LA MANCHA HUMANA

Philip Roth (Imagen: Pas Un Autre)
La generación nuestra, y la que vivió la década de los noventa del siglo pasado, se identifica perfectamente, en mayor o menor medida, con los valores de Mónica Lewinski. Philip Roth dice al respecto y yo no podría estar más de acuerdo con el Premio Pulitzer y Premio Príncipe de Asturias: La chica (Lewinski) pertenece a esa cultura de la memez. No hace más que cotorrear. Pertenece a esta generación que se enorgullece de su trivialidad. La actuación sincera lo es todo. Sincera y vacía, completamente vacía. La sinceridad que va en todas las direcciones. La sinceridad que es peor que la falsedad y la inocencia que es peor que la corrupción. La rapacería que se oculta bajo la sinceridad…
Príncipe, un grajo de tienda de animales, se inventa su propio lenguaje a partir de las imitaciones que hacen de él los alumnos de los colegios que pasan por allí. Príncipe no “habla” como los demás de su especie, es lo que ocurre por haber estado toda su vida con gente como nosotros. La mancha humana…, asegura Faunia Farley, esa mujer que se asemeja en la fachada a lo que era Lewinski. En La mancha humana, Roth dibuja algunas de las huellas que dejan los hombres y mujeres en todo lo que tocan: Impureza, crueldad, abuso, error, excremento, semen…

Ha transcurrido muy poco tiempo desde que se destapara el affaire Bill Clinton-Mónica Lewinski. La moralidad extrema cubre como una sombra a todo el país y a Coleman Silk, profesor de lenguas clásicas de setenta y un años y ex-decano de la pequeña Universidad de Athena, se le ocurre preguntar por dos alumnos que nunca ha visto aparecer por su clase, pero lo hace de un modo que, a sus rivales, les resulta de corte racista: él quiere saber si, acaso, se han esfumado como humo negro. Lo que desconoce el profesor Silk es que los alumnos eran de raza negra o, dicho de una manera políticamente correcta, eran estudiantes afroamericanos.

No te merecías esa suerte, Coleman. -Le dice su amante, la analfabeta Faunia Farley-. Y lo que es peor incluso que morir, lo que es peor incluso que estar muerto, son los cabrones de mierda que te hicieron esto, que te lo quitaron todo.

 
El aparato de destrucción se pone en movimiento y la mediocridad intelectualoide lo acusa de racismo. Lo paradójico es que el propio Coleman se “despidió” de su color de piel varias décadas atrás, cuando se anotó en la Armada de los Estados Unidos como hombre blanco y fue aceptado, algo que se repitió tiempo después cuando decidió ser académico. Coleman no soporta la presión y se despide de su puesto en la universidad.

Los cabrones de mierda que lo cambiaron todo en un abrir y cerrar de ojos. Te quitaron la vida y la tiraron. Te quitaron tu vida y decidieron que iban a tirarla. Ellos decidieron lo que es basura y decidieron que tú lo eras.

 
La mancha humana, tal y como nos tiene acostumbrados Philip Roth, es una crítica ácida de la hipocresía estadounidense (y de tantos otros sitios), de la Guerra de Vietnam y de las secuelas que padecen quienes convivieron en la selva con el horror y la locura, algo sobre lo que ya ha escrito en las otras novelas que anteceden a ésta y que forman parte de la trilogía que narra el personaje-escritor Nathan Zuckerman: Pastoral americana y Me casé con un comunista.
Escenas de la vida norteamericana que distan bastante de las de la Comédie humaine de Honoré de Balzac, pero que sirven como espejo para una sociedad que ha fracasado en su cometido humanista, si es que alguna vez se lo propuso de verdad.

 

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2 comments

  1. No es de las mejores novelas de Roth, un escritor que parece disfrutar en sus altibajos y sus reiteraciones. Sin embargo, aquí destaca muchísimo un nivel de intriga poco común relacionado con la ocultación de la madre negra por parte de un eximio académico. La relación sexual con una atractiva semianalfabeta le da un toque bellamente morboso, muy Roth, pero a la vez terrorífico: por un lado oculta a su madre negra y por el otro se regocija acostándose con quien es incapaz de discutirle nada nunca jamás. Una obra menor de Roth es siempre un material muy valioso. La película no vale gran cosa, se derrite ante la falta de química entre Anthony Hopkins y Nicole Kidman.

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