IGNACIO ECHEVARRÍA (entrevistado por Henrique Mariño)

El reputado crítico literario Ignacio Echevarría cree que una novela debe ser “intrascendente, sentimental, comercial y mala” para ganar un premio en España.
Ignacio Echevarría
Foto de Julio César González
Ignacio Echevarría (Barcelona, 1960) es un pluriempleado intelectual en toda regla: escribe reseñas de libros, edita obras por encargo, imparte talleres literarios y da conferencias. Experto en Roberto Bolaño y Luis Goytisolo, el reputado crítico concede precisamente la entrevista minutos antes de la charla que mantuvo con el autor de Antagonía durante el Festival Eñe. En las hemerotecas dormitan las críticas publicadas en el suplemento Babelia de El País, pero sus textos ahora pueden ser leídos en otras cabeceras de la prensa generalista: la Revista de Libros del diario chileno El Mercurio alberga una columna mensual y El Cultural de El Mundo, otra semanal. Cuando el tiempo acompaña, también actualiza el blog Diario de un caníbal, de cuartopoder.es.
Conflicto de intereses mediático o publicitario mediante, ¿es posible ser un crítico independiente?
Dependiendo del alcance que se dé al término. ¿Independiente absolutamente? Creo que no, pero hay que relativizar el término. La crítica siempre ha sido dependiente del medio en el que se ejerce y se ha desarrollado como género en las ficciones que le supone esa dependencia. Si hablamos en términos generales, la crítica independiente es posible, incluso en las peores condiciones. La crítica siempre tiene que pactar con la instancia que le brinda su tribuna. Aun presumiendo que los medios fueran independientes, la crítica es heterogénea al medio en el que está ubicada. El crítico independiente es posible, y la crítica jugará con los márgenes de dependencia o no con habilidad. El buen crítico tiene que hacer elocuentes sus limitaciones.
¿Qué precio paga el crítico por serlo?
No tendría que pagar ninguno. Existe el tópico de que acaba pagando el precio de ser despedido. Supongo que, en ciertas circunstancias, sí. Yo protagonicé un episodio que debe interpretarse en términos de los recortes a la independencia de un crítico. Pero el hecho de que el tipo de voz que yo sostuve en El País cortocircuitara no quita que otro tipo de crítico, ensayando otro camino, logre sostener un discurso independiente otro tramo de tiempo. En fin, lo que a mí me llevó a salir de ese periódico llevaba haciéndolo bastantes años. Durante aquel tiempo, me sentí independiente y, sinceramente, lo fui. Hasta que dejas de serlo o no te permiten serlo. La crítica literaria tiene que jugar siempre con el posibilismo, que forma parte de su cromosoma, porque es un género alojado.
¿Cómo han reaccionado sus amigos ante críticas demoledoras?
Nunca reaccionan bien. Dependiendo de la categoría humana del escritor, hay quien se lo toma con deportividad y hay quien no te lo perdona. En este sentido, el plano en el que resulta más difícil sostener la independencia del crítico es el personal. Un crítico, al fin y al cabo, es un tipo que circula en el medio literario, que es pequeño. Si eres crítico, hay cierta apuesta por la misantropía. Cyril Connolly, en Enemigos de la promesa, lo formula muy bien: un crítico sólo puede serlo hasta los treinta y pico años porque, a partir de entonces, el tejido de las relaciones que tiene en el mundo literario le impiden ejercer su independencia, ya no por un problema intelectual sino por un problema moral y afectivo. Pero creo que eso se puede sostener, todo depende de habilidades propias.
Usted cree que la literatura actual es menos crítica y social. ¿Qué géneros o disciplinas artísticas lo son?
Esta consideración la hice hace tiempo y ahora no lo creo así. Entre los signos de la literatura estrictamente contemporánea, destaca el hecho de que la literatura se está repolitizando. En España, hay una emergencia de voces con cierta voluntad de interpelación política. Desde comienzos de siglo, la fibra política y la conciencia social en la literatura ya no es tan chocante ni disonante.
¿Se venden más libros rechazando un premio literario o aceptándolo?
Maligna pregunta… Según como se rechace. Si se hace como Javier Marías, sin duda, rechazándolo. Pero si uno lo rechaza en silencio, a lo mejor sale perdiendo.
¿Qué escritores o escritoras contemporáneos están sobrevalorados?
Una pregunta muy dura, ¿eh?
Bueno, en el fondo usted ejerce la crítica a diario. Es su trabajo…
Sobrevalorados, muchísimos…
¿Un gran bluf?
