Historia / Política

FINAL DE CAPÍTULO

santeria-jose-garcia-poveda

‘Santería’ by José García Poveda

La Habana es uno de los epicentros del sincretismo. Una buena dosis de adoraciones a deidades, movimientos de caderas bien conseguidos hasta por los santos de madera, salitre a gusto salpicado desde su golfo a las fachadas coloniales, el ardor de las carnes multiétnicas siempre expuestas al sol y al deseo…

Cuando era adolescente, sentado en el borde de mi cama, leí El diario del Che en Bolivia, una edición antigua a la que le faltaba la portada y que había comprado mi madre a finales de los 60s. En ese diario descubrí el ideario pasional del Che Guevara y la razón de Estado de Fidel Castro que los llevó al enfrentamiento personal. Años más tarde, ya siendo profesor en la universidad, recuerdo con especial cariño cuando tocaba hablar de la caída de Fulgencio Batista, de Bahía de Cochinos o de los conciliábulos entre Washington y Moscú sobre la isla de azúcar.

No entraré en juicios ideológicos acerca de la figura de Castro, no me interesa ahora mismo, sólo digo que en esta mañana de lluvia y frío en Madrid (tan alejada de la cálida Habana) simbólicamente se cierra un capítulo de la Historia. Un capítulo infinitamente más interesante, en lo bueno y en lo malo, que el anodino que vivimos hoy.

Y tengo una enorme curiosidad: saber cómo va a ser el encuentro entre Fidel Castro y Reinaldo Arenas ahora que ambos son libres.

LA CORTE DEL ZAR ROJO




Svetlana en brazos de su padre, Stalin

  
La corte del zar rojo es una biografía exhaustiva sobre la figura de Josip Stalin y de una época que marcó a fuego la vida de la Unión Soviética, de todos sus habitantes y de los países europeos.

Simon Sebag Montefiore desgrana magistralmente una estirpe de hombres y mujeres que después de la Revolución de Octubre se convirtieron en los amos y señores de un país que había pasado a degüello a las antiguas familias feudales que soportaban a los Romanov. No es una historia desconocida para la gran mayoría de la gente, el interés que despierta este libro es ver la maquinaria de aniquilación vasi desde las tripas, desde el propio Kremlin donde Stalin se reunía con un reducido grupo de hombres y tomaba las decisiones más nímias y trascendentales.
Entre esos personajes que compusieron la corte stalinista hay uno que siempre me ha fascinado como escritor (razón por la que forma parte de La mano de János): Lavrenti Beria. Un georgiano visceral, desalmado y con una capacidad atroz para conseguir, desde su reducto de la Lubianka, sede de la Policía Política, la NKVD y posterior KGB, todo lo que fuera necesario para mantener el Terror en su máximo esplendor. Beria llegó a jactarse de lo que era capaz de conseguir en una noche en las mazmorras de la cárcel: Déjame una noche con él y haré que confiese que es el rey de Inglaterra.
Montefiore recorre la historia de Rusia desde la adolescencia de Stalin y de Nadia, su mujer muerta en condiciones dudosas, hasta la muerte del líder y la guerra inclemente por la sucesión. Entre medias: el Pacto Molotov-Ribentrop, la Segunda Guerra Mundial, los años del Terror, las purgas, Siberia, la bomba atómica, Stalingrado, el asesinato de las esposas molestas, Svetlana y los hijos de Stalin, el Morita, el círculo íntimo, el asesinato de Kirov… Traiciones, delaciones, estrategias políticas internas e internacionales, ejecuciones, juicios sumarísimos, ascensos súbitos y caídas estrepitosas, las hambrunas, Yezhov el degenerado, los juegos sádicos durante las cenas larguísimas, el insomnio de Stalin, sus amantes, las vacaciones en Sochi…
La corte del zar rojo (Crítica 2004) es un libro imperdible para quienes gusten de la Historia y, muy especialmente, de Rusia-URSS.

