CANADÁ. LA MAESTRÍA DE UN ARTESANO



Foto by Justin Lane


Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. Así comienza Canadá (Ed. Anagrama 2013), la última novela de Richard Ford (Mississippi, 1944).

Partreau es un sitio fantasma en medio de la inmensidad de la provincia de Saskatchewan, Canadá. Allí llegan los Sports, aficionados de los Estados Unidos y del propio Canadá para cazar patos. El viento del norte en el mes de octubre se filtra por las rendijas de la casucha y el olor a humedades se impregna en las fosas nasales y cala los huesos.

A finales de agosto del año pasado, en una terraza semivacía de Madrid, leí un artículo sobre Canadá y quedé prendado del argumento. En ese amor a primera vista tuvo mucho que ver la localización de la novela: entre el noroeste norteamericano y el sudoeste canadiense. Escenarios que producen la misma seducción que en otros lectores las blancas playas del Caribe.
Sin yo saberlo en el mes de agosto pasado, el libro empieza su andadura en agosto de 1960 (el mismo año en que el padre del propio Ford muere de un infarto) en Great Falls, Montana, en el seno de la familia Parsons: padre retirado de la Fuerza Aérea estadounidense, madre judía de origen polaco y dos mellizos, Dell y Berner. Capítulo a capítulo se van a ir sumando otros personajes exquisitamente delineados por el autor, pero sólo los suficientes, los imprescindibles para potenciar la magia de Canadá.
Este es un libro escrito con un gran estilo, un entramado de palabras, sensaciones y reflexiones del personaje narrador que tejen toda una vida en la que los detalles y los avances acerca de hechos que van a suceder con el tiempo refuerzan una historia que nos deja un sabor agridulce, no porque sea extremadamente dura, sino porque nos hace pensar en los cambios repentinos en nuestras vidas, en la precipitada pérdida de la inocencia, en hechos concretos que se gestan lejos de nuestro interior y que acaban remodelando nuestro destino, nuestro presente y futuro. Todo puede cambiar (todo cambia siempre) en cuestión de minutos y sin vuelta atrás.
Canadá ha obtenido elogios de grandes escritores como John Banville o Niccolò Ammaniti.
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