Letras

A TRAVÉS DE LA NOCHE

by Zeno Petersen

¿Qué es lo que hace que un hombre de alrededor de cuarenta años se adentre en el Guardián de la Barrera, un bar de alcohólicos de Bratislava, y entable conversación con un anciano con un ojo vivo y el otro muerto?

El hombre de alrededor de cuarenta escapa de sí mismo a través de una serie de actos desesperados que, poco a poco, lo conducen cada vez más lejos: desde Noruega a Eslovaquia.

La tristeza llega de muchas formas distintas. Se cuela en el cuerpo y se va para volver a entrar y a salir en una sucesión infinita, en un juego perverso muy difícil de soportar.

La muerte de Ole-Jakob, el hijo adolescente, desencadena una ristra de acontecimientos y modifica de un plumazo la realidad, quiebra el espinazo de la psique e instala una bola de dolor en el pecho.

Stig Sæterbakken hace un trabajo de introspección al más puro estilo de los narradores nórdicos, sin apartar la oscuridad, sin encender las luces innecesarias, porque si alguien es capaz de transitar en vida una angustia semejante, cualquier lector tiene que poder andarla por la senda de la ficción.

De repente, mirarse al espejo y ver el reflejo fantasmagórico de uno mismo y la boca abriéndose en un grito prolongado. Lo único que queda por encontrar, después del desagarro, es a uno mismo, cambiado, vuelto del revés, quizás enloquecido, pero en esencia uno mismo.

Mañana no me quiero despertar, pensé, y sentí que el sueño se extendía como un oscuro líquido desde los ojos hasta el resto del cuerpo.

A través de la noche
Stig Sæterbakken
Mármara Ediciones
Traducción de Cristina Gómez-Baggethun y Øyvind Fossan

INCENDIOS

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by Daniel Dimeco

En el camino de vuelta, el aire se iba haciendo más frío a medida que avanzábamos hacia el este y nos alejábamos del fuego, y el cielo estaba claro y estrellado salvo donde el resplandor de la ciudad se alzaba en el horizonte. Mi madre paró en Augusta…

Una historia feroz en Great Falls, Montana. Una mirada adolescente sobre las relaciones humanas, sobre la relación madre-padre y el deseo.

Incendios
Richard Ford
Anagrama 2015 (Colección Compactos)
Traducción de Jesús Zulaika

LAS SIETE VIDAS DEL CANGREJO

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Me he pasado la tarde mirando impaciente el reloj, calculando la hora en función de las sombras en el suelo, dice uno de los personajes creado por Rebeca García Nieto en Las siete vidas del cangrejo.

Creo firmemente en que el acto de escribir requiere de pulso. Se trata de una urgencia vital del autor, una necesidad imperiosa de darle salida a las voces interiores. En esa desesperación, porque es una desesperación camuflada, buscamos la puerta más apropiada que nos ayude a salvar las apariencias y a purificarnos espiritualmente. Al fin y al cabo, como dice la propia autora, la escritura es un modo de vivir, de ser…

Una de las características más admirables de Rebeca García Nieto, de la escritora, es el coraje de adentrarse en temáticas poco transitadas en las letras españolas contemporáneas. Y digo que tiene coraje porque se atreve a salir de la zona de confort que asegura el aplauso fácil y la narrativa pobre.

Rebeca cose los remiendos de vidas desgajadas, de historias que duelen y supuran. Crea mundos basados en relaciones humanas complejas, como lo son todas en la realidad, pero centrándose en esos detalles que sólo ve el ojo clínico de quien asume el control de la escritura desde las tripas y sin miedo.

Una de las características más destacadas de los cangrejos es que vagan sobre el fondo de las profundidades. En Las siete vidas del cangrejo Rebeca nos invita a bucear en ese fondo de aguas habitadas por seres encerrados en sus problemáticas que intentan comunicarse pero no lo consiguen del todo.

En este libro Rebeca habla de temáticas grandes y no lo hace al pasar, habla de la extremaunción, del aborto, de la enfermedad… Son siete historias en las que priman las bromas de la mente, sus arrebatos. Las bromas de las células, sus arrebatos. Este libro habla de la enfermedad como un estadio de distanciamiento entre los seres humanos. Historias de una enorme intimidad en las que el lector se asoma a través de una ventana indiscreta y observa las miserias y alegrías ajenas.

