Cine

LLUEVEN CENIZAS

Fotograma

Géza Röhrig / Fotograma de la película

Al cruzar la línea que separa la zona del horror de la del espanto no queda más que abrazarse al mecanicismo del presente. Escapar hacia adelante sin mirar atrás, sin detenerse y pisando las cabezas de los sentimientos hasta reventarlas. Un ejercicio eficaz contra la locura.

La cámara vuela nerviosa tras Saúl, al estilo de los chicos de Dogma, obsesionada con su nuca, con la cara de Saúl, con la expresividad ya muerta de Saúl. El entorno aparece borroso: cuerpos desnudos arrastrados por la humedad del suelo, cuerpos apilados, aullidos de desesperación extrema tras las puertas de las duchas, el runrún de los camiones que llegan con nuevas piezas para alimentar los crematorios que se atragantan engullendo día y noche. La búsqueda compulsiva de oros y valores en dedos y bolsillos, las cuotas de producción

El trabajo es de estilo fordista. Cada cual tiene un puesto en la cadena fabril y todo debe funcionar a la perfección. El hilo musical son las llamas que arden sin parar, la brutalidad de los kapos y los imperativos de los sargentos alemanes.

A pesar de vivir en el infierno, nadie se entrega a la muerte sin luchar, sin querer escapar de la lluvia de cenizas que puebla los bosques aledaños que son, al fin y al cabo, un triste resumen poético del propio final anunciado en Auschwitz.

La cámara László Nemes, el director, cierra el foco casi hasta el cerebro del personaje e invita al espectador a vivir dentro de él. No hay serenidad, no se experimentan momentos de destemblor, no existe la paz complaciente con el que observa. Todo eso hace que esta película sobre el Holocausto sea distinta a las demás, lo que conlleva un mérito enorme para su creador.

El hijo de Saúl (Hungría 2015)
Guión: László Nemes y Clara Royer
Dirección: László Nemes
Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér…
Música: László Melis
Fotografía: Mátyás Erdély

@DanielDimeco

LA MUERTE SE ACERCA AL GALOPE

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Fotograma de La novia

Un exquisito juego de seducción envuelto en sangre y sudor. La novia, la obra de Paula Ortiz, recoge la magia andaluza y la sumerge en el secano aragonés. Los odios ancestrales vestidos de raso negro y mantilla de encajes y el amor a tres bandas crean la atmósfera tensa en la que el cristal se torna quebradizo y asesino. Porque Ortiz troca la hoja de acero lorquiana por la punta traslúcida del vidrio, que penetra fina por las carnes asombradas, y que se para en el sitio donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.

Y sobreviene la muerte, siempre lo hace, cortándole las piernas a la felicidad y alimentando las ojerizas arraigadas en el ánimo. ¿Pero qué hacer cuando el deseo y la pasión apuestan fuerte y arremeten con la furia de la sangre joven? ¿Cómo se explica el dolor que recorre la epidermis y reseca las venas cuando el cuerpo está en carne viva ansioso por otro cuerpo que se aleja?

Esa luna se va y ellos se acercan. De aquí no pasan. El rumor del río apagará con el rumor de troncos el desgarrado vuelo de los gritos.

A la muerte le suceden el dolor y el llanto y benditos sean los trigos porque mis hijos están debajo.

La muerte se aleja al galope en el mismo caballo brioso que la trajo de los montes. La muerte se va sonriendo empachada de sangre y escupiendo briznas de hierba.

Película: La novia (basada en Bodas de sangre de Federico García Lorca)
Guión de la película: Paula Ortiz y Javier García Arredondo
Dirección: Paula Ortiz
Reparto: Inma Cuesta, Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa, Carlos Álvarez-Novoa, etc.
Música: Shigeru Umebayashi
Fotografía: Miguel Amoedo

@DanielDimeco

UN DÍA PERFECTO

by João Silva

Veinticuatro horas en las que se encadenan los tropiezos, la mente empieza a nublarse y casi todo corre un serio peligro de escaparse al control. Un día perfecto (2015) es un perfecto día malo en tiempos de guerra.

