Poesía

PAISAJE CON GRANO DE ARENA




Wislawa Szymborska
Kórnik 1923 – Cracovia 2012
Premio Nobel de Literatura 1996
Editorial Lumen
ISBN: 978-84-264-2795-3

Prospecto (en Acaso)
Soy un ansiolítico.
Actúo en casa,
hago efecto en la oficina,
me presento a los exámenes,
comparezco ante los tribunales,
reparo tacitas rotas.
No tienes más que ingerirme,
ponme debajo de la lengua,
no tienes más que tragarme,
con un sorbo de agua basta.
Sé enfrentarme a la desgracia,
soportar malas noticias,
paliar la injusticia,
llenar de luz el vacío de Dios,
elegir un sombrero de luto que favorezca.
¿A qué esperas?,
confía en la piedad química.
Todavía eres un hombre/una mujer joven,
debes seguir en la brecha.
¿Quién dice
que vivir requiere valor?
Dame tu abismo,
lo acolcharé de sueño,
me estarás para siempre agradecido/agradecida
por las patas sobre las que caer de patas.
Véndeme tu alma.
No te saldrá otro comprador.
No existe ningún otro diablo.
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ANOCHECER EN EL BÓSFORO

Bósforo
Foto: Carmen Garrido

Henrik Nordbrandt (Copenhague 1945)
Del poemario: Nuestro amor es como Bizancio
DeBolsillo 2010
ISBN 978-84-9908-187-8
Premio del Consejo Nórdico de Literatura 2010

La tarde entra en su autoencendimiento

y de repente todos los rostros surgen
a un tiempo oscuros y opacamente relucientes
como profundos cortes en un feldespato
que una vez le regaló el amante
a su novia ahora quemada o ahogada
en cuyos sueños nos vemos como muertos
remeros enjaulados en negras cuadernas
en una galera hundida, desmantelada.
A Estambul eternamente, por lo que ella sabe



EL ALMA OBLICUA


Vicente Cervera Salinas
Albacete 1961
Editorial Verbum
ISBN: 84-7962-280-6

10 de agosto de 2001, barrio de Norrmalm, Estocolmo.

La impredecible lluvia sueca nos obliga, al poeta murciano Vicente Cervera Salinas y a mí, a refugiarnos en un portal y, desde allí, nos dirigimos al interior de una iglesia, donde, sin saberlo, asistimos a la ceremonia de una comunión protestante.

13 de agosto de 2001, barrio de Gentofte, Copenhague.

Antes de regresar a España, Vicente Cervera deja en mi casa naranja de grandes ventanas un regalo invalorable: una postal adquirida en Estocolmo. En el anverso: la reproducción de una pintura del artista sueco Eugene Jansson, Gryning över Riddarfjärden, con tantos tonalidades azules como las de los cielos de la musa del Archipiélago. En el reverso: un manuscrito del poeta titulado Confirmación.

Enero de 2005, barrio de Chamberí, Madrid
Recibo por correo el poemario El alma oblicua y en su páginas 82 me reencuentro con aquel instante eterno:

Confirmación

Bajo tus pies, la lluvia
de Strindberg. En una esquina de la
Drottninggattan, la cúpula olvidada.
En su recinto, ritos arcanos que entonan
la confirmación. Sinuoso, el tiempo brinda
sus tesoros cuando lo desea, y tú
sólo tienes que auscultar
su ondulación. Ves un manantial,
entonces, de misterios, donde
saciar tu sed de enamorado
de la vida. La pregunta deja
así de ser la duda, y brota
en ramo de respuestas: el azular
de un lienzo, el serpeante
goce de un camino que, en
la noche, guía. El archipiélago
urbano donde accede el mar
a ser morada; el encuentro
desprovisto del reloj. La firmeza,
en suma, de unas horas
que no pesan en la verde Escandinavia.
Y a ti, que recorres la
estación de las pasiones, te
confirman como príncipe hacia
el reino de esta tenue luz
de estío en permanencia.

Amanecer sobre Riddarfjärden (1899) – Eugene Jansson

RECUERDOS DE RAINER MARIA RILKE


Marie von Thurn und Taxis
1855 – 1934
Ed. Paidós Testimonios (2004)

Al poco tiempo de publicar Los apuntes de Malte Laurids Brigge, Rainer Maria Rilke empezó a gestar las Elegías de Duino. Acababa de conocer a la propietaria del castillo de Duino, en la costa adriática, la princesa Marie von Thurn und Taxis, mecenas y amiga personal del poeta hasta su muerte.