Una característica estructural muy interesante de Las siete vidas del cangrejo es los escenarios, espacios pequeños y cerrados que obligan a los personajes a repetir acciones poco gratas, casi a modo de giro de la rueda de las cobayas. Esos escenarios son: una rayuela, un retrete, una cárcel (prisión u hospital), un sitio donde se desarrolla una relación madre-hija, la red o el chat (algo aparentemente abierto y tan cerrado al mismo tiempo), el vientre de una madre… Microcosmos cargados de intimidad. Y en esa intimidad anida el dolor. De esos escenarios surgen frases tan literariamente maravillosas como potentes por su crudeza como los monstruos de los que nos pasamos la vida intentando protegerlos somos también los padres.

Las siete vidas del cangrejo es un libro de secuelas, psicológicas y físicas, de personajes que padecen y que García Nieto, mediante diferentes juegos de estilo y tipografías, los presenta en sus mundos y los abraza a todos juntos al final del libro en un apartado que ha titulado Acta de Sesión.

No soy capaz de definir el género del libro y tampoco estoy seguro que haga falta hacerlo. Son siete relatos entrelazados en esas profundidades de las que hablaba más arriba. Es una novela coral. E, incluso, son siete breves historias teatrales. Que el lector decida.

Una rayuela al estilo Cortázar con múltiples finales, tantos como personajes que la habitan. Un juego que es una repetición mecánica de la lucha hasta el agotamiento y sin dibujar jamás el último peldaño (el Cielo), el del descanso.

Como lector y como colega admiro la escritura de Rebeca por su profesionalidad, su audacia temática, su inquietante conocimiento del alma cerebral de los humanos (vicio de su otra vida profesional) y por invitar al lector a rozar las cicatrices.

Las siete vidas del cangrejo
Rebeca García Nieto
Editorial Alegoría 2016

#12ENERO

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Foto by Daniel Dimeco

Aquel ser pequeño de ojos azules sigue subiéndose a lo alto de tu refugio, allí donde se acumula el polvo.

En las tardes cálidas de duermevela espera tu llegada, la sombra alargada de la calma y la palabra dulce del afecto.

No creo que leas esto, pero por si alguien te lo comenta, como al pasar, como una curiosidad, quiero que sepas que allí estás. Quiero que sepas que sigue oliendo a campo y tabaco y que la esquina, con sus caras antiguas y nuevas, también espera que te asomes con tu mirada cándida.

#82años #JoséDimeco #padre #dulzura #Pip #12Enero #1935

MORTAL COMANECI

Eikoh Hosoe

by Eikoh Hosoe

En 1978, dos años después de los siete dieces en los Juegos Olímpicos de Montreal y de haber parido, por error, el mortal Comaneci, la niña rural de Oneşti comenzó a derrumbarse y se perdió entre los escombros de una ciudad que acababa de temblar por un terremoto que le trastocó la fisonomía para siempre, como una metáfora de la propia gimnasta.

Me AVERGÜENZO, me avergüenzo horriblemente de haberme convertido en un monstruo. Nadia Comaneci se autocastigaba con la fiereza rígida y brutal de una perfeccionista extrema después de permanecer ocho meses en Bucarest al “cuidado” de un entrenador impuesto por el Estado. Para entonces, Nadia ya era Comaneci, la joya olímpica del Régimen de los Ceaucescu, y el no haber seguido la disciplina de entrenamientos al pie de la letra le había pasado factura.

La adolescente se sentía acosada por “la Enfermedad”, como ella la denominaba, esa extendida “afección mensual” que consiste en abandonar la piel de una niña. Los tiempos habían cambiado y los ojos de los hombres portaban en sus brillos una intención ajena al deporte. Las formas curvas de su cuerpo atlético ya no era posible contenerlas con facilidad dentro de las fronteras del maillot. Y frenar los caprichos de baby Ceaucescu, el hijo alcohólico del matrimonio supremo de Rumania, era una tarea que no se planteaba siendo él quién era y estando bajo vigilancia permanente de la Securitate.

Nadia Comaneci, el símbolo de una Rumania socialista que la pareja gobernante exhibía en las competiciones internacionales, era un arma de propaganda que corría el riesgo de implosionar. Una noche fría de finales de noviembre de 1989 se adentró en un bosque nevado buscando la puerta de salida que la llevara a Austria a través de la frontera húngara. Un largo paseo hasta la libertad.

