A TRAVÉS DE LA NOCHE

by Zeno Petersen

¿Qué es lo que hace que un hombre de alrededor de cuarenta años se adentre en el Guardián de la Barrera, un bar de alcohólicos de Bratislava, y entable conversación con un anciano con un ojo vivo y el otro muerto?

El hombre de alrededor de cuarenta escapa de sí mismo a través de una serie de actos desesperados que, poco a poco, lo conducen cada vez más lejos: desde Noruega a Eslovaquia.

La tristeza llega de muchas formas distintas. Se cuela en el cuerpo y se va para volver a entrar y a salir en una sucesión infinita, en un juego perverso muy difícil de soportar.

La muerte de Ole-Jakob, el hijo adolescente, desencadena una ristra de acontecimientos y modifica de un plumazo la realidad, quiebra el espinazo de la psique e instala una bola de dolor en el pecho.

Stig Sæterbakken hace un trabajo de introspección al más puro estilo de los narradores nórdicos, sin apartar la oscuridad, sin encender las luces innecesarias, porque si alguien es capaz de transitar en vida una angustia semejante, cualquier lector tiene que poder andarla por la senda de la ficción.

De repente, mirarse al espejo y ver el reflejo fantasmagórico de uno mismo y la boca abriéndose en un grito prolongado. Lo único que queda por encontrar, después del desagarro, es a uno mismo, cambiado, vuelto del revés, quizás enloquecido, pero en esencia uno mismo.

Mañana no me quiero despertar, pensé, y sentí que el sueño se extendía como un oscuro líquido desde los ojos hasta el resto del cuerpo.

A través de la noche
Stig Sæterbakken
Mármara Ediciones
Traducción de Cristina Gómez-Baggethun y Øyvind Fossan

INCENDIOS

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by Daniel Dimeco

En el camino de vuelta, el aire se iba haciendo más frío a medida que avanzábamos hacia el este y nos alejábamos del fuego, y el cielo estaba claro y estrellado salvo donde el resplandor de la ciudad se alzaba en el horizonte. Mi madre paró en Augusta…

Una historia feroz en Great Falls, Montana. Una mirada adolescente sobre las relaciones humanas, sobre la relación madre-padre y el deseo.

Incendios
Richard Ford
Anagrama 2015 (Colección Compactos)
Traducción de Jesús Zulaika

LA MANADA

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Domingos en la Grotekerk de Graaff-Reinet @ Carmen Garrido

21 de enero. Se vive uno de los veranos más calurosos que recuerdan en el Karoo. Las lluvias no descuelgan su llanto y la calima que envuelve a los pocos seres vivos que salen a la superficie, los decapita. Por el cielo pasa alguna que otra nube blanca, proyectando su sombra sobre las arenillas de este territorio en medio de ninguna parte. El ganado se dispersa buscando pastos tiernos y se interna enloquecido de sed en el río Sondags hasta que la corriente lo arrastra. A pesar de que las ventanas de la casa de los Oonde van Graan permanecen abiertas en las horas más frescas, las pieles arden con el roce del aire del desierto y los muros irradian fuego. Por las noches se eleva la sinfonía de los grillos cortejándose y el runrún monótono de las cigarras copulando hasta morir inundan los silencios durante el día.

Tres vidas jóvenes, contenidas en una granja del sudafricano desierto del Karoo, llenas de deseos carnales y de rencores del pasado. Una familia, que constituye una especie en sí misma, sobreviviendo en un medio hostil, luchando con lo único que tiene: mentiras y medias verdades, destinadas a vencer a los otros y a sostenerse en pie. Una familia de la generación blanca post-Apartheid, que lame sus propias heridas, y trae hasta el presente los vicios de aquel régimen racista y su lógica de violencia y dominación.

La manada es un viaje a la carnalidad más primitiva y a uno de los mayores tabúes.

Premio Max Aub de teatro en castellano Ciutat de València 2016. El jurado destacó el valor dramático de la obra, la creación de una atmósfera cautivadora y un imaginario excitante y original.

Autor de la obra: Daniel Dimeco
Edición en preparación

LAS SIETE VIDAS DEL CANGREJO

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Me he pasado la tarde mirando impaciente el reloj, calculando la hora en función de las sombras en el suelo, dice uno de los personajes creado por Rebeca García Nieto en Las siete vidas del cangrejo.

