PRISIONEROS



Hugh Jackman en el papel de Keller Dover
La gran pregunta con la que uno sale después de ver Prisioneros(2013) es: ¿qué haría yo en su lugar? ¿Hasta donde torturar a otro ser humano es reprobable si está en juego la vida de un hijo/a? Las dudas surgen al instante, sencillamente porque nadie tiene seguridad de que el torturado es el responsable de lo que ha sucedido. Continuar o detenerse. Las valoraciones morales se ponen en entredicho y entrar en contradicciones.
 
Es el Día de Acción de Gracias en un barrio middle class de Nueva Inglaterra. Es después de comer el pavo y de agradecer la buena cosecha del año cuando las hijas pequeñas de las dos familias que celebran juntas el día desaparecen. La única pista con la que cuentan es una caravana que ha estado aparcada bajo la lluvia delante de una casa deshabitada y de ese hilo hay que empezar a tirar, por un lado la policía y por el otro Keller Dover, el padre de una de las niñas desaparecidas, a cargo de un brillante Hugh Jackman.
 
 
 
Prisioneros, la excelente película del canadiense Denis Villeneuve, el mismo que en 2010 dirigió Incendies, film basado en la obra homónima del dramaturgo Wajdi Mouawad, recrea un ambiente asfixiante en el que la lluvia y la nieve adquieren una relevancia de tal magnitud que son capaces de helar la sangre y de oscurecer los atisbos de belleza. Porque, como casi siempre, por debajo del barniz lustroso discurren los desagües y brotan las malas yerbas.
 
No sólo es Jackman en la película, Prisioneros tiene un reparto de lujo: Viola Davis, Maria Bello o Terrence Howard. Y un comentario especial para Jake Gyllenhaal, un actor que ha crecido inmensamente, encarna brillantemente a un policía de provincias, una interpretación soberbia.
 
 
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One comment

  1. Una crónica ambiental de extraordinaria atmósfera. Si Incendies retrataba con precisión cinematográfica un texto teatral apasionante (el trastorno sociopolítico que lleva a un hombre a violar a las detenidas, llegando a hacerlo con alguien de su sangre sin saberlo), estos Prisioneros se introducen en el perverso riesgo de ser niños en Estados Unidos, y la capacidad —otra vez— de que un hombre aparentemente corriente se convierta en un monstruo.

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