Galmarini

@DanielDimeco

LLUEVEN CENIZAS

Fotograma

Géza Röhrig / Fotograma de la película

Al cruzar la línea que separa la zona del horror de la del espanto no queda más que abrazarse al mecanicismo del presente. Escapar hacia adelante sin mirar atrás, sin detenerse y pisando las cabezas de los sentimientos hasta reventarlas. Un ejercicio eficaz contra la locura.

La cámara vuela nerviosa tras Saúl, al estilo de los chicos de Dogma, obsesionada con su nuca, con la cara de Saúl, con la expresividad ya muerta de Saúl. El entorno aparece borroso: cuerpos desnudos arrastrados por la humedad del suelo, cuerpos apilados, aullidos de desesperación extrema tras las puertas de las duchas, el runrún de los camiones que llegan con nuevas piezas para alimentar los crematorios que se atragantan engullendo día y noche. La búsqueda compulsiva de oros y valores en dedos y bolsillos, las cuotas de producción

El trabajo es de estilo fordista. Cada cual tiene un puesto en la cadena fabril y todo debe funcionar a la perfección. El hilo musical son las llamas que arden sin parar, la brutalidad de los kapos y los imperativos de los sargentos alemanes.

A pesar de vivir en el infierno, nadie se entrega a la muerte sin luchar, sin querer escapar de la lluvia de cenizas que puebla los bosques aledaños que son, al fin y al cabo, un triste resumen poético del propio final anunciado en Auschwitz.

La cámara László Nemes, el director, cierra el foco casi hasta el cerebro del personaje e invita al espectador a vivir dentro de él. No hay serenidad, no se experimentan momentos de destemblor, no existe la paz complaciente con el que observa. Todo eso hace que esta película sobre el Holocausto sea distinta a las demás, lo que conlleva un mérito enorme para su creador.

El hijo de Saúl (Hungría 2015)
Guión: László Nemes y Clara Royer
Dirección: László Nemes
Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér…
Música: László Melis
Fotografía: Mátyás Erdély

@DanielDimeco

CON LA TIERRA BAJO LAS UÑAS

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Emí Caínzos

Las manos escarban siguiendo la brújula de la intuición. Las uñas se vuelven sepia que es el color de los secanos. Los ojos gotean la ira y la impotencia. Las rodillas se abren paso entre los hilos de las medias y se tornan rojas y amoratadas después…

Allí no hay nada. Habladurías, leyendas, suposiciones… En los registros del hospital tampoco. Madres putas y madres santas que sólo tienen la certeza de haber parido, pero no lo saben por haber olido la piel lechosa de sus vástagos. Esposas y madres saben que sus maridos e hijos miran para siempre con los párpados cerrados en algún lugar donde no crecen las flores. En un pozo que se hunde en el averno, horadado en la tierra y convertido en tumba. La confusión se eleva en el aire, suspendida en fracciones de fracciones de partículas, una por cada lágrima. La España negra.

La búsqueda anda cual sierva detrás del dolor que nació de la estela del grito nocturno. El alarido estalló de una garganta quebrada, eco distorsionado del disparo de un revólver. El tiro traspasa la trasera de una tapia. ¿El origen de tanta angustia? Una delación, un ajuste de cuentas entre vecinos, una antigua pelea por gallinas y cerdos flacos.

La brutalidad se viste de ideología y la venganza ciega es el instrumento que sirve para esconder cadáveres junto a las raíces de los olivos o bajo el polvo deshidratado de las zanjas antes de que acampen las aguas llovedizas.

Los hermanos Quirós Molina, autor y director, hacen un trabajo narrativo-poético-teatral en Flores de España. La escenografía delimita con agobiante simbolismo el espacio sumergido del asesinado, las culpas del acusado, la cuneta y, sobre todo, el tiempo que pasa y que pasa y se aleja. Tres buenas interpretaciones muy bien espoleadas por el menor de los Quirós, el director. Un trabajo digno que habla de la deriva de la Guerra Civil y las cientos de revanchas arteras.

Flores de España
Texto: Raúl Quirós Molina
Dirección: Miguel Ángel Quirós Molina
Reparto: Rubén Labio, Naiara Murguialday y Emí Caínzos
Producción: Los Sueños de Fausto, S.L.
Teatro del Barrio (Madrid)

@DanielDimeco

EL DESAPEGO ES UNA MANERA DE QUERERNOS

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by Josef Koudelka

A Andrea la mataron de una puñalada en el corazón, mientras dormía en su propia cama en San José, un pueblo perfumado de visceras y plumas de pollo cerca de Colón, provincia de Entre Ríos.