La pequeña comunista que no sonreía nunca
Lola Lafon
Anagrama 2015
Traducción de Francesc Rovira

BAILANDO EN LA OSCURIDAD

Miklos Gaál, Swimming Lesson

Swimming lesson by Miklos Gaál

Adentrarse en la adultez, casi siempre, es navegar sin brújula por la oscuridad. Es internarse en las sombras sin la protección cálida y solar de aquellos que ya lo hicieron un tiempo antes. De repente, se asumen responsabilidades y nadie pareciera darse cuenta que, hasta ayer nada más, éramos unos niños a los que había que proteger. La adultez es la libertad y la prisión, es la puerta abierta para hacer y deshacer sin dar explicaciones a los padres y explicando cada paso que se da a los demás porque ya nadie nos deja pasar una.

La narración de Karl Ove Knausgård se centra en sus dieciocho años. Los cuales coinciden con el divorcio de sus padres, la mudanza de su madre a otra ciudad, la lejanía física del hermano mayor que se ha ido a estudiar, el nacimiento de una hermana menor a la que desconoce, la caída del mito de sus abuelos como un refugio afectivo y su propio viaje-huída hacia el norte de Noruega, a un pueblecito pintoresco y opresivo llamado Håfjord donde consiguió un puesto de maestro durante un año. De la luz de la adolescencia en el sur a la larga noche en el norte a través de una sensibilidad extrema que el autor ya ha manifestado en los tres volúmenes anteriores de la saga autobiográfica Mi lucha.

El propósito que expresa Karl Ove para trasladarse a Håfjord es tener el tiempo libre y la calma suficientes para convertirse en escritor. Un hecho futuro que siente como una verdad absoluta. Y el rincón escogido tiene, en apariencia, todo lo que se necesita para acometer los primeros pasos de esa labor. Pero Håfjord también es la oscuridad, la literal del largo invierno boreal y la interior del propio autor que, siguiendo los recientes pasos de su padre, se adentra en el alcoholismo, se envuelve en la soledad y empuña obsesivamente el deseo de una consumación carnal que no llega a experimentar a pesar de los intentos infructuosos.

El silencio es una losa fría que se templa con las jaranas en los recreos en el patio del colegio; con las pisadas que quiebran las capas de nieve; el ronrroneo de la cafetera en la sala de profesores; el rumor brioso del mar embistiendo el fiordo o los acordes de los grupos musicales de vanguardia de la década de los ochenta que KOK conoce al dedillo. Las caras sonámbulas y legañosas de los hijos de pescadores y amas de casa atienden por obligación las lecciones de literatura y consuelan el trágico aburrimiento de sus existencias presentes y de sus expectativas futuras humedeciendo los hígados con litros de cerveza.

Bailando en la oscuridad
Karl Ove Knausgård
Anagrama 2016
Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo

LA TIERRA QUE PISAMOS

Ex-farm laborer in his yard. Teviston, California.

by Matt Black

Iosif lleva las botas puestas, con ellas debería caminar hacia la muerte, cosa que ansío que suceda esta misma noche. Ella cuida de su marido, héroe del Imperio, postrado en cama en una finca de Extremadura. Ambos son de buena estirpe, provienen de algún lugar del norte, de donde parten los conquistadores que se han apoderado de España.

El choque metálico de una cuchara contra el perol, el arrastrar acompasado del esparto sobre el suelo de piedra antigua, el rechinar de la cama donde el postrado se agita y acaba rasgando el día y hasta la noche. La monótona rutina de la casa, ahora que la colonia está pacificada, se ve alterada con la llegada de un hombre que no dice nada y al que ella decide empezar a alimentar, por caridad señorial, podría pensarse, pero no sólo por eso, contraviniendo las leyes del Imperio.

Leva, el mudo o el loco, tiene la cara rayada de sangre reseca, el pie descalzo, el pelo sucio y revuelto. La mirada se le ha vuelto amarilla, de a ratos adquiere una tonalidad sepia, de felino viejo, y el corazón le palpita lento en la palma de la mano para verlo y ser consciente de que está vivo.

Las palabras que hila Jesús Carrasco tejen imágenes poderosas, fuertes, como ocurría en Intemperie. A través de ellas, a la tierra se la vive, se huele la sangre, se palpa el frío en invierno y las sales de los sudores de los esclavos en verano. La tierra que pisamos es un nuevo universo rural que humedece los sentidos a través de ese lenguaje tan exquisito y riquísimo al que nos ha acostumbrado el escritor de Olivenza.

