ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

Colección Tsukanov

¿Qué se hace mientras se espera a los bárbaros en los confines del desierto? Siento que llega el orgasmo, remoto, débil, como un temblor de tierra en otra parte del mundo, dice el protagonista, un hombre cansado, viejo, intentando renacer brevemente entre los muslos gordos de una mujer para volver a caer en la semi-muerte. Cuando notamos que morimos un poco, sea donde sea, el sexo nos salva, nos conecta con la vida.

Esperando a los bárbaros (DeBolsillo 2003) es una novela desoladora, llena de violencia, sutil y directa, hacia afuera y hacia el interior. John M. Coetzee (Premio Nobel de Literatura 2003) recrea una sucesión de imágenes bestiales del ser humano en el límite del Imperio, donde se halla la frontera entre la civilización y la barbarie y el límite de la propia fortaleza psíquica y física. El protagonista de la novela acaba enamorándose de una joven negra, herida por los funcionarios blancos, y de ahí nace una historia de amor entrañable y repelente a partes iguales. La sexualidad como descarga física y emocional y como necesidad de calor humano, aunque se rechace al cuerpo del otro y ese otro se sepa rechazado.

El viento caliente arrastra el polvo por el patio del puesto de frontera. Un lugar a merced de los bárbaros a los que el Imperio los ha calificado de peligrosos y les ha declarado la guerra. Ya nadie atiende a la razón, ya nadie escucha que los bárbaros son nómadas inofensivos con los que llevan mucho tiempo conviviendo. El calor convierte a la barraca en un lugar maloliente y sofocante, donde los prisioneros aguardan sentencia: ceguera o muerte.

Las sesiones de tortura son la antesala de la muerte y los intereses del Estado la ruina de todos los habitantes a ambos lados de la frontera. ¿Cómo le resulta posible comer después, después de haber estado… trabajando con seres humanos? Es algo que siempre me pregunto acerca de los verdugos y otros hombres semejantes. El coronel Joll, jefe de la expedición, calla.

Esperando a los bárbaros es, sin duda alguna, una estampa poética de aquella Sudáfrica sumergida en la virulencia del Apartheid.

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