LOS CUERVOS DEL VATICANO



Papa Emérito Benedicto XVI



“Os anuncio un gran gozo: ¡’Habemus Papam! El eminentísimo y reverendísimo Señor don Joseph, cardenal de la Santa Iglesia Romana Ratzinger, que se ha impuesto el nombre de Benedicto XVI“. Es muy probable que ese instante el cardenal Ratzinger pensara en su Baviera natal y en salir andando en sentido contrario al balcón de la Basílica de San Pedro.
Los cuervos del Vaticano, del periodista Eric Frattini, es un viaje entre voraces. Un viaje donde la elegancia de la imagen y de los gestos contrasta brutalmente las relaciones non-sanctas de los hombres al servicio de Dios.
 
F. Monforte / AFP

Ninguna política, jamás, me ha resultado tan atractiva como la vaticana, sencillamente porque se aparta de las normas corrientes y de los usos habituales de cualquier otro Estado, democrático o dictatorial. El peso de la tradición, sólo se le puede comparar, aunque de lejos, el de la monarquía británica, hace que la Santa Sede sea una joya para el análisis político. La maquinaria cuarial es instrumento de Poder en manos del Secretario de Estado, una suerte de poderoso Primer Ministro o Vice-Papa que conduce el timón del Vaticano y de toda su red político-económica haciendo patente esa división milenaria entre los divino y lo terrenal. Una frontera que nunca es muy clara ni nadie pretendería delimitar.



Frattini, en su libro, presenta la cara más política del Estado Ciudad del Vaticano: con la infaltable dosis de película de misterio, de relaciones turbias con Mafia al mejor estilo Mario Puzzo, de asesinatos y traiciones, de purpurados que unen las yemas de los dedos para esconder la mirada gatuna mientras defenestran a quien sea por los trozos de poder.
Acaba de comenzar el Cónclave. La Curia dividida y los cardenales dándose zarpazos en el intento por ser el primero en llegar a la silla de Pedro. Es buen momento para leer Los cuervos del Vaticano y acercarse a las vísceras de un Estado particular. Eso sí, lo mejor es hacerlo sin el estúpido fervor del militante anticatólico ni con la ceguera del fanático creyente y así disfrutar más y mejor de uno de los acontecimientos político-religiosos más apasionantes y que se se dan de vez en cuando.

APUÑALANDO LAS BARRERAS DEL SILENCIO

Manifestación en la plaza Tahrir
Foto de Khaled Elfiki (El País)
¿Cuántas veces se ha hablado del poder de la voluntad de un pueblo frente a sus gobernantes? Muchas, demasiadas. También mucho se ha hablado de la Primavera Árabe y de la consiguiente caída en cadena de Ben Alí en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto y Muamar Gadafi en Libia, aunque en el último caso el factor petróleo y contrataciones multimillonarias forzaron a los países occidentales, encabezados por el hiperactivo marido de Carla Bruni, a intervenir para salvar a la población civil azotada por el dictador (suele ocurrir que algunas veces los servicios secretos se enteran tarde de lo que está pasando en la casa de los vecinos). De buen cristiano es socorrer al que sufre.
En Europa también se ha hablado bastante de los aires cálidos provenientes de los países árabes y de cómo rozaban nuestras pieles curtidas por los recortes y la sangría impuesta por los lobbies financieros y los hombres de negro. Claro que, me parece a mí, en Europa el espíritu combativo que tenemos es más de intelectualidad de bares que de verdadero compromiso. Al fin y al cabo, desde la Primavera de Praga en 1968, más fresca que la árabe, nuestras voces no se han alzado con la tenacidad y registro suficientes como para apuñalar la barrera del silencio.
Hoy, como hace un año, siento verdadera admiración por el pueblo egipcio. Hoy, como hace un año, los egipcios se vuelven a enfrentar (solos) en la misma plaza Tahrir al Poder constituido que les quiere arrebatar los derechos que tanto les ha costado conseguir (pagándolos, incluso, con vidas), un poder político que se cree ungido por la mano divina y que aplica, una vez más, prácticas torcidas que han ayudado durante tantos años a aplastar y a empobrecer a su pueblo. Da igual que sean islamistas o laicos, socialistas o conservadores cuando lo que importa es retener el puesto a costas de los demás.
Egipto lucha por ser libre, pero no lo hace con palabras bonitas y discursos, lo hace cara a cara con el férreo dispositivo de seguridad, a sabiendas de que puede tratarse del último acto que cada uno de esos individuos acomete en sus vidas.