La palabra bluf no la empleo. Cada uno juega sus cartas y hay una lógica en el éxito de cada escritor. En el de Clara Sánchez o en el de Paulo Coelho, hay una lógica que no es un bluf ni nada nada hinchado artificialmente. Es algo que se sostiene en una relación entre autor y lector real. Otra cosa es que no sea prestigiosa o, para mí, importante o muy funcional. Mi canon literario personal no coincide para nada con el de los escritores más visibles de la literatura española. Entre los menos, a ver…
Ignacio Echevarría
Foto de Julio César González
¿Qué autores que hoy triunfan no estarán presentes en las enciclopedias o manuales de literatura del próximo siglo?
Si te quiero responder no conflictivamente para mí, no existirán Pérez Reverte, Clara Janés, Ruiz Zafón… Digamos que los más comerciales, ni dentro de cien años ni de cincuenta.
¿Quiénes pasan ahora desapercibidos y, sin embargo, en el futuro serán reivindicados?
No creo en el futuro ni en la posteridad literaria, que es una categoría ya completamente… [risas].
En cambio, miramos hacia atrás continuamente.
Sí, pero la crítica no tiene que trabajar con el concepto de posteridad, sino con las categorías del presente. Incluso apostar a veces por escritores que no van a pasar a la posteridad, pero que son importantes por el efecto que tienen en su momento. La crítica es una categoría de presente. Nosotros leemos a los escritores pero no a los críticos de hace cien años. En todo caso, para mí un escritor muy importante, que suena pero no está en la boca de todos, es Luis Magrinyà. Siendo respetado, rara vez aparece en los censos: no es un escritor central.
En cuanto a autores periféricos…
No conozco la literatura gallega y vasca como para poder hablar así. La catalana, leída en castellano, la conozco muy superficialmente. Francesc Serés, por ejemplo, es una voz muy potente que comienza a abrirse paso.
Que corra el aire, vayamos al exterior…
No, no, no… Me sabe mal no responder a estas cosas, no por cobardía sino porque… ¿Gente sobrevalorada? Almudena Grandes, y lo digo para subir el listón. Hay que empezar a distinguir la literatura comercial de la artística. Son circuitos diferentes, con públicos diferentes, que satisfacen expectativas y exigencias de lectores diferentes. El problema es que ponemos en el mismo saco productos muy distintos.
¿Qué moda toca tras la novela negra nórdica?
Es un fenómeno de bestsellerismo, algo imprevisible. Son flautas que suenan accidentalmente. Si alguien pudiera olfatear cuál será la próxima moda, ya estarían los escaparates llenos. En cuanto a tendencias más de fondo e importantes, pues… La verdad es que soy mal profeta. Me gusta analizar el presente y descomponerlo, pero soy muy poco especulativo.
¿Están los suplementos de moda, diseño y ocio acorralando a los culturales? Siguen existiendo, pero son como una isla perdida entre varios encartes, ¿no cree?
Sí, desde hace tiempo. De entrada, el reseñismo y la crítica literaria han sido desplazados gradualmente por el periodismo cultural. Y éste ha ido desplazándose cada vez más hacia el periodismo magacín. Hoy en día, los suplementos literarios tienden a ser magacines literarios. Es una jugada dada: la crítica ha perdido su sitio en la prensa convencional y tendrá que reinventarlo en otro lugar.
Ley de mecenazgo: ¿se verán coartadas las manifestaciones culturales más vanguardistas, arriesgadas o experimentales si un autor o un artista depende de una empresa?
Sí, claro. No condeno el mecenazgo, me parece muy saludable. Pero el artista patrocinado es siempre un artista bajo sospecha en el momento en el que formula un discurso político crítico.
¿Mejor subvencionado por el Estado?
Ni siquiera eso. Un escritor subvencionado por el Estado tampoco me parece libre de sospecha.
¿Qué ingredientes debe tener una novela para ganar un gran premio literario en España?
Ser intrascendente, sentimental y comercial. Yo diría que ser una mala novela.
¿Qué grandes obras se ha perdido el lector por culpa de los críticos?
El pecado de la crítica no es haber castigado o enjuiciado mal a los buenos escritores sino no haberlos descubierto. El gran problema de la crítica en los suplementos literarios, tal y como están organizados, es que se tiende a fijar siempre en los libros que vienen de sellos determinados y en autores ya codificados, por lo que el crítico tiene muy poco margen para explorar el mismo. El pecado de la institución crítica, más que del crítico, es no prestar atención a esas pequeñas editoriales, a esas voces emergentes, a esos discursos en las orillas… O sea, no tener el oído suficientemente afinado y atento a las voces que no hablan alto.
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