Creo firmemente en que el acto de escribir requiere de pulso. Se trata de una urgencia vital del autor, una necesidad imperiosa de darle salida a las voces interiores. En esa desesperación, porque es una desesperación camuflada, buscamos la puerta más apropiada que nos ayude a salvar las apariencias y a purificarnos espiritualmente. Al fin y al cabo, como dice la propia autora, la escritura es un modo de vivir, de ser…

Una de las características más admirables de Rebeca García Nieto, de la escritora, es el coraje de adentrarse en temáticas poco transitadas en las letras españolas contemporáneas. Y digo que tiene coraje porque se atreve a salir de la zona de confort que asegura el aplauso fácil y la narrativa pobre.

Rebeca cose los remiendos de vidas desgajadas, de historias que duelen y supuran. Crea mundos basados en relaciones humanas complejas, como lo son todas en la realidad, pero centrándose en esos detalles que sólo ve el ojo clínico de quien asume el control de la escritura desde las tripas y sin miedo.

Una de las características más destacadas de los cangrejos es que vagan sobre el fondo de las profundidades. En Las siete vidas del cangrejo Rebeca nos invita a bucear en ese fondo de aguas habitadas por seres encerrados en sus problemáticas que intentan comunicarse pero no lo consiguen del todo.

En este libro Rebeca habla de temáticas grandes y no lo hace al pasar, habla de la extremaunción, del aborto, de la enfermedad… Son siete historias en las que priman las bromas de la mente, sus arrebatos. Las bromas de las células, sus arrebatos. Este libro habla de la enfermedad como un estadio de distanciamiento entre los seres humanos. Historias de una enorme intimidad en las que el lector se asoma a través de una ventana indiscreta y observa las miserias y alegrías ajenas.

Una característica estructural muy interesante de Las siete vidas del cangrejo es los escenarios, espacios pequeños y cerrados que obligan a los personajes a repetir acciones poco gratas, casi a modo de giro de la rueda de las cobayas. Esos escenarios son: una rayuela, un retrete, una cárcel (prisión u hospital), un sitio donde se desarrolla una relación madre-hija, la red o el chat (algo aparentemente abierto y tan cerrado al mismo tiempo), el vientre de una madre… Microcosmos cargados de intimidad. Y en esa intimidad anida el dolor. De esos escenarios surgen frases tan literariamente maravillosas como potentes por su crudeza como los monstruos de los que nos pasamos la vida intentando protegerlos somos también los padres.

Las siete vidas del cangrejo es un libro de secuelas, psicológicas y físicas, de personajes que padecen y que García Nieto, mediante diferentes juegos de estilo y tipografías, los presenta en sus mundos y los abraza a todos juntos al final del libro en un apartado que ha titulado Acta de Sesión.

No soy capaz de definir el género del libro y tampoco estoy seguro que haga falta hacerlo. Son siete relatos entrelazados en esas profundidades de las que hablaba más arriba. Es una novela coral. E, incluso, son siete breves historias teatrales. Que el lector decida.

Una rayuela al estilo Cortázar con múltiples finales, tantos como personajes que la habitan. Un juego que es una repetición mecánica de la lucha hasta el agotamiento y sin dibujar jamás el último peldaño (el Cielo), el del descanso.

Como lector y como colega admiro la escritura de Rebeca por su profesionalidad, su audacia temática, su inquietante conocimiento del alma cerebral de los humanos (vicio de su otra vida profesional) y por invitar al lector a rozar las cicatrices.

Las siete vidas del cangrejo
Rebeca García Nieto
Editorial Alegoría 2016

UN SUDOR MORTAL EN LA FRENTE

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En aquel tiempo sonreían sólo los muertos, deleitándose en su paz, y vagaba ante cárceles el alma errante de Leningrado. Partían locos de dolor los regimientos de condenados en hilera y era el silbido de las locomotoras su breve canción de despedida. Nos vigilaban estrellas de la muerte, e, inocente y convulsa, se estremecía Rusia bajo botas ensangrentadas, bajo las ruedas de negros furgones.
Anna Ajmátova en Réquiem

Dedicado a Kostas Chantzopoulos, traductor al griego de La mano de János, sin cuyo empeño y generosidad nada de esto habría sucedido.

La espesura de la noche soviética humedece los pies del teatro Neos Kosmos de Atenas cuando bajo por primera vez a sus entrañas. Un romántico vaho de Lubianka se apodera de las honduras. Los actores ya casi han dejado de ser ellos mismos para mutar en sus personajes. Y es entonces cuando recibo el mayor de los piropos: Thank you Daniel for Mathilda. Me quedo mirando unos ojos oscuros que brillan en la penumbra y sonrío, más por dentro que por fuera.

