RETRÁCTILES


Pilar González España
Madrid 1960
Poeta, filóloga, traductora y sinóloga
Ediciones Torremozas

Es como cuando el aire aulla en las orejas, un sonido que inquieta y que paraliza de gozo, todo a la vez. Difícil trabajo el del poeta que sale de la soledad conventual de la escritura a la luz del espectáculo a través del recital.

La muestra, el mostrar la poesía a los demás, puede hacerse de dos maneras, básicamente: como profesional o como amateur. Pilar González España está en el primer grupo. Sin señales ostentosas de un ceremonial intelectual que puede rozar peligrosamente el aburrimiento entre un público que no es académico, la autora de Retráctiles despliega su maestría: dos gotas de Poême de Lancôme por si algún despistado aún duda qué está haciendo en la madrileña librería Enclave de Libros; uñas pintadas de oscuro y abrigo negro con los bordes de las mangas en rojo, como su poema La destrucción de Sodoma, preanuncio, quizás, de lo que nos aguarda: un exquisito descendimiento a las honduras, acunados por la delicadeza de la voz de Pilar González España, que nos invita a un viaje en los que están presentes las materias (aire, agua, tierra, fuego) y la China que tanto conoce y adora.

Pilar ha incluido en Retráctiles algunos poemas editados en sus libros anteriores: El cielo y el poder (Hiperión 1997), Una mano escondida en un cajón (Germania 2002) y Transmutaciones (Torremozas 2004, Premio Carmen Conde). Traductora de clásicos de la poesía china como Poemas del río Wang de Wang Wei (Trotta 2004).

Hacia el fondo del mar

Hacia el fondo. Hacia el fondo del fondo
del mar. Allí donde el lenguaje es coral y
alga enmarañada. Allí donde cada pala-
bra es una perla atrapada en su concha.

Me sumerjo en toneladas de silencio. Me
sumerjo en lo oscuro transparente. Me
sumerjo en la sangre purificada de la tie-
rra, en el llanto antiguo de unos dioses
tristes. Me sumerjo… Mi cabello de algas
negras… (Arriba el resplandor de la exis-
tencia: un sol confuso)

Aquí los ecos del pasado. Aquí los ecos
del futuro. Aquí un vientre enorme, gi-
gantesco. Aquí el centro ardiente de la
negrura cósmica. La soledad es plena,
extensa, alta, ancha, profunda. Puedo to-
car sus cuatro paredes infinitas.

Silencio, muerte, silencio, muerte, silen-
cio, ecos dormidos, silencio, ojos, millo-
nes de ojos mudos, silencio, cue-
vas, bocas negras abiertas para siempre,
silencio, óxido, musgo dormido para
siempre, silencio, un zapato podrido para
siempre, una moneda brillando para
siempre, un barco muerto acunado para
siempre, silencio, desierto otra vez, luz
ausente, el fulgor de un pez que me sor-
prende, me mira y me desconoce.

Pesa sobre mí todo el océano. Me toca lo
profundo, me presiona con sus manos gi-
gantescas, rodea mi cuerpo, aprieta mis
ojos, mis sienes, mi cabeza, mis pulmo-
nes… Solo mi pelo es libre, planta negra
que baila en esta falsa noche.

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One comment

  1. Qué manera tan sabia de describir como son los recitales de verdad, los que nacen de las entrañas de la escritora, como la magia que recrea Pilar. Pura fascinación la que siente uno hacia esta mujer, admiración y goce. Y, además, tú lo revives magníficamente.
    Queremos más.
    Suya,
    Francesca.

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