Fernando León de Aranoa escribe el guión basándose en el libro de Paula Farias y dirige esta película enclavada en la crueldad de la guerra de los Balcanes, la penúltima vergüenza (la última es la parálisis idiota ante los flujos migratorios descontrolados) de una Europa arrogante que durante mucho tiempo dio la espalda a la masacre. El cadáver de un hombre gordo yace en el fondo de un pozo del cual bebe todo un pueblo. El debate se instala entorno a acciones prácticas o a las reglas establecidas por los manuales de guerra escritos en Ginebra. Sí o sí hay que hacer algo antes de las veinticuatro horas, antes de que el agua deje de servir para el consumo.

Los Cascos Azules de Naciones Unidas, los cooperantes de Aid Across Borders, una población masacrada y una paz latente que se resiste y se quiebra, del mismo modo que la cuerda con la que pretenden sacar al muerto de las profundidades del agujero se deshilacha hasta cortarse. ¿Una metáfora? Desconozco la intención del director, pero me resulta interesante pensar en que es el reflejo de una sociedad que tira de ambos extremos hasta acabar en honduras ciegas, con el agua/soga al cuello o una bala en la nuca. Así, en apariencia, de repente.

La película es un interesante retrato de gente que pretende vivir en un escenario bélico, aunque los personajes femeninos huelen demasiado a tópico. Y unas interpretaciones excelentes de Benicio del Toro y Tim Robbins.

UNA SEGUNDA MADRE

Fotograma de ‘Una segunda madre’

Los pequeños gestos, los detalles minúsculos, cambios de tonos que algunas veces son casi imperceptibles… Su mirada, sobre todo, la mirada preocupada, temerosa, domesticada. El trabajo de Regina Casé, la actriz brasileña que protagoniza Una segunda madre (2015), enamora. Una elección en toda regla perfecta de la directora Ana Muylaert.

Val (Regina Casé) trabaja de interna en casa de una familia rica de São Paulo y cría al único hijo de la pareja. El equilibrio dentro de la casa y en la vida personal de Val pareciera estar asegurado hasta que su hija (Camila Márdila) decide mudarse a la ciudad para ingresar en la universidad. Los platillos de la balanza se desajustan y lo que siempre había sido de una manera ahora empieza a ser de otra. Una visión interesante de las clases sociales y de la movilidad ascendente en el Brasil de los últimos años.

Entre los personajes, además del que interpreta Casé, destaca el de Lourenço Mutarelli, el dueño de casa, y su trabajo elegante de hombre depresivo y obsesionado, algunas veces hasta el patetismo.

Una película que se ha llevado galardones en los festivales de Sundance y Berlín. Un verdadero placer descubrir un cine diferente con una realidad distinta.

IMPORT / EXPORT

Fotograma de la película

El director y guionista austriaco Ulrich Seidl siempre (me) sorprende desde que vi su trilogía Paraíso. Sus propuestas no dejan de revolver en los estómagos apuñalados, tan sólo, por el confortable tóxico del estrés de las ganancias y el consumo. Por el cañón de su cámara, que es una verdadera arma de destrucción, dispara pólvora directamente a las llagas de personajes atormentados, soñadores, abandonados, solitarios, aferrados al catolicismo tradicional, enfurecidos, mansos, autodemoledores, los hay de todos los pelajes y condiciones, como en el vecindario de cualquiera de nosotros, allí donde nuestros ojos no siempre alcanzan a ver.

Las historias que alimentan Import/Export (2007) se cruzan en esa frontera de acero y hielo, en el surco cavado entre la Europa atlántica y la eslava. Gentes que arrastran sus vidas con la esperanza de escapar de la grisura, a pesar de los riesgos de caer en la negrura. Olga se monta en un tren en Ucrania que la lleva hasta Viena para limpiar en un geriátrico y trabajar de modelo porno por internet. Paul es un guardia jurado en paro que hace el recorrido inverso por carretera acompañando a su padrastro con la finalidad de reparar máquinas tragaperras en la tundra.

Ambos, y todos los que se les parezcan, tienen un pasado mucho más complejo y duro de lo que cuenta esta simple descripción. Ambos dejan atrás no sólo un país. Ambos llevan consigo el brillo en los ojos intentando iluminar la turbiedad de las cloacas por las que se mueven. Personajes de una escalofriante normalidad y que Seidl presenta casi con vocación documental.

Import/Export, una película no apta para todas las sensibilidades, estuvo nominada a la Palma de Oro como mejor película en el Festival de Cannes (2007) y en el Festival de Gijón (2007).

HERMANOS (BRØDE)

Veterano de Afganistán by Søren Solkær

Veterano de Afganistán by Søren Solkær

Siempre te querré. Es la única verdad que reconozco.