La tierra que pisamos
Jesús Carrasco
Seix Barral 2016

@DanielDimeco

CHICAS MUERTAS

Laura Makabresku 4

by Laura Makabresku

En el galponcito, una perra loca que teníamos había enterrado una vez a sus crías. A una le había arrancado la cabeza.

María Luisa Quevedo era la adolescente hinchada, con el rostro y un ojo comidos por los pájaros. La hallaron en un baldío a las afueras de Sáenz Peña, provincia de Chaco.

Sarita Mundín era una chica de veinte años cuyos restos aparecieron a orillas del río Tcalamochita, provincia de Córdoba.

Andrea Danne era la adolescente que asesinaron una noche en la cama de su habitación, en la ciudad de San José, provincia de Entre Ríos.

Pueblos achaparrados, hundidos por la pobreza y abrasados bajo la resolana del verano litoraleño boquean medio vivos-medio muertos cuando cae la tarde y se elevan los cánticos metálicos de los grillos y las ranas. El aroma a los perfumes comprados en las góndolas de los supermercados calan las puertas y ventanas abiertas para anunciar la noche y la fiesta, la alegría de vivir (o de sobrevivir). Los insectos se restriegan las patas dispuestos a la cópula nocturna, al sudoroso sacrificio del deseo en post de unas horas de sensaciones dulces.

El tañido seco y repentino de una campana preanuncia que el placer acaba de ser vilmente traicionado por la violencia machista, por el feminicidio, por el convencimiento obtuso de que otro humano puede ser una posesión, como lo son los objetos que se acumulan por la locura de la compra compulsiva. Adquisición de un cuerpo ajeno a través de los sentimientos, proyección de una imagen nublada acerca de lo que es propio y lo que no. La incapacidad de entender que el no de una mujer es no, ni sí, ni tal vez, sencillamente no.

Selva Almada lleva a cabo un trabajo de investigación periodística, desde la mirada de la escritora que es. Almada se centra en tres adolescentes asesinadas cuyas muertes siguen preñadas de sospechas y sospechosos, sin que se haya dilucidado absolutamente nada. Tres mujeres a las que les quitaron el eau de perfum y les restregaron la piel con sangre y una dosis empalagosa de adrenalina.

Chicas muertas
Selva Almada
Literatura Random House 2015

@DanielDimeco

LA FLOR PÚRPURA

Koto Bolofo 2

by Koto Bolofo

Me acurrucaría entre los brazos de padre cuando rugieran las tormentas del harmatán que hacían restallar los mangos contra la mosquitera de las ventanas y provocaban chispas anaranjadas al chocar los cables eléctricos entre sí.

El progenitor todopoderoso, un nativo nigeriano educado por misioneros ingleses, fija las reglas de convivencia y comportamiento familiares en base a una concepción fanática del catolicismo. La constante alabanza y el temor-pánico a un dios implacable con los débiles de carácter se entreteje con la admiración sumisa hacia el modo que tienen de hacer las cosas los blancos. Al punto de despreciar y acusar a su propio padre de idolatrar a las deidades tradicionales. Mientras, inmutable, Papa-nnukwu, igual que hacían sus ancentros, comparte la comida con Ani, el dios de la tierra, lanzando trozos de fufú sobre la hierba que se marchita fuera de su casa.

La intimidación física y psicológica traspasa las puertas de las habitaciones de la aséptica casa familiar y machaca en la culpa de la madre y de los hijos hasta que se abre en hemorragia. Un excelente paralelismo con el trasfondo de caos político y de violencia que vive una Nigeria sumida en el golpe de Estado.

Lleven la carga del hombre blanco/ envíen adelante a los mejores entre ustedes/ para servir, con equipo de combate/ a naciones tumultuosas y salvajes/ Esos recién conquistados y descontentos pueblos/ mitad demonios y mitad niños… Como el escritor británico Rudyard Kipling en el siglo XIX, un siglo más tarde Eugene combate con la Biblia en la mano a los posibles demonios que intentan apoderarse de sus hijos y, para evitarlo, edifica sobre ellos el andamiaje de la obligación desmedida, la fe inquebrantable, recorta cualquier resquicio natural de alegría y les empuja a la culpa y al miedo a través de una disciplina de hierro.