Selva Almada irrumpe en el lector con la viril decisión del metal en punta, remueve las entrañas y después se va dejando un regusto dulzón en la herida. Su narrativa huele a sangre, a glóbulos reventados que humedecen la tierra reseca por ese sol de verano que se ancla entre la mística bonaerense al sur y la guaraní al norte.

El desapego es una manera de querernos, así se titula uno de los relatos que, además, bautiza la colección de historias de esta edición de Mondadori. Todos y cada uno de ellos se alimentan del universo seductor y brutal de unas relaciones sociales que pivotan entre los márgenes y el centro descascarillado, familias que viven el dolor y la sexualidad de un modo voraz, consumiendo cada segundo de sus vidas como si fuera el último. Los acontecimientos siguen sus ceremonias muchas veces risibles en mitad de la tragedia. O eróticas ante el devaneo con la muerte: Se endurecían los traseros como botones de rosas. Goteaban mieles de camoatí los muslos. Al tiempo que el runrún de las avemarías salía por la puertas y las ventanas abiertas ganando la calle como una manga de langostas.

Almada tiene un don especial para describir silencios tensos, sufrimientos que sólo se entrevén en gestos mínimos, pueblos desolados, velatorios y recuerdos de niños muertos que ya no son otra cosa más que unas fotos y una cicatriz blanca que le divide el vientre (a la madre) a la mitad.

El desapego es una manera de querernos
Selva Almada
Literatura Random House 2015 (Argentina)

@DanielDimeco

LA MUERTE SE ACERCA AL GALOPE

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Fotograma de La novia

Un exquisito juego de seducción envuelto en sangre y sudor. La novia, la obra de Paula Ortiz, recoge la magia andaluza y la sumerge en el secano aragonés. Los odios ancestrales vestidos de raso negro y mantilla de encajes y el amor a tres bandas crean la atmósfera tensa en la que el cristal se torna quebradizo y asesino. Porque Ortiz troca la hoja de acero lorquiana por la punta traslúcida del vidrio, que penetra fina por las carnes asombradas, y que se para en el sitio donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Y sobreviene la muerte, siempre lo hace, cortándole las piernas a la felicidad y alimentando las ojerizas arraigadas en el ánimo. ¿Pero qué hacer cuando el deseo y la pasión apuestan fuerte y arremeten con la furia de la sangre joven? ¿Cómo se explica el dolor que recorre la epidermis y reseca las venas cuando el cuerpo está en carne viva ansioso por otro cuerpo que se aleja?

Esa luna se va y ellos se acercan. De aquí no pasan. El rumor del río apagará con el rumor de troncos el desgarrado vuelo de los gritos.

A la muerte le suceden el dolor y el llanto y benditos sean los trigos porque mis hijos están debajo.

La muerte se aleja al galope en el mismo caballo brioso que la trajo de los montes. La muerte se va sonriendo empachada de sangre y escupiendo briznas de hierba.

Película: La novia (basada en Bodas de sangre de Federico García Lorca)
Guión de la película: Paula Ortiz y Javier García Arredondo
Dirección: Paula Ortiz
Reparto: Inma Cuesta, Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa, Carlos Álvarez-Novoa, etc.
Música: Shigeru Umebayashi
Fotografía: Miguel Amoedo

@DanielDimeco

BORRASCA

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4 de la tarde y es de noche en Copenhague. Te escribo desde el ático, una especie de palomar con ventanuco oval de vidrios astillados. Me rodean cajas, cajitas y cajones, algunas sillas apiladas, dos marcos viejos con el dorado descascarillado, maletas enfundadas en el verde del moho… Una extraña mezcla de recuerdos familiares, de infancias ajenas, olores y objetos de historias de otros y el rasgueo apresurado de las uñas de los roedores sobre la madera del suelo.

El techo de la estación de Bernstorffsvej reluce bajo el manto de nieve. El viento brama entre las ramas desvestidas de los árboles y en el horizonte, por sobre las casas, vuela un aire blanquecino que desdibuja los contornos. Los frágiles copos de cristal revolotean como los insectos bajo la luz de las farolas. El silbido del tren mød København, suave en las noches de verano, ha sido silenciado por la cólera del invierno.

En las ventanas de todas las casas hay un pabilo encendido, sereno en su andar lento hacia la muerte.