Tragar el polvo del desierto, restregarse los ojos enrojecidos por la arena, lamerse los labios resecos por la falta de agua y acabar despertando a una pesadilla (o pasar de una a otra) que marcará la memoria para siempre dibujando una herida imposible de cicatrizar.

Hermanos (Brødre 2004) es una película de la directora danesa Susanne Bier. Una historia de guerra de talibanes y de belicismo familiar. Un relato que se aproxima a la barbarie y que muestra cuál puede ser la cuota a pagar si se sobrevive a ella. Una narración en la que uno de los ejes es la readaptación al propio medio que ya ha dejado de serlo gracias a una guerra lejana. Y reubicarse desde el otro lado de un parapeto emocional alimentado por unas condiciones psíquicas que han sido modificadas.

La mayor de las batallas no se desarrolla en las montañas de Afganistán sino en la propia cabeza del guerrero devuelto a casa y que pone el ojetivo en su hermano (Nikolaj Lie Kaas) y en su propia mujer (Connie Nielsen). Una interpretación a cargo de Ulrich Thomsen, el mismo actor que interpretó al hijo que desbarata la fiesta de aniversario de su padre en La celebración (Festen 1998).

Y un gran secreto, una fuerza brutal que pone todo el orden socio-familiar patas arriba.

RELATOS SALVAJES: TODOS PODEMOS PERDER EL CONTROL

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Si hay algo que me seduce enormemente cuando escribo es tener la posibilidad de conducir a los personajes hasta el límite y que tengan que optar bajo presión, ver si dominan la situación o si pierden el control y observar (y narrar) las consecuencias desencadenantes.

Relatos salvajes (Argentina 2014) es un trabajo cinematográfico con guión y dirección de Damián Szifrón en el que participan grandes actores, algunos de ellos conocidos a ambos lados del Atlántico (Ricardo Darín, Darío Grandinetti o Leonardo Sbaraglia), y otros sólo en Argentina (Mónica Villa, Rita Cortese u Oscar Martínez).

Seis relatos en los que se intercalan intriga, humor y surrealismo argentino. La exageración ante el dolor, el descarado latrocinio burocrático (público y privado) que obliga al perjudicado a refugiarse en la más insoportable impotencia evitando consecuencias más gravosas; la rivalidad entre dos desconocidos llevada hasta límites irracionales; la venganza servida en clave italiana o hebrea (dos de las raíces fundamentales de la cultura argentina); los traumas psicológicos que se arrastran desde la infancia; y un largo etcétera de risas y estómagos revueltos.

El broche de lujo lo pone la música de Gustavo Santaolalla, dos veces ganador de un Oscar por las bandas sonoras de Brokeback Mountain y Babel.

Una buena película y una recomendación que me hicieron dos personas en las que me fío de sus gustos: la actriz Irene Ruiz y la escritora Gloria Fernández Rozas.

GRITOS Y SUSURROS

Fotograma de la película

Fotograma de la película

Hoy durante el paseo han venido a hablarme estas mujeres y me han dicho con toda claridad que la verdad es que también ellas querían hablar. Que realmente querían tener ocasiones serias para explicarse y que no podemos alcanzar lo que queremos alcanzar sin palabras. Escribe Ingmar Bergman en su diario de trabajo, el 23 de abril de 1971, sobre Gritos y susurros (1972) al mismo tiempo que luchaba contra el hastío.

Al director le preocupan las cuatro actrices que van a interpretar los papeles protagónicos y a las que les tiene que dar claras directrices en cuanto empiece el rodaje. El creador sueco se ‘grita’ a sí mismo: ¡Piensa, Bergman, que vas a trabajar con cuatro mujeres que saben lo que se llevan entre manos! ¡Que también van a ser capaces de representar todo! Las dudas y los miedos de los grandes, la parada ante el monstruo (la película) que empieza a crecer.

Esas cuatro mujeres, enormes actrices, eran: Harriet Andersson (Agnes, la moribunda), Liv Ullmann (Maria, la más hermosa), Ingrid Thulin (Karin, la más fuerte) y Kari Sylwan (Anna, la sirvienta). Las cuatro se entregan en una obra maestra en blanco, negro y rojo, nacida de una imagen recurrente en la cabeza del director (se le aparecían cuatro mujeres vestidas de blanco que esperaban algo) que luchan frenéticamente ante el dolor físico (Agnes), el dolor psíquico (Karin), el aburrimiento mitigado por las infidelidades y un enamoramiento no correspondido (Maria) y una Anna que ha sufrido y sigue sufriendo en silencio, ni siquiera susurros, ella es el rostro cálido y afectivo que acompaña a la moribunda en el tránsito hacia la muerta.

