NW LONDON

Golden Age by Chen Xi

Gira, gira y gira un carrusel de colores chillones, sabores a couscous, kebab, comida jamaicana y africana, aromas suaves y picantes…

Las pequeñas gotas de sudor pueblan las pieles negras, cobrizas y blancas que asoman cabezas y medios cuerpos por las ventanas de las torres de Caldwell, sitio de emociones primarias, cadencias multirraciales y sueños frustrados.

La impronta de Margaret Thatcher hizo mella en Willesden, NW, Londres. Los Chicago Boys hundieron en el estiércol el orgullo de millones de británicos en pos de unas metas que muy pocos encontraron. Zadie Smith (Londres 1975) es hija del alud humano de las colonias a la metrópoli cuando la caída del Imperio; una autora joven que invita a adentrarse en un Londres poco convencional o, más bien, nada turístico.

Ahora le faltan dientes aquí y allá y más allá. Ojos devastados. Lo que debería ser blanco es amarillo. Venillas rojas por todas partes. Seres que alguna vez tuvieron diez años y sus sonrisas hacían sucumbir a las chicas o a los profesores más estrictos.

El universo literario que Zadie Smith describe magistralmente en NW London (Salamandra 2012) es de mujeres que ríen y lloran. Féminas de bocas amplias y grandes anatomías procedentes de Trinidad, Jamaica, India, Barbados, Pakistán caminan delante de un muro con grafitis al salir del trabajo… Mujeres que han cumplido con el cometido de ser esposas y madres y se arrebolan cuando el calor húmedo del verano londinense les roza las carnes. Y una voz anónima emana de una tienda diciendo ¿has aceptado a Jesucristo como tu plan de llamadas?

Dan Kitwood – Getty Images

Leah es blanca, de esa tonalidad que sólo se encuentra en Alvión, y Michel es negro, marsellés de origen africano occidental. Se casaron después de que el sistema del bienestar les echara un cable con la casa y el trabajo. Ahora el paso siguiente: todos esperan de ellos los hijos. Hijos que no llegan, miradas puestas en su lecho esperando a que aquello cuaje de una vez. Hijos que llegan a la vida de Natalie Blake, morena, y de Frank. Hijos que no son la felicidad.

Aquí no hay auge y decadencia. Aquí la decadencia es permanente.

 

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