ANA LÓPEZ SEGOVIA

Por Daniel Dimeco

Ana López Segovia es la ‘lideresa’ y letrista del grupo “La Chirigota de las Niñas”. Gaditana, como no, igual que Alejandra López y Teresa Quintero, las otras dos integrantes y protagonistas de La maleta de los nervios, espectáculo dirigido por Antonio Álamo.

Las Chirigóticas son un exquisito bocado de Andalucía, son un despliegue actoral desternillante que conduce al espectador por las callejuelas de la vieja Cádiz; un paseo para nada exento de dureza y, por momentos, desesperanza, pero donde nunca falta el humor, el humor del bueno.

La maleta de los nervios: ¿drama en clave de humor o humor en tiempos de crisis?

Creemos que es un espectáculo de humor, pero no se trata de humor blanco. Es una mirada a la vida, y la vida está llena de dramas, de problemas, de dolores, frustraciones… Pero esa mirada se hace desde el prisma del surrealismo y el humor, en este caso el humor de Cádiz, una ciudad con una enorme capacidad para reírse de sí misma.

¿Un extranjero, por ejemplo, cómo puede reconocer a una mari gaditana? ¿Qué las diferencia de las del resto de España o, incluso, de las de Finlandia?

Creo que las maris son iguales en todo el mundo, solo que en Cádiz dan más rienda suelta a su locura, tienen menos pudor y mucho sentido del humor.

Siempre se ha dicho que para alguien que no sea de Cádiz las chirigotas son difíciles de entender. ¿Lo que ustedes hacen en los Teatros del Canal no son chirigotas entonces?

No. En absoluto. Nosotras hacemos teatro. La Maleta de los Nervios es una comedia musical que tiene la particularidad de que, en vez de cantar baladas de Broadway, se cantan coplas hechas “a la manera” del carnaval gaditano. Pero son coplas seleccionadas, completamente inteligibles para cualquier persona que no sea de Cádiz o que no viva allí.

Usted interpreta a Marisa, una mujer “perfecta”. ¿Considera que es lo que la sociedad espera de una mujer contemporánea?

Es una mujer que se corresponde con el ideal de ama de casa abnegada y entregada a la familia y al hogar. Pero creemos que ese modelo es extensible a muchas otras mujeres –y por supuesto hombres- que están obsesionados con la perfección, con la competitividad, con que todo el mundo vea lo buenos que son en lo suyo. Nosotros hemos querido buscar qué hay debajo de esa perfección, cuál es la debilidad de estas personas. Porque en el comportamiento de estas personas que quieren ser superhéroes hay un fondo de neurosis que puede quebrarse en cualquier momento.

Prozac y orfidales, drogas, pobreza, inmigración como sinónimo de delincuencia, abusos de menores, mujeres frustradas… ¿Cómo consiguen que los espectadores se rían con semejante cóctel?

Porque se sienten reconocidos, supongo. Y ese es el humor que a nosotros nos interesa, aquel en el que uno está involucrado. Reírse de uno mismo es un síntoma de inteligencia, y eso nos lo ha enseñado Cádiz. El drama da humanidad al humor, lo hace más grande. Cádiz es una ciudad trimilenaria, está de vuelta, y sabe que hoy estamos aquí y mañana no, por lo tanto no hay que tomarse nunca demasiado en serio… Hay una filosofía muy interesante detrás de todo esto, creo.

¿Qué opinan de los políticos las amas de casa del Barrio de la Viña?

Hay bastante pasotismo, bastante indolencia. Esta forma de ser tiene su cara y su cruz, para unas cosas viene bien, pero para otras no, genera inmovilismo, desidia, descreimiento… Hay un desencanto que tampoco es bueno, porque la gente no lucha. En fin…

¿Cuál es la diferencia de trabajar en las calles de Cádiz a hacerlo en un teatro madrileño?

Creo que, más o menos, a grandes rasgos, es la misma diferencia que hay entre hacer teatro de calle y teatro de sala. En carnavales, eso sí, nuestras actuaciones están enmarcadas dentro del ámbito de la fiesta. Hay una predisposición mayor del público a pasárselo bien. Pero eso es lo que reivindicamos nosotras también para el teatro de sala: que sea una fiesta, una celebración. Nos encantaría poder trasladar la fuerza de la calle a los escenarios de los teatros: la frescura, la espontaneidad, la interacción con el público. La calle nos ha enseñado mucho, la calle te hace bajar del pedestal, de la solemnidad que parece que implica a veces el estar encima de un escenario convencional. Te sitúa en un plano al nivel del público, le hablas de tú a tú. Yo he tenido muchas experiencias teatrales al margen de Chirigóticas, en formatos más clásicos, y desde luego intuyo que detrás de este experimento hay una búsqueda de una forma más vinculada a lo lúdico, a la celebración a la que aludíamos antes, que me interesa muchísimo, porque da la sensación de que el teatro se llena de vida.

Usted es autora, actriz, directora y cantante y, por si no fuera suficiente, ejerce las cuatro profesiones. Viviendo en una sociedad con altos índices de envidia, ¿usted no se aburre, verdad?

Ja, ja, ja… Me han envidiado muy poco, creo. Ahora, las dos o tres veces que he sentido el ataque de alguien envidioso –muchas veces amigo- ha sido muy muy doloroso. La envidia es el sentimiento más destructivo que existe, tanto para la persona que es objeto de ella como para el que la padece. Me da bastante miedo. De todas formas, yo no creo que haga nada especial para ser envidiada. Hay trillones de personas mucho más envidiables que yo. Lo único que se me puede envidiar es que hago lo que me gusta en la vida. Pero también pago un alto precio por ello (ruina económica, entre otras cosasssss, jajaja).

En pocas semanas tendremos elecciones municipales: ¿la alcaldesa-diputada Teófila Martínez o la ex ministra Bibiana Aído se han acercado por los Teatros del Canal?

A Teófila no le hemos visto el pelo ni aquí ni en Cádiz, ni en Sevilla ni en ningún lado. A Bibiana sí la hemos visto en carnavales y también nos estuvo viendo en el Alfil, cuando vinimos con el primer espectáculo. Pero vamos, hace tiempo que no esperamos nada de los políticos. Así si algún día nos dan algo nos llevamos una alegría.

Acabado con mucho éxito el trabajo en los Teatros del Canal, ¿ahora para dónde van a facturar las maletas?

Pues seguimos con nuestros bolitos por esos maravillosos pueblos de España que, a fin de cuentas, son los que nos mantienen, es de lo que vivimos, y son experiencias muy bonitas casi siempre. Pero esperamos volver a Madrid en unos meses, a algún teatro privado. No sabemos cuándo ni dónde, pero es bastante probable…

http://www.chirigoticas.es/

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