Es imposible no asociar Gritos y susurros con Las tres hermanas de Anton Chéjov. Las tres hermanas del ruso y las del sueco comparten un mismo aroma, la apatía y la extenuante espera en las vidas de tres hermanas ‘atrapadas’ en parecidas redes vitales (o mortales) con la nada sutil diferencia que en la película nórdica el dolor irrumpe desde el primer instante.

Gritos y susurros, principalmente su autor-director, ganó todos los reconocimientos a través de los premios de la época y ahora ocupa un sitial indiscutible entre los clásicos de la cinematografía escandinava y mundial.

DURMIENDO CON LA STASI

Fotograma de 'Dos vidas'

Fotograma de ‘Dos vidas’

Estamos en 1990 y el tren, como en la película Europa (1991) de Lars von Trier, sigue rodando por el continente. Una vez más habitamos un año visagra mientras contemplamos cómo la fuerza del Mar del Norte esculpe la costa abrupta de Bergen, Noruega. El viento y la lluvia azotan y nuestras miradas (las de personajes y espectadores) se pierden en el infinito, gozando de una calma que sólo puede ser escandinava y que, poco a poco, se va tornando esquiva. De la placidez que produce la nieve y el silencio, lo oculto va aflorando, intentando despedazar los retazos de calidez y erotismo que aún lamen las cicatrices.

Los garfios de la Stasi y sus miles de ojos claros llevan décadas ovillados en oscuros y recónditos rincones más allá de las fronteras de una tambaleante República Democrática Alemana, la aterradora RDA. Vidas, familias enteras sujetas a los humores de hombres y mujeres grises, cotillas sin escrúpulos, profesionales de la observación/delación y analfabetos afectivo, robots colectivizados que llevan cuarenta años dándolo todo por el Estado-cárcel socialista.

Dos vidas (2012), la película de los directores alemanes Georg Maas y Judith Kaufmann, recientemente estrenada en España, es un ejercicio de cómo se puede vivir en la impostura, como reza el tango, de noche y de día, habitando los espacios ajenos, los escenarios y parentescos hurtados. Un guión inspirado en algunas de las consecuencias del programa Lebensborn, la “fuente de vida”, la macabra invención de Heinrich Himmler para la procreación de arios. Un film centrado en las mujeres, las nacidas de madres noruegas y soldados alemanes durante la ocupación, las víctimas de esas uniones consentidas, las verdugos de la Stasi (invención vigilante de posguerra) y aquellas afectadas por las acciones del pasado. Papeles interpretados por Juliane Köhler, por una magnífica Liv Ullmann, madre que vive más de una vez la ausencia dolorosa de la misma hija, o por Julia Bache-Wiig.

Dos vidas no llega a tener la enjundia de La vida de los otros (2006), la soberbia película de Florian Henckel von Donnersmarck, y, a pesar de echar de menos un tratamiento psicológico mucho más hondo de los personajes (gustos personales), tiene poesía y es una muestra interesante de otro capítulo que une al nazismo con el comunismo sucesor en el sector oriental de Alemania.

Tráiler de Dos vidas.