Todo cambia (y todo cambiará) cuando Jaja y Kambili, sus hijos adolescentes, son invitados por tía Ifeoma, hermana del padre, a pasar unos días en su casa de la ciudad de Nsukka. Allí también se reza antes de la comida, pero de un modo más amable. ¡Y hasta se le pide a Dios por la risa! Los jardines de las casas pobres del barrio están sembrados de girasoles y el cielo perfumado con vincapervincas, melinas y el más intenso y acre rezumo de las hojas de la margosa. Adentro, donde acampan las moscas en verano, el olor del keroseno para guisar se funde con el del curry y la nuez moscada. Los sentidos de ambos hermanos se abren alborotados y les revuelven las entrañas hasta el vómito.

A la estación del harmatán le sucede la de las lluvias y vuelta a empezar, pero los reinicios no siempre van a ser iguales.

La flor púrpura
Chimamanda Ngozi Adichie
Literatura Random House 2016
Traducción de Laura Rins

@DanielDimeco

LA SANGRE QUE TEME A LA SANGRE

'Headless' by Roger Ballen

‘Headless’ by Roger Ballen

Ellos la mataron, yo lo sé y sólo yo lo sé. No fue su culpa, fue un accidente, no sabían lo que hacían. Son casi unos niños. Son inocentes… son mis hijos... Así arranca Lilly, el primero de los relatos, y así es el pulso que conservan los siguientes hasta la última página.

En la calle Retorno de Ciudad de México pasan cosas. Allí, la vida y la muerte, la enfermedad, los deseos, los descuidos, los amores y desamores se entrecruzan, se rozan, se chocan, se devoran. Retorno 201 es un libro de relatos, historias que transitan las violencias personales, los dolores más íntimos, el amargor de unos seres muchas veces astillados, descreídos o con convicciones tan inamovibles que acaban hundidos en un pantano fétido a expensas de los odios y las decisiones irracionales.

Las imágenes y sensaciones que crea la escritura de Guillermo Arriaga hacen tajos en la piel, quiebran huesos, solidifican la sangre, amarran los tendones, erizan los nervios, contraen los músculos con una violencia soterrada y visceral hasta que, al final de cada uno de los relatos que componen Retorno 201, la calle se acaba, despierta el silencio y la noche se impregna del aroma ácido de la putrefacción y la hiel.

Ya sea en 21 gramos, Babel, Amores perros o Los tres entierros de Melquiades Estrada, los guiones de Arriaga aspiran el alma del desierto, tanto del que echa raíces en las entrañas de personajes regados por las amarguras como el más literal y polvoriento de Chihuahua.

Retorno 201
Guillermo Arriaga
Verticales de Bolsillo 2008

RACIMO

Little Kingdom

‘Little Kingdom’ by Alejandro Kirchuk

Run-Run se fue pa´l Norte/ qué le vamos a hacer,/ así es la vida entonces,/ espinas de Israel,/ amor crucificado,/ corona del desdén,/ los clavos del martirio,/ el vinagre y la hiel,/ ay ay ay de mí (Violeta Parra).

Antes, hace mucho. Un Fiat 600 verde engulle 2000 kilómetros a través del desierto desde Santiago de Chile a Iquique. En él viajan una mujer y su hijo y ambos, en la gigantesca complicidad creada en el espacio mínimo, tararean canciones de Nino Bravo y Umberto Tozzi.

Después, hace menos tiempo. Ese mismo chico, ya hombre, de apellido Torres Leiva cruza el desierto en coche. A su lado viaja una niña rescatada a orillas de la carretera de entre la niebla en mitad de la madrugada.

Las niñas desaparecidas van al liceo Pedro Prados y son de Alto Hospicio, Iquique. Están acostumbradas a desconfiar: de sus compañeros, de sus hermanos, de sus padres, de sus madres, del vecino que a veces las invita a salir. Por eso no se entiende qué ocurrió para que se esfumaran sin que nadie viese nada. Ante la pasividad de las autoridades policiales sólo queda una salida: rezarle con fervor y hacerle promesas contundentes a la Virgen de la Tirana, la misma que muchos han visto que sangra por los ojos.

Ximena se esfumó al día siguiente que Carabineros presentara los informes de la investigación y diera por cerrado el caso de las desapariciones de niñas. Concluyeron que las mismas abandonaban sus casas y familias por propia voluntad con la finalidad de alejarse de la miseria. Quizás rumbo a Bolivia o Perú, a sitios donde ejercen la prostitución. Todo puede ser verdad y todo una franca mentira.