De repente, como en una ceremonia, me encuentro entre los personajes de esta obra que nació desde la intimidad, no la de mi vida, sino la del escritor (porque somos uno y somos dos e incluso somos más) y su universo. Los intérpretes se concentran para trasladarse a las purgas stalinistas de 1938 y yo les puedo oler y hasta tocar, pero me resisto a dejarles volar como el padre que es consciente de que sus hijos se han hecho mayores.

Siento un enorme e indescriptible placer cuando las emociones afloran, cuando el autor, yo mismo en este caso, consigue traspasar el muro de papel y bucear en las aguas de una obra propia tan brillantemente trabajada y mimada por el equipo que comandan Ioulia Siamou y Georgina Tzoumaka.

Descenso a los infiernos, olor a humanidad y un temor irracional sobrevuela la oscuridad y silencia las bocas.

Ekaterimburgo, Perm, Omsk, Novosibirsk, Krasnoyarsk, Irkutsk, Ulán-Udé, Vladivostok… Un goteo constante de furgones se internan en la estepa, atraviesan el alma rusa y, como los topos, ahuecan los corazones engarrotados de las gentes y los dejan chorreando savia hasta momificarlos. La piel se adhiere a los huesos como un tul de mortaja o de boda barata.

Ekaterimburgo, Perm, Omsk, Novosibirsk, Krasnoyarsk, Irkutsk, Ulán-Udé, Vladivostok… Una solitaria tecla de piano, ejecutada por Dimitrios Pikrakis, persiste en devorar el tiempo. Y la distancia entre los dos espacios blancos, como manchas de nieve bajo las farolas de la calle Arbat, se acorta o se expande en el escenario, maquinalmente ejecutadas por Maria Panidze, fiel esbirra de Lavrenti Beria.

Ekaterimburgo, Perm, Omsk, Novosibirsk, Krasnoyarsk, Irkutsk, Ulán-Udé, Vladivostok… La mano de János se echa a rodar, cada noche de miércoles a domingo, y pienso en ellos, en János, Mathilda, Maria, Lavrenti y Anna espantando los miedos que les acechan e intentando sobrevivir.

¡Tren a Leningrado! Vía 4. ¡Pasajeros a Leningrado, por vía 4!

La mano de János (Premio de Teatro Buero Vallejo 2010)
Texto: Daniel Dimeco
Traducción al griego: Konstantinos Chantzopoulos
Dirección: Ioulia Siamou y Georgina Tzoumaka
Intérpretes: Manos Karatzogiannis, Eleni Zarafidou, Nikolas Angelis, Kalliopi Panagiotidou y Evri Sofroniadou
Vestuario: Assi D’Angelis Dimitrolopoulou
Música: Dimitri Pikrakis
Diseño de iluminación: Vassilis Klotsotiras
Teatro Neos Kosmos de Atenas: del 20 de enero al 5 de marzo

EL ESPACIO VACÍO

 

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by Olaf Erwin

Las palabras de Shakespeare son registros de las palabras que él deseaba que se pronunciaran, palabras que surgen como sonidos de los labios de la gente, con tono, pausa, ritmo y gesto como parte de su significado.

Una palabra no comienza como palabra, sino que es un producto final que se inicia como impulso, estimulado por la actitud y conducta que dicta la necesidad de expresión.

Este proceso se realiza en el interior del dramaturgo, y se repite dentro del actor. Tal vez ambos son sólo conscientes de las palabras, pero tanto para el autor como luego para el actor la palabra es una parte pequeña y visible de una gigantesca formación invisible.

El texto anterior pertenece a Peter Brook
El espacio vacío
Ediciones Península 2015
Traducción de Ramón Gil Novales

#12ENERO

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Foto by Daniel Dimeco

Aquel ser pequeño de ojos azules sigue subiéndose a lo alto de tu refugio, allí donde se acumula el polvo.

En las tardes cálidas de duermevela espera tu llegada, la sombra alargada de la calma y la palabra dulce del afecto.

No creo que leas esto, pero por si alguien te lo comenta, como al pasar, como una curiosidad, quiero que sepas que allí estás. Quiero que sepas que sigue oliendo a campo y tabaco y que la esquina, con sus caras antiguas y nuevas, también espera que te asomes con tu mirada cándida.

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