LA GENTE DE MI EDAD ES QUERIDA POR SUS HIJOS

Luminita Gheorghiu
Todo se compra y todo se vende. Todo se arregla con dinero o con favores. Todo se negocia, incluso la muerte, aunque aquí, justo en este punto se marca el límite: nadie es capaz de resucitar al muerto. ¿Qué no hace una madre por salvar a sus hijos? Mueve cielo y tierra, agujerea montañas, abre mares o abraza las nubes, pero aún así no consigue al hijo, no obtiene su afecto.
Madre e hijo (2013), del joven director rumano Calin Peter Netzer, obtuvo el Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Berlín. Una película con una hondura que se agradece y una sencillez increíble, un trabajo que no parece tener más pretenciones que el de contar muy bien una historia y dibujar los trazos de un sistema corrupto, heredado de la dictadura de los Ceaucescu, que se mantiene incólume pese al tiempo transcurrido.
Una madre rica, interpretada por una excelente Luminita Gheorghiu, intenta salvar de la cárcel a su hijo de 32 años después de que éste atropellara a un adolescente de una familia pobre cuando iba a 140 kilómetros por hora. La madre, quizás por su propio fracaso matrimonial, se empeña en salvar el futuro de su hijo desde un presente quebrado, lleno de miedos y cobardías.
El hijo se debate entre ser (un hombre) y permanecer como un niño al que los demás le salven de los obstáculos. Una relación de observación freudiana entre una madre y un  hijo y la existencia de un padre débil, casi ausente, y una nuera ignorada hasta el momento en que se convierte en una pieza funcional de las necesidades materno-filiales.
El entorno, entre decadente y ochentero, es una pintura de un país casi desconocido que todavía transita entre el comunismo férreo y la era del consumo, donde las clases sociales están tan marcadas que en los instantes de máximo dolor se ejerce un paternalismo y una condescendencia atroces.
Madre e hijo es una película hecha cámara en mano y acerca de una temática sobre la gente normal, una fehaciente demostración, como también lo fue el durísimo film 4 meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu, de que las buenas historias, contadas a través de buenos actores y desde la honestidad, dejan un regusto y un aroma agradables.
Por último: imperdible el encuentro de la madre con los padres del niño muerto.

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

El beso de la mujer araña by JuanVal

 Hombre contra hombre o amar y no poder como se quiere. En El beso de la mujer araña, Manuel Puig desgrana una historia llena de tensión sexual entre dos hombres encarcelados en los años setenta: un militante subversivo y un homosexual.

Dos hombres que luchan por sus ideas: cambiar el mundo mediante la violencia, el primero, y vivir junto a un hombre toda la vida, el segundo. Lo del matrimonio homosexual, ahora mismo tanto en España como en Argentina, que es donde se desarrolla la historia de la novela y de la versión teatral de Puig, no es un tema que conlleve grandes debates ni ponga en riesgo vidas ya que ambos países han aprobado sendas normativas matrimoniales entre personas del mismo sexo. Pero si nos retrotraemos a la década de los setenta, en una España que enterraba a Franco y en una Argentina que se desgarraba el vientre en una batalla fratricida, el hecho de manifestarse abiertamente homosexual no se concebía como una opción de vida en absoluto plausible y donde los implicados tenían que sortear el miedo a ser denunciados “por los pecados inconfesables”.
Puig hace una radiografía magnífica de estos dos hombres, Valentín y Molina, apresados por el sistema y prisioneros de sus propios pensamientos y prejuicios, dos granos de arena que sueñan con vivir una realidad diferente y ya se sabe que para cambiar una cosa hay que dejar otras importantes en el camino.

Fotograma de la película

Molina, un escaparatista de 41 años, recurre a una película para pasar las horas muertas en la cárcel. Valentín lo escucha con más o menos interés y ambos intercambian opiniones sobre los hombres y mujeres que la habitan: una de ellas es la mujer pantera, una chica que dibuja a la pantera del zoo. Ficción y realidad se entretejen. Poco a poco, ambos se van acercando, poco a poco empiezan a entenderse mutuamente y, uno de ellos, comienza a enamorarse.
El beso de la mujer araña, cuya versión cinematográfica recayó en 1985 en los actores William Hurt y Raúl Juliá y dirección de Héctor Babenco, es una obra de gran sensibilidad, una historia que muestra a cuerpo desnudo los flancos débiles de los seres humanos, más allá de sus formas de ser y de lo fuertes o no que puedan parecer. Y, además, no todo es lo que parece.
Manuel Puig, novelista y dramaturgo, nació en Argentina en 1932 y murió en México en 1990. Autor de novelas míticas como Boquitas pintadas, The Buenos Aires affair, Pubis angelical o La traición de Rita Hayworth, todas historias que no pasaban desapercibidas en una sociedad demasiado apegada a la moralidad formal. Puig fue homosexual declarado desde su juventud y militante de la causa.

PRISIONEROS



Hugh Jackman en el papel de Keller Dover
La gran pregunta con la que uno sale después de ver Prisioneros(2013) es: ¿qué haría yo en su lugar? ¿Hasta donde torturar a otro ser humano es reprobable si está en juego la vida de un hijo/a? Las dudas surgen al instante, sencillamente porque nadie tiene seguridad de que el torturado es el responsable de lo que ha sucedido. Continuar o detenerse. Las valoraciones morales se ponen en entredicho y entrar en contradicciones.
 
