RECUERDOS DE RAINER MARIA RILKE


Marie von Thurn und Taxis
1855 – 1934
Ed. Paidós Testimonios (2004)

Al poco tiempo de publicar Los apuntes de Malte Laurids Brigge, Rainer Maria Rilke empezó a gestar las Elegías de Duino. Acababa de conocer a la propietaria del castillo de Duino, en la costa adriática, la princesa Marie von Thurn und Taxis, mecenas y amiga personal del poeta hasta su muerte.

En estas páginas escritas por la princesa von Thurn und Taxis se suceden algunos nombres como los de Madame de Noailles, Paul Valéry, Lou Andreas-Salomé, el rey Manuel de Portugal, todos ellos intérpretes de una Europa que fraguaba tiempos violentos, eran los últimos suspiros de un mundo próximo a ser decapitado por dos Guerras Mundiales. Ella se convirtió en la gran amiga y valedora del poeta de salud endeble y que sufrió, durante diez años, la sequía de la inspiración, tal como él la denominaba, tiempo que le llevó poder escribir sus Elegías.

¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros
de los ángeles? Y si uno de repente me tomara
sobre su corazón: me fundiría ante su más potente
existir. Pues lo bello no es más que el comienzo
de lo terrible, que todavía soportamos
y admiramos tanto, porque, sereno, desdeña
destrozarnos. Todo ángel es terrible,
por eso me contengo, sofocando el reclamo
de un llanto oscuro. ¡Ay! Y ¿a quién podríamos
recurrir, entonces? No al ángel, ni a los hombres:
y los sagaces animales ya notan
que no estamos muy confiadamente en casa
en el mundo interpretado…

(fragmento de la Primera Elegía)

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