LA GENTE DE MI EDAD ES QUERIDA POR SUS HIJOS

Luminita Gheorghiu
Todo se compra y todo se vende. Todo se arregla con dinero o con favores. Todo se negocia, incluso la muerte, aunque aquí, justo en este punto se marca el límite: nadie es capaz de resucitar al muerto. ¿Qué no hace una madre por salvar a sus hijos? Mueve cielo y tierra, agujerea montañas, abre mares o abraza las nubes, pero aún así no consigue al hijo, no obtiene su afecto.
Madre e hijo (2013), del joven director rumano Calin Peter Netzer, obtuvo el Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Berlín. Una película con una hondura que se agradece y una sencillez increíble, un trabajo que no parece tener más pretenciones que el de contar muy bien una historia y dibujar los trazos de un sistema corrupto, heredado de la dictadura de los Ceaucescu, que se mantiene incólume pese al tiempo transcurrido.
Una madre rica, interpretada por una excelente Luminita Gheorghiu, intenta salvar de la cárcel a su hijo de 32 años después de que éste atropellara a un adolescente de una familia pobre cuando iba a 140 kilómetros por hora. La madre, quizás por su propio fracaso matrimonial, se empeña en salvar el futuro de su hijo desde un presente quebrado, lleno de miedos y cobardías.
El hijo se debate entre ser (un hombre) y permanecer como un niño al que los demás le salven de los obstáculos. Una relación de observación freudiana entre una madre y un  hijo y la existencia de un padre débil, casi ausente, y una nuera ignorada hasta el momento en que se convierte en una pieza funcional de las necesidades materno-filiales.
El entorno, entre decadente y ochentero, es una pintura de un país casi desconocido que todavía transita entre el comunismo férreo y la era del consumo, donde las clases sociales están tan marcadas que en los instantes de máximo dolor se ejerce un paternalismo y una condescendencia atroces.
Madre e hijo es una película hecha cámara en mano y acerca de una temática sobre la gente normal, una fehaciente demostración, como también lo fue el durísimo film 4 meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu, de que las buenas historias, contadas a través de buenos actores y desde la honestidad, dejan un regusto y un aroma agradables.
Por último: imperdible el encuentro de la madre con los padres del niño muerto.
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