Es el Día de Acción de Gracias en un barrio middle class de Nueva Inglaterra. Es después de comer el pavo y de agradecer la buena cosecha del año cuando las hijas pequeñas de las dos familias que celebran juntas el día desaparecen. La única pista con la que cuentan es una caravana que ha estado aparcada bajo la lluvia delante de una casa deshabitada y de ese hilo hay que empezar a tirar, por un lado la policía y por el otro Keller Dover, el padre de una de las niñas desaparecidas, a cargo de un brillante Hugh Jackman.
 
 
 
Prisioneros, la excelente película del canadiense Denis Villeneuve, el mismo que en 2010 dirigió Incendies, film basado en la obra homónima del dramaturgo Wajdi Mouawad, recrea un ambiente asfixiante en el que la lluvia y la nieve adquieren una relevancia de tal magnitud que son capaces de helar la sangre y de oscurecer los atisbos de belleza. Porque, como casi siempre, por debajo del barniz lustroso discurren los desagües y brotan las malas yerbas.
 
No sólo es Jackman en la película, Prisioneros tiene un reparto de lujo: Viola Davis, Maria Bello o Terrence Howard. Y un comentario especial para Jake Gyllenhaal, un actor que ha crecido inmensamente, encarna brillantemente a un policía de provincias, una interpretación soberbia.
 
 

LAS VÍRGENES SUICIDAS

Gone with the wind by Markku Salo

Entrar en una almoneda y perderme entre los trastos viejos usados por gente desconocida (muerta o viva) para mí es una de las actividades más gratificantes y relajantes. Si a eso le agrego que entre lámparas cochambrosas y candelabros plateados de antigua familia de clase media y orgullosa de serlo me topo con un libro que tenía pendiente de leer desde hacía muchos años, Las vírgenes suicidades de Jeffrey Eugenides, ya el día se convierte en un éxito absoluto.

 
Los adolescentes del barrio no habían tenido jamás un encuentro cara a cara con la muerte. Los últimos muertos de los que habían oído hablar eran los asesinados en los campos de batalla durante la Segunda Guerra Mundial y eso había sido en sitios muy apartados del suburbio junto al lago Michigan, próximo a la frontera con Canadá, donde se desarrolla la historia.
 
Todo comenzó un 9 de julio, cuando una de las cinco hijas de la muy católica familia Lisbon se suicida. A partir de ese momento, durante los siguientes trece meses, los Lisbon, el barrio y la vida de los vecinos va a sufrir un cambio rotundo.
Los insectos muertos se contaban por millares, eran las moscas del pescado que habían infectado el verano y de las que no se podían librar ni siquiera quemándolas, lo que hizo que nos parecieran más muertas que cualquier cosa que pudiéramos imaginar.



La familia Lisbon
Fotograma de la versión cinematográfica dirigida por Sofia Coppola

La muerte está presente en esta novela, claro que sí, pero no tiene la espesura agobiante que podría imaginarse cuando hablamos de cinco adolescentes que optan por el suicidio, porque, lo que la niñas Lisbon querían, incluso después de que muriera la primera de ellas, era vivir… si nos dejan.

Plan premeditado entre las cinco hermanas, depresión profunda, lo que más interesa en la novela de Eugenides es saber qué hay detrás, cuál es el trasfondo que se vive en esta familia que, con su decadencia, marca el retraimiento de todo un barrio antiguamente orgulloso de ser la clase media americana.

Las vírgenes suicidas fue llevada al cine en el 2000 por Sofia Coppola (tráiler).

 

TRILOGÍA PARAÍSO (AMOR, FE Y ESPERANZA)

Amor, Fe y Esperanza
Está claro que cada persona entiende la existencia del Paraíso propio de una manera absolutamente personal, incluso quienes se aferran a la idea cristiana del mismo lo condimentan con sus fantasías. El Paraíso y el Infierno suelen estar mucho más cerca de lo que nos creemos, suelen ser sitios vecinos cuyas lindes se difuminan fácilmente hasta el extremo que no sabemos exactamente dónde estamos haciendo pie o de qué manera hemos ido a parar adonde no queríamos.
 