Tal vez por eso, los viernes muy tarde por la noche, las cabecitas en círculo apoyaban los dedos sobre el vaso de la ouija y preguntaban por Tamara, otra de las niñas desparecidas. De ahí surgió la palabra r,a,c,i,m,o, en clara referencia a las bombas que explotaron una noche en la fábrica del desierto, ya hace unas lunas, y donde murieron 29 obreros. La conexión entre un hecho y el otro desconcierta y alarma.

Años más tarde, Ximena reaparece al borde de la carretera donde la encontró Torres Leiva, el fotógrafo, y lo que parecía de una manera resultó que era de otra. Las luces amarillas de Iquique parpadean entre las garras del Pacífico y las asfixiantes arenas de Atacama.

Racimo
Diego Zúñiga
Literatura Random House 2015

EL SOBRINO DE WITTGENSTEIN

Teatr

by Eustachy Kossakowski

Paul Wittgenstein, según su amigo Thomas Bernhard, aguantaba de pie durante horas en la Ópera de Viena o cantaba La Valquiria de Richard Wagner, quizás en un intento desesperado por invocar la protección de las guerreras frente a los enanos oscuros que acechaban su cabeza.

Osamentas que cuelgan de cráneos casi muertos y apoyadas sobre pies que se arrastran por los pasillos de los pabellones del Steinhof. En 1967, Bernhard y Wittgenstein (sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein) acabaron allí por motivos diferentes. El primero en el pabellón Hermann, para afectados del pulmón; el segundo en el pabellón Ludwig, donde los trastornados psíquicos. Ambos habían corrido casi hasta la muerte, uno por la tuberculosis y el otro por la locura. Bernhard había cambiado su escritura filosa por los sudores nocturnos y la tos con sangre. Wittgenstein había cambiado el frac blanco de la sastrería Knize por la camisa de fuerza.

Wittgenstein, ya casi al final, soñaba con ir a Venecia y dormir a gusto en el Gritti. La vida es pérfida y, a cambio, Wittgenstein fue muchas veces al Steinhof donde los enfermeros lo encerraban en una de las jaulas, camas con barrotes por los lados y por arriba, hasta que estaba quebrantado y, por consiguiente, listo. Bernhard, con un maravilloso toque de pedantería intelectual, relata la pasión de su amigo por la Sinfonía de Haffner y por la música de los motores de Fórmula I en el circuito de Monza. Su narración discurre por lo nimio y lo vital, por lo abstracto y lo real.

El sobrino de Wittgenstein es una historia de amistad entre dos hombres cultos acosados por las enfermedades. Es la historia de una relación que, en palabras de Bernhard, tanto bien me hicieron y, en cualquier caso, mejoraron mi existencia de la forma más útil, lo que quiere decir de la que convenía a mis aptitudes y capacidades y necesidades.

La amistad con Paul llegó a su final en el propio piso de éste en el centro de Viena. Thomas Bernhard se vio ya no con una persona viva sino muerta hacía tiempo, y entonces se apartó. Antes de irse del piso de Wittgenstein, Bernhard lo vio sentado en el sofá verde oscuro, llorando con las manos apretadas entre las rodillas. Nunca se perdonaría el haberse alejado de su amigo por ese bajo instinto de conservación que consiste en evitar a los marcados por la muerte.

Bernhard, cual doncella guerrera de La Valquiria, recoge el alma del héroe muerto en la batalla y la deposita en el Walhalla del mundo.

El sobrino de Wittgenstein
Thomas Bernhard
Anagrama (2015)
Traducción de Miguel Sáenz

@DanielDimeco

MI MADRE

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Little Rock, Arkansas. 1960. By Inge Morath

Estación de la Grand Trunk Western de Lansing. El aire se arrastra por el lomo del lago Erie hasta la cara del adolescente Richard Ford. El brazo en alto, saludando, en un intento filial por conservar el calor con la mano de su madre apoyada en el cristal empañado del vagón del tren. Estaba llorando. Adiós decía. La infancia ha tocado a su fin y el camino madre-hijo se abrirá en un ángulo cada vez más obtuso.