AU PAYS DU GRAND MENSONGE

Philippe Grangereau
Éditions Payot & Rivages
ISBN: 2-228-89742-6

En julio de 2004, en París, encontré este libro de Philippe Grangereau porque un año más tarde, en 2005, pensaba viajar a Corea del Norte desde China.

No pude dar el salto a Pyongyang, lamentablemente, aunque los entresijos de la vida me regalaron un viaje iniciático alternativo de cuatro horas en avión a Urumqi y, desde allí, al desierto uigur de Sinkiang tras las ruinas de las ciudades de Gaochang y Jiaohe: destino el Turfán, antigua Ruta de la Seda.

Hoy, ocho años después, sigue intacto mi interés por viajar al hermético Estado de los Kim y poder ver aquellos rostros tristes y grises que el Régimen colorea con flores artificiales durante los grandes fastos. Corea del Norte me sigue seduciendo. Aunque más bien creo que me seduce el poder descubrir ese aire de secretismo y ocultismo retraolimentado durante décadas al amparo de la doctrina Juche.

Foto: P. Ugarte (AFP)

En Au pays du Grand Mensonge (“El país de la Gran Mentira”), Grangereau resalta que la Corea del año 2000 seguía estando bajo la batuta de un muerto, Kim Jong-il, el fundador del Estado stalinista fallecido en 1994. Hoy, año 2012, viendo las ceremonias por los 100 años del nacimiento del abuelo del actual líder, podemos deducir que la República Popular Democrática de Corea sigue en las mismas manos del muerto a través de su impronta y de su legado, tan útil para que un clan todopoderoso se mantenga aferrado a las riendas del poder en una nación hambreada.

EL PAN NUESTRO


Ilya Ehrenburg (Kiev 1891 – Moscú 1967)
Edición T.E.A. 1933

En 1933, Ilya Ehrenburg escribía lo siguiente en El pan nuestro:

En París se celebra la conferencia de todos los países europeos. Sus fines son modestos, pero elevados: es necesario comprar a Hungría, Rumania y Yugoslavia sus depósitos de trigo. Europa compra muchos millones de bushels a América. ¿Acaso sería imposible adquirir un poco de trigo del Danubio? Sería un acto de generosidad que, por lo demás, no les afectaría. La conferencia recuerda un consejo de familia -en que los tíos y tías buscan el medio de ayudar a los desgraciados parientes que pertecen en las provincias lejanas.
Briand es el primero que toma la palabra con el fin de abrir la conferencia. Con aire fatigado inspecciona la sala. Tal vez siente que se le aproxima la muerte o que puede ser que sea el resultado del gran cansancio experimentado por todas las deliberaciones y conferencias. Mas, con todo, tratará de ablandar los corazones de los delegados.
-¡Señores, ha llegado la hora de poner a prueba nuestra solidaridad!
Briand implora por la salvación de Europa:
-La crisis de los agrarios ha llegado a proporciones inconcebibles. Debemos, por todos los medios que están a nuestro alcance, proteger a nuestro continente de las terribles conmociones…
Los vendedores insinuaban suplicando que sólo se trataba de una pequeñez; que el trigo que ofrecían constituía el 7% de toda la importación europea. Los compradores movían la cabeza en silencio. Los vendedores se quejaban de que ya no cabía más en su triste situación. Los conpradores suspiraban compasivamente…
Y como era de esperar, la aceptación fue unánime. Los vendedores enviaban telegramas de alegría a sus capitales: pronto habría francos, libras esterlinas, coronas, liras y florines.
Pero, al calusurar la conferencia, monsieur François Poncet dijo gravemente:
-Hay algunos entre nosotros que han demostrado un exagerado optimismo. La conferencia de los representantes de todos los países no puede convertirse en una bolsa de cereales.
Monsieur Poncet aclaró:
-En Europa existe el comercio libre y los gobiernos no pueden influir sobre “el aspecto moral”.
Los delegados se retiraron. Los agricultores y los intermediarios fueron insensibles al “aspecto moral”.
Briand habló de nuevo en su siguiente conferencia, se entiende que sobre solidaridad.
Los europeos, como antes, compraban el trigo en América y millones de campesinos de las riberas del Danubio, al igual que antes, se morían de hambre.

Foto del Flickr de Design Insane.