Diciembre de 2001

@DanielDimeco

SOY YO, ÉDICHKA

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by Stephen Shore

Odiaba el mundo que transformaba a tiernas chicas rusas que escribían versos en seres jodidos por la bebida y las drogas, que hacían de putas para unos millonarios que les exprimían el alma. Eduard Limónov vive en una habitación minúscula del hotel Winslow, una especie de ratonera para inmigrantes en la esquina de Madison con la calle Cincuenta y Cinco. Trabaja durante un tiempo de auxiliar de camarero en el Hilton y es entonces cuando empieza a detestar Estados Unidos. No tan sólo por una cuestión ideológica (él venía de la Rusia soviética y allí era poeta), sino porque Elena, su joven mujer rusa, con la que llegó de Moscú, le abandona por un rico norteamericano. Es un tema de carácter personal.

¿Dónde está esa Lena lacrimosa, con el perro maltés blanco, negro de la suciedad del deshielo de febrero en Moscú, que apareció en un momento dado en mi casa, huyendo de Vitia, su marido de cuarenta y siete años? Pasa el tiempo y Limónov se sigue preguntano por Elena, por la mujercita suave de la que se enamoró locamente. Elena y él se complementaban en el sexo, pero el idealismo de Limónov y la necesidad desesperada de ella por dejar atrás cualquier tufo soviético y engullir los aromas de Occidente no coinciden plenamente. Él nunca deja de ser ruso. Ella lucha por despojarse de esa piel.

En su obsesión, Limónov llega a arrepentirse de no haber tenido un hijo con Elena. Vagabundeando por Washington Square sueña con secuestrarla, ahora que ella lleva mucho tiempo con otro hombre, llevarla a la dacha de unos amigos y fecundarla en el encierro. Un sueño que se diluye, pero en el que cree con firmeza y desea desesperadamente. Es el sueño de un solitario, un hombre que deambula por las calles de Nueva York (se jacta de conocerlas mejor que nadie) buscando el contacto, físico o de palabra, con algún ser humano que le ayude a atemperar la rudeza de una ciudad que no resulta muy simpática. Busca entrar en mujeres quebradas psicológicamente o abre su cuerpo para acoger los sexos de hombres mayores o de negros que se acomodan entre cartones en alguna plazoleta del West Side.

Eduard Limónov me recuerda a Allen Ginsberg pero con alma rusa (que siempre es otra clase de alma). Ambos aúllan desde sus guaridas mentales como los lobos. Los dos se comen los kilómetros de Manhattan con el deseo en la boca y las gargantas ardientes por el vodka y la ginebra. Limónov y Ginsberg van tras las sombras de hombres y mujeres y cantan Ojos negros y vuelven a beber a la salud de sus ánimas inquietas.

Soy Yo, Édichka
Eduard Limónov
Marbot Ediciones 2014
Traducción de Ana Guelbenzu

@DanielDimeco

FRANCAMENTE, FRANK

The remnants of a roller coaster sits in the surf three days after Hurricane Sandy came ashore in Seaside Heights

Montaña rusa, Nueva Jersey

Después de un huracán, la gente se mueve como las hormigas coloradas a las que un desalmado les ha pateado el hormiguero. Los humanos pierden el ancla, van y vienen como las gallinas sin cabezas y acaban refugiándose en los recuerdos que sobrevuelan las viejas casas, las arrasadas y las que han tenido la fortuna de permanecer en pie.

Frank Bascombe, el legendario personaje de Richard Ford, narra con autocrítica racial y muchas copas de acidez las cuatro historias que surfean sobre el ojo del Sandy, el huracán que asoló parte de la Costa Este de Estados Unidos en 2012.

Los cuervos están encaramados sobre la capa de nieve aguada y a través del cristal observan a los humanos hablando sobre temas totalmente norteamericanos: matrimonios (preferentemente fallidos), racismo, consumo, mercado inmobiliario… Un telón de fondo de a ratos sombrío y de a ratos humorístico asentado sobre una catástrofe natural de gravísimas consecuencias humanas.

Y una ex-mujer, la del propio Frank Bascombe, que ha sido de las afortunadas, de las que no perdieron la casa, aunque el Parkinson se le ha metido para siempre bajo la epidermis.

Francamente, Frank (Anagrama 2015)

@DanielDimeco

THE “PERFECT” TEA TIME

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Un segundo es el tiempo que hace falta para liberar una emoción. El instante en el que el nervio espolea al estómago y éste se manifiesta en gritos cortos y repetitivos impulsados por el aliento. Las manos se restriegan entre sí compulsivamente hasta lograr esa rojez de dermatosis. Las piernas no paran quietas, como si evitaran pisar los hormigueros imaginarios. Todo parece fingido. ¿O es real?