En estas páginas escritas por la princesa von Thurn und Taxis se suceden algunos nombres como los de Madame de Noailles, Paul Valéry, Lou Andreas-Salomé, el rey Manuel de Portugal, todos ellos intérpretes de una Europa que fraguaba tiempos violentos, eran los últimos suspiros de un mundo próximo a ser decapitado por dos Guerras Mundiales. Ella se convirtió en la gran amiga y valedora del poeta de salud endeble y que sufrió, durante diez años, la sequía de la inspiración, tal como él la denominaba, tiempo que le llevó poder escribir sus Elegías.

¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros
de los ángeles? Y si uno de repente me tomara
sobre su corazón: me fundiría ante su más potente
existir. Pues lo bello no es más que el comienzo
de lo terrible, que todavía soportamos
y admiramos tanto, porque, sereno, desdeña
destrozarnos. Todo ángel es terrible,
por eso me contengo, sofocando el reclamo
de un llanto oscuro. ¡Ay! Y ¿a quién podríamos
recurrir, entonces? No al ángel, ni a los hombres:
y los sagaces animales ya notan
que no estamos muy confiadamente en casa
en el mundo interpretado…

(fragmento de la Primera Elegía)

RETRÁCTILES


Pilar González España
Madrid 1960
Poeta, filóloga, traductora y sinóloga
Ediciones Torremozas

Es como cuando el aire aulla en las orejas, un sonido que inquieta y que paraliza de gozo, todo a la vez. Difícil trabajo el del poeta que sale de la soledad conventual de la escritura a la luz del espectáculo a través del recital.

La muestra, el mostrar la poesía a los demás, puede hacerse de dos maneras, básicamente: como profesional o como amateur. Pilar González España está en el primer grupo. Sin señales ostentosas de un ceremonial intelectual que puede rozar peligrosamente el aburrimiento entre un público que no es académico, la autora de Retráctiles despliega su maestría: dos gotas de Poême de Lancôme por si algún despistado aún duda qué está haciendo en la madrileña librería Enclave de Libros; uñas pintadas de oscuro y abrigo negro con los bordes de las mangas en rojo, como su poema La destrucción de Sodoma, preanuncio, quizás, de lo que nos aguarda: un exquisito descendimiento a las honduras, acunados por la delicadeza de la voz de Pilar González España, que nos invita a un viaje en los que están presentes las materias (aire, agua, tierra, fuego) y la China que tanto conoce y adora.

Pilar ha incluido en Retráctiles algunos poemas editados en sus libros anteriores: El cielo y el poder (Hiperión 1997), Una mano escondida en un cajón (Germania 2002) y Transmutaciones (Torremozas 2004, Premio Carmen Conde). Traductora de clásicos de la poesía china como Poemas del río Wang de Wang Wei (Trotta 2004).

Hacia el fondo del mar

Hacia el fondo. Hacia el fondo del fondo
del mar. Allí donde el lenguaje es coral y
alga enmarañada. Allí donde cada pala-
bra es una perla atrapada en su concha.

Me sumerjo en toneladas de silencio. Me
sumerjo en lo oscuro transparente. Me
sumerjo en la sangre purificada de la tie-
rra, en el llanto antiguo de unos dioses
tristes. Me sumerjo… Mi cabello de algas
negras… (Arriba el resplandor de la exis-
tencia: un sol confuso)

Aquí los ecos del pasado. Aquí los ecos
del futuro. Aquí un vientre enorme, gi-
gantesco. Aquí el centro ardiente de la
negrura cósmica. La soledad es plena,
extensa, alta, ancha, profunda. Puedo to-
car sus cuatro paredes infinitas.

Silencio, muerte, silencio, muerte, silen-
cio, ecos dormidos, silencio, ojos, millo-
nes de ojos mudos, silencio, cue-
vas, bocas negras abiertas para siempre,
silencio, óxido, musgo dormido para
siempre, silencio, un zapato podrido para
siempre, una moneda brillando para
siempre, un barco muerto acunado para
siempre, silencio, desierto otra vez, luz
ausente, el fulgor de un pez que me sor-
prende, me mira y me desconoce.

Pesa sobre mí todo el océano. Me toca lo
profundo, me presiona con sus manos gi-
gantescas, rodea mi cuerpo, aprieta mis
ojos, mis sienes, mi cabeza, mis pulmo-
nes… Solo mi pelo es libre, planta negra
que baila en esta falsa noche.