Después de eso comenzó la vida que llevaríamos hasta el final. Una vida fragmentada, truncada, de visitas largas y cortas. Cartas. Llamadas telefónicas. Telegramas. Encuentros en ciudades lejos de casa…

Década de 1960. La esperanza de Estados Unidos se centra en un líder joven y atractivo, John Kennedy. La Guerra Fría entra en un túnel cada vez más gélido: Berlín, Bahía de Cochinos, misiles en Cuba, Praga, Vietnam… Mientras tanto, la esperanza de Richard Ford se centra en convertirse en un hombre, en ser sí mismo, en encontrarse a través de la búsqueda hasta hallar un camino, un sitio, un trozo de espacio que dé refugio al adulto. Que lo cobije para que ser capaz de seguir adelante con la sensación de controlar cada milímetro del camino, cada costura del traje…

Así y todo, habiendo pasado muchos años, a pesar de haber recorrido kilómetros, cuando el teléfono suena de madrugada para comunicar que han ingresado a un ser querido, se marca una línea divisoria, un antes y un después. Se puede oír, incluso, el trazo que hace la línea rasgando la piel. El antes es asesinado de inmediato y hay que recolocarse en el nuevo ordenamiento, en el después ya convertido en el ahora.

Richard Ford hace un verdadero ejercicio de comprensión, intenta acercarse (desmedida ambición) a las insatisfacciones y placeres de su madre aligerando el daño que producen los mordiscos de los recuerdos. Una lectura breve en la que se palpa cómo la madre y el hijo a pesar del dordón umbilical son y serán seres desconocidos.

Mi madre
Richard Ford
Anagrama (2010)
Traducción de Marco Aurelio Galmarini

@DanielDimeco

EL DESAPEGO ES UNA MANERA DE QUERERNOS

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by Josef Koudelka

A Andrea la mataron de una puñalada en el corazón, mientras dormía en su propia cama en San José, un pueblo perfumado de visceras y plumas de pollo cerca de Colón, provincia de Entre Ríos.

Selva Almada irrumpe en el lector con la viril decisión del metal en punta, remueve las entrañas y después se va dejando un regusto dulzón en la herida. Su narrativa huele a sangre, a glóbulos reventados que humedecen la tierra reseca por ese sol de verano que se ancla entre la mística bonaerense al sur y la guaraní al norte.

El desapego es una manera de querernos, así se titula uno de los relatos que, además, bautiza la colección de historias de esta edición de Mondadori. Todos y cada uno de ellos se alimentan del universo seductor y brutal de unas relaciones sociales que pivotan entre los márgenes y el centro descascarillado, familias que viven el dolor y la sexualidad de un modo voraz, consumiendo cada segundo de sus vidas como si fuera el último. Los acontecimientos siguen sus ceremonias muchas veces risibles en mitad de la tragedia. O eróticas ante el devaneo con la muerte: Se endurecían los traseros como botones de rosas. Goteaban mieles de camoatí los muslos. Al tiempo que el runrún de las avemarías salía por la puertas y las ventanas abiertas ganando la calle como una manga de langostas.

Almada tiene un don especial para describir silencios tensos, sufrimientos que sólo se entrevén en gestos mínimos, pueblos desolados, velatorios y recuerdos de niños muertos que ya no son otra cosa más que unas fotos y una cicatriz blanca que le divide el vientre (a la madre) a la mitad.

El desapego es una manera de querernos
Selva Almada
Literatura Random House 2015 (Argentina)

@DanielDimeco

BORRASCA

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4 de la tarde y es de noche en Copenhague. Te escribo desde el ático, una especie de palomar con ventanuco oval de vidrios astillados. Me rodean cajas, cajitas y cajones, algunas sillas apiladas, dos marcos viejos con el dorado descascarillado, maletas enfundadas en el verde del moho… Una extraña mezcla de recuerdos familiares, de infancias ajenas, olores y objetos de historias de otros y el rasgueo apresurado de las uñas de los roedores sobre la madera del suelo.

El techo de la estación de Bernstorffsvej reluce bajo el manto de nieve. El viento brama entre las ramas desvestidas de los árboles y en el horizonte, por sobre las casas, vuela un aire blanquecino que desdibuja los contornos. Los frágiles copos de cristal revolotean como los insectos bajo la luz de las farolas. El silbido del tren mød København, suave en las noches de verano, ha sido silenciado por la cólera del invierno.

En las ventanas de todas las casas hay un pabilo encendido, sereno en su andar lento hacia la muerte.

Diciembre de 2001

@DanielDimeco