Brenda tiene los hombros cargados, la exacta inclinación corporal que imprime el carácter retraído y la bilis revuelta. La primera impresión no escapa a la inevitable comparación con la también argentina Soledad Dolores Solari, el mítico personaje televisivo de Antonio Gasalla. Seres temerosos capaces de brutales psicopatías. Brenda vive horas felices. A las 5 o’clock, para ser bien british, ha invitado a su antigua pandilla de la adolescencia a un té de cinamon con trufas de coco en uno de los salones de La Pensión de las Pulgas. Una merienda al estilo de la mismísima Yiya Aponte de Murano, la envenenadora del porteño barrio de Montserrat. La celebración es especial ya que llevan mucho tiempo sin verse y todas ellas han sufrido transformaciones vitales que serán acicates perfectos para que la protagonista exponga sus artes de manipulación.

La vida de Brenda es un viaje entre la realidad y la fantasía, entre lo que puede ser y su monólogo interior, un complejo desequilibrio psíquico disfrazado de armonía de papel de seda. En cada paso que da hacia el pasado, la realidad y la ficción se mezclan y se enturbian más y más. Un comentario lleva al otro y emerge el pantano de los recuerdos que conecta con las vísceras, con los celos, con la envidia. Con el dolor de la soledad que punza las carnes y fabrica pus.

Mis cosas preferidas es una excelente idea de la directora argentina Macarena García Lenzi. Una dramaturgia que traza a la perfección el trastorno que se ha adueñado de una mujer presa de obsesiones, refugiada en el pasado y a la que cualquier alteración disparatada empuja al borde del abismo. Una interpretación magistral de Valeria Giorcelli, a quien los espectadores acompañan gustosos en un brutal descenso al lugar donde habitan las sombras frías y húmedas de la enfermedad mental.

Mis cosas preferidas (pieza para cuatro personajes con uno solo en escena)
Texto y dirección: Macarena García Lenzi
Interpretación: Valeria Giorcelli
Sala: La Pensión de la Pulgas – c/ Huertas, 48 – Madrid
Viernes 30 de octubre 20.30 horas
Sábado 31 de octubre 13.00 horas
Domingo 1 de noviembre 18.00 horas

@DanielDimeco

LA DÉBIL MENTAL

Birte Schnoeink en fotograma de 'Amour fou'

El mundo es una luna cortada a latigazos negros. Una figura tan potente y bella como esta enamora al lector. Y como esa, Ariana Harwicz regala muchas en las cien páginas de La débil mental (Mardulce 2015), una novela breve y de una intensidad escalofriante.

Todo es igual a partir de que él entró en mi cabeza, el infierno salado. Hace poco, leyendo un artículo de Rafael Narbona sobre su experiencia con la depresión, me quedé enganchado al siguiente comentario que, por cierto, ya había escuchado de boca de otras personas: No he olvidado la noche en la que advertí con insoportable nitidez mi desmoronamiento emocional. Desde entonces el largo andar por las arenas, como si el mundo entero fuese un médano gigante de pequeños oasis con tan sólo una palmera.

De las mil maneras de existir que hay, me tocó esta, no reconozco a nadie y cuando me ataca la gran desesperación, vivo en cualquier parte. La escritura de Ariana Harwicz pareciera brotar de un estigma hecho por un dolor muy profundo, de esos que ahuecan el alma hasta doblarla y teñirla de una mancha negra. Una escritura poética que de algún modo se emparenta con la belleza que destilan los versículos de Herta Müller. Un acertado contrapunto al lenguaje procaz, coloquial y lírico que la propia Harwicz ha manifestado que le interesa trabajar.

La relación cuasi-salvaje que une a madre e hija construye un nrelato que transita por las pulsiones del deseo sexual irrefrenable. La madre se alegra cuando a la niña le crecen los pechos, cuando un hombre la desea en una escalera. La madre se siente satisfecha al ver que su hija se está convirtiendo en mujer.

Me invento una vida en las nubes sentada en mi clítoris. Tal vez sean las palabras de la propia protagonista las que expongan la mejor síntesis de la obra.

@DanielDimeco

AUTORRETRATO

La autora by Birthe Melchiors

Yo no sé:
cocinar
llevar sombrero
ser acogedora
llevar joyas
arreglar flores
recordar citas
agradecer regalos
dar la propina adecuada
retener a un hombre
mostrar interés
en las reuniones de padres.

No puedo
dejar de:
fumar
beber
comer chocolate
robar paraguas
quedarme dormida por la mañana
olvidarme de recordar
cumpleaños
y limpiarme las uñas.
Hablar
por boca de otros
revelar secretos
amar
lugares extraños
y psicópatas.
Puedo:
estar sola
fregar platos
leer libros
construir frases
escuchar
y ser feliz
sin mala conciencia.

Tove Ditlevsen (Dinamarca)