UNA REINA EN EL ESTRADO




Una reina en el estrado
Hilary Mantel
Editorial Destino
ISBN: 9788423345861
Año: 2013

Como en casi todas las historias inglesas en las que hay castillos y nobles, los fantasmas cohabitan con los vivos. Thomas Cromwell, un símil de Primer Ministro de hace quinientos años, era consciente de ello, por ser inglés y por conocer cada una de las decisiones que se tomaban en el gobierno del octavo Enrique, el Tudor más famoso de la Historia.

Al caer la noche en Austin Friars, Cromwell oye los golpes de cerrojos, los tintineos de llaves en las cerraduras, el resonar de cadenas de los postigos y la tranca baja que cierra la pierta principal y cuando la casa está tranquila (cuando todas sus casas están tranquilas) entonces andan los muertos por las escaleras.

Una reina en el estrado, best-seller de la británica Hilary Mantel (dos veces Premio Man Booker), es una historia de muertos, como bien lo sabemos quienes, alguna vez, nos hemos asomado a la sangrienta Historia del siglo XVI, período de las guerras religiosas en Europa, centuria de lealtades y traiciones, de encarnizadas luchas de fe, de alianzas matrimoniales paridas en estratégicos juegos de equilibrio por las Cortes católicas y protestantes del continentes.


Enrique VIII y Ana Bolena
Arthur Hopkins

Mantel, a través de este libro y de los ojos y pensamientos de Cromwell, personaje protagonista de la novela, conduce con agilidad la historia que narra la vida de Ana Bolena desde su ascenso a lo más alto, cuando se casa con el rey Enrique VIII una vez desplazada Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos y sobrina del Emperador Carlos V), hasta su caída poco tiempo más tarde.

La narrativa de Mantel me ha hecho recordar a la del historiador francés Michel Duchein quien, desde mi punto de vista, ha escrito dos biografías interesantísimas sobre Isabel I (la hija anglicana de Enrique VIII y Ana Bolena) y sobre María Estuardo, prima escocesa de la soberana inglesa y madre del primer Estuardo en el Trono de Londres.

Conocemos el final de esta historia que aborda Una reina en el estrado, pero, así y todo, no deja de ser angustioso para el lector que “acompaña” a Ana Bolena desde la Torre (donde estaba encarcelada) hasta el patíbulo. Por primera en Inglaterra se presenciaba la ejecución de una reina consorte y el pueblo (que seguía siendo leal a la reina española, Catalina de Aragón) vive el momento como un espectáculo. Thomas Cromwell, el hábil tripulante de los hechos desde el mismísimo momento en que Enrique VIII le ordena que ponga en marcha la maquinaria del Estado para acabar con su segundo matrimonio, en vistas del tercero con Jane Seymour, también observa la solemne procesión que se acerca por Coldharbour Gate al tiempo que alecciona a su joven hijo, remiso a ver cómo decapitan a una mujer: Yo estaré a tu lado para demostrarte que puedes. No necesitas mirar. Cuando el alma pase, nos arrodillamos y bajamos los ojos y rezamos.

El protocolo funciona con suma precisión. Al cortejo lo encabeza la ciudad de Londres, representada por sus funcionarios y concejales, y le sigue la guardia. En medio va la reina Ana con sus mujeres veladas, para que en el futuro ni sus maridos ni sus pretendientes las asocien con el trabajo de aquella mañana de verano de 1536, para no quedar asociadas de por vida a la Muerte. Caminan lentamente hasta la última estación, donde aguardan el verdugo, que ha venido de Calais por orden del rey, y la espada que descansa sobre la paja.

Ana Bolena en la Torre
Edouard Cibet
Thomas Cromwell sobrevuela toda la novela como un fantasma inglés, sutil, siempre presente, diplomáticamente esquivo, servil si hace falta, un personaje increíble como tal, un plebeyo entre duques que se balancea entre su presente de lealtad al rey y su pasado de ascenso a las alturas de la mano de la propia Ana Bolena. Lealtad y traición se confunden en la Corte de Enrique VIII, porque lo más urgente siempre es sobrevivir. Cambia de mano el Poder en Inglaterra, de los Bolena a los Seymour, y Cromwell manipula para no caer en el vacío.
Cuando los criados echan los cerrojos en Austin Friars (y en todas sus propiedades), cuando Cromwell está a solas en espacios privados es donde él piensa en su esposa Elizabeth (muerta). Es una mancha desdibujada ya en su mente, un movimiento brusco de faldas doblando una esquina, tal vez la esquina de una de las escaleras de alguna de sus casas.

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