LUCÍA VILANOVA

Por Daniel Dimeco

Lucía Vilanova es una de esas personas diferentes en el espacio teatral español, me refiero a diferencia positiva, ya que se trata de una de esas dramaturgas que ven más hacia adentro que hacia afuera, es alguien que se nota que está mucho más cómoda con el proceso de la escritura que con el del espectáculo posparto y las simples caricias a través de la red. Esa manera de encarar la profesión no hace que la autora de Münchhausen (Premio Assitej-España al mejor texto teatral 2006) y Torvaldo furioso le reste importancia a los montajes que se hagan de sus hijos, nada tiene que ver con la indiferencia o la apatía, sencillamente, quizás, sea una manera sana e inteligente de resguardarse en medio de la selva. Y se lo puede permitir porque sus textos son buenos.

Quedamos a las diez y media de la mañana de un sábado en la plaza de Santa Ana, barrio de letras de Madrid. Lucía Vilanova me propone encontrarnos en la puerta del Teatro Español y de allí nos movemos hasta una terraza entibiada por el sol, uno de esos regalos con los que sorprende Madrid en otoño.

Me senté a la mesa con las imágenes y parlamentos de Münchhausen aún frescos en mi memoria y retinas, porque el montaje del director Salva Bolta es indiscutiblemente excepcional y el engarce dramático de Vilanova es excelente. Los personajes mantienen una gran lucha entre sí y, sobre todo, consigo mismos. Nick, el niño protagonista, conoce el miedo y la enfermedad, todos en esa familia conocen el miedo, todos tienen un pasado que les aguijona. En esta obra, algo similar sucede en Torvaldo furioso, el diálogo no acerca a los personajes, sino que los aleja porque las palabras se disparan cargadas y porque siempre esconden algo que los demás desconocen.

No le hago una entrevista a Lucía, sino que nos sentamos a conversar y a bebernos un café y de esa charla surge lo que reproduzco abajo a modo de preguntas y respuestas.

¿Se definiría como una escritora disciplinada?

En absoluto, soy caótica escribiendo, no soy lineal, lo hago a saltos.

Usted, como ya lo hizo en su momento Shakespeare y Molière, empieza interpretando arriba de un escenario y más tarde se pasa a la dramaturgia. ¿La actriz que hay en usted ayuda a la escritora o la boicotea?

Se ayudan mucho la una a la otra. Y la verdad es que me como mucho el tarro. Mi visión en cuanto a la construcción de una obra como dramaturga es desde la actriz, escribo pensando en los actores, veo perfectamente a los actores metidos en los personajes encima del escenario, veo cómo se mueven, de qué manera dicen los diálogos… Claro que después es el director quien marca las pautas y lo hace a su modo.

¿Es lo que ha ocurrido con Bolta y con Ferreira, los directores de Münchhausen y Torvaldo furioso respectivamente?

Por supuesto. Y he tenido mucha suerte en ambos casos.

¿Cuándo empieza a escribir?

Comienzo muy tarde, no llevo más que diez años en una profesión que descubrí cuando ingresé en la Resad. Yo veía que mis compañeros, todos eran muy jóvenes y leían mucho, iban mucho al cine y luego comentaban apasionadamente en clase lo que habían visto, a mí el cine no me seduce demasiado, pero el haberme iniciado tarde no ha sido algo negativo, quizás porque viene acompañado de una madurez que me beneficia en el momento de ponerme a escribir.

¿Y antes de entrar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático qué escribía?

Nada, ni siquiera escribía tarjetas postales. Llegué a la escritura por casualidad, me di cuenta de que la dramaturgia me gustaba una vez que descarté opciones tales como escenografía y dirección de escena. El trabajo de dirección no me disgusta, pero requiere de conocimientos técnicos como iluminación, sonido, etc. que no me atraen en absoluto.

¿Qué escribe? ¿Lo que se lleva en cada momento?

Intento que cada vez me mueva más escribir lo que quiero, que no me impongan. Me interesa mucho escribir sobre las relaciones humanas. La manipulación y la mentira es un gran tema. A los niños se les dice cosas que no deberían oír, frases que quedan grabadas en sus mentes y que les acompañan cuando son mayores, hay que tener cuidado.

¿Cómo nace Torvaldo furioso?

En cuarto de la Resad, yo trabajaba la obra Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, y me puse a pensar en una versión del cuarto acto uniéndolo con que en el Departamento de Filología había conocido el Orlando furioso de Ludovico Ariosto, un poema épico del que recojo lo caballeresco y medieval de la obra que, entonces, empezaba a asomarse en mi cabeza.

Tanto en Torvaldo furioso como en Münchhausen, las parejas y familias que usted dibuja no son modélicas o, mejor dicho, son muy reales.

Son parejas que padecen de la falta de amor del de verdad. Hoy en día, en general no hay amor, en la mayoría de las parejas no existe el amor.

¿Disfruta o padece la profesión de dramaturga?

Esta profesión, por su misma idiosincrasia, me hace sufrir bastante, me cuesta abstraerme de todo lo que la circunscribe. Aunque reconozco que el proceso de escribir es mucho menos angustioso que el de los actores, nos permite cobijarnos, no hay tanta necesidad de exponerse én la búsqueda de papeles.

¿Qué proyecto tiene entre manos en este momento?

Estoy trabajando en una obra que aún no he decidido cuál va a ser el título, pero que quizás se llame Invídere. Es un trabajo que llevo a cabo en el marco del proyecto Iberescena y para el que elegí ir a Argentina, donde estuve haciendo algunos talleres.

¿Se puede saber de qué trata la obra?

Son tres dramaturgas que se van a suicidar a la playa. Tiene algo de comedia de enredos y algo de vodevil…

Me quedo con la idea de Invídere, el mirar con malos ojos, la tristeza ante el bien ajeno y le pregunto por las reacciones, dentro de la profesión, por haber cometido el pecado de que le montaran una obra en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Lucía Vilanova sonríe, no responde y con un gesto me hace saber que no dirá nada sobre el tema y la respeto, faltaba más. Su silencio es una respuesta.

Lucía Vilanova es una mujer de afirmaciones bastante contundentes dichas con serenidad, con completa normalidad. Y se agradece oír algo así en la feria de las vanidades.

Torvaldo furioso: Teatro Lara (Madrid)
Dirección: Lino Ferreira
Reparto: Julio Cortázar e Inma Nieto

Münchhausen: Teatro Valle-Inclán, Centro Dramático Nacional (Madrid)
Dirección: Salva Bolta
Reparto: David Castillo, Carmen Conesa, Adolfo Fernández, Teresa Lozano, Macarena Sanz, Samuel Viyuela e Ileana Wilson.

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