AMOR DURO

'Tartarus' by Aurelio Monge

‘Tartarus’ by Aurelio Monge

Mi amor no puede llenarse con su amor porque él no me ama; pero se deja amar y mi amor se ha instalado en él y habita allí solo consigo mismo, excepto cuando nos encontramos y siento en él mi amor y le concedo un rato de compañía.

En Amor duro (Tusquets 1993), Gudbergur Bergsson (Grindavik, 1932) hilvana una historia de amor entre dos hombres, un encuentro pseudo fortuito, por instantes un hallazgo que les conduce a tientas (y por instintos) a través de los pasillos oscuros de diferentes laberintos vitales: el matrimonial del que ambos desean escapar y el clandestino, zulo oscuro de libaciones en una calle cualquiera de Reikiavik. Allí, durante cinco años, dos hombres se vacían mutuamente en incontables ocasiones llenando el espacio y sus mundos ocultos con el rezumo a almizcle de la cópula. Dos hombres de mediana edad recrean una y otra vez una ancestral lucha de machos a través de la carne y el semen.

Bergsson consigue que el lector palpe el temor que deja escapar a cuentagotas el narrador a ser arrasado por la enfermedad o el abandono. Por algún miedo atávico, creía que el amor tenía que ir unido a la fatalidad, al horror y a la muerte, o por lo menos a las malas noticias. Bergsson, incluso, nos aproxima al suicidio, una temática tan escandinava como las lluvias constantes y la nieve.

Aceptar una llamada e ir a una cita puede cambiar la vida de raíz. En esta novela islandesa, un hombre se suicida y su amigo de juventud acude a su casa siendo el primero en llegar, por consiguiente se convierte en su heredero por obra y gracia de mandato testamentario. Y hacerse con la herencia conlleva dormir con el compañero sexual del muerto.

Amor duro es una crítica sarcástica a una sociedad que a comienzos de la década de los noventa hacía gala de pujanza económica (ficticia) y seguía siendo tan paleta como cuando aún era una lejana provincia danesa, un islote perdido en confines ventosos al norte de lo imaginable, un sitio donde la doble moral juega un papel relevante y el aburrimiento amamanta seres extremadamente convencionales.

Islandia, como los demás países nórdicos, tiene una pléyade de autores que saben agujerear las carnes y llegar hasta el hueso y Bergsson, traductor al islandés del Quijote y de varios autores iberoamericanos, es, sin dudas, uno de los grandes.

 

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One comment

  1. … y al fin me hice con un ejemplar de este singular Amor duro en el que se entra de lleno en aspectos muy poco frecuentados fuera de la literatura erótica. A través de diarios, entre disgregaciones y reflexiones variopintas, un padre de familia descubre las delicias de la infidelidad conyugal, al principio como reto que complementa y enriquece la relación con su esposa. Su amante es otro hombre de su edad, y en la vorágine de sus encuentros clandestinos descubre una sexualidad ignorada, unos placeres fascinantes y angustiosos en la dependencia amorosa de un compañero que ejerce papeles de dominio psicológico hasta entonces ignorados…

    Es muy interesante el descubrimiento no sólo de esas emociones sino la deriva cínica del último tramo, donde lo que era complementario se va volcando en un juego probablemente cada vez más siniestro. Muchas lecturas permite este Amor duro, en el que hay varias etapas en las cuales detenerse, como por ejemplo: “Cada persona tiene que vivir con sus propios sentimientos, vivir lo que ha elegido para sí, y caer si es preciso, o permanecer en pie ante los ataques provenientes más del interior de uno mismo y de sus dudas que del entorno, pues nadie es tan débil que no sepa defenderse mejor de las dudas de los demás que de las propias”.

    O, más aún: “Disfruto por haberme convertido casi en la prostituta que proporciona alegría por horas, en el pájaro que viene y vuelve a irse, no entrega nada de sus plumas y su color mientras se detiene y quizá no posee ni vuelo ni color que regalar a otros. Pero a mí no me pasa como a la prostituta, porque yo disfruto feliz de poder proporcionar libertad a otro, a aquel que alberga en su interior más ansia de libertad que yo, y cuando proporciono al otro un escape para sus ansias de libertad, yo también siento la libertad aunque no fui yo quien tuvo la iniciativa”.

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