UN ARMA EN CASA

by Elliott Erwitt

Dos padres blancos se asoman por el ojo astillado del cristal, por el agujerillo por donde se ha escapado el oxígeno que alimentaba sus vidas, por donde se vierte, gota a gota o atropelladamente, la sangre de uno de los amigos de Duncan Lingard, el hijo arquitecto de 27 años y con un futuro prometedor.

Sudáfrica, 1996. El país intenta dejar de ser blanco vs negro para ir reconociéndose en sus vetas. Un arma en casa (Ediciones B, 2006), de la Premio Nobel de Literatura sudafricana Nadine Gordimer, es una novela que indaga en ese cambio de realidad que vive toda una nación.

A la hora del café, después de la cena, un mensajero se presenta en casa de los Lingard en uno de los barrios con sistemas de seguridad especiales para que ningún intruso traspase los muros y se asome a la intimidad de los habitantes del lugar. Claudia y Harald reciben la noticia de que su hijo está en la cárcel, es sospechoso de haber matado a un compañero de piso.

Las preguntas se agolpan en la cabeza de seres acostumbrados a que la violencia existe más allá de esos puestos de vigilancia que controlan su morada, seres que no han hecho de los reclamos de derechos ajenos un modo de vida, pero que aceptan que es mejor compartir el espacio común a ignorarse mutuamente por el color de la piel. Hay preguntas que no tienen fácil respuesta, preguntas que no consiguen atravesar la lógica aplastante de la moral de los profesionales de clase media. ¿Es lo mismo estar sentado delante de un preso que de un asesino? ¿Y qué ocurre cuando el convicto (porque ha confesado el crimen aunque no el motivo) es el propio hijo? Prometieron a un niño de doce años que, hiciera lo que hiciera, cualquier cosa, fuera lo que fuere, siempre estarían con él. Y allí están sentados delante de él en la sala de visitas de la cárcel.

¿Cómo es para una familia blanca sudafricana dejar el destino de su único vástago en manos de un reputado y hábil abogado negro educado en Fort Hare? Y ¿cómo es para cualquiera familia enterarse de los detalles de la vida del hijo sentada en una sala de un tribunal de Justicia?

Harald y Claudia no pueden estar allí para él, donde está él, solo con el hombre que ha muerto de un tiro en la cabeza. Es absurdo que el asesino sobreviva al asesinado. Los dos, juntos y solos, comparten un secreto que los une para siempre. Se pertenecen.

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One comment

  1. Una estupenda crónica que desvela perfectamente la puesta en escena de una de las novelas de Nadine Gordimer que menos incide en los conflictos político-raciales de Sudáfrica, para desarrollar una historia de triángulo amoroso con gran carga sexual, sin maniqueísmo alguno, con personajes apasionantes. Adoro a esta mujer que releo a menudo. Se sumerge en sus historias con una precisión de cirujano, fría y distante, al tiempo que profundamente cálida y conmovedora: un raro equilibrio en obras maestras como Un huésped de honor, Nadie que me acompañe o El encuentro. En Un arma en casa “compone” una peculiar sinfonía con elementos de un formidable thriller judicial.

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