El cineasta austriaco, Ulrich Seidl, ha conseguido, a través de su trilogía Paraíso (Amor, Fe y Esperanza), construir islotes, o mostrar mediante polaroids, esa frontera peligrosa, ese borde oscuro en el que es posible encontrar la felicidad buscada o el dolor más triste.
 
Amor

La sutileza en las escenas no pasan desapercibidas y llenan de admiración. Seidl muestra situaciones que en otras cinematografías hubieran sido resueltas mediante ríos de sangre, pero él opta por sugerirlas y el espectador las capta, vaya si lo hace, y hasta se siente identificado.

 
En Seidl he descubierto a un creador que trabaja en los túneles del arte, se trata de un obrero que avanza soterradamente, linterna en la cabeza como los mineros, y, mediante el humor y el drama, va dando zarpazos inesperados.
 
Fe

Las vacaciones del Primer Mundo surgen como paréntesis de locura, deseos ocultos y fanatismos: en Amor, una mujer de edad mediana, sin marido y con una hija adolescente con la que tiene poca comunicación, se va de vacaciones sexuales a un resort de lujo en Kenia. En Fe, una mujer que, como la anterior, también ronda la cincuentena y que ha abrazado el ultracatolicismo aprovecha sus vacaciones para evangelizar a marginales y descreidos en una Austria acomodada que anda la deriva en cuanto a sus creencias. Y, finalmente, en Esperanza, un grupo de adolescentes obesos (aunque la protagonista es una de las adolescentes) pasan sus vacaciones estivales en un campo de reeducación con la más o menos firme intención de perder kilos.

 
Esperanza

Las tres películas están abrazadas por los sentimientos de soledad y desamor, y transitadas por la alienación de sus personajes y por una lucha no siempre visible para ellos de total pérdida de sus propios ejes existenciales que, intentan, camuflar incursionando en diferentes variantes del Paraíso. Tres mujeres con ansias de llenar sus vidas vacías en un entorno que, supuestamente, satisface todas las necesidades materiales.

 
 

PERSONA

© MovieWallpapers.net
 
No es esta creación mía un guión cinematográfico en su acepción habitual. Lo que he escrito se asemeja más, en mi opinión, al tema de una melodía… Y, muchas veces, pocos momentos son más melodiosos que el silencio, aunque para una gran actriz eso sea (casi) lo mismo que morir.
 
Ingmar Bergman (Uppsala 1918 – Fårö 2007) da inicio a este guión al que titula Persona (editado en España por Nórdica Libros y con prólogo de Jonás Trueba) con un apunte de pura belleza: De los altavoces se oirá sólo el rumor de los amplificadores y el débil crujido del tránsito de las partículas de polvo por el tocadiscos. Elisabet Vogler quedó muda en el segundo acto mientras interpretaba a Electra, desconcertada miró alrededor, como si no entendiera qué ocurría dentro de sí misma, pero continuó con la representación.
 
A la enfermera Alma, una mujer joven y dispuesta, le encargan cuidar de la Vogler. Alma tiene la vida programada a futuro: se casará con Karl-Henrik y tendrán dos hijos. Alma se dedica de lleno a cuidar de Elisabet, pero con el paso del tiempo, y habiéndose trasladado ambas a una casa en la costa, la enfermera no deja de pensar en las razones que han llevado a la actriz a su actual estado de mutismo.
 
Liv Ullmann (como la enfermera Alma) y Bibi Anderson (como Elisabet Vogler)

Bergman nos regala, una vez más, un texto de una profundidad tremenda, una obra que nos hace pensar en los escondites que cada uno de nosotros elegimos para no mostrar la cara más real quedando completamente al desnudo, como le sucede a Elisabet Vogler, junto al abismo entre lo que eres ante los demás y lo que eres ante ti misma.

 
Persona nos invita a plantearnos dónde fallamos, cuál de todos los papeles que jugamos en la vida nos ha destrozado un poco más como personas. Cuándo es mejor callar y en qué momento hay que hablar. Dos mujeres que se van descubriendo en soledad y mutua compañía mediante un sinfín de cuidadas imágenes, de metáforas a través de la lente del gran director. Además, y como es obvio, no es casualidad que Bergman eligiera el clásico de Electra para contextualizar el momento en el que su personaje de Elisabet enmudece en el escenario.
 

 

Persona (1966)
Dirección: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Reparto: Bibi Anderson, Liv Ullmann, Margaretha Krook,
Gunnar Björnstrand y Jörgen Lindström
Música: Lars Johan Werle