EL CIELO A MEDIO HACER


Tomas Tranströmer
Estocolmo 1931
Premio Nobel de Literatura 2011
Nórdica Libros

Epílogo (de 17 poemas o 17 dikter, 1954)
Diciembre. Suecia es un extenuado barco en tierra. Sus ásperos mástiles, contra el cielo de anochecer. Y el anochecer dura más que el día: el camino que conduce hasta aquí es pedregoso: recién a la hora de la cena llega la luz y el coliseo del invierno se levanta, iluminado desde nubes irreales. Entonces sube de pronto el humo blanco, vertiginoso de los pueblos. Infinitamente altas están las nubes. En las raíces del árbol del cielo hurga el mar, distraído, como escuchando algo. (Invisible pasa un pájaro sobre la parte oscura, retraída del alma, despertando a los durmientes con sus trinos. Así gira el refractor, atrapa otra época y ya es verano: muge la montaña, hinchada de luz y el arroyo levanta el brillo del sol con mano transparente… Todo desaparece luego como cuando se corta la película en la oscuridad.) Ahora la estrella de la tarde quema la nube. Árboles, patios traseros y casas se amplían, crecen en la avalancha silenciosa de la noche que cae. Y bajo la estrella se revela más y más el otro, el oculto paisaje que vive vida de silueta en la chapa radiográfica de la noche. Una sombra lleva su trineo entre las casas. Ellas esperan. A las 18.00 llega el viento y galopa ruidoso en la calle del pueblo, en la oscuridad, como una caballería. ¡Cómo la negra inquietud actúa y se desvanece! En danza inmóvil están las casas presas, en este zumbido que se parece al sueño. Uno y otro golpe de viento vagan sobre la bahía, lejos, hacia el mar abierto que se arroja en la noche. Flamean las estrellas desesperadas en el espacio. Las encienden y apagan nubes que van volando; sólo cuando anochece la luz elimina su existencia, como las nubes del pasado que andan cazando en las almas. Cuando paso frente a la pared del establo, se oye el estruendo de las coces del caballo enfermo que está adentro. Y es la partida en la tormenta, junto a una reja que golpea y golpea, un farol que surge de una mano, una animal que cacarea de terror en el monte. La partida, cuando truena como la tempestad sobre los techos de los establos, bordonea en los hilos telefónicos, silba estridente en las tejas del techo nocturno y el árbol desamparado extiende sus ramas. ¡Un tono de gaitas se libera! Un tono de gaitas que avanzan desfilando, liberadoras. Una procesión. ¡Un bosque en marcha! Chorrean en torno a una proa y la oscuridad se mueve, y tierra y agua se transportan. Y los muertos, los que se fueron bajo cubierta, van con nosotros, con nosotros, en marcha: un viaje por mar, una travesía que no es caza, sino tranquilidad. Y el mundo rasga todo el tiempo su carpa de nuevo. Un día de verano el viento toma la jarcia de la lancha y arroja la Tierra hacia delante. Rema el nenúfar con su pata de rana oculta en el vientre oscuro de la laguna que huye. Rueda lejos un bólido en las salas del espacio. En el anochecer de verano se ven las islas elevarse en el horizonte. Viejos pueblos van en camino, se internan en los bosques más y más, en la rueda de las estaciones, con el rechinar de la urraca. Cuando el invierno arroja de sí sus botas, y el sol tañe más alto, los árboles se cubren de hojas y se llenan de viento y navegan en libertad. Junto al pie del monte está el declive del bosque de pinos, pero viene la ola larga y tibia del verano, pasa lentamente entre los topes de los árboles, descansa un instante y se hunde otra vez: queda una costa deshojada. Y por fin: el espíritu de Dios es como el Nilo: se desborda y se hunde a un ritmo que ha sido calculado en textos surgidos en distintas épocas. Pero también él es inmutable y por eso rara vez se lo ve por aquí. Él cruza la procesión desde el costado. Como el navío pasa entre la bruma sin que la bruma nada perciba. Silencio. La débil luz de la linterna es la señal.
Traducción: Roberto Mascaró

TRAGALUZ 17


Coordinador: Giusseppe Domínguez
Asociación Cultural Clave 53

Poetas que participan en Tragaluz 17: Ana del Vigo, Carmen Cruz, Carmen Garrido, Carolina Ayensa, Chema Vega, Dolores Vallejo, Ernesto Pentón, Eva Luna, Federico Cardesa, Jorge Cabello, José María Martínez del Peral, Juan Carlos Ortega, Nines Cuenca, Paloma Hernández, Susana Recover y Teresa Sanz.

Los siguientes poemas pertenecen a Nines Cuenca:

El mar.
Una ola.
En la cresta un cayuco,
el universo,
en su interior, veinte almas.
Otra ola en camino.
¿Y luego?
Luego, un golpe de mar.
(Cayuco)

A veces te echo de menos.
Sobre todo cuando estás